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El hijo del Capo nació sordo, hasta que la camarera sacó algo que lo dejó totalmente conmocion

El hijo del Capo nació sordo, hasta que la camarera sacó algo que lo dejó totalmente conmocion

—¿Mesa uno? —susurró Clara, sintiendo cómo el corazón le golpeaba el pecho.

—No hagas preguntas —gruñó el señor Blanco mientras le acomodaba el delantal—. Solo sirve el agua y evita mirar al señor Moretti más de un segundo.

—¿Y el niño?

—Ignóralo.

Las puertas del restaurante se abrieron lentamente.

El murmullo desapareció.

Dante Moretti entró acompañado por dos guardaespaldas. A su lado caminaba Leo, un niño pequeño vestido con traje oscuro, con las manos pegadas a las orejas.

Clara tragó saliva.

—Buenas noches, señor —dijo acercándose con la jarra—. ¿Con gas o sin gas?

—Sin gas. Sin hielo —respondió Dante sin levantar la vista del menú.

Clara sirvió el agua frente al niño. Leo observó el vaso atentamente y puso un dedo sobre el cristal.

—Leo, basta —ordenó Dante.

El niño no reaccionó.

—Le gusta la vibración —dijo Clara sin pensar.

Dante levantó lentamente la cabeza.

—¿Perdón?

—El agua hace vibrar el cristal… él puede sentirlo.

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