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El grito desesperado por Roxana Guzmán: El secuestro que desnuda la crisis de seguridad en México

La brutalidad no entiende de pausas, ni de días, ni de piedad. En un abrir y cerrar de ojos, la vida de Roxana Berenice Guzmán, directora y reportera del medio local Pulso Informativo del Sureste, cambió para siempre. El secuestro de la periodista en el municipio de Nanchital, Veracruz, ha sacudido los cimientos de una sociedad que, lamentablemente, parece haberse acostumbrado a normalizar lo inaceptable. Las imágenes captadas, que circulan con una carga de horror y urgencia en redes sociales, son el testimonio gráfico de un México donde ejercer el periodismo se ha convertido, en muchas regiones, en una sentencia de riesgo constante.

Cada segundo que transcurre desde aquel violento irruptivo en su domicilio es una carrera contra el tiempo. Las primeras horas tras una desaparición son determinantes para el desenlace de la víctima; este axioma, conocido por autoridades y ciudadanos por igual, hoy se siente más pesado que nunca. ¿Qué puede decirse ante la crudeza de dos sujetos armados, encapuchados, irrumpiendo en la intimidad de un hogar para arrebatar la libertad de una mujer? La respuesta no puede limitarse a cifras en una estadística fría, pues detrás de cada número hay una historia, una familia rota y un vacío que el discurso oficial no logra llenar.

El caso de Roxana no es un hecho aislado. La comunicadora, quien ya había enfrentado el zarpazo de la violencia criminal en 2017 con el asesinato de su esposo, se encontraba realizando una labor de limpieza interna en su medio. Recientemente, había separado de sus funciones a dos colaboradores de la nota policiaca tras recibir señalamientos sobre posibles vínculos con la corrupción y grupos criminales. Aunque esto permanece como una línea de investigación, es un indicativo del terreno minado sobre el cual camina el periodismo regional.

Un detalle que ha captado la atención de los investigadores —y que genera una profunda desconfianza en la ciudadanía— es la vestimenta de uno de los agresores. Se ha señalado que la chamarra del sujeto podría guardar similitudes con el equipo utilizado por corporaciones de seguridad pública. Esta posibilidad no es menor; en el contexto mexicano, la infiltración de los cuerpos policiales por parte del crimen organizado es un fenómeno recurrente que erosiona cualquier esperanza de justicia inmediata. La fiscalía tiene ahora la responsabilidad ineludible de seguir este rastro y verificar si, efectivamente, el secuestro contó con la sombra de autoridades coludidas.

Mientras organizaciones como Artículo 19, la Asociación Mexicana de Periodistas Desplazados y Agredidos, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos elevan su voz para exigir la protección de la familia de Roxana y una actuación contundente del Estado, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuál es el papel del gobierno federal?

En los últimos días, desde la cúpula del poder, el tono hacia la prensa ha mantenido una tendencia preocupante. Se han dirigido llamados para evitar el consumo de ciertos espacios informativos y se han anunciado secciones dedicadas, en teoría, a “debatir” o “corregir” la labor periodística. Este escenario, heredado de la administración anterior y replicado con fervor, no solo estigmatiza al mensajero, sino que crea un ambiente de hostilidad donde la libertad de expresión queda vulnerable. ¿Es apropiado que, en un país donde los periodistas son secuestrados y asesinados con impunidad, la máxima autoridad dedique su plataforma principal a confrontar a quienes cuestionan su gestión?

La obligación de un gobierno no es ganar debates en las conferencias matutinas ni señalar enemigos internos; su obligación fundamental es garantizar la seguridad de los ciudadanos. México sigue ostentando el vergonzoso título de uno de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo, superando en muchos aspectos a naciones que atraviesan conflictos bélicos formales. Sin seguridad, no hay libertad; y sin una prensa libre, la democracia es apenas un cascarón vacío.

La exigencia es clara y no admite titubeos: la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad, tanto a nivel estatal en Veracruz como federal, deben movilizar todos sus recursos para hallar a Roxana Berenice Guzmán. No se trata de politizar el caso, como a menudo se excusa desde el oficialismo para evadir críticas; se trata de una cuestión humanitaria y de justicia. La sociedad civil está observando, esperando que, esta vez, la respuesta no sea el silencio o la revictimización.

Necesitamos que Roxana regrese con vida. Necesitamos que las instituciones funcionen para aquellos que no tienen más escudo que su voz. Si los políticos responsables desean demostrar que el Estado no es rehén del crimen organizado, el rescate de Roxana es su prueba de fuego. Mientras tanto, nos queda la solidaridad, la denuncia constante y la exigencia de no permitir que una desaparición más pase al olvido bajo el peso de la apatía. El tiempo corre, y cada minuto es, literalmente, una vida en juego.

Cabrón. A ver, a ver, a ver, a ver, a ver, a ver, a ver. Espérate, espérate. E es un perdón. Pocas veces, muy pocas veces me he dirigido a ustedes con tanta urgencia, porque aquí cada minuto, vamos, cada segundo cuenta. Siempre que hay una desaparición o un secuestro, las primeras horas, lo sabemos, son fundamentales para encontrar a la persona y sobre todo para encontrarla con vida.

 Estas imágenes que acabamos de mostrar, que han circulado en redes sociales, corresponden al secuestro el día de ayer de la periodista Roxana Guzman. Y yo me pregunto, ¿qué se puede decir ante lo que vemos, ante lo que acabamos de ver? Lo que se aprecia en el video es de verdad aterrador. No, no, no me atrevo ni a imaginar lo que esta mujer colega periodista pudo haber sentido en esos minutos en los que dos sujetos armados amenazando y levantando con violencia a una periodista hicieron lo que vimos. Y esa esa es la realidad del

país y no hay un solo pretexto que valga. Ese es el miedo con el que tantas personas viven, el terror crudo. Hechos así, son los que están detrás de las estadísticas y atrás de cada número hay una persona. Son las historias detrás de las decenas de miles de desaparecidos y de los cientos de miles también de asesinatos.

Roxana Berenice Guzmán, directora, reportera del medio local Pulso Informativo del Sureste. Ayer dos sujetos armados encapuchados irrumpieron, como vimos, con violencia en la casa donde estaba Roxana, en el municipio de Nanchital en Veracruz. Y como bien lo ha dicho el periodista Gildo Garza, con quien en unos instantes vamos a hablar, durante el secuestro, uno de los agresores se puso nervioso y se equivocó y mostró parte de su rostro.

Esta información ahora puede ser clave para encontrar cuando menos a uno de los responsables que nos lleve al paradero de esta mujer. Ha señalado que la chamarra de este hombre podría ser similar a las chamarras que utilizan las corporaciones de seguridad pública. Esto es algo que debe investigarse, pero de inmediato.

No sería la primera vez en nuestro país. De hecho, es muy frecuente que la policía estatal, la fiscalía o los agentes municipales estén cometiendo delitos o de plano trabajando ya para el crimen organizado. Hay que enfatizar que Roxana se ha enfrentado más de una vez a la violencia criminal.

 En el 2017 asesinaron a su esposo. Por otra parte se reporta que hace unos días Roxan había separado a dos colaboradores suyos de nota policiaca por tener señalamientos de corrupción y de posibles vínculos con grupos criminales. Y no estamos, por supuesto, sentenciando nada, simplemente son líneas de investigación que evidentemente tienen que agotarse.

Lo más importante en este momento es que la Fiscalía General de la República, la Secretaría de Seguridad y toda la fuerza tanto de Veracruz como a nivel federal hagan su trabajo para localizar a Roxana con vida lo antes posible. Y tenemos que hacer pues esto mucho escándalo que le sucedió a ella, porque es decisivo actuar rápido y con contundencia y no hay pretextos.

 Otra vez, también es importantísimo que la Secretaría y Gobernación active ya el mecanismo de protección para el núcleo familiar de Roxana, porque tampoco puede descartarse que haya más agresiones, represalias o revictimizaciones. Todas estas exigencias las han hecho ya distintas organizaciones como la Asociación Mexicana de Periodistas Desplazados y Agredidos que esté exigiendo en esencia que se investigue bien y que se priorice la vida de Roxana y la de su familia.

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