
El sector tecnológico, otrora visto como el refugio seguro de la innovación, el crecimiento exponencial y el bienestar laboral, atraviesa actualmente su crisis más profunda en décadas. Lo que durante años se consideró una burbuja de optimismo infinito, donde los salarios astronómicos y los beneficios inimaginables eran la norma, se ha convertido hoy en un escenario de incertidumbre, reestructuraciones drásticas y despidos masivos que afectan a miles de profesionales en todo el mundo. El paradigma ha cambiado, y el motor de este giro radical no es otro que la ambiciosa y desenfrenada carrera hacia la inteligencia artificial.
Empresas que durante la última década fueron los pilares indiscutibles de la economía global, como Tesla y Meta, han iniciado planes de reducción de personal que han sacudido los cimientos de la industria. Lo que inicialmente se presentó como una medida necesaria tras la sobrecontratación durante los años de la pandemia, se ha consolidado ahora como una nueva filosofía de gestión basada en la extrema eficiencia. Los líderes de estas organizaciones, figuras cuya influencia trasciende el ámbito empresarial para configurar la agenda política y social, parecen haber llegado a la conclusión de que la inteligencia artificial es la clave para reducir los costos operativos a niveles antes impensables.

Sin embargo, detrás de cada cifra de despido masivo se esconde una realidad humana desgarradora. Profesionales altamente cualificados, ingenieros, desarrolladores y especialistas en diversas áreas se encuentran, de la noche a la mañana, despojados de su estabilidad laboral. La narrativa corporativa suele hablar de “reajustes estratégicos” o “priorización de recursos hacia la IA”, pero para los afectados, el lenguaje es mucho más sencillo: es la pérdida de un proyecto de vida. La sensación que predomina en los pasillos de las oficinas tecnológicas —o lo que queda de ellas en este mundo de trabajo híbrido— es una mezcla de miedo, desilusión y una profunda desconfianza hacia la lealtad que las empresas profesan a sus trabajadores.
Este fenómeno no puede entenderse sin analizar la presión que los mercados financieros ejercen sobre estos titanes tecnológicos. Wall Street exige resultados inmediatos y una adaptación ultrarrápida a las nuevas herramientas de automatización. Mark Zuckerberg, con su visión de transformar Meta en una compañía volcada casi exclusivamente hacia el metaverso y la IA, ha marcado una pauta que muchos otros están siguiendo. De igual manera, la gestión de Elon Musk en Tesla, caracterizada por la búsqueda constante de la optimización extrema, ha sentado un precedente sobre cómo una compañía puede funcionar con una plantilla drásticamente reducida. La pregunta que surge es si esta obsesión por la eficiencia sacrificará la capacidad innovadora que originalmente hizo grandes a estas empresas.
La inteligencia artificial no es solo una nueva herramienta; es, para muchas de estas compañías, el reemplazo potencial de funciones humanas complejas. La capacidad de los sistemas actuales para escribir código, gestionar datos, analizar tendencias y hasta interactuar con clientes de manera personalizada ha llevado a los directivos a cuestionar la necesidad de contar con plantillas tan robustas como las de antaño. La automatización ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una realidad que está remodelando el mercado laboral en tiempo real. Estamos presenciando la transición hacia un modelo donde la infraestructura digital es el activo principal, relegando el capital humano a un segundo plano, o al menos, a uno mucho más precario.

Este cambio de paradigma tiene implicaciones profundas. Por un lado, plantea la duda de si la sociedad está preparada para absorber el impacto de estos desplazamientos laborales masivos. Los trabajadores despedidos de la industria tecnológica, que antes encontraban nuevas oportunidades con relativa facilidad, ahora se enfrentan a un mercado mucho más competitivo y a la necesidad de reciclar sus habilidades para encajar en un ecosistema donde la IA es la protagonista. La vieja promesa de que la tecnología crearía más puestos de trabajo de los que destruiría está siendo sometida a su prueba más dura hasta la fecha.
Además, el componente ético de esta transformación no puede ser ignorado. ¿Qué responsabilidad tienen los líderes tecnológicos frente a la comunidad que ayudó a construir sus imperios? La rapidez con la que se han ejecutado estos despidos, a menudo mediante comunicados impersonales o incluso por correo electrónico, ha generado una corriente de crítica social muy fuerte. Se percibe una deshumanización en el trato, un reflejo de una cultura corporativa que prioriza las métricas y los márgenes de beneficio por encima de las personas. La cultura de “moverse rápido y romper cosas” parece haber evolucionado hacia un “moverse rápido y despedir personas”, lo que sin duda afectará la reputación y la marca de estas organizaciones a largo plazo.
Finalmente, este periodo de inestabilidad nos obliga a reflexionar sobre el futuro del trabajo en la era digital. La revolución de la IA es imparable, pero la forma en que esta se implemente determinará si la tecnología sirve para mejorar la vida de los trabajadores o si simplemente los convierte en piezas prescindibles. Mientras observamos cómo las acciones suben en bolsa tras cada anuncio de despido, es fundamental recordar que el verdadero valor de cualquier empresa reside, finalmente, en el talento y el esfuerzo de quienes la componen. El futuro tecnológico debe construirse con una visión humana que hoy, lamentablemente, parece estar ausente en las salas de juntas de Silicon Valley. La crisis actual es un llamado de atención para trabajadores, gobiernos y la sociedad en su conjunto: el progreso no puede ser medido únicamente por el éxito de las máquinas, sino por el bienestar real de las personas que hacen posible esa evolución.
Himman volvió gente y no es un bodrio. Y eso sinceramente ya es mucho porque hace casi 40 años que el rubio del taparrabos venía siendo difícil de adaptar hasta incluso ni en la animación terminaba de convencer. Pero esta película explica por qué casi todas las adaptaciones de personajes ochentosos vienen fracasando.
Y la respuesta no está en lo que hace bien, sino justamente lo que decide inteligentemente no hacer. Hoy hablemos de la nueva película de Master of the Universe. Arranquemos por algo que tal vez si tenés más de 35, 40 seguramente ya sepas. Himan es un personaje difícil de defender en una conversación seria.
Si hablás con alguien de esta generación lo va a tener como un chiste y de otras como el rubiecito que se tragaba la espada y no que peleaba con ella. Y esto es totalmente entendible porque en la serie animada clásica, Himan era alguien que iba en contra del estereotipo de los tipos duros de la pantalla como Scharzenegger o Stalón.
Él aparecía con su cabellera al viento, su chalequito fucsia y nada de violencia. Quería hablar para solucionar las cosas. Así que durante años Hollywood dio vueltas y vueltas para ver cómo llevaban a la pantalla una versión interesante. En el 87 lo intentaron con Frank Langela como Skeletor y Df Lren como el rubio. Pero aunque esa película hoy es de culto, fue una porquería como adaptación.
A partir de ahí hubo directores, guiones, actores dando vueltas, rumores y más, pero nada salió. ¿Por qué? Porque todos los que agarraban el personaje creían que tenían que arreglarlo, querían modernizarlo, darle una imagen más adulta, más oscura, más compleja, pero el personaje era otra cosa.
Todo esto hasta que apareció Travis Knight, el que dirigió Kubo y Bumblebee. Y si se acuerdan de Bumblebee, tal vez recuerden que fue una película que parecía remontar la franquicia de Transformers, una película que funcionó porque volvía a tratar a los personajes con cariño. Y acá se repite la jugada. Travis hizo lo que hicieron con Sonic en 2019.
En vez de hacer de Himan algo nuevo, adaptado, fue a lo concreto y lo que es. Travis agarró todo lo que funcionaba, la serie de los 80, la versión de los 2000, los cómics donde Himman tuvo sus etapas oscuras y licuó todo eso. Es la primera vez que una adaptación entiende que el material original ya tenía todo lo que necesitaba y le dio bola.
Acá Eternia es Eternia, los colores explotan, los diseños que vos recordás están ahí y no lo pasaron por un filtro más realista que los arruine. Esetor tiene la cara de calavera y nadie intenta justificar por qué se ve así. Battlecat acá aparece y es Battlecat, un tigre verde gigante que pelea, no un animal con una explicación científica detrás.
Esto de respetar el material parece algo chiquito, algo insignificante, pero en 2026 es algo importante porque significa prestarle atención al público, respetar lo que la franquicia siempre fue y esto nos lleva a la carta ganadora. Nicolás Galitzini es Adam. Y Adam acá no es solamente el rubio inocente que vos te acordás, es todo una fusión.
Tiene algo del pibe sensible y empático de la serie clásica. También tiene algo de Iván, el alterego que el bananero le inventó durante años en sus videos y algo del guerrero que en los cómics no tiene problema en desmembrar a alguien si la situación lo pide. Y acá es donde la película se pone en modo inteligente y te lo presenta primero en la Tierra, criado lejos de Ternia, trabajando, intentando encajar, buscando una relación, haciéndose preguntas sobre qué [ __ ] hace ahí.
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Y para que ese pasaje no sea tan denso, lo acompañan con guiños constantes a The Office. La oficina llena de compañeros rarísimos, el humor de Steve Carrel puesto a disposición para que ese momento no se sienta pesado ni dramático, pero lamentablemente ahí mismo está el problema más grande de la película, porque la línea entre Adam es sensible y Adam es un idiota es muy pero muy finita y la película pisa esta línea una y otra vez y por momentos los pasa.

Hay momentos donde el personaje cae en lo estúpido, hace chistes que no necesita hacer, se queda en un momento que ya lo dio y suena a repetición. Estás esperando a ver qué hace Jiman y te tira otro chiste. Acá se nota que hay algo que se intenta pero no sale. Quiere ser una aventura épica para los fans y una comedia para toda la familia.
Y ese balance lo logra a medias. Cuando es épica, destaca. Cuando es comedia a veces se la da contra el piso. Pero todo eso se compensa porque cuando llega Himan, llega Himan. La transformación es una joya visual. Cuando aparece todo cambia, se siente la presencia de ese guerrero. Y acá tenemos que hablar de las peleas porque son de las mejores cosas del año y del cine en sí familiar.
Lo que normalmente vemos en una película pochoclera son coreografías genéricas, golpes sin mucho peso y finales donde los villanos son derrotados, pero de una forma olvidable. Acá intentan hacer todo lo contrario. Himan pelea y los hace [ __ ] Hay un sequas de Skeletor que termina clavado en una pared con la espada atravesándole el pecho.
Hay desmembramientos y escenas que son satisfactorias [carraspeo] que en otros casos te dejan como pidiendo más. Bueno, acá la rompen. Y esto no es un detalle, es importantísimo, porque por más que sabemos a dónde va la película, qué líneas no van a cruzar, convierte al personaje en un personaje peligroso. Si esta película funciona es por Himman y eso es importante decirlo porque sin él lo que queda alrededor lamentablemente también es muy pobre.
No hay nada que no hayas visto en otro lado y quedaría relegada a una película de acción genericona como El destino de Júpiter, Marte o el planeta que sea. Pero al lado de Himan está el otro 50%, Skeletor, que la descosece con Sharel Leto. Cuando anunciaron que Leto iba a ser este icónico villano, Internet se le tiró encima como si Leto hubiese estado marcado por la mala suerte y decían que iba a destruir la película.
Es cierto que viene con una mala racha, su Joker fallido en Suicid Squad, Morbius Tronares, pero acá se luce. Para mí funciona porque no le ves la cara. No es Leto haciendo de Skeletor, es justamente Skeletor. Atrás de la calavera hay una voz irreconocible, gestos exagerados, una entrega absoluta a lo ridículo del personaje.
Y esto también es importante porque Skeletor nunca fue un villano complejo. Skeletor es un tipo malo porque sí, malo por puro placer, malo por convicción. Y en una época donde Hollywood te insiste con villanos y su pasado traumático, acá te dejan en claro que no. Volvemos a donde el malo es malo y punto. No hay tres dimensiones psicológicas por explorar.
Y otro gran acierto, esqueleto entendió lo que tenía que hacer y lo que tenía que hacer era sintetizar. Su es Skeletor tiene algo del dibujo animado con esa risa maníaca y esa teatralidad. tiene algo del Skeletor de Angela en los pocos momentos donde la película le permite serio y una amenaza y tiene algo nuevo propio que se nota como resultado de todos los fusionados.
Es un esqueletor que se cree el villano más importante del universo y la película te deja creer que tiene razón. Esto contrasta perfectamente con Adam. Adam es empático, sensible, busca el diálogo. Skeletor es estúpido y letal. Adam quiere entender. Skeletor quiere destruir. Adam todavía está aprendiendo quién es. Skeletor sabe exactamente quién es y eso lo hace peor.
La película construye esa polaridad con paciencia y cada vez que los dos comparten la pantalla, el guion brilla. Otro punto a favor es que el diseño de Skeletor es prácticamente idéntico al original. No lo rediseñaron para hacerlo más amenazante, no le pusieron capas extras, no le agregaron tatuajes, ni cicatrices, ni un manto roto, nada.
Ese es Skeletor como vos lo conocías en alta definición. Y otra vez eso parece algo chiquito, pero es la misma decisión de Sonic, confiar en el diseño original y no tocarlo. Y mientras estos dos gigantes hacen la suya, abajo pasan cosas que también son interesantes. Idris Elva es Manatarps y Camila Méndez Stila.
Y estos dos personajes también funcionan muy bien. Idris Elva juega a un guardaespalda del rey con una mezcla de mentor y padre adoptivo de Tila que aporta el ancla emocional que la película necesita. Mendz como Tila también me funciona bastante bien, acompaña, pelea, tiene momentos propios y no es solamente el interés romántico de Adam, lo cual ya es bueno y tampoco se roba el protagonismo como pasó en la serie de Netflix, pero la joya para los fans de la serie son las peleas con los ecuaces y hay una especial que la rompe y seguramente los haya tenido muy
emocionados, la pelea de Manatarps contra Traps Show, uno de los villanos clásicos de Skeletor. que creciste con esto, vas a tener un momento para aplaudir y vas a entender eso que te digo de que las peleas dan un salto importante y se alejan de lo genérico. Y eso es algo que la película hace muy bien en general.
Te muestra que Eternia es enorme, que los amos del universo no son solamente cinco personas, que hay un universo gigantesco esperando ser explorado. Battlecat aparece, hace su trabajo, está ahí. Y hay otros clásicos que también acompañan, hacen de personajes de apoyo sin pasarse y te dejan manija para lo que va a venir. Ah, y también tenemos sacrificios, que, repito, si creciste con la serie, por ahí te van a doler.
Y esa sensación de que se vienen más cosas la sabés porque hasta la música se contiene. Toda la música quiere explotar ese famoso yo soy un héroe de Bonnie Tyler, pero se contiene. Hay temazos de queen y música ochentosa al palo. Pero sabés que todo esto se detona en una tercera película seguramente, si es que a la película esta le va bien. que ese es otro tema.
Ahora, todo esto no significa que la película funcione perfectamente porque hay cosas que no funcionan y se los quiero decir porque si no esta reseña pareciera todo puro entusiasmo y les estaría mintiendo. Hay tres grandes problemas y el primero creo que es el CGI, no todo, pero algunas cosas se sienten flojas.
Himman montando a Battlecut, por ejemplo, en algunos planos parece pegado con plasticola. Hay paisajes de ternia donde se nota que estás mirando un set completamente digital. Es de esas cosas que en la pantalla grande te sacan por 2 segundos y después te tenés que volver a meter. No es catastrófico, pero está. El segundo gran problema para mí es la duración.
La película es bastante larga y hay un tramo específicamente alrededor del regreso de Adam a la Tierra que tiene unos 20 minutos que sentís como relleno. La película ya te dio todo lo que necesitabas en ese arco, pero te lo estira. El tercer problema, y este es el más complicado, es el exceso de humor. Ya lo mencioné con Adam.
Está bien que Himan no sea un héroe convencional. Está bien que sea sensible, que prefiera el diálogo, que dude antes de pelear. Eso es parte de lo que el personaje siempre fue, pero hay una gran diferencia entre personaje con humor y personaje haciéndose el boludo cada 5 minutos. La película cruza constantemente esa línea y cuando la cruza te baja la tensión.
Está por entrar en una escena de combate y te meten un chiste que no necesitabas. Estás en una conversación que tiene su peso emocional y te tiran un g que lo desinfla. Tal vez esto nos esté diciendo que el guion no terminó de confiar del todo en sus propios momentos serios. Por eso les decía, sacale a Himan e imaginate exactamente la misma historia con los mismos personajes, los mismos efectos, la misma duración y queda una película de ciencia ficción más del montón.
Himan es lo único que distingue a esta película de la pila de fracasos genéricos y eso es exactamente lo que la película quiere que vos te lleves. Acá se respeta el material original. Todo lo que funciona se debe a tener en cuenta también la cantidad de fracasos y personajes arruinados por intentar adaptarlos a estos nuevos tiempos. La pagaron con un cementerio entero de propiedades intelectuales tratadas como si fueran cosas de chico sin importancia.
Por eso creo que esta película funciona y tiene mucho para dar. Por eso hay una escena postcréditos que apuesta todo a expandir el universo y encima esto da para mucho. Ahora, tema aparte si esta película funciona en taquilla, porque los números hasta ahora no están siendo para nada prometedores y encima tiene grandes competidores del otro lado como Scary Movie y Backrooms.
Pero si esta película funciona, lo que se confirma en realidad no es solamente que Himman volvió. Lo que se confirma es que la próxima gránula de cine pochoclero va a tener que abandonar la pretensión de pedirle perdón al material original. va a tener que volver a confiar en lo que las cosas son. Y en una época donde todo se discute, todo se deconstruye, donde nada parece estar permitido sin explicación, ver a una película que se anima a hacer lo que su personaje siempre fue es una rareza y vale la pena verla. Pero bueno, gente,
esa es mi apreciación de esta película. Salí muy contento de verla y espero con ansia la secuela. Ahora quiero saber qué pensas vos, si la viste, qué te gustó más de la película, cuál crees que sea el destilo de esta nueva era de los amos del universo y si te gustó, no te olvides de dejar un buen like y suscribirse.
Por mi parte, muchas gracias por haber llegado hasta el final y nos vemos en la próxima. Chao.