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Así Fue la MUERTE de Todos Los TOP As4sin0s Seriales de MÉXICO

Así Fue la MUERTE de Todos Los TOP Asesinos Seriales de MÉXICO

Así fue la muerte de todos los top asesinos seriales de México. Muchos asesinos seriales mexicanos actuaron durante décadas sin ser detectados debido a corrupción policial y fallas forenses. Muchas veces solo se archivan expedientes. En Ciudad Juárez, muchos de los feminicidios que sucedieron desde los años 90 aún siguen sin resolverse.

Uno de los asesinos en serie más famosos es Jack el Destripador, sobre todo porque la famosa policía inglesa Scotland Yar no pudo identificarlo. Lo más curioso es que en México ha habido dos asesinos en series similares a Jack, uno antes y otro después del célebre personaje que aterrorizó a Londres de 188. Muchos de los asesinos en serie mexicanos han recibido este calificativo a posteriori, ya que en sus tiempos de actividad la ciencia criminalística aún no había acuñado la expresión ahora común.

¿Cuáles han sido los principales asesinos seriales mexicanos? ¿A cuántas personas mataron? ¿Qué métodos utilizaron para asesinar? ¿Cómo murieron los que ya no están? ¿Dónde se ubican los que siguen con vida? Antes de meternos a fondo, no te olvides de suscribirte a nuestro canal y activar las notificaciones para mantenerte al día con nuestras actualizaciones.

Las Poquianchis, hermanas González Valenzuela. Las Poquianchis fue el nombre dado a un grupo de cuatro asesinas en serie mexicanas formado por las hermanas Delfina, María del Carmen, María Luisa y María de Jesús González Valenzuela. El grupo criminal h liderado por Delfina, la mayor estuvo activo entre 1945 y 1964 y las investigaciones pudieron confirmar un total de 91 asesinatos, aunque publicaciones sensacionalistas elevaron considerablemente el número de muertes, incluso hasta 150, lo que lo convertiría en el caso de mayor escala en su tipo en

México. Las hermanas regentaban varios burdeles en Guanajuato y Jalisco, en los que mantenían secuestradas y esclavizadas a las trabajadoras de la vida alegre. Las víctimas eran asesinadas principalmente cuando quedaban embarazadas o cuando ya sus cuerpos habían perdido atractivo para el comercio íntimo.

 Las muertes se producían mediante apaleamientos y enterramientos vivos. Las víctimas eran enterradas en Purísima Concepción, Guanajuato. El caso se destapó en 1964 cuando Catalina Ortega, una de las secuestradas, pudo escapar. Fueron condenadas a 40 años de prisión y María del Carmen, Delfina y María Luisa, murieron en la cárcel de Irapuato por causas naturales.

 María de Jesús falleció a mediados de los años 1990, ya en libertad. María Luisa murió de cáncer hepático en 1984. Delfina González Valenzuela murió el 17 de octubre de 1968 tras caerle una cubeta con cemento en la cabeza durante obras de reconstrucción del penal. Francisco Guerrero Pérez, el chalequero. Antes de que Jack el Destripador conmocionara a Inglaterra con sus asesinatos de meretrices en el barrio londinense de Guachapel en 1888, se cree que entre 1880 y 1888 el mexicano Francisco Guerrero Pérez, alias ela chalequero, mató a cerca de 20

mujeres en la ciudad de México con el mismo método que después utilizaría el triper. Casado, con hijos con su esposa y con varias amantes, Guerrero afirmaba a ser devoto de la Virgen de Guadalupe, lo que no le impedía presumir de sus asesinatos en su vecindario, en un tiempo en el que el concepto de asesino en serie aún no existía.

 El achale queero mataba a mujeres de la vida alegre después de tener intimidad con ellas, apuñalándolas o ahorcándolas. Tras ser arrestado por sus propios alardeos, recibió una condena a muerte reducida a 20 años de prisión, ya que solo pudo comprobársele un asesinato. Sin embargo, en 1904 quedó en libertad tras un indulto erróneo.

 Tras salir de la cárcel, mató a una adulta mayor que se cree que también había sido meretriz y esta vez lo condenaron definitivamente a muerte. Murió de causas naturales no precisadas a los 70 años en 1910 en Lacumberry mientras esperaba su ejecución. Felicita Sánchez Aguillón, la ogresa de la colonia Roma.

 La veracruzana Felicita Sánchez Aguillón se graduó de enfermera y se dedicó a prestar servicios de partera antes de trasladarse a la Ciudad de México, donde se instaló en un suburbio de la colonia Roma. Allí empezó a hacer procedimientos clandestinos para que mujeres embarazadas perdieran sus fetos, a cometer infanticidios y a comerciar con infantes.

 Sus clientes eran mujeres adineradas que deseaban no tener a los bebés o mantener en secreto su maternidad. Felícitas, les prometía a las madres que lograban dar a luz, que conseguiría buenos hogares para sus hijos y luego los vendía o los mataba. No se tomaba muchas precauciones con los infanticidios, despedazaba a los bebés y luego arrojaba sus partes a cañerías o a cubos de basura.

 Una cañería obstruida con los restos de un bebé fue la pista que condujo hasta la asesina, aunque solo pudo ser acusada de procedimientos clandestinos en mujeres embarazadas y delitos contra la salud pública, pero no de asesinato, por lo que quedó libre pagando una fianza. murió por propia decisión en 1941, ingiriendo una sobredosis de barbitúricos.

 Dejó tres notas póstumas, una para su concubino y dos para sus abogados, y ninguna mencionó sus numerosos crímenes, como si estos no hubieran ocurrido. Andrés Filomeno Mendoza Celis, el monstruo de Atizapán. En junio de 2021 fueron encontradas 3787 partes óseas en el domicilio de Andrés Mendoza en Lomas de San Miguel, Atizapán de Zaragoza, Estado de México.

 Un año después el número de restos sumaba más de 4,000 correspondientes a por lo menos 19 personas, la mayoría mujeres. Mendoza, quien reconoció sus crímenes, captaba a las víctimas en bares, las llevaba a su casa y las apuñalaba después de sostener relaciones. También mató a un hombre y un niño. Durante su primera audiencia dijo, “No niego, me culpo yo también.

 Yo lo único que quiero es decir la verdad. Lo he hecho, pues ya está, ni modo.” En marzo de 2022 fue condenado a prisión perpetua por el asesinato de reina González Amador. Después ha recibido condenas de 55 y 92 años por otros dos crímenes. Actualmente tiene 78 años y casi con seguridad morirá en la prisión de Tenango del Valle, donde está recluido.

 Juana Adayanara Barraza Samperio, la mata viejitas. Siendo una adolescente, Juana Barraza fue entregada por su madre alcohólica a un hombre para que tuvieran intimidad a cambio de una caja de cervezas. Juana se convirtió en una asesina serial, perpetrando sus crímenes entre finales de los años 1990 y principios de los 2000.

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