usted no tiene vacuna, es un virus que no tiene vacuna y por otro lado no tiene un tratamiento específico como tiene por ejemplo la influenza o el COVID que se puede dar algo para que no te compliques tanto. Este virus no tiene eso. Lo que se hace es que el tratamiento es sintomático, es decir, que si tienes fiebre trato la fiebre, si estás deshidratado te hidrato.
Si tienes problemas respiratorios, generalmente terminan intubados para ir tratando de que el cuerpo reaccione y se recupere por sí mismo. para un tratamiento específico no tiene. La ventaja es de que si se diagnostica a tiempo, el tratamiento se ha dado de una manera oportuna y la probabilidad de sobrevivir aumenta muchísimo más.
Tenemos que recordar que los pasajeros que fallecieron eran adultos mayores y cuando falleció el primero no se sospechó inicialmente de que fuera antavirus. En cualquier ser humano que esté en contacto con el virus puede presentarse la enfermedad. No hay preferencia por edades, es el riesgo de contacto. Tenemos que recordar que la esposa de Jan Hackman falleció por antavirus hace un año.
Ella se contagió en su casa. Eh, tenían los ratoncitos. eh se contagió, ella falleció y lamentablemente por la condición de Jin Hatmad en su demencia, él falleció posteriormente. Pero esta enfermedad la tenemos inclusive aquí en Estados Unidos, sino de que no es tan común porque el contacto con los ratones y el riesgo es mucho menor.
Mientras tanto, el barco permaneció fondeado frente a Cabo Verde con 147 personas a bordo y pasajeros de 23 nacionalidades bajo estrictas vigilancias sanitarias. Mientras autoridades de distintos países activan el rastreo de contagio para identificar posibles exposiciones fuera del crucero. Y en este punto la situación escaló.

Dejó de ser solo un evento médico para convertirse en una operación internacional coordinada. La embarcación se encuentra en este momento bajo una investigación epidemiológica completa y una desinfección total. Se activaron evacuaciones médicas urgentes para los casos más delicados, mientras el resto de los pasajeros continúa bajo monitoreo constante.
Las autoridades insisten en que el riesgo para la población general sigue siendo bajo, pero han recomendado a todos los expuestos mantener vigilancia de síntomas durante al menos 45 días. La recomendación es que las personas estén esencialmente aisladas o contenidas en un lugar donde no tengan contacto con otras personas, ya sea cuarentena en casa o cuarentena en una instalación.
Ah, recomendamos la cuarentena porque las personas son contagiosas al inicio de la enfermedad. En los primeros días, en los primeros momentos de la enfermedad, es cuando la contagiosidad es más alta. A veces es un poco difícil reconocer los síntomas porque los síntomas iniciales pueden ser leves, inicialmente algo de fatiga, tal vez fiebre leve antes de que los síntomas a veces se deterioren desafortunadamente.
Y entonces, pero también es cuando las personas son más contagiosas. So, entonces, no queriendo esperar a que eso suceda para luego aislar a las personas, la recomendación es optar por la cuarentena para saber que no infectarán a otros ah cuando aparezcan los síntomas. Esa es toda la razón detrás de la cuarentena, que también es quizás un poco más estricta porque este es un brote bien confinado por ahora y queremos asegurarnos de que el brote no se propague más.
La idea también es que durante ese periodo de cuarentena realmente se aseguren de no interactuar con otras personas, pero tampoco están aislados y solos. Están siendo seguidos muy de cerca por trabajadores de la salud. Y ahora la clave está en lo que viene, porque lo que pasa en los próximos días no solo define el origen del brote, sino que también si hubo o no transmisión dentro del barco.
Importante es número uno, mantenerse bien informado. Una de las leciones que aprendimos del COVID-19 es que la información transparente es necesaria y es lo que está ocurriendo. Todos los países están colaborando para bloquear este brote que realmente no llega ni a epidemia. Es un brote que está ocurriendo, es un hecho aislado.
Se están observando, de hecho, a los pacientes que desembarcaron antes de llegar a Sudáfrica se les está haciendo seguimiento y se les tiene en aislamiento. Nuevamente la probabilidad de contagio es muy baja, así de que realmente seguir observando estos pacientes y tener paciencia y determinar realmente cuál fue el punto de contagio y de ahí tomar las medidas.
Siempre lo que se recomienda es de que si se van a este tipo de expediciones, tratar de no exponerse a estos lugares, utilizar mascarilla y el lavado de manos que sigue siendo nuestra mejor defensa. Y mientras esta crisis sanitaria mantiene en vilo a las autoridades globales, hay otro frente de batalla ardiendo en tierra firme.
Toda la atención y los rumores apuntaban a Usuaya como la zona cero, el lugar donde los dos primeros fallecidos, la pareja de esposos de la tercera edad, supuestamente habrían contraído el virus antes de subir al barco. Pero las autoridades argentinas acaban de salir a frenar el golpe en seco. Según ellos, la matemática de la infección en estos dos pacientes simplemente no cuadra.
Los funcionarios de Tierra del Fuego afirman que es biológicamente imposible que la pareja se contagiara en su puerto y sostienen la hipótesis de que el hantavirus ya venía incubándose en ellos desde semanas antes de zarpar. Escuchemos exactamente qué argumentan y cómo intentan defenderse de esta tormenta mediática internacional.
La fecha de inicio de síntomas del caso uno es el 6 de abril. Eh, según indica la Organización Mundial de la Salud y también la empresa encargada de de gestionar el barco. Eh, esta enfermedad tiene un periodo de incubación aproximado de dos a tres semanas. Eh, puede extenderse hasta 45 días dependiendo de la bibliografía.
e y un periodo de transmisibilidad interhumana para el caso de la cepa antes, que es la que se terminó detectando, de 2 días antes de la fiebre hasta 5 días posteriores. Es decir, que la persona cuando comenzó a contagiar estaba ya en altamar, por decirlo de alguna manera, en el barco. Y de hecho tenemos por lo menos 4 días anteriores que tampoco pudo haber transmitido la enfermedad aquí en Tierra del Fuego si es que si es que así hubiera sucedido.
Eh, y por el otro lado y para descartar eh el rumor, porque la verdad que solamente lo tenemos como un rumor de que haya estado haciendo avista cerca del basural, como se ha dicho, ¿no? no tenemos la fuente, no nos la ha podido confirmar el Ministerio de Salud de la Nación que haya sido así, pero bueno, es parte de lo que de lo que se dice.
Entonces, más allá de que haya estado o no, no lo podemos eh confirmar. Eh, tampoco dan los días para que se pudo se pudiera haber contraído la enfermedad acá y en tan poco tiempo comenzar con el inicio de síntoma en el barco y el lamentable desenlace. fatal. Por ende, eh no dan los cálculos para lo que sea eh que se haya contagiado acá en nuestra provincia.
Por eso reafirmamos y queremos compartirlo con todos ustedes, eh el estado sanitario que se encuentra nuestra provincia y la seguridad que tenemos respecto a eh esta situación para cualquiera de los habitantes de Tierra del Fuego y para quienes nos quieran visitar. Perdón, usted está descartando entonces que el contagio haya sido en Tierra de Fuego.
Oficialmente el gobierno descarta esa posibilidad. Es biología. Le puedo decir que es prácticamente nula la posibilidad. No, no puedo confirmarlo porque esto es biología, los virus mutan y demás, pero por la escasez que se menciona eh la los biólogos de la zona respecto a esta subespecie, este conflicto de especie subespecie que existe en nuestro país del oligoerisomis, disculpen que no no me recuerdo siempre el nombre científico, si es la variedad magallanicus o no y demás, eh la escasez que hay de este roedor y a su vez el estado sanitario histórico que tuvo la
provincia sumado a la el poco tiempo de periodo que pudo haber estado expuesta esta pareja a esa a esos rodeos, o sea, disminuye enormemente la posibilidad que haya sido acá. sumado a que estuvieron en zonas donde sí hay brotes en febrero en la zona eh intermedia de Chile, donde sí hubo brotes de jantavirus con altas tasas de letalidad estuvieron ahí.

Hay un periodo prácticamente de un mes en el medio que es fundamental ese que desconocemos en qué lugar de Argentina estuvieron tranquilamente en zonas donde circula eficientemente la la cepa Andes. Entonces sumado sumar todo eso, es claro que no es usuari el lugar donde tiene que ser apuntado.
Lamentablemente el buque salió de acá, pero eh es muy muy baja la posibilidad, nula prácticamente de que pudieron haberse contagiado en esta ciudad. Solo quiero aclarar una cosa, que dijiste que el barco UM tenía condiciones que eran propicias para la propagación. Eso es porque es un barco esencialmente. Es un barco y entonces ha habido otros brotes en en cruceros.
El norovirus es un buen ejemplo que puede propagarse muy rápidamente en cruceros. Es un entorno donde las personas viven juntas en un espacio bastante cerrado. Entiendo que es un barco bastante cómodo, es un barco bastante lujoso, pero aún así las personas viven allí en un espacio artificial bastante confinado, por lo que es propicio para la transmisión.
Así que estamos lidiando con un entorno que no es el entorno común para la propagación y por eso también estamos probablemente viendo más propagación de lo que veríamos de otra manera y eso se ha visto en el pasado en algunos de los brotes de antavirus que generalmente se extinguen bastante rápido y se controlan rápidamente.
Aquí estamos lidiando con una situación donde quizás ha habido un poco más de de transmisión en el barco debido al entorno. ese entorno ha sido ahora contenido con la evacuación de pasajeros y el desembarque de pasajeros ayer también. Estamos ahora en un lugar mucho mejor para realmente controlar el riesgo en el futuro y eso es un paso realmente importante en términos de cómo controlamos esto.
Y cuando dices espacio confinado también es porque las personas están interactuando entre sí una y otra vez. las mismas personas interactuando entre sí en estos en estos espacios limitados varios días, varias semanas, no solo eh en cabinas, sino que tienes restaurantes compartidos, baños compartidos, actividades compartidas, espacio compartido que no tendrías de otra manera en una circunstancia normal.
Y mientras las autoridades sanitarias intentaban contener el brote dentro del crucero, fuera del barco comenzaba otra batalla mucho más difícil de controlar: el miedo colectivo. En aeropuertos, hoteles y terminales marítimas de distintos países empezaron a circular rumores exagerados sobre una supuesta “nueva pandemia”. Videos descontextualizados, fotografías antiguas y mensajes alarmistas inundaron las redes sociales asegurando que el hantavirus estaba mutando y preparándose para propagarse globalmente.
Sin embargo, los especialistas insistían en algo muy importante: este virus no se comporta como el COVID-19.
La transmisión seguía siendo limitada y requería contacto extremadamente cercano. Aun así, el hecho de que varios casos hubieran aparecido dentro de un espacio cerrado como un crucero despertó preocupación entre epidemiólogos internacionales.
En las Islas Canarias, donde finalmente fue autorizado el desembarco controlado del barco, el operativo sanitario alcanzó dimensiones enormes. Equipos médicos especializados recibieron a los pasajeros uno por uno. Cada persona fue sometida a controles clínicos, entrevistas epidemiológicas y análisis de laboratorio.
Nadie podía abandonar el protocolo.
Los pasajeros fueron separados según nivel de exposición y contacto con los casos confirmados. Algunos tuvieron que permanecer aislados en instalaciones especiales mientras las autoridades reconstruían minuto a minuto todo lo ocurrido durante el viaje.
La escena parecía salida de una película de crisis sanitaria internacional.
Ambulancias esperando en el puerto.
Médicos con equipos de protección.
Pasajeros nerviosos bajando del barco bajo estricta vigilancia.
Y periodistas de todo el mundo transmitiendo en directo.
Muchos de los viajeros apenas comenzaban a entender la magnitud de lo ocurrido. Algunos pensaban que se trataba de una gripe fuerte. Otros creyeron durante días que la situación estaba bajo control hasta que comenzaron a enterarse de las muertes.
Una pasajera canadiense declaró a medios europeos que el ambiente dentro del barco había cambiado por completo después del segundo fallecimiento.
“Primero todos pensábamos que era una casualidad… luego comenzaron a aparecer más personas enfermas y el miedo se apoderó de todos”, contó.
Según varios testimonios, durante los últimos días del trayecto muchos pasajeros dejaron de acudir a las zonas comunes. Los restaurantes quedaron prácticamente vacíos y algunos viajeros empezaron a permanecer encerrados en sus camarotes por miedo al contagio.
La tripulación también vivió momentos de enorme tensión.
Cocineros, personal de limpieza y trabajadores de mantenimiento tuvieron que seguir operando mientras el barco se convertía lentamente en una zona de cuarentena flotante.
Algunos miembros de la tripulación confesaron más tarde que el miedo más grande no era únicamente enfermarse, sino quedar atrapados en medio del océano sin acceso inmediato a hospitales especializados.
Mientras tanto, científicos de distintos países comenzaron a analizar una pregunta crucial:
¿Hubo realmente transmisión persona a persona dentro del barco?
Esa cuestión era ahora el centro de toda la investigación internacional.
Porque aunque la variante Andes del hantavirus ya había demostrado anteriormente capacidad limitada de transmisión humana, nunca se había estudiado un escenario tan complejo dentro de un crucero internacional.
Expertos en enfermedades infecciosas explicaron que el entorno del barco podría haber amplificado algo extremadamente raro.
Pasillos cerrados.
Ventilación compartida.
Convivencia diaria.
Comedores comunes.
Excursiones grupales.
Todo eso creaba condiciones poco habituales para este tipo de virus.
Aun así, la OMS seguía insistiendo públicamente en que no existían señales de una amenaza pandémica mundial.
Pero internamente, los equipos epidemiológicos trabajaban contrarreloj.
Las autoridades sanitarias comenzaron a rastrear pasajeros que ya habían abandonado el crucero antes de activarse la alerta máxima. Algunos habían regresado a Francia, Alemania, Países Bajos, Argentina, Chile y Estados Unidos.
Cada contacto debía ser localizado.
Cada síntoma monitoreado.
Cada posible cadena de transmisión investigada.
En Francia, el caso confirmado de un pasajero recientemente desembarcado provocó nuevas medidas preventivas. El hombre fue aislado inmediatamente y las personas que tuvieron contacto cercano con él entraron en observación médica.
En Alemania, la muerte de la pasajera alemana generó enorme impacto mediático. Los noticieros dedicaron horas enteras al caso y comenzaron a entrevistarse especialistas sobre el riesgo real del hantavirus.
En Argentina y Chile, donde la cepa Andes es conocida desde hace décadas, las autoridades intentaron transmitir calma. Recordaron que existen casos aislados todos los años y que el virus no tiene capacidad de transmisión masiva como otros patógenos respiratorios.
Pero el contexto internacional hacía imposible evitar el temor.
La palabra “hantavirus” volvió repentinamente a ocupar titulares globales.
Y eso despertó recuerdos muy sensibles después de la pandemia de COVID-19.
Muchos ciudadanos comenzaron nuevamente a comprar mascarillas y productos sanitarios, especialmente en algunos países europeos donde las imágenes del crucero bajo cuarentena se hicieron virales.
Sin embargo, los médicos repetían constantemente que el riesgo seguía siendo muy bajo para la población general.
El verdadero problema estaba concentrado en el grupo específico de pasajeros expuestos.
Mientras tanto, la investigación sobre el origen exacto del brote continuaba avanzando.
Las autoridades argentinas mantenían firme su postura de que el contagio probablemente ocurrió antes de llegar a Ushuaia. Según sus análisis, los tiempos biológicos simplemente no coincidían con la hipótesis de una infección en Tierra del Fuego.
Pero algunos expertos internacionales no descartaban completamente ninguna posibilidad.
El problema era que el recorrido previo de los pasajeros había incluido múltiples zonas rurales, excursiones naturales y contacto potencial con ambientes donde existen roedores portadores del virus.
Además, muchos viajeros habían realizado actividades de observación de aves y senderismo en áreas remotas de Sudamérica semanas antes del embarque.
Eso complicaba enormemente la reconstrucción epidemiológica.
Cada detalle importaba.
Cada parada del viaje.
Cada excursión.
Cada interacción.
Mientras los científicos revisaban mapas y cronologías, comenzaron también a surgir preguntas incómodas sobre los protocolos sanitarios del crucero.
¿Se reaccionó demasiado tarde?
¿Se minimizó inicialmente la gravedad de los síntomas?
¿Existían protocolos suficientes para enfermedades infecciosas en rutas tan remotas?
Algunos familiares de pasajeros fallecidos empezaron a exigir respuestas.
Querían saber por qué el primer caso no activó inmediatamente medidas más estrictas.
Otros cuestionaban si la empresa operadora había informado con suficiente rapidez a las autoridades internacionales.
La presión sobre la compañía crecía cada día.
En conferencias de prensa, representantes del crucero defendieron sus acciones asegurando que siguieron todos los protocolos recomendados y que colaboraron plenamente con las autoridades sanitarias.
Pero el daño mediático ya era enorme.
Las imágenes del barco aislado frente a la costa dieron la vuelta al mundo.
Y mientras el debate seguía creciendo, epidemiólogos comenzaron a advertir algo importante: este caso podía convertirse en un estudio histórico sobre cómo enfermedades consideradas poco transmisibles podrían comportarse en ambientes cerrados y altamente conectados.
Por eso la OMS decidió involucrarse directamente.
No solo para controlar el brote actual.
Sino para aprender de él.
Porque aunque las probabilidades de una pandemia fueran bajas, el episodio demostraba que incluso virus raros podían generar situaciones extremadamente complejas cuando coincidían ciertos factores.
Ahora todas las miradas estaban puestas en los siguientes días.
Si no aparecían nuevos casos importantes, el brote podría quedar contenido.
Pero si comenzaban a surgir contagios secundarios en distintos países, el escenario cambiaría radicalmente.
Y mientras pasajeros aislados esperaban resultados médicos en habitaciones de hotel convertidas en cuarentenas improvisadas, una sensación incómoda empezaba a extenderse entre las autoridades sanitarias internacionales:
El verdadero alcance de este brote todavía podría no estar completamente claro.