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Abandonada en el Altar… El Jefe Subió y Dijo: “¡ME CASO CON ELLA!”

Abandonada en el Altar… El Jefe Subió y Dijo: “¡ME CASO CON ELLA!”

Marina llegó a la iglesia con su vestido blanco sencillo, mirando los bancos vacíos mientras intentaba convencerse de que Rafael solo estaba retrasado.

—Seguro viene… debe haber tráfico —susurró ella, apretando el ramo entre las manos.

Soraya la observó preocupada.

—Marina… ya pasó mucho tiempo.

El sacerdote se acercó lentamente.

—Hija, quizá sería mejor esperar afuera.

En ese momento sonó el teléfono de Soraya. Ella leyó el mensaje y palideció.

—¿Qué pasó? —preguntó Marina.

—Nada… no es importante.

—Déjame verlo.

Marina tomó el celular y leyó el mensaje en silencio: Rafael había sido visto en la terminal de autobuses rumbo a São Paulo con otra mujer.

Doña Mercia comenzó a llorar.

—Ese hombre no te merecía…

Pero Marina solo respiró hondo, se acomodó el velo y dijo con voz apagada:

—Está bien.

Salió sola de la iglesia y se sentó en la acera bajo el sol fuerte de la tarde. Sentía que toda su vida cabía en dos maletas y que incluso eso era demasiado peso para seguir cargando.

Entonces un coche negro se detuvo frente a ella. Del vehículo bajó Enrique Alencar, el dueño de la empresa donde trabajaba.

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