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¿Sabías que el mayor himno de México fue un fracaso absoluto? Un niño de 11 años escribió una profecía maldita que predijo, con 30 años de anticipación, la trágica muerte de Jorge Negrete en el extranjero.

¿Sabías que el mayor himno de México fue un fracaso absoluto? Un niño de 11 años escribió una profecía maldita que predijo, con 30 años de anticipación, la trágica muerte de Jorge Negrete en el extranjero. Descubre el oscuro secreto detrás de la canción que se convirtió en leyenda.

Jorge Negrete Revivió una Canción Fracasada — Lo Ocurrido Después le Convirtió en una Leyenda Eterna  

Chucho Monje tenía 11 años cuando escribió México lindo y querido en 1921 en Morelia. Y había algo en esas palabras sobre morir lejos de la tierra y pedir que trajeran el cuerpo de vuelta, que ningún niño de 11 años debería saber escribir, pero que sonaban como si vinieran de un lugar mucho más antiguo que cualquier edad.

 guardó la canción por casi 25 años antes de intentar lanzarla al mundo y cuando finalmente lo intentó, en 1945, el resultado fue silencio. El dueto, Las Dolores la grabó. La canción sonó en las radios y el mundo siguió exactamente como estaba. El trío Tariakuri lo intentó después y el resultado fue el mismo.

 30 años después de haber escrito esas palabras, Chucho Monía buscaba la voz que la canción estaba esperando. En 1950, el director Emilio Indio Fernández llevó México lindo y querido a Jorge Negrete. Lo que ocurrió después cambió para siempre la historia de esa canción y la del propio Jorge Emilio Fernández estaba rodando. Siempre tuya.

 una película sobre un campesino que abandona su tierra por necesidad y carga a México dentro de sí mientras vive lejos de él. Y había algo en la letra de Chucho Monje que combinaba con esa historia de una manera que no necesitaba ninguna explicación. Jorge había leído la letra una vez antes de responder y había respondido que sí, sin necesitar más tiempo para decidir, porque había en esas palabras algo que reconocía desde adentro, la sensación específica de cargar un lugar en el pecho cuando ese lugar está al otro lado de una frontera.

Había pasado años haciendo giras por América Latina. Había dormido en hoteles de Buenos Aires y La Habana mientras pensaba en Ciudad de México. Y esa frase sobre morir lejos y pedir que trajeran el cuerpo de vuelta no era para él una imagen poética. Era algo que había sentido en noches de madrugada lejos de casa, antes de saber que existía una canción con esas palabras.

 La filmación de la escena había sido hecha con la sencillez que Emilio Fernández usaba cuando quería que algo llegara sin intermediarios. Jorge Parado, el mariachi alrededor, la cámara sin movimiento, dejando que la voz llenara el espacio sin competencia. Monje estaba presente ese día de filmación y se quedó parado en un rincón del set escuchando a Jorge cantar por primera vez en voz alta lo que había escrito 30 años antes.

 Y había en ese momento algo que describió después como la sensación de que la canción había finalmente llegado a donde siempre necesitó llegar, no en el papel, no en una grabación sin rostro, sino en una voz que entendía cada palabra por lo que realmente era. La escena quedó lista en pocas tomas porque no había nada que ajustar.

 La voz estaba en el lugar correcto desde el principio. El disco que la RCA Víctor lanzó después de la película había puesto México lindo y querido en el lado B del sencillo, detrás del rogón, que era la apuesta real de la disquera. Noteb. Era la cuarta vez que la canción llegaba al mundo en posición de desventaja y Chucho Mon había recibido la noticia con la resignación de quien ya había aprendido a no confundir una nueva oportunidad con una garantía.

 Pero había algo diferente esta vez, no en la posición del disco, que era la peor posible, sino en las radios, donde la gente empezó a llamar pidiendo escuchar el lado B, no el lado A, y el número de pedidos fue creciendo con esa lentitud específica de las cosas que no llegan de golpe, pero que cuando llegan no se van más.

 La disquera no había apostado por México lindo y querido, y México lindo y querido había empezado a demostrar que la disquera estaba equivocada. Jorge había grabado la canción con el mariachi Pulido en 1951 y la grabación había encontrado en las radios un camino que las versiones anteriores nunca habían encontrado. No porque la canción fuera diferente, sino porque la voz había hecho algo con las palabras que las versiones anteriores no habían logrado hacer.

 había vuelto cada frase personal de una manera que hacía que quien escuchaba sintiera que la canción estaba siendo cantada específicamente para él. Chucho Monje escuchaba la radio en ese periodo con la atención de quien pasó 30 años esperando algo y que había aprendido a no llamar llegada, lo que podía ser solo un paso. Pero había algo en esa voz sobre esas palabras que era diferente a todo lo que había existido antes.

 Y la diferencia no estaba en la técnica ni en el arreglo, estaba en algo más difícil de nombrar que Mon reconocía antes de poder explicarlo. La canción fue creciendo a lo largo de 1951 y 1952 con esa velocidad específica de las músicas que no necesitan campaña para llegar, que van encontrando personas de una en una y construyendo un territorio que cuando está listo es imposible de ignorar.

 En las fiestas del 15 de septiembre, cuando México celebraba la independencia con la intensidad que el país dedicaba a pocos otros momentos del año, México lindo y querido había empezado a aparecer junto al himno nacional, no por decreto de nadie, sino porque la gente simplemente comenzó a cantarla en esos momentos, como si siempre hubiera sido así.

 Chucho Monje seguía todo aquello con la mezcla específica de gratitud e incredulidad, de quien esperó tanto tiempo por algo que cuando llegó parecía demasiado grande para ser real. Y había entre él y Jorge en ese periodo una complicidad tranquila de quien compartió algo sin necesitar hablar mucho sobre lo que compartió.

 Jorge Negrete llegó a Los Ángeles en noviembre de 1953 para una serie de presentaciones en el Million Dollar Theater, donde había sido contratado por $45,000 y llegó con la salud ya comprometida por una hepatitis que cargaba desde 1937 y que había evolucionado hacia una cirrosis que los médicos seguían con preocupación creciente.

 Una noche fue a ver la pelea de boxeo del mexicano Raúl Macías, que había atraído a la Comunidad Mexicana de Los Ángeles en uno de los eventos deportivos más grandes de ese año y durante la pelea sintió algo romperse por dentro, una variz del esófago que no aguantó y fue llevado de urgencia al hospital Cedros del Líbano con una hemorragia interna que los médicos intentaron controlar durante días sin lograr estabilizar lo que se había roto.

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