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¿RECUERDAS A LA CHUPITOS? NOS HIZO REÍR A TODOS Y LO PERDIÓ CASI TODO… ASÍ VIVE HOY  tc

¿RECUERDAS A LA CHUPITOS? NOS HIZO REÍR A TODOS Y LO PERDIÓ CASI TODO… ASÍ VIVE HOY  tc

¿Te acuerdas de chupitos? Ya que no le guste chiquit la bomba a la Seguro que sí. Y lo más bonito es que no reías tú solo, reía toda la familia al mismo tiempo. Los grandes, los chavos, hasta los abuelos. Ya llegó Chupitos, ya llegó el desmadre. Aparecía esa mujer del cabello alborotado, los labios pintados de cualquier manera y esa botellita en la mano.

 Y por un ratito todos en la casa se olvidaban de los problemas y soltaban la carcajada juntos. Porque la chupitos tenía algo, esa risa medio chueca, ese caminadito tambaleante, esas frases que repetías al otro día con tus compadres. Era la borrachita. Sí, pero era nuestra borrachita. Y si somos sinceros, todos teníamos un tío así en la familia, el que llegaba a la fiesta ya pasadito de copas, pero tan simpático que nadie se enojaba con él.

 Por eso la queríamos, porque se nos hacía conocida. Y un día dejó de estar sin despedida, sin explicación, se fue apagando de la pantalla y muchos se quedaron con esa pregunta dando vueltas. ¿Qué fue de ella? ¿Dónde anda hoy? ¿Sigue haciendo reír? ¿O la vida le cobró la factura? Pues agárrate, porque lo que hay detrás de esa risa es mucho más fuerte de lo que te imaginas.

 Detrás del disfraz había una mujer de carne y hueso, Liliana Arriaga, que brilló como pocas, pero también lo perdió casi todo. Una enfermedad que la dejó sin poder llorar, un veto que por poco le entierra la carrera y un secreto que cargó calladita por casi 30 años. Hoy te voy a contar toda su historia. De dónde salió, cómo llegó a lo más alto, lo que perdió en el camino y sobre todo cómo vive hoy lejos de aquella fama que la hizo inolvidable.

Y todo, todito, empezó en una casa que más bien parecía una vecindad. Para entender a la chupitos, primero hay que conocer a la niña que la creó. Liliana Raga no nació en Cuna de Oro. Creció en una casa de la Ciudad de México donde llegaron a vivir 13 personas bajo el mismo techo. Aquello más que casa parecía una vecindad y ella lo recuerda no con vergüenza, sino con cariño.

 Quien mandaba ahí no era su mamá, sino su abuela, una mujer a la que Liliana hasta el día de hoy considera su verdadera madre. Esa abuela fue la que la crió, la que la cuidó y la que le enseñó a trabajar desde chica. Su mamá de sangre la había tenido siendo muy joven, casi una niña, y a su papá ni siquiera lo conoció de pequeña.

 Lo vino a conocer ya de adulta después de una función en Guadalajara. Y fue un encuentro extraño, doloroso, frente a un hombre que era prácticamente un desconocido para ella. En esa casa no sobraba el dinero, pero sobraba el trabajo. La abuela vendía carnitas hacía pozole, pancita, gorditas de chicharrón, lo que cayera para sacar a la familia adelante.

 Y de ella, Liliana heredó esa misma garra. Tanto que cuando entró a la universidad a estudiar administración de empresas turísticas, nada que ver con la comedia, no tenía cómo pagarla, así que se puso a vender quesadillas adentro de la propia escuela. Mientras algunos compañeros llegaban en carro, ella llegaba con su comal a echar tortillas para pagarse los estudios.

 Esa era la mujer detrás del personaje, una que aprendió desde morrita que en esta vida nada es regalado. Y el personaje curiosamente no nació en un foro de televisión, nació dentro de su propia familia. Liliana tenía un tío Manuel que cargaba con un problema con el alcohol, pero era de esos borrachos simpáticos, de los que le caen bien a todo el mundo.

 De chiquita, ella lo observaba y lo imitaba para divertir a los demás, porque más allá de su problema, el tío tenía una gracia natural que contagiaba. Repitos, porque yo hacía en mi casa, tengo un tío alcohólico y entonces yo le hacía burla de de cómo se comportaba. Esa imitación que hacía de niña jugando era la semilla de todo lo que venía.

 La semilla germinó en un concurso. El comediante Fernando Arau organizó una competencia para buscar nuevos talentos y Liliana se animó a participar. Llegó nerviosa, sin saber bien qué hacer arriba del escenario, así que recurrió a lo único que le salía natural. imitar a su tío. Ese borracho simpático de la familia ganó el primer lugar por encima de otros comediantes que con el tiempo también se harían famosos.

 Y ahí estaba lo importante. Entre el público de ese concurso había gente grande de la comedia mexicana, nada menos que Eugenio Dervz y don Sergio Corona. Don Sergio vio algo en esa muchacha y decidió apadrinarla. le dio la patadita de la suerte, esa que abre las puertas que de otra forma jamás se habrían abierto. De un día para otro, la muchacha de las quesadillas tenía un pie adentro de la televisión.

 Lo que ella no sabía todavía era que ese borracho simpático al que imitaba por cariño la iba a llevar a lo más alto y con el tiempo también al borde del precipicio. Con la puerta de la televisión por fin abierta, la Chupitos no tardó en hacerse conocida en todo el país. Llegó a los programas de comedia más vistos de la época. Estuvo en Dervz en cuando estuvo en la hora pico y sobre todo se volvió pieza fija de un programa que marcó a toda una generación. La casa de la risa.

 Ahí, semana tras semana, su borrachita se metía en 1 enredos de farmacéutica, de campesina, peleando con la policía y la gente la esperaba con ganas. No es justo. No es justo. Déjenela. Es lo único que me conforta. And un track. Y no era poca gente. Ese programa se veía al mismo tiempo en varias cadenas dentro y fuera de México.

 Así que cuando hablamos de millones de personas riéndose con ella, no es exageración. era literal. De pronto, la muchacha de las quesadillas era una de las caras más reconocibles de la comedia mexicana, pero ella no se quedó cómoda. Cuando muchos se habrían conformado con vivir del personaje en México, Liliana volteó a ver más lejos, los Estados Unidos, y allá no llegó como cualquiera.

 Llegó a conducir nada menos uno de los programas de talento más importantes de la televisión hispana en aquel país. esta versión latina de los grandes shows de talento donde la gente común sube al escenario a perseguir su sueño. La borrachita de barrio ahora estaba al frente de un foro enorme, presentando, dirigiendo, cargando el programa sobre sus hombros y todavía había más.

 También se metió al mundo del streaming en ese reality de comedia donde un montón de comediantes se encierran y el que se ríe pierde. Ahí compartió pantalla con los más grandes del medio y demostró que su gracia no era cosa de un solo personaje, era talento de verdad. Hasta el cine tocó la puerta.

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