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¿QUÉ OCULTA EL SILENCIO? La perturbadora muerte de Mónica Pretelini que Peña Nieto sepultó en 24 horas

¿QUÉ OCULTA EL SILENCIO? La perturbadora muerte de Mónica Pretelini que Peña Nieto sepultó en 24 horas: las autopsias que nadie hizo, las amantes idénticas que ella callaba y el craso simulacro eclesiástico para coronar a La Gaviota sobre la tumba de la verdadera primera dama del edomex.

ENRIQUE PEÑA NIETO: Por ESTO Nadie Preguntó Cómo Murió la Esposa del Presidente  

Era la madrugada del 11 de enero de 2007 en una casa del exclusivo fraccionamiento campestre del lago al sur de Toluca. Una mujer de 44 años se estaba muriendo. Se llamaba Mónica Pretelini Sacience. Era la presidenta del DIF del Estado de México. Era la esposa del gobernador más joven y más guapo del país.

Era la madre de tres niños que dormían en el piso de arriba. Y esa madrugada, sola en algún rincón de esa casa enorme, dejó de respirar. Su esposo dijo después que llegó. Dijo que la encontró ya sin respirar. dijo que la trasladaron de inmediato al hospital. Dijo que lo intentaron todo. Dijo que ya tenía muerte cerebral por insuficiencia de oxígeno.

Y durante casi 20 años esa fue la única versión que dio. No hubo cronología minuto a minuto. No hubo declaración sobre dónde estaba él antes de llegar a la casa. No hubo explicación sobre quién marcó al hospital. ¿Quién manejó la ambulancia? ¿Quién firmó el acta del traslado de Toluca a la Ciudad de México? Hubo silencio y un parte médico emitido horas después por un hospital privado y una cremación tan rápida que muchos en el Estado de México ni siquiera alcanzaron a enterarse de que la primera dama había muerto.

Mi gente, esto que les voy a contar hoy les va a doler porque esta es la historia de una mujer que tú reconoces. Tú la viste en las noticias. Tú la viste en las revistas. Tú la viste sonriente al lado de un hombre que después fue presidente de México. Y tú, como todas nosotras, creíste la versión que nos contaron.

Hoy vamos a revisar esa versión, no para acusar a nadie, para preguntar lo que nadie preguntó. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Mónica Pretelini y sobre el hombre que construyó su camino a la presidencia de México sobre su tumba. Primero vas a descubrir quién era realmente Mónica antes de ser primera dama, por qué llevaba año y medio en tratamiento neurológico y por qué, según reportes del semanario, proceso publicados días después de su muerte, llevaba varios meses separada

de su esposo. Segundo, vas a descubrir todo lo que pasó la noche del 10 al 11 de enero de 2007 en esa casa de Toluca, las inconsistencias que nunca se aclararon. Y por qué durante 4 años Enrique Peña Nieto no pudo explicar con claridad en televisión nacional de que había muerto su esposa? Tercero, vas a descubrir a las mujeres paralelas que Mónica sí conocía, dos amantes documentadas durante su matrimonio, dos hijos nacidos fuera de casa y una tragedia que casi nadie ha unido en los archivos públicos. Un bebé

de Peña Nieto con otra mujer que murió 20 días después que Mónica. Y cuarto, vas a descubrir cómo ese mismo hombre se casó 3 años y 10 meses después con una de las actrices más famosas de Televisa, en la misma catedral donde están enterradas las cenizas de Mónica, tras una anulación matrimonial que el propio Vaticano describió como un crzo simulacro de justicia.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Vamos con calma. Vamos con los documentos. Vamos con los nombres. Pero antes de entrar en lo que pasó esa noche, tienes que entender cómo funcionaba el mundo que construyó a este hombre. Porque esta historia no empieza el 11 de enero de 2007, empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión.

A mediados de los años 2000, el Estado de México era la joya de la corona del Partido Revolucionario Institucional. 24 gobernadores priistas consecutivos desde la fundación misma del partido. Una maquinaria política que no había perdido jamás. Un presupuesto gigantesco y un proyecto clarísimo.

Recuperar la presidencia de la República en las elecciones de 2012 después de dos sexenios de gobierno del PAN. Para ese proyecto necesitaban un rostro nuevo, alguien joven, alguien que se viera bien en televisión, alguien que proyectara modernidad sin romper con los acuerdos del viejo PRI, alguien que hiciera olvidar a la clase media urbana los aromas rancios de Carlos Salinas de Gortari, de Raúl Salinas, de Manuel Bartlet, de las décadas de corrupción heredadas.

Ese rostro lo encontraron en Atlacomulco, en una familia con ramas políticas muy conocidas, en un abogado que había sido tesorero de la campaña de Emilio Chui Fet Chemor, en un sobrino nieto del gobernador Arturo Montiel, en Enrique Peña Nieto. Quizá tú recuerdas esos años, quizá recuerdas cómo empezó a aparecer ese hombre en los noticieros.

Alto, bien peinado, traje impecable, sonrisa de galán de telenovela. Quizá le dijiste a tu hija que se veía guapo. Quizá escuchaste a tu hermana decir que parecía diferente a los demás políticos. Así fue como te lo vendieron. Así fue como nos lo vendieron a todas. El 15 de septiembre de 2005, Enrique Peña Nieto tomó posesión como gobernador del Estado de México. Tenía 39 años.

 Era el más joven en décadas y al lado de él, en la tribuna de honor del Teatro Morelos de Toluca, estaba Mónica Pretelini Sa. Su esposa desde hacía 11 años, la madre de sus tres hijos. Una mujer de mirada serena, cabello castaño, vestido formal. Sonreía, todos sonreían. Carlos Salinas de Gortari, el expresidente, estaba ahí.

 Vicente Fox, el presidente en funciones, había mandado representación. Elva Ester Gordillo, la dueña del Sindicato Nacional de Maestros, tomaba café con ellos. Era el arranque de una carrera política diseñada desde el día 1 para llegar a Los Pinos. Pero había algo que casi nadie sabía, algo que Mónica sí sabía, algo que cargaba en silencio mientras sonreía para las cámaras esa tarde, porque Enrique Peña Nieto, el hombre recién investido como gobernador, ya tenía un hijo de un año con otra mujer.

Se llamaba Diego. Había nacido el 25 de junio de 2004. Su madre era Maritza Díaz Hernández, una funcionaria que trabajaba en la Secretaría de Finanzas del Estado de México con el gobernador anterior, Arturo Montiel. Y durante ese mismo 2005 en el que Peña Nieto tomaba posesión como gobernador, ya había empezado otra relación paralela con Jessica de la Madrid Téz, una licenciada en comercio internacional originaria de Chihuahua, que trabajaba en la Agencia de Publicidad Radar.

la misma agencia contratada para la campaña a la gubernatura. Recuerda ese nombre, Maritza Díaz Hernández. Ese nombre va a volver a aparecer años después y cuando vuelva a aparecer te va a quedar claro por qué Mónica Pretelini no sonreía igual en las fotos privadas que en las oficiales. Recuerda también ese otro nombre, Jessica de la Madrid Tellees.

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