Posted in

La Caída del Tercer Hombre de Cuba — Lloró frente a Raúl y CONFESÓ tc

La Caída del Tercer Hombre de Cuba — Lloró frente a Raúl y CONFESÓ tc

Un día una sala, dos hombres que llevan décadas compartiendo casi todos secretos poder y decisiones que moldean la vida de 6 millones de cubanos. Raúl Castro, el hombre de poder real detrás de Fidel, habla pausado, calculado como siempre. Y el hombre sentado frente a él no es un subalterno, cualquiera es Carlos Aldana Escalante, el coronel mulato de bigote espeso, que Raúl mismo descubrió, formó cuidadosamente y catapultó hasta la cima absoluta del aparato revolucionario, el tercer hombre de Cuba, jefe simultáneo

del departamento ideológico del departamento de relaciones internacionales y del departamento de educación y cultura del Partido Comunista, miembro del Buró Político del secretariado del Comité Central, el hombre sin cuya firma no se publicaba un periódico, no se filmaba un documental, no se silenciaba un disidente en ningún rincón de la isla.

 La voz que explicaba la represión, la pluma que escribía los discursos que justificaban lo injustificable. Raúl habla sin alzar la voz, como si fuera una confesión, un secreto compartido solo entre ellos dos. y dice con frialdad absoluta, “Si en Cuba llegara a salir un Gorbachov, habría que colgarlo de una guáima. La cara de Aldana se pone blanca como la muerte.

 No responde porque no existe respuesta. Correcta una amenaza así. Quédate conmigo porque lo que ocurrió después, lo que Raúl le hizo a ese hombre cuando lo llamó a su oficina unos meses más tarde, lo que ese hombre confesó llorando y lo que el sistema le devolvió a cambio, es la historia más precisa. más despiadada de cómo la revolución cubana devora a sus propios hijos.

 Carlos Aldana Escalante nació en 1942 en Camagüy, en una región pobre donde el tabaco y la caña definían las vidas de los hombres. Pero para entender quién era realmente, necesitas conocer su apellido materno, porque en Escalante hay una maldición familiar que pocos conocen. En 1962, apenas 3 años después del triunfo, Fidel Castro ejecutó una purga brutal contra Aníbal Escalante, líder del viejo Partido Socialista Popular.

 El crimen de Aníbal era simple, pero mortal para un sistema que solo admite un sol en el cielo. Había acumulado demasiado poder, demasiados contactos, demasiada influencia para ser tolerado por un dictador que ve competencia en la sombra de cualquier hombre talentoso. Aníbal fue enviado al exilio interior borrado de la historia oficial, su nombre un tabú.

 30 años después, exactamente 30 años, el sobrino de Aníbal, el joven Aldana, ocuparía el cargo más poderoso que ningún ideólogo cubano había alcanzado jamás en la revolución jefe de tres departamentos, simultáneamente poder sin precedente y cometería exactamente el mismo crimen, exactamente el mismo error fatal que su tío Aníbal.

 Dos generaciones, mismo apellido, mismo fin, brutal. Fíjate bien en esto, porque es la llave que abre toda la cerradura del poder cubano. Carlos Aldana no llegó al poder por las armas ni por las trincheras, como Fidel y Raúl llegó, por las palabras, por el pensamiento, por la capacidad de explicar la represión brutal como filosofía revolucionaria.

 Era un raro dentro de la nomenclatura revolucionaria un animal extraño en un so de mordo. Militares leía poesía, escribía con estructura perfecta. pensaba en capas complejas. Norberto Fuentes lo describió como alguien con una cultura humanista rarísima dentro del núcleo duro. En un universo de hombres que mandaban por la fuerza, Aldana mandaba por la pluma por el archivo desde Angola.

 Durante su misión le enviaba despachos cifrados a Fidel estudiados, cuidadosos, estratégicos. Pero aquí viene lo más oscuro de su perfil. Aldana era flojito para contradecir al comandante. Esa es la frase exacta. demasiado inteligente para ser un bruto ciego, demasiado cobarde para ser un verdadero reformista, aunque en privado soñaba con reformas.

 Esa combinación inteligencia más obediencia calculada lo hacía el instrumento perfecto para cualquier dictadura. El sistema no necesita hombres que digan no, necesita hombres que sepan exactamente por qué deben hacer lo que deben hacer y que lo hagan con elegancia, sin dejar rastro de duda personal. Fue Raúl Castro quien lo descubrió a mediados de los años 60, cuando Aldana comenzó a destacar como comisario político en la dirección política de las fuerzas armadas revolucionarias.

 Raúl quedó encantado textualmente, encantado Fuentes. Lo dice así. Con el encantamiento que le produjo verlo desarrollarse como comisario político, Raúl lo llevó hasta la cima. A partir de ese momento, Aldana fue el confidente de la mano derecha de Fidel, el compañero de las borracheras casi diarias, el que sabía los secretos que no se escriben en ningún acta oficial.

Para 1974 ya dirigía el VICA, el Pontaz, departamento de propaganda de la dirección política. redactaba discursos, guiones, documentales, textos de paradas militares. En agosto de 1986 aparecía fotografiado en la octava cumbre de los no alineados en Zimbabue junto al ministro del Interior, José Abrantes, ya estaba dentro del círculo real, pero el momento en que Aldana dejó de ser un cuadro importante para convertirse en el tercer hombre de Cuba, llegó en el verano de 1988 Angola.

Llevaba 13 años siendo el laboratorio militar más caro, más sangriento de la revolución. Desde 1975, Cuba había enviado más de 30 y 37,000 soldados al continente africano. La guerra había costado 2016 bajas cubanas confirmadas, 786 en combate directo. En 1988, tras la batalla de Cuito Cuanavale, la situación era militarmente insostenible.

 Se habría una negociación cuadripartita entre Angola, Cuba, Sudáfrica y Estados Unidos. El primer negociador cubano era Jorge Risquet, dogmático inflexible, incapaz de ceder 1 milímetro. Las negociaciones colapsaban una y otra vez. Entonces Fidel metió a Aldana. Todo cambió. El 11 de julio de 1988 en sesión plenaria en Nueva York.

 Aldana hace algo que ningún representante cubano había hecho antes. Reconoce en voz alta con los micrófonos abiertos que existe una vinculación real entre la retirada cubana de Angola y la independencia de Namibia, algo que Cuba había negado durante años por puro orgullo revolucionario. Lo dice con frialdad, con precisión quirúrgica.

Chester Crocker, el negociador jefe estadounidense, recordó después que el tono de Aldana tenía una zorna polémica, una crítica apenas velada a los soviéticos. Era la zorna de un hombre que negociaba desde una posición débil, pero que aún así hacía que el resultado pareciera una victoria. El 22 de diciembre de 1988 se firmaron los acuerdos de Nueva York.

Read More