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¡HARFUCH DESTAPA el FRAUDE FISCAL de 600 MIL MILLONES; CAYÓ “EL SEÑOR DE LOS BUQUE” CAPO DEL CARTEL!  d

¡HARFUCH DESTAPA el FRAUDE FISCAL de 600 MIL MILLONES; CAYÓ “EL SEÑOR DE LOS BUQUE” CAPO DEL CARTEL! 

600,000 millones de pesos, siete tigres de bengala y cuatro órdenes de cateo simultáneas ejecutadas antes de que amaneciera en el municipio más rico de América Latina. Lo que ocurrió el domingo 11 de mayo de 2025 en Valle de San Ángel, San Pedro Garza García, no tiene antecedente directo en la historia del combate al crimen organizado financiero en México, no en términos de la sofisticación del esquema desmantelado, no en términos del monto defraudado al herario, no en términos de la metodología de inteligencia

desplegada, porque este operativo llegó hasta el tercer piso de una residencia de tres niveles en la colonia más cara del norte del país y encontraron los documentos y cambió todo. Si quieres enterarte de las noticias más recientes de nuestro PA, suscríbete. Sigamos. Primero, ¿cómo funciona exactamente el huachicol fiscal que no es lo que la mayoría cree que es? Segundo, ¿qué piezas de inteligencia construyeron este operativo durante 14 meses? Desde un buque en Tamaulipas hasta un dron sobrevolando San Pedro a las 11 de la

noche. Tercero, ¿qué significan esos documentos encontrados sobre el escritorio de José Antonio y por qué son más peligrosos para Roberto Blanco Cantú que cualquier arma de comizada? Y cuarto, hay una fecha en el expediente federal que nadie ha reportado todavía y que cambia completamente la lectura de todo esto.

 Antes de que hablemos del operativo, necesito que entiendas algo fundamental. La mayoría de la gente que escucha la palabra hachicol piensa en una imagen concreta. Una tubería de Pemex en campo abierto, un grupo de hombres con cubetas en una brecha de tierra, el olor a combustible mezclado con polvo. Esa imagen es real, eso existe, pero eso es el huachicol del siglo XX.

 Lo que Omar García Harfuch desmanteló este domingo en San Pedro Garza García es otra cosa completamente. Es el huachicol del siglo XXI. Opera con traje y corbata. Opera con contadores, abogados corporativos y empresas registradas ante el SAT. Opera desde Torres de Cristal en Valle Oriente, no desde Brechas en Guanajuato. Quiero que entiendas la diferencia porque de esa diferencia depende todo lo demás que te voy a contar.

 El huachicol fiscal no roba combustible de una tubería, roba el impuesto que ese combustible debería pagar al Estado mexicano. Y la diferencia entre esos dos esquemas no es solo operativa, es de escala. El huachicol de ductos mueve miles de litros. El huachicol fiscal mueve millones, decenas de millones en operaciones que se repiten semana a semana durante años, documentadas con facturas, con manifiestos de carga, con declaraciones ante el SAT que son técnicamente falsas, pero visualmente impecables.

 Para entender cómo funciona, necesitas conocer dos conceptos básicos. El primero es el IEPS, el impuesto especial sobre producción y servicios. Es el impuesto federal que se cobra sobre gasolina y diésel. En México, cada litro de combustible que se vende legalmente en este país paga IEPS al erario. La tasa varía, pero en términos prácticos estamos hablando de varios pesos por litro.

 Multiplicado por millones de litros, multiplicado por años es una cantidad enorme. El segundo concepto es la clasificación arancelaria. Cuando un buque llega a un puerto mexicano con carga, la aduana le pide que declare qué trae. Esa declaración tiene un código, un número que corresponde a una categoría de producto y la categoría define el impuesto que se paga.

 Aquí está el mecanismo del fraude. Imagina que tienes un buque con 20 millones de litros de diésel. Si lo declaras como diésel, pagas EPS completo. Son cientos de millones de pesos en impuestos. Pero si lo declaras como aditivos para aceites lubricantes o como desperdicios derivados del petróleo, pagas una fracción de ese monto.

 La diferencia entre lo que deberías pagar y lo que realmente pagas es la ganancia del esquema. Y si además tienes funcionarios en la aduana que miran hacia otro lado cuando el inspector sube al buque, el riesgo de que te atrapen es mínimo. Así de simple es el mecanismo. Así de brutal es el resultado. Según los datos que maneja la Fiscalía General de la República, la red encabezada por Roberto Blanco Cantú, el hombre conocido en los expedientes federales como el señor de los buques, ejecutó esta operación durante años. buques que llegaban

Altamira, a Ensenada, a Manzanillo, declarando aditivos, declarando desperdicios, cargando combustible real que después se distribuía en 15 estados de la República, usando camiones con logos corporativos, documentos alterados y una red de empresas fachadas registradas con nombres genéricos ante el SAT.

 El resultado acumulado, de acuerdo con las estimaciones de la FGR que se filtran del expediente federal es un desfalco de 600,000 millones de pesos al herario mexicano. Piensa en lo que eso significa. Significa que el Estado mexicano dejó de recibir el equivalente a 30 hospitales generales completos construidos cada año durante una década.

Significa que ese dinero no llegó a escuelas, no llegó a infraestructura, no llegó a programas sociales. Significa que una parte de ese dinero, según los mismos registros que ahora tiene la FGR sobre una mesa en Ciudad de México, financió operaciones armadas del cártel Jalisco Nueva Generación y del Cártel del Golfo en Michoacán y en el noreste del país. 600,000 millones de pesos.

 Es, según los registros disponibles, el mayor desfalco a la hacienda pública del que haya registro en la historia de México. Y esta historia comenzó formalmente el 19 de marzo de 2025 en un puerto de Tamaulipas. Altamira, Tamaulipas. 19 de marzo de 2025. El buque Challenge Prosión atraca con 10 millones de litros de diésel a bordo declarados como aditivos para aceites lubricantes.

 Es una operación de rutina en apariencia, el tipo de carga que llega semana a semana a los puertos del Golfo sin que nadie levante la vista de su escritorio. Pero algo cambió ese día. De acuerdo con reportes del operativo, la Secretaría de Marina tenía inteligencia previa sobre ese bu específico, no sobre el contenido de la carga, sino sobre el patrón de movimiento.

 El Challenge Prosión había sido rastreado en rutas que no correspondían con su declaración de carga habitual. Había hecho escalas que no tenía sentido hacer si realmente transportaba aditivos industriales. Había comunicaciones entre su tripulación y números en tierra que los analistas de inteligencia naval llevaban semanas monitoreando.

 Cuando los inspectores del SAT subieron a bordo ese 19 de marzo, no fueron solos. Fueron acompañados de elementos de la Armada de México con protocolos de aseguramiento activados. Lo que encontraron no fue una sorpresa para los analistas, pero fue suficiente para convertir una investigación de inteligencia en un expediente penal activo.

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