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¡Hace 15 minutos! La tragedia de Don Francisco: su hija lloró desconsoladamente al recibir la mala.

¡Hace 15 minutos! La tragedia de Don Francisco: su hija lloró desconsoladamente al recibir la mala.

El silencio en la habitación del hospital. La madrugada en Santiago parecía más fría de lo normal. Las luces del hospital permanecían encendidas mientras los médicos caminaban rápidamente por los pasillos, intercambiando miradas de preocupación. Nadie imagina ni siella imaginaba que detrás de una de aquellas puertas cerradas se encontraba uno de los rostros más queridos de la televisión latinoamericana, don Francisco.

 Durante décadas, el legendario conductor había sido símbolo de alegría, energía y fortaleza. Su voz acompañó a millones de familias en toda América Latina. Sin embargo, aquella noche todo parecía distinto. El hombre que durante años iluminó la pantalla, ahora luchaba silenciosamente contra el deterioro de su salud.

 A sus 85 años, Mario Kitberger, conocido mundialmente como Don Francisco, ya no era el mismo de antes. Las primeras señales habían comenzado meses atrás. Personas cercanas a la familia notaron cambios preocupantes en su comportamiento. Olvidaba conversaciones recientes. En ocasiones repetía preguntas varias veces.

 Algunos miembros del personal doméstico aseguraban que el presentador parecía perdido dentro de su propia casa. Al principio, la familia intentó mantener la situación en privado. “Es normal por la edad”, decían algunos. Pero con el paso del tiempo, la realidad se volvió imposible de ocultar. Una tarde, según relató una persona cercana al entorno familiar, don Francisco salió de su habitación sin recordar dónde estaba el comedor de la casa en la que había vivido durante años.

 En otra ocasión habría confundido a uno de sus nietos con un antiguo colega de televisión. Aquellos episodios destrozaron emocionalmente a su familia, especialmente a su hija Bib Kitberger. Ella siempre había sido una de las personas más unidas a su padre. Desde pequeña admiraba su disciplina, su inteligencia y su capacidad para conectar con la gente.

 Verlo ahora vulnerable y confundido le rompía el alma. La situación empeoró drásticamente hace apenas unos días. Según fuentes cercanas, don Francisco sufrió una fuerte descompensación física en su hogar. Su cuerpo ya no respondía con normalidad. Le costaba mantenerse en pie. Necesitaba ayuda incluso para realizar actividades básicas.

 Los asistentes médicos recomendaron hospitalización inmediata. Aquella decisión fue fue devastadora para la familia. Cuando la ambulancia llegó a la residencia, el ambiente se llenó de tensión. Vivi, visiblemente afectada, intentaba mantener la calma frente a los médicos, pero sus ojos reflejaban miedo. El hombre, que durante años pareció invencible, ahora necesitaba ayuda para caminar.

 Los paramédicos actuaron rápidamente mientras acomodaban al conductor en la camilla, don Francisco parecía desorientado. Miraba alrededor intentando comprender lo que sucedía. ¿A dónde vamos? habría preguntado con voz débil. Vivi no pudo contener las lágrimas. Según testigos, la hija del presentador tomó la mano de su padre mientras repetía.

 Todo estará bien, papá. Estoy aquí contigo. Pero en el fondo sabía que la situación era mucho más grave de lo que imaginaba. El trayecto hacia el hospital fue silencioso. Dentro de la ambulancia solo se escuchaban los sonidos de los aparatos médicos y la respiración irregular del conductor. Pibi observaba a su padre con angustia.

 recordaba al hombre fuerte que durante décadas dominó los escenarios y emocionó a millones de personas. Ahora lo veía frágil, muy frágil. Al llegar al hospital, los médicos comenzaron una serie de exámenes urgentes. Los resultados preocuparon enormemente al equipo médico. Su estado físico era delicado, pero lo que más alarmó a los especialistas fue el deterioro cognitivo que presentaba.

Según trascendió, don Francisco ya no lograba mantener conversaciones largas con claridad. tenía episodios de confusión severa y dificultades para reconocer ciertos momentos recientes. La noticia cayó como un golpe devastador sobre la familia. Bibi salió de la sala médica completamente destruida. Quienes la vieron aseguran que no podía dejar de llorar.

 Algunos familiares intentaron abrazarla mientras ella repetía una frase una y otra vez. No quiero perder a mi papá. Las imágenes de ese momento comenzaron rápidamente a circular entre personas cercanas al entorno televisivo chileno. Elismo familiar intentó contener la información, pero la preocupación crecía minuto a minuto. Muchas figuras del espectáculo comenzaron a preguntar discretamente por el estado del conductor, porque don Francisco no era solamente un presentador, era una leyenda viva.

Durante generaciones enteras, millones de personas crecieron viéndolo cada fin de semana. Programas como Sábado Wikuj como Sábado Gigante marcaron la historia de la televisión hispana y transformaron a Mario Cberger en un icono cultural. Nadie estaba preparado para imaginarlo en una cama de hospital, mucho menos en un estado tan delicado.

 Mientras tanto, en la habitación médica, don Francisco permanecía bajo observación constante. En ciertos momentos parecía reconocer a su hija. En otros simplemente miraba al vacío. Aquella escena destrozaba emocionalmente a Biibi. Ella recordaba perfectamente cuando su padre podía trabajar jornadas interminables, viajar por el mundo y memorizar cientos de nombres y detalles de invitados.

 Ahora, apenas lograba sostener una conversación coherente por algunos minutos, los médicos explicaron que la avanzada edad había provocado un deterioro progresivo, tanto físico como mental. El desgaste era evidente. Necesitaba asistencia permanente. Incluso las tareas más simples se habían vuelto difíciles para él.

 Comer solo, vestirse, caminar, recordar horarios. Todo comenzaba a escaparse lentamente de sus manos. La familia decidió permanecer unida frente a la crisis. Sin embargo, el dolor emocional era enorme. Vivi prácticamente no abandonaba el hospital. Dormía pocas horas y pasaba gran parte del tiempo sentada junto a la cama de su padre. En algunos momentos le hablaba suavemente al oído, le contaba recuerdos familiares, historias de infancia, momentos felices, intentando provocar alguna reacción emocional.

 A veces don Francisco sonreía levemente, otras veces permanecía completamente callado. Aquellos silencios eran los que más aterraban a su hija porque sentía que poco a poco el hombre que conocía estaba desapareciendo. La noticia comenzó a expandirse rápidamente entre admiradores del conductor en Chile, Puerto Rico, México y United States.

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