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¡El secreto mejor guardado de Patricia Reyes Spíndola al descubierto!

¡El secreto mejor guardado de Patricia Reyes Spíndola al descubierto! La cruda verdad sobre sus amores prohibidos, su drástica decisión frente al cáncer, por qué se operó por ambición y la vida oculta tras 53 años de éxitos. ¡Lo que la gran actriz jamás se atrevió a confesar finalmente sale a la luz!

Patricia Reyes Spindola | Se confirma lo que Sospechabamos   

Y a mí me encantan los negocios. Ay, sobre todo los que se arreglan en la cama. Mujer fácil. ¿Qué tal, mi gente bonita, mi gente preciosa? Bienvenidos a Tutoriales Gerberí, un hombre bondadoso, inteligente. Hoy vamos a platicar bien y sabroso porque vamos a contar la historia de una actriz.

 ¿Qué digo actriz? Actrizaza. Estoy hablando de Patricia Reyes Espíndola, una actriz de esas que no necesitan hacer escándalo para llenar la pantalla. ¿Qué quieres que te diga? La muchacha está dolida, nerviosa. Porque con una mirada te dejan más tieso que santo de yeso. Ha tenido una vida intensa.

 Según dicen, ha tenido muchas novias. Vamos a meternos en su infancia, en esa vocación que traía desde niña en sus primeros trabajos, cuando todavía no era famosa, pero ya se codiaba con leyendas en su aventura por España y en sus grandes personajes, sus premios, sus amores discretos, sus decisiones polémicas y también en la batalla más dura de su vida, cuando el cáncer le tocó la puerta y ella le contestó con carácter.

 Así que pónganse cómodos, suscríbanse al canal si todavía no lo han hecho, activen la campanita y acompáñenme en esta historia porque Patricia no solo interpretó mujeres intensas, también se aventó una vida que parece drama de película. Uno de los misterios que giran alrededor de Patricia Reyes Espíndola son sus preferencias amorosas, ya que se dice, se rumora que tiene una pareja sentimental del mismo género, es decir, otra mujer.

 Pero miren, de eso vamos a hablar más adelante. Antes que se me desmayen, vámonos despacito. Patricia fue la niña que ya traía destino de primera actriz. Ella nació en la ciudad de México en el año 1953, hija de Genaro Escalante y Marta Reyes Espíndola González, en una familia donde los apellidos pesaban, las formas importaban y la idea de que una niña quisiera ser actriz no era precisamente el sueño que todos aplaudían en la sobremesa.

 Fue la menor de tres hermanos y desde muy chica le tocó ver que la vida no siempre llega bien peinada. Sus papás se separaron cuando ella era una niña, así que creció muy cerca de su mamá, una mujer que tuvo que sacar adelante la casa con carácter, con trabajo y con esa maña que tienen algunas madres de hacer magia, aunque la cartera ande más triste que fiesta sin música.

 Mis papás se separaron cuando yo era muy chica y siempre vivimos con mi mamá y mi mamá trabajaba en lo que pues era una ama de casa que no sabía hacer nada, pero en fin, tuvo muchos trabajos. En su niñez, Patricia no fue la típica niña de moñito perfecto y cuaderno impecable. La escuela se le atravesaba, las letras se le movían, los números se le volteaban y mientras otras sacaban cuentas, ella parecía estar ensayando otra vida, pero en silencio.

 Pero ahí estaba lo más importante. Desde pequeña ya tenía clarísimo lo que quería. Quería ser actriz. No era una ocurrencia, no era un berrinche de domingo, no era juego de niñas, era una vocación de esas que se meten al pecho y ya no salen ni con agua bendita. Y mientras muchas niñas jugaban a cuidar muñecas, la sentaba como público y les actuaba.

 Imagínense la escena, las muñecas quietecitas, ella al frente y sin saberlo ya estaba montando sus primeros teatros caseros. Yo cuando me regalaban muñecas o muñecos los ponía de público y les actuaba. [risas] Nunca anduve con un muñeco. Si yo soy animalera, tengo perros, tengo pericos. Eh, defendido hogar.

En su adolescencia esa idea se puso más fuerte. A los 15 años empezó a estudiar actuación y aunque todavía no era famosa, ya caminaba como quien sabe que trae una cita pendiente con el destino. Y yo quería ser actriz, entonces me metí a estudiar taquigrafía y mecanografía en una escuela en Polanco que verdaderamente duré 6 meses y y nada. y me dediqué siempre esto.

En sus inicios no fue nada fácil porque tuvo que sacrificar su apellido, así que lo dejó atrás para subirse al escenario. Para empezar su camino artístico, Patricia tomó una decisión que no era cualquier cosa. Dejó fuera el apellido de su padre y eligió presentarse como Patricia Reyes Espíndola con los apellidos de su madre.

 El apellido Núñez y era muy popular en el ambiente artístico de la época por las hermanitas Núñez que sonaban fuerte en la radio con sus boleros y su música romántica. Pero ella no quería comenzar su carrera ligada a una fama ajena. quería que el nombre que se quedara en la memoria fuera el suyo. Porque cuando yo empecé, para empezar, la familia de mi papá, los Núñez Escalante, no tampoco les gustaba los Reyes Espíndola, pero menos a los Núñez Escalante.

 Eh, todos eran abogados, notarios y aparte había unas hermanitas que cantaban, que se llamaban las hermanitas. Patricia empezó desde abajo estudiando actuación desde muy joven mientras trabajaba para pagar sus clases. Fue asistente de un dentista y ahí entre citas, pacientes y sonrisas famosas le tocó ver pasar a figuras enormes, como por ejemplo María Félix y Dolores del Río, entre otras figuras.

 Ella pensaba que algún día le gustaría ser así de grande. Llegaba, entraba, a veces saludaba y a veces no. y no dejaba que nadie estuviera dentro, solo el doctor. Y nunca pudiste platicar con ella. No, fuera de buenas tardes, buenas así no. Y no había. Su primera experiencia actoral no fue en un teatro elegante ni en una película con luces y gran escenario, fue en una cárcel haciendo una pastorela con el grupo de Javier Mark sin cobrar como trabajo social.

 Allí empezó frente a un público difícil de esos que no aplauden por compromiso. Como diría mi tía, ahí o convencías o te tragaba el silencio. Varias no nos pagaban. Era en diciembre y era como trabajo social, así como otros trabajos también hacen trabajo social. Un público muy especial, sí, pero muy agradecidos.

Un público que no se puede ir, no se puede ir, no se puede levantar e irse, no le gusta la obra. Después siguió preparándose con maestros como Adriana Robel y Javier Mark, tomando cursos, trabajando y sosteniendo su sueño como podía. No era la muchachita a la que todo le cayó del cielo, era la que juntaba para la gasolina, pagaba renta, repartía arreglos de la florería de su mamá y todavía encontraba modo de seguir actuando.

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