¡El secreto más oscuro de Lucero! 30 años de un imperio familiar destruido por el millonario de Slim que la obligó a traicionar a su propia madre. La escalofriante verdad detrás de la boda del siglo, las infidelidades que calló y las tres palabras que destrozaron a Mijares para siempre.
Lucero: 30 Años de IMPERIO FAMILIAR.. El MILLONARIO de Slim que la Hizo TRAICIONAR a su Propia Madre
14 años después de la boda más vista en la historia de la televisión mexicana, la mujer que enamoró a todo un país vestida de blanco, esa novia perfecta que hizo llorar a tu mamá en la sala mientras la veían entrar a la iglesia con el ramo entre las manos. Miró a los ojos al hombre con el que acababa de tener dos hijos y le dijo tres palabras.
Tres palabras que ni el más cruel de los guionistas de Televisa habría escrito jamás. Él le había preguntado con esa voz dulce de soldado del amor que lo hizo famoso, que si no le importaba que se fuera al edificio de junto, que si no le importaba que dejara la casa. Y ella, sin levantarse de donde estaba, sin un titubeo, sin un parpadeo, le contestó tres palabras que él jamás pudo olvidar. Te lo imploro.
Escucha esas palabras otra vez, mi gente. No le dijo, “Está bien, no le dijo como quieras.” Le dijo que se lo imploraba. Como una mujer que llevaba años esperando ese momento, como una mujer que tenía a otro hombre esperándola del otro lado del teléfono, como una mujer que ya no era la niña inocente que cantaba con guitarra en chiquilladas.
La niña que un día fue la novia de América. La niña que su madre, su propia madre, había construido pieza por pieza durante 30 años. Ese día, en marzo del año 2011, no terminó solamente el matrimonio del siglo. Terminó algo mucho más profundo y mucho más doloroso. Terminó un imperio. Un imperio que había empezado a construirse en el año 1979 cuando una mujer de carácter de hierro tomó de la mano a una niña de 10 años.
con el pelo castaño y los ojos enormes, y la llevó a hacer una audición en un estudio de Televisa. Esa mujer se llamaba Loz María León Saubinet. La niña era su hija y juntas, durante las siguientes tres décadas iban a levantar el negocio familiar más sofisticado del espectáculo mexicano. Pero ese día de marzo todo se vino abajo y nadie te ha contado por qué.
Hasta hoy, comadre. Lo que vas a escuchar en los próximos minutos te va a doler. Te va a doler porque conoces a esta mujer. Cantaste sus canciones, lloraste con sus telenovelas, pegaste su foto en tu cuaderno cuando eras adolescente, vibraste con su boda como si fuera la boda de tu propia hermana. Y ahora vas a descubrir que detrás de esa imagen perfecta había un sistema completo.
Un sistema diseñado por una madre. bendecido por el hombre más poderoso de la televisión mexicana, sostenido por contratos millonarios y derrumbado por un millonario libanés con apellido Slim. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Lucero y su propia madre. Primero vas a descubrir cómo Luz María León decidió cada paso de la vida de su hija desde los 10 años hasta los 40.
Cada contrato, cada telenovela, cada novio, cada vestido. Segundo, vas a descubrir el detalle nunca contado de cómo orquestó la boda del siglo desde adentro, qué pidió a Emilio Azcárraga y por qué lloró tres días antes del enlace. Tercero, vas a descubrir quién es Michel Cuy Slim, el sobrino multimillonario de Carlos Slim, que entró en la vida de Lucero y rompió en silencio el imperio entero.
Y cuarto, lo más doloroso de todo, vas a descubrir qué pasó dentro de la casa de los Ogaza León el día que Lucero anunció el divorcio. ¿Y por qué su madre, esa mujer de hierro, nunca volvió a hablar en público de Michel Curios? Te voy a avisar cuando llegue cada una de las cuatro y para que entiendas lo que vas a oír, tengo que llevarte hasta el principio, hasta el día en que todo empezó.
Cierra los ojos y acuérdate de esa época, comadre. Era la época en la que tú prendías la tele a mediodía y ahí estaba ella, una niña chiquita con el cabello castaño suelto, vestida de cuadros, con una sonrisa enorme cantando en un escenario que parecía un cuento de hadas. Era lucerito y era el rostro de tu domingo.
Era la niña que tu hija pequeña quería ser. Era esa voz limpia que de pronto te recordaba que la inocencia todavía existía, que en medio de una época dura para México todavía había una niña pequeña con la voz de una mujer adulta. México vivía un momento extraño en aquellos años de 1982. El país acababa de devaluar el peso. José López Portillo lloraba en la televisión nacional.
La crisis económica golpeaba a las familias como un puñetazo en el estómago y en medio de toda esa tristeza en pantalla apareció Lucerito, la niña que cantaba como un ángel, la niña que protagonizaba la película Coqueta, la niña que en el año 1983 se convertiría en chispita, la huérfana más amada de la televisión mexicana.
Una telenovela que hizo que millones de mexicanas se sentaran cada tarde a llorar con esa niña que no tenía a nadie en el mundo, excepto que sí tenía a alguien, tenía a su madre. Y aquí, comadre, empieza la primera capa del secreto. Porque la madre de Lucerito no era una madre cualquiera. Luz María León Souinee había nacido el 23 de marzo de 1945.
una mujer de estatura media, rasgos refinados y un temple de acero que los pasillos de Televisa aprendieron a respetar muy pronto. Cuando su hija nació un 29 de agosto de 1969, ella no era nadie en el mundo del espectáculo, era una madre. Su esposo, Antonio Ogaza, era un hombre de negocios discretos.
La casa Ogaza León en la Ciudad de México era una casa de clase media alta normal. Pero algo cambió cuando esa niña abrió la boca y cantó por primera vez. Lo cuenta la propia lucero en una entrevista que dio para la revista, quien en el año 2023, su madre al principio, se negó a que la niña fuera artista. Dice lucero textualmente que su mamá no tenía palancas, no tenía contactos en el medio, no sabía cómo hacerlo.
Pero algo dentro de Luz María se encendió cuando vio a su hija cantar. Se enteró de que había una audición para el programa Alegrías de mediodía. Agarró a la niña de 10 años y la llevó. Y desde ese día todo cambió porque Luz María León entendió algo que pocas madres de México entendieron en aquella época, que el talento de su hija valía dinero, valía contratos, valía un imperio y que ella iba a ser la única que lo administrara.
Algunos en el medio la llamaron protectora, otros, las malas lenguas de la farándula mexicana la llamaron controlador. En los pasillos de San Ángel se aseguraba que Luz María León no dejaba ni que su hija fuera al baño sin consultarlo primero, que negociaba cada peso de cada contrato, que estaba presente en cada grabación, en cada entrevista, en cada llamada.
Y aquí, comadre, aquí empieza lo que puso en peligro todo, porque cuando Lucito apenas tenía 13 años, en su vida apareció el hombre más peligroso que iba a conocer en toda su carrera. Un hombre de 26 años, alto, encantador, con voz suave y mirada profunda, un hombre que en aquel entonces era una de las promesas más brillantes de la música mexicana.
compositor, productor, ganador de los festivales OTIMO del 82, 83 y 84. Se llamaba Sergio Andrade y se enamoró, según contó años después María Raquenel Portillo, la que conocimos como Mari Boquitas, se enamoró de Lucerito, de la niña de 13 años. A inicios de los 80, Lucerito y Sergio Andrade trabajaron de la mano.
Él le produjo el disco Te prometo en 1982. Él se atribuyó el haberle conseguido el papel de chispita. Él compuso para ella cuando la niña tenía 14 años, una canción que hoy se escucha con escalofríos en la espalda. La canción se llamaba Con tan pocos años y hablaba, comadre, hablaba de una niña que, a pesar de su corta edad se enamora y comete errores al actuar como una niña.
Hoy, con el contexto de todo lo que sabemos sobre Sergio Andrade, esa canción se escucha distinto. Hoy entendemos que algo perturbador pasaba en aquel estudio de grabación. Mary Boquitas lo dijo en su podcast en Boca Cerrada hace apenas un par de años. dijo que cuando ella, que también era una adolescente, empezó a trabajar con Andrade, él hablaba todo el tiempo de Lucerito, que la mencionaba con una obsesión que no entendía, como si la niña hubiera sido algo más que un artista para él, como si hubieran tenido
algo más que una relación de trabajo. Las malas lenguas del medio dicen que entre Lucerito y Sergio Andrade habría existido una relación sentimental. Ninguno de los dos lo ha confirmado jamás, pero las versiones circularon y siguen circulando. Lo que sí está documentado, lo que sí ocurrió es que un día Luz María León entró al estudio de grabación de Sergio Andrade.
Vio como el productor se dirigía a su hija. Vio la cercanía, vio la mirada y tomó la decisión más importante de toda la vida de Lucero. rompió el contrato, sacó a su hija del clan que se estaba formando alrededor de aquel hombre y se la llevó para siempre. Esa decisión salvó a Lucero, le salvó la vida, le salvó la cordura, le salvó la carrera.
Porque Sergio Andrade, despechado, traicionado, según contaron testigos en el mismo medio, cayó en una depresión y para curar esa depresión inventó un concurso. Un concurso en Televisa que él mismo bautizó como la doble de Chispita. Buscaba a una niña parecida a Lucero. Encontró a una adolescente de 14 años en Monterrey con la voz potente, el carácter rebelde y los ojos enormes.
Esa niña se llamaba Gloria Trevi y todo lo que le pasó a Gloria Trevi en los siguientes 20 años. Todas las niñas del clan, todo el horror que después saldría a la luz, todo eso, comadre, todo eso pudo haberle pasado a Lucero si su madre no la hubiera sacado a tiempo. Por eso, cuando años más tarde le preguntaron a Lucero si su madre la había explotado, ella siempre respondió lo mismo.
Dijo que su madre nunca la explotó. dijo que la había protegido. Dijo palabras textuales en una entrevista para el programa Hoy Día, que tener ese apoyo y ese cuidado era una fortuna enorme y agregó algo más, algo que hoy resuena distinto. Dijo que muchas mujeres habían sufrido abusos a esas edades en esas épocas. y dio gracias, dio gracias en voz alta frente a millones de mexicanos por la madre que tuvo.
Guarda ese nombre, mi gente, Sergio Andrade, porque vas a entender por qué Luz María León hizo lo que hizo después. Porque una vez que sacó a su hija del primer peligro, nunca jamás iba a soltarla. Y así, después de aquella ruptura con Andrade, empezó la verdadera construcción del imperio. Lucero pasó a discos Melody. Estrenó en 1987 el álbum Lucerito, después conocido como 815, que la lanzó al estrellato del pop mexicano.
Compitió de tú a tú con Timbiriche, con Sasha Socol, con Luis Miguel, con Chayán, con Tatiana. Y en 1989, con apenas 20 años, decidió cambiar su nombre artístico. Dejó de llamarse lucerito. Pasó a llamarse lucero como un símbolo de su crecimiento como mujer. Pero detrás de cada decisión, comadre, detrás de cada anuncio público, había una mujer firmando los papeles.
Una mujer que negociaba con las disqueras, una mujer que escogía qué telenovela aceptar y cuál rechazar. Una mujer que medía cada palabra de cada entrevista, una mujer que decidía con qué hombre podía salir su hija y con qué hombre no. Esa mujer era Luz María León Souiné. Y aunque Lucero la haya llamado siempre su manager, su mejor amiga, su guía, la realidad es que durante 40 años Luz María León fue algo más.
Fue la verdadera dueña del nombre artístico Lucero. Fue la arquitecta. fue la que firmaba antes de que su hija leyera. Fue la sombra que México nunca quiso ver. Por eso, cuando años después le preguntaron a la propia lucero quién había organizado su boda, esa boda que iba a romper récords de audiencia, esa boda que iba a paralizar México un sábado de enero, Lucero respondió con una frase que hoy es una confesión.
dijo cinco palabras que tienes que escuchar con atención, mi gente, porque las vamos a oír varias veces a lo largo de esta historia. Dijo, “Mi mamá organizó toda la boda, pero falta lo más impactante porque Luz María León no organizó esa boda sola. Tenía un cómplice, un cómplice que era el dueño de la televisora más poderosa de habla hispana.
Un cómplice que conocía a Lucero desde que era una niña pequeña y que tenía un apodo de cariño para ella, un apodo que nadie más se atrevía a usar, un cómplice que iba a morir tres meses después de la boda y que dejó esa teleboda como uno de los últimos grandes operativos de su vida. Y ese nombre tienes que guardarlo también, Emilio Azcárraga Milmo, el tigre.
Para que entiendas, comadre, lo que era Emilio Azcárraga Milmo en los años 80 y 90, tienes que entender que no era solamente un empresario, era un emperador. El tigre lo llamaban en los pasillos el tigre Azcárragas, el hombre que tomó las riendas de Televisa cuando su padre murió en 1972 y que durante 25 años convirtió toda esa empresa en el monopolio más poderoso del entretenimiento en habla hispana.
El hombre que decidía qué telenovela se grababa y cuál no. El hombre que decidía qué cantante se volvía famoso. El hombre que con una llamada de teléfono podía borrar una carrera entera de la noche a la mañana. Las altas esferas de la política mexicana le rendían cuentas. Los presidentes de la República le hablaban con respeto.
El tigre era el verdadero rey de México y entre todas las niñas y los niños que pasaron por sus estudios en aquellos años había una favorita. Esa favorita era Lucerito. Lo confesó la misma Lucero en una entrevista con Jorge Ramos hace apenas un par de años. Dijo que cuando ella era chiquita, Emilio Azcárraga le decía Escuincla de cariño y que a veces le seguía diciendo así cuando ella ya tenía 27 años.
Piénsalo bien, mi gente. El hombre más poderoso de la televisión mexicana le decía escula a una mujer adulta de 27 años. Eso no era cercanía, eso era propiedad, eso era la marca de un hombre que había decidido desde que esa niña tenía 10 años, que esa niña era de la casa, que esa niña era una inversión y que esa niña, aún siendo una mujer hecha y derecha, le seguía perteneciendo en cierta forma a Televisa.
Y aquí, comadre, tienes que entender cómo funcionaba el sistema de aquel entonces, porque ese sistema explica todo lo que vino después. Una artista en los años 80 y 90 le pertenecía a sí misma, le pertenecía a un manager, a una disquera y, sobre todo, le pertenecía a Televisa. Cada paso de su carrera estaba controlado por esa cadena de poder.
La famosa que exclusividad televisiva era un contrato leonino, según se decía en los pasillos de San Ángel. Una artista que firmaba la exclusividad con Televisa no podía aparecer en TV Azteca, no podía dar entrevistas a medios de la competencia sin permiso. No podía decidir libremente qué proyectos tomar.
Si lo hacía, la red de promoción del monopolio se cerraba como una persiana y el veto televisivo, ese temido veto televisivo, podía durar años. Hubo artistas a los que el simple capricho de un ejecutivo de Televisa los hundió para siempre. Lucero entonces vivía atrapada entre dos amos, su madre, Luz María León, y el sistema completo de la televisora del tigre.
Pero a ella nunca le pesó porque su madre, comadre, su madre era una mujer brillante, una mujer que había aprendido a moverse en aquel mundo sin necesidad de tener un solo título universitario en negocios. dice Lucero, palabras textuales en una entrevista con el periódico El Universal, que su madre se vio envuelta en todo aquel mundo de novedad y que lo que la hizo salir adelante fue su intuición, su inteligencia y su capacidad de madre, que tenía mucha visión, mucho carácter, mucha entereza, mucha energía y mucha firmeza, dice
Lucero, para cuidarla siempre. Y aquí viene lo primero que te prometí, mi gente. Aquí viene la primera revelación. Porque todo lo que tú creías que eran decisiones de Lucero no lo eran, eran decisiones de su madre. Quizá tú conoces lo que es dar todo por tu hija. Quizá tú conoces lo que es trabajar la vida entera para que tu niña tenga una oportunidad que tú no tuviste.
Quizá tú conoces comre lo que es ver a tu hija crecer y tener que dejarla volar. Pero hay madres que no la dejan volar. Hay madres que la confunden con un negocio y hay madres, las que en los pasillos de la farándula mexicana se conocían como madres manager, que con el tiempo terminan haciendo que sus hijas no sepan tomar una sola decisión por sí mismas.
Esa fue la historia entre Lucero y su madre. Una historia hermosa por fuera y muchísimo más complicada por dentro. Cada disco que Lucero grabó en los 80 y los 90 lo eligió su madre. Cada productor con el que trabajó pasó primero por la aprobación de su madre. Cada portada de revista, cada fotografía, cada entrevista, cada gira, cada vestido en el escenario, todo.
Hay anécdotas que circulan en los pasillos del medio que cuentan que cuando Lucero llegaba a una conferencia de prensa, su madre se sentaba unos asientos detrás y con un solo gesto de la cabeza le indicaba si la pregunta del periodista era para responder o para esquivar. Era una sociedad madre e hija de una eficacia espectacular, pero también era, según contaron quienes la vieron de cerca en aquella época, una jaula de oro.
En 1990, Lucero regresó a la televisión con la telenovela Cuando llega el amor. Ganó el premio Teba y novelas a mejor actriz. En 1994 lo volvió a ganar con los parientes pobres. En 1995, su madre y el tigre Azcárraga acordaron lo que sería el siguiente gran golpe de la carrera de lucero. Una superproducción, una telenovela que iba a cambiar todo.
Se llamó Lazos de amor. La produjo Carla Estrada. Lucero hizo el papel triple de tres trilliizas separadas al nacer. La gente paraba la cena por verla. Las ventas del disco con el tema principal, una canción del mismo nombre que Lucero cantaba con el corazón en la mano, rompieron récords.
Y aquí, en este punto exacto, en ese año 1995, fue cuando empezó la operación más importante en la vida de Lucero. La operación que iba a cambiarle el destino para siempre, porque mientras Lucero grababa lazos de amor, en su vida había aparecido un hombre. Un hombre que ella conocía desde hace casi una década.
un hombre 11 años mayor que ella, con voz a terciopelada, con cara de buena gente, con una carrera musical que llevaba años en el mercado. Se llamaba Manuel Mijares y aunque la pareja oficialmente empezó a salir hasta 1996, en los pasillos del foro se rumoreaba desde antes que entre Lucero y Mijares había química, había miradas, había algo.
La propia Lucero confesó años después en una entrevista con CNN del año 2022 que ella había quedado flechada por él desde 1987, cuando ella tenía 18 años y él 29. Pero en aquel momento Mijares no le hizo caso. Tenía otros compromisos y Lucero, decían en el medio, simplemente esperó. La pregunta que México nunca se atrevió a hacer es esta, comadre.
Si Lucero llevaba 10 años flechada por Mijares y nunca pasó nada, ¿qué fue lo que cambió en 1995? Porque de repente, después de tanto tiempo, la pareja se reencontró en un palenque en Guadalajara, en el mismo hotel casualmente, y empezaron a salir las malas lenguas de la farándula mexicana ofrecen una versión.
Una versión que circuló por años en revistas y columnas de chismes, pero que nadie ha coconfirmado jamás. Se rumora fuertemente que ese reencuentro no fue casualidad. Se rumora que fue una operación pensada por dos personas y esas dos personas eran Luz María León y Emilio Azcárraga Milmo. Porque mira, comadre Mijares en ese momento era un hombre golpeado emocionalmente.
Su carrera había tenido picos altos y caídas duras. Tenía 37 años. Estaba soltero y era el soldado del amor, el hombre con el que medio México había llorado escuchando Bella o para amarnos más. Si tú juntabas a Mijares con Lucero, decían en aquel entonces los productores de Televisa, tenías la pareja perfecta, la novia eterna con el soldado del amor, la inocencia con la voz del romance.
La televisión mexicana iba a explotar y eso fue exactamente lo que pasó. En el año 1996 empezaron a salir. En noviembre de ese año, Mijares pidió matrimonio y para el año 1997 todo estaba acomodado para la operación televisiva más sofisticada que se había visto en la historia de Televisa. Una boda, pero no cualquier boda.
La boda iba a ser transmitida en vivo en cadena nacional durante 4 horas. La idea, lo dijo la propia Lucero en el programa Algo personal con Jorge Ramos, había sido del tigre Azcárrag. Él se lo planteó a Lucero y a su madre durante una plática. Les dijo que la boda merecía ser un evento de televisión y ellas dijeron que sí.
Recuerda esta fecha, mi gente, 18 de enero de 1997. Porque ese día tú te sentaste frente al televisor, ese día tú lloraste, ese día tú dijiste que Lucero era la novía más hermosa que habías visto. Y ese día, sin saberlo, estabas viendo el momento más perfecto de una mentira que iba a durar 14 años.
La operación se llamó Lazos de amor por siempre, en una referencia descarada a la telenovela que Lucero había estrenado dos años antes. El programa duraría 4 horas. Los conductores serían Guillermo Ortega Ruiz y la mismísima Silvia Pinal, la diva mayor del cine mexicano, que dejaba de ser invitada para colaborar en la transmisión.
Las cámaras de Televisa entrarían a la iglesia de San Ignacio de Loyola en Polanco, donde el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, oficiaría la ceremonia religiosa. Después se trasladarían al Colegio de las Bizcaínas, en el corazón histórico de la Ciudad de México, donde sería el civil y la fiesta. Y según se publicó en el periódico Reforma en aquel entonces Televisa habría obtenido por la comercialización de aquella teleboda $1,700,000 por 10 cortes comerciales contratados por 22 anunciantes distintos, $1,700,000 para una sola boda. La boda no era una
boda comadre, era un negocio millonario. y los novios, aunque no lo supieran, eran parte del producto. ¿Y quién organizó todo desde adentro? ¿Quién decidió la lista de invitados? ¿Quién aprobó el vestido? ¿Quién eligió el menú? ¿Quién dio la última palabra sobre cada detalle? La propia lucero lo dijo, comadre.
Lo dijo en una entrevista con la revista Hola en octubre de 2023. Dijo cinco palabras que ya te conté antes y que ahora vas a entender mejor. dijo, “Mi mamá organizó toda la boda. Esa frase, comadre, esa frase encierra todo lo que vas a oír después, porque cuando una mujer adulta de 27 años se va a casar y la persona que organiza absolutamente todo es su madre, ahí ya hay una pista.
Una pista de lo que vendría después, una pista de quién manejaba realmente las riendas de la vida de Lucero. Aún el día más importante de su vida adulta, la decisión final no era suya. Era de Luz María León, la misma mujer que la había sacado del clan Andrade 14 años antes. La misma mujer que había firmado cada contrato, la misma mujer que ese día sentada en una de las primeras filas del colegio de las bizcaínas, mientras Silvia Pinal hablaba ante las cámaras y 7 millones de mexicanos veían a su hija caminar hacia el altar, tenía una
sonrisa de victoria absoluta. Porque aquel día, comadre, aquel día, Luz María León Saubiné había llegado a la cumbre del imperio que había construido durante 18 años. Pero el imperio tenía una grieta. Una grieta que nadie veía en aquel momento, una grieta que iba a tardar 14 años en abrirse del todo y cuando se abriera, iba a dejar al descubierto algo que nadie en aquel salón, ni siquiera el tigre Azcárraga, sentado en primera fila aplaudiendo, podía haber imaginado.
Permíteme que te lleve adentro de ese día, porque hay detalles, comadre, que las cámaras de Televisa nunca mostraron. Detalles que se filtraron después en columnas de chismes, en libros, en entrevistas que se dieron años después. Detalles que cuando los conoces te das cuenta de que aquella boda perfecta tenía más de operación de estado que de matrimonio entre dos enamorados.
Era el 18 de enero de 1997, un sábado por la tarde en la ciudad de México. Hacía un frío seco, esos fríos que tiene el invierno de la capital mexicana. La iglesia de San Ignacio de Loyola en Polanco, llevaba semanas siendo preparada. La habían adornado con flores blancas traídas especialmente. Habían instalado las cámaras de Televisa en puntos estratégicos para captar cada gesto, cada lágrima, cada beso.
Los técnicos llevaban días montando luces que no se notaran. La ceremonia tenía que parecer íntima frente a la pantalla, aunque adentro hubiera 300 invitados con boletos numerados. Los invitados, comadre eran un quién es quién de México. María Félix, la doña, la diosa absoluta del cine mexicano, estaba ahí. Verónica Castro, la reina indiscutible de la televisión estaba ahí.
Angélica María, Cristina Saralegui, Raúl Velasco, don Francisco Yuri, el periodista Jacobo Zabludowski, estaba el presidente de la República Mexicana, Ernesto Cedillo, estaba el alcalde de la Ciudad de México, Óscar Espinosa, y, por supuesto, estaba el tigre Azcárraga Milmo, sentado en primera fila como si fuera el padrino de la novia, que en cierta forma lo era.
era con el cuaderno de cuentas en una mano y con el orgullo de quien acaba de producir el evento televisivo del año en la otra. Lucero salió de un vehículo blanco rodeada de cámaras. Vestía un vestido de diseñador con escote bardot y una cola larga que arrastraba detrás. Llevaba una tierra reluciente en la cabeza, como una princesa de cuento.
Su pelo castaño caía suelto sobre los hombros y en su cara había una sonrisa. La sonrisa más perfecta que un fotógrafo podía pedir. La gente afuera del colegio de las bizcaínas gritaba su nombre. Piénsalo bien, comadre. 7 millones de mexicanos detuvieron su tarde de sábado para a ver a esa niña casarse 7 millones.
Entre ellas tú, entre ellas tu mamá, entre ellas tu hermana. Toda la familia sentada en la sala emocionadas, llorando como si fuera la boda de un pariente. Y en medio de toda esa fiesta, en medio de los aplausos, en medio del baile del perrito que Lucero y Mijares bailaron juntos al final de la noche y que iba a quedar como uno de los grandes momentos quit de la televisión mexicana, en medio de todo aquel circo perfectamente armado había una mujer que no dejaba de mirar a su hija.
Esa mujer no era la suegra de Mijares, era Luz María León Soubiné. Y según contaron quienes la vieron de cerca esa noche, Luz María lloraba en silencio, pero no de emoción, lloraba de cansancio. Tenía meses sin dormir bien preparando aquella operación. Llevaba 18 años cuidando a su hija y aquel día, comadre, aquel día había dado todo.
Y aquí viene lo segundo que te prometí, el detalle nunca contado de cómo orquestó la boda en los pasillos del colegio de las bizcaínas, mientras la cena se servía, mientras los meseros pasaban con copas de champañ y los invitados comían crema de morillas, pechuga al champañín y helado praliné, los productores de Televisa hablaban con Luz María León como si ella fuera la verdadera dueña del evento.
Cada decisión pasaba por sus manos. Las malas lenguas de aquella noche aseguran que cuando llegó el momento del baile del perrito, una de las productoras quiso cambiarlo por algo más elegante. Luz María dijo que no, que el baile del perrito se quedaba porque era lo que el público iba a querer ver, porque era lo que iba a hacer que la gente recordara la boda durante décadas. Y tuvo razón.
Esa decisión, comadre, esa decisión la tomó la madre, no los novios. Se dicen los pasillos de San Ángel que tres días antes de la boda Luz María León lloró por primera vez en mucho tiempo, que se encerró en su cuarto, que le dijo a Antonio Ogaza, el padre de Lucero, que tenía miedo, que no estaba segura de que aquel matrimonio fuera lo correcto.
Algunos cuentan que en el fondo, en lo más privado, Luz María sabía que Mijares y Lucero eran diferentes en muchas cosas, que él era introvertido, ella expansiva, que él era mayor, ella todavía estaba descubriendo el mundo, que él quería una vida tranquila. Ella tenía una carrera explosiva por delante, pero al día siguiente Luz María salió de su cuarto, organizó hasta el último detalle, sonrió en cada foto y nunca volvió a hablar de aquellas dudas.
hizo lo que había hecho toda la vida. Funcionar, sostener el imperio, no iba a permitir que la operación más importante de la carrera de su hija se cayera por una duda maternal de último momento. Y la boda fue lo que tenía que ser. Un éxito apoteósico de audiencia. 700,000 para Televisa, según el periódico Reforma de aquel entonces.
Una pareja que parecía sacada de un cuento de hadas. Una historia perfecta de amor para envolver a un país que vivía momentos económicos durísimos. La boda hizo que durante una noche los mexicanos olvidaran la crisis del tequilazo, olvidaran las deudas, olvidaran las preocupaciones y soñaran.
Soñaran con una pareja perfecta, soñaran con un amor que iba a durar para siempre. Tres meses después, en abril de 1997, Emilio Azcárraga Milmo murió. El tigre se llevó a la tumba el orgullo de haber producido su última gran operación televisiva. Quizá nunca supo que aquella boda que había imaginado iba a terminar en lo que terminó.
Quizá nunca imaginó que la niña Escuincla a la que había visto crecer en sus pasillos iba a romper 14 años después. todo lo que él y Luz María León habían construido juntos. Si me estás escuchando hasta aquí, mi gente, si sientes que esta historia te lat porque tú también viviste esos años, te pido un favor, suscríbete a este canal.
Aquí hacemos lo que nadie más hace. Honramos a las mujeres que todo México quiso. Contamos lo que los pasillos de Televisa no querían que supieras. Y nunca, nunca olvidamos que detrás de cada ídolo hay una historia real que merece ser contada sin miedo. Suscríbete y quédate conmigo porque lo que viene te va a doler.
Y aquí, comadre, aquí empieza la parte más triste. Porque después de la boda perfecta vino el matrimonio real. Y el matrimonio real, decían los pasillos de la farándula mexicana, fue muchísimo más difícil de lo que cualquiera podía haber imaginado. Mijare se sumergió en su carrera. Lucero en la suya.
Ella seguía siendo la apuesta dorada de Televisa. Las telenovelas no paraban, los discos no paraban, las giras no paraban. Llegó el 2001 el año en que nació José Manuel, su primer hijo. Llegó el 2005, el año en que nació Lucerito, su pequeña. Y mientras los hijos crecían, las agendas de los padres seguían sin tocarse. Mijares lo confesaría años más tarde, en el 2020, en una entrevista para el canal de Jordi Rosado en YouTube, dijo palabras textuales que ella viajaba mucho y él también, que estaban acostumbrados a que estaba uno o estaba
el otro, que ella hacía giras, novelas, que tardaban muchos capítulos en grabar. Pero esa explicación, comadre, esa explicación oficial que han repetido durante años Lucero y Mijares en cada entrevista, en cada show de televisión donde han ido juntos, esa explicación es solamente una parte de la historia.
Las malas lenguas de la farándula mexicana siempre dijeron que había algo más, que entre Lucero y Mijares no solamente había distancia profesional, que había una distancia emocional muchísimo más profunda y que esa distancia, ese vacío, fue lo que abrió la puerta a otra cosa, a alguien más, alguien que iba a aparecer en la vida de Lucero como un meteorito.
Tienes que conocer a este hombre, comadre. Tienes que conocerlo porque sin él nada de lo que vino después se entiende. Se llamaba Michel Curi nacido en la ciudad de México alrededor del año 1958. Hijo de Linda Slimelu y de Michel Curiadre, un inmigrante libanés. ¿Y por qué importa el apellido de la mamá? Porque la mamá de Michelle, Linda Slim, era hermana menor del hombre más rico de México, hermana del legendario Carlos Slim Elu, el magnate de las telecomunicaciones, el dueño de América Móvil, el dueño de Mediotelmex, el dueño
de Sanborns, el dueño de prácticamente todo lo que tocas en este país. Carlos Slim era, según la revista Forbes en aquellos años uno de los cinco hombres más ricos del planeta. una fortuna que en su mejor momento llegó a superar los 90,000 millones de dólares. Y Michel Curi, comadre, no era el sobrino lejano, era el sobrino íntimo, era el sobrino con el que Carlos Slim tenía una relación cercana, el hijo de su hermana Meno, el sobrino que pasaba largas temporadas en Carso, la oficina personal del magnate, el sobrino que tenía acceso
a los círculos cerrados del clan Slim, empresario por derecho propi director de ANBIM mobiliaria, director ejecutivo de Promob socio de uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad de México, el Bros Oyster Bar, y dueño de algo que para lucero iba a resultar fatal. Una pasión por la cacería, una pasión que Michel Curi heredado desde joven y que practicaba con una afición que ningún otro hombre de la vida de Lucero había tenido nunca.
Michel Curi ya había estado casado antes con una mujer llamada Ana Paula Ofarril. De ese matrimonio había tenido tres hijos. Cuando aquel matrimonio se acabó, Michel Curi quedó disponible. Y aunque las versiones oficiales dicen que él y Lucero se conocieron formalmente en el año 2012 después de la separación con Mijares, hay quienes en los pasillos del medio aseguran que las miradas, los encuentros sociales, las cenas en círculos cerrados de la alta sociedad mexicana habrían empezado mucho antes.
Se rumora que durante los últimos años del matrimonio con Mijares, Lucero ya frecuentaba los espacios donde Michel Curi se movía, los eventos de caridad, las cenas en restaurantes privados, los círculos donde el dinero del clan Slim se mezclaba con el glamur del espectáculo. Las altas esferas del poder económico, comadre se cruzaban con la realeza de la farándula.
Y en ese cruce, Lucero conoció algo que nunca había conocido. conoció el dinero de verdad, no el dinero de las regalías, no el dinero de Televisa, no el dinero de las giras, el dinero infinito, el dinero del clan Slim, el dinero de los safaris en África, el dinero de las propiedades privadas con pista de aterrizaje, el dinero que no necesita explicarse a nadie, el dinero que abre puertas en cualquier país del mundo sin que nadie pregunte de dónde vienes ni a dónde vas.
Y mientras ese mundo se abría frente a Lucero, en su casa la realidad era otra. Mijares era un hombre bueno, un hombre cariñoso, un hombre familiar, pero era un cantante. Un cantante que ganaba bien, sí, pero que en el universo del clan Slim simplemente no jugaba en la misma liga. Las malas lenguas de la farándula mexicana siempre dijeron que Lucero en aquel momento empezó a vivir en dos mundos.
El mundo del hogar con mijares y los hijos y el mundo nuevo con cenas en lugares a los que ni Mijares ni su madre podían entrar. Por un lado, el departamento conyugal. Por el otro lado, los salones reservados donde se hablaba de millones como otros hablan del clima. A finales del año 2010 las cosas en la casa Mijares Sogaza estaban tensas.
Tenían ya 14 años de casados. La pareja había acordado, según ellos mismos confesaron años después, dormir en cuartos separados. Una decisión que Mijares describiría con un humor amargo comparándola con la familia real británica, diciendo que se habían separado como en Buckingham, en el ala A y el ala B.
Pero la verdad, comadre, la verdad era más cruda. La verdad era que aquella pareja perfecta de la televisión mexicana llevaba meses, quizá años viviendo bajo el mismo techo como dos extraños. Y un día alguien filtró algo. A inicios de marzo del año 2011, en los kioscos de revistas de toda la República apareció una portada de TV notas con una fotografía de lucero.
La revista reportaba comadre que la novia de América había sido captada en lugares íntimos con un millonario, un empresario, alguien con dinero. La revista no dio el nombre completo todavía, pero la noticia corrió como pólvora. Los pasillos de Televisa estallaron. Los amigos de Mijares lo llamaron por teléfono.
Las amigas de Lucero se quedaron mudas y Luz María León en su casa comadre, Luz María León empezó a hacer llamadas. Llamadas urgentes, llamadas para apagar el incendio antes de que destruyera todo el imperio que llevaba 30 años construyendo. Pero ya era demasiado tarde. El 4 de marzo de 2011, Lucero y Mijares emitieron un comunicado conjunto firmado por los dos en redes sociales.
El comunicado decía que después de 14 años de matrimonio, habían tomado la decisión de separarse, que era el final de una historia que el público había visto nacer, que su saldo era el de dos hijos maravillosos y una lista hermosa de acontecimientos que habían vivido juntos y que, aunque era el desenlace de su vínculo amoroso, era el principio de una amistad que iba a durar para toda la vida.
era el comunicado más perfectamente escrito de la historia del espectáculo mexicano. Cada palabra medida, cada coma puesta para no levantar sospechas, cada frase pensada para que los hijos lo leyeran un día y no se sintieran heridos. Cada línea comadre redactada para que las preguntas se evaporaran. Pero las preguntas no se evaporaron.
Las preguntas siguen ahí. Los pasillos de Televisa en aquellos días de marzo de 2011 hervían como una olla a presión. Los ejecutivos llamaban a los amigos de Lucero, las productoras llamaban a las amigas de Mijares, los reporteros de espectáculos rastreaban cada movimiento. La pregunta repetida en cada redacción era la misma: ¿Quién era el millonario? ¿De dónde había salido? ¿Cuánto tiempo llevaban juntos? Y aunque oficialmente nadie pronunciaba el apellido Slim, en los círculos más cerrados ya circulaba el nombre como un rumor con eco propio.
Las altas esferas sabían. Solamente faltaba que el público lo confirmara. Mijares, comadre. Mijares se enteró del nombre del nuevo amor de su esposa por amigos. No por ella, no por las cámaras, por la confidencia silenciosa de un compañero del medio que un día se acercó a él y se lo dijo en voz baja. Las versiones de aquel momento sobre cómo reaccionó el soldado del amor son varias.
Algunos dicen que se quedó callado, otros dicen que lloró aquella noche solo en su departamento del edificio de Junto. Otros aseguran que aquella misma semana llamó a su madre, doña Estela, y se quedó horas hablando con ella. Lo único que es seguro, lo único que está documentado en sus propias palabras de aquella entrevista del año 2020 con Jordi Rosado es que Mijares decidió no pelear.
Decidió, comadre perdonar. aunque le doliera, aunque le destruyera, aunque tuviera que aprender a vivir en el departamento de junto, sabiendo que del otro lado de la pared dormía la mujer que él más había querido en su vida. ¿Por qué se separaron exactamente las versiones oficiales? Hablan de agendas, de viajes, de carreras paralelas.
Pero las malas lenguas de la farándula mexicana, esas que conocen los pasillos de San Ángel desde hace décadas, esas que vieron entrar y salir a lucero de los salones de la alta sociedad, esas malas lenguas decían otra cosa. Decían que ya había otro hombre, decían que Lucero llevaba meses preparando una salida.
Decían que la madre, esa madre que había controlado todo durante 30 años, había perdido finalmente el control sobre algo que no podía controlar, el corazón de su hija y la fascinación de su hija por un mundo al que ella nunca iba a poder entrar. Y aquí viene lo tercero que te prometí. Aquí viene la revelación que explica por qué este divorcio no es un divorcio como los demás.
Lucero no se divorció solamente de Mijares aquel 4 de marzo de 2011. Lucero se divorció comadre también de su madre. Bueno, no de manera oficial nunca hubo un comunicado público, nunca hubo una pelea pública, nunca se vieron pleitos en redes sociales, pero los que conocían el día a día de la casa oaza León cuentan en voz baja que algo se quebró aquellos meses, que Luz María León, la mujer que durante 30 años había sido la sombra detrás del trono, la manager, la arquitecta, la dueña real del negocio familiar, perdió por primera vez en su
vida el control sobre la decisión más importante de su hija. Lucero le dijo a Mijares en algún momento de aquellos meses previos al comunicado una frase que él iba a confesar años después. La frase fue así. Mijares le preguntó si le importaba que se cambiara al edificio de junto para que los hijos pudieran seguir teniendo a sus dos papás cerca.
Y Lucero le respondió con tres palabras que Mijares en el año 2020 recordó textualmente en aquella entrevista con Jordi Rosado. No es que no importe, te lo imploro, comadre. Escucha bien esa palabra. Implorar es la palabra de alguien que ya no soporta más. Es la palabra de alguien que está esperando algo o alguien.
Es la palabra de una mujer que llevaba meses caminando con un secreto adentro. Mijares aceptó. Sin pelear, sin hacer ruido, como el caballero introvertido que siempre fue, se mudó al edificio de junto. Empezó la rutina más extraña que se conozca en una pareja divorciada. Cada mañana los hijos cruzaban del ala A ala B.
Cada noche Mijares oía cómo se cerraba la puerta del departamento de su exesposa y Lucero, comadre, Lucero, empezó a vivir lo que llevaba años esperando. Empezó a salir abiertamente con Michel Curi. En el año 2012, oficialmente, Lucero y Michel Curi empezaron una relación pública, aunque las versiones oficiales aseguran que se conocieron solamente en el 2012 por una amiga en común que los presentó sin intención romántica.
Los pasillos del medio jamás creyeron esa versión. La cercanía con la que se movían desde el principio, la naturalidad con la que Michel Cury integró a sus hijos en su vida, la rapidez con la que la familia Slim los aceptó como pareja. Todo eso, comadre, todo eso para los que llevan años cubriendo el espectáculo mexicano, sugería que aquello no era nuevo, que aquello venía de antes, que el millonario que TV Notas había reportado en marzo de 2011, días antes del comunicado del divorcio, podría haber sido exactamente la misma persona que
oficialmente apareció un año después, pero ninguno de los dos lo confirmó jamás. Las altas esferas, comadre, saben proteger a los suyos. Lo que sí está documentado es como Lucero entró al mundo Slim. Aquello no era una entrada cualquiera, era la entrada a uno de los círculos más cerrados de México. Lucero empezó a aparecer en eventos privados del clan, empezó a viajar en aviones privados, empezó a hospedarse en propiedades que nadie del público mexicano sabía siquiera que existían.
Y empezó, comadre, empezó a hacer algo que ninguna mujer del espectáculo mexicano se había atrevido a hacer antes. Empezó a cazar. Michelle Curry era un cazador apasionado. Los safaris en África eran parte de su mundo. Y Lucero, la novia de América, la cara del Teletón, la mujer que durante años había llorado en cadena nacional pidiendo dinero para los niños con discapacidad, empezó a salir de cacería con él.
Las fotografías existían. Las hacían en privado, las guardaban como recuerdos de viaje, hasta que un día, en enero del año 2014, esas fotografías llegaron a la redacción de la revista TV Notas y México estalló. La portada de TV Notas decía cuatro palabras que destruyeron en una sola tarde la imagen pública que Luz María León había construido durante 35 años.
Matan por diversión. Abajo la fotografía. lucero con la cara manchada de sangre. Esa sangre era, según la propia revista, la sangre de la primera presa que ella había abatido. Una costumbre de iniciación de los cazadores europeos, según se explicaba. Otras fotos mostraban a Lucero con un rifle junto a un animal muerto, sonriendo, como si aquello fuera lo más natural del mundo.
Y todavía había más. Había fotos de sus hijos pequeños sosteniendo rifles, apuntando objetivos. Lucerito Mijares tendría 8 años en ese momento. José Manuel tendría 12. México se partió en dos. Las redes sociales explotaron. El hashtag lucero asesina se volvió tendencia nacional. La gente escribía comadre, escribían cosas tremendas.
que cómo era posible, que cómo la mujer que lloraba en el Teletón podía matar animales por diversión, que cómo era capaz de involucrar a sus hijos en aquello, que si esto era el verdadero rostro de Lucero, entonces todo lo que habían creído sobre ella durante décadas era una mentira armada por su mamá y por Televisa.
Y Lucero, asesorada de urgencia, sacó un comunicado de prensa. Dijo que estaba molesta. Dijo que las fotos habían sido robadas de su vida privada. Dijo que los pasaban de contexto. Aclaró que sus hijos no usaban armas de fuego, que aquellas fotos eran de un evento aislado en un campamento de verano donde practicaban con rifles de postas, rifles de aire.
Algunos le creyeron, otros comadre, otros nunca le perdonaron aquello. Lo más doloroso para Luz María León fue ver como en aquella crisis, por primera vez en 30 años de carrera de su hija, ella no podía hacer nada. No podía llamar al tigre Azcárraga porque el tigre llevaba 17 años muerto.
No podía pedir un favor a los ejecutivos de Televisa porque el escándalo había salido en revistas que ya no eran controlables. No podía proteger a su hija porque las fotos eran reales y porque el novio que había llevado a su hija a aquel safari era un hombre que ni ella ni el sistema entero del espectáculo mexicano podían tocar.
Era un sleep y los slim comadre no se tocan en este país. Las malas lenguas de la farándula mexicana cuentan que en aquellos días Luz María León y su hija tuvieron la conversación más dura de toda su vida juntas. Una conversación que jamás se filtró completa, pero que dejó huella en el resto de la relación entre madre e hija. Hay quienes aseguran que Luz María le habría pedido a Lucero que dejara a Michel Curi, que aquel hombre la estaba contaminando, que aquel mundo no era el suyo, que estaba poniendo en peligro todo lo que habían construido y Lucero,
según las versiones, le habría respondido por primera vez en su vida con un no. con un no firme, con un no de mujer adulta de 44 años, que finalmente había decidido vivir su propia vida, aunque le costara la relación con la mujer que la había hecho. Esa fue, comadre, esa fue la verdadera separación, la separación que nadie vio en cámara, la separación de la madre y la hija, porque después de aquel episodio del safari, Luz María León desapareció lentamente de la vida pública.
dejó de aparecer en las entrevistas, dejó de salir en las fotos de los eventos, dejó de ser mencionada en cada decisión profesional de su hija. Y aunque seguía ahí, comadre, aunque seguía viviendo cerca de lucero, aunque seguían viéndose, algo había cambiado. La sombra que había gobernado durante 30 años se había replegado.
Hay un detalle que casi nadie en el público se atrevió a notar en aquellos años. Durante toda la relación de Lucero con Michel Curi, que duró desde el año 2012 hasta el 2023 durante esos 11 años de noviazgo eterno. Comadre, durante esos 11 años en los que Lucero llamó a Michel su novio eterno, su compromiso del corazón y del alma, su pareja sinaduras ni obligaciones, Luz María León Soubinet nunca pronunció el nombre de Michel Cury en una entrevista ni una sola vez.
ni en 12 años. ¿Lo entiendes bien, mi gente? La mujer que antes opinaba en Ebri decisión de su hija. La mujer que había sacado a Lucero del clan Andrade a los 13 años. La mujer que había orquestado la boda del siglo con Mijares. Esa mujer, en 11 años de la relación más comentada de la vida de Lucero, nunca jamás dijo una sola palabra en público sobre Michel Curi.
Ese silencio, comadre, no es un silencio cualquiera. Ese silencio es la prueba más clara de que algo se había roto, de que Luz María León nunca aceptó del todo aquel hombre y de que Lucero, por primera vez en su vida, había hecho algo sin la aprobación de su madre. Aquella mujer de hierro, aquella controladora absoluta, aquella arquitecta del imperio, había sido derrotada por un sobrino de Carlos Slim.
Y aunque siguió cerca de su hija, aunque siguió en la familia, aunque siguió celebrando los días de las madres con publicaciones cariñosas en redes, el verdadero poder se había trasladado. El poder ya no estaba en las manos de Luz María, estaba en las manos de Michel Curi. Pero el destino, comadre, el destino es una cosa cruel porque después de 11 años de relación, después de 11 años en los que Lucero rechazó casarse con Michel Curi, en los que rechazó tener hijos con él, en los que aceptó vivir en una relación sin compromiso
oficial, Michel Cury reveló su verdadero rostro. En julio del año 2023, mediante un comunicado conjunto, pero claramente escrito por él, anunciaron que se daban una pausa, que las agendas y la distancia les habían jugado una mala pasada, que la cercanía con Mijares y los hijos eran factor. Lo cierto, comadre, era otra cosa.
Dos años después, en el 2025, la verdad sobre Michel Curry salió a la luz. Una conductora de televisión llamada Maggie Jiménez confesó en un programa que Michel Cury le había sido infiel a Lucero, que ella, Maggie, había salido con él durante años, que un día empezó a encontrar mensajes comprometedores en el teléfono de Michel y que cuando descubrió que esos mensajes eran para Lucero, terminó la relación.
Pero hay más, comadre, hay más. Maggie Jiménez confesó que ella no era la única, que Michel Curi salía con una tercera mujer al mismo tiempo, que les enviaba los mismos mensajes a las tres y que las llamaba a todas, escuchen bien esto, las llamaba a todas flaca hermosa. Flaca hermosa.
Ese era el apodo que el sobrino multimillonario del hombre más rico de México usaba para las tres mujeres que tenía al mismo tiempo. La mujer que durante décadas fue la novia de América, la que llenaba estadios, la que había sido la cara más limpia del espectáculo mexicano. Era simplemente otra flaca hermosa en el celular de Michel Curi.
Una de tres, una más. Y según contó Maggie Jiménez, Lucero sí se enteró de las infidelidades, pero decidió continuar con Michel Curi durante años más. Decidió aguantar. Tal vez decían en los pasillos porque dejar al sobrino de Slim era más complicado de lo que parecía. Tal vez porque la imagen de los novios eternos era ya parte de un personaje que Lucero no podía abandonar fácilmente.
Tal vez, comadre, tal vez porque después de 14 años con Mijares y 11 con Curi, Lucero ya no sabía cómo era estar sola. Hay una imagen que se me queda. Una imagen que las cámaras de Televisa captaron en aquel sábado 18 de enero de 1997. Durante la transmisión de lazos de amor por siempre, la novia perfecta, vestida de blanco con la tiara de princesa, la sonrisa más limpia del mundo, cantando junto a su nuevo esposo, bailando el baile del perrito.
Y en una de esas cámaras, en un plano que duraba apenas segundos, se veía a Luz María León en primera fila con una sonrisa tranquila, con la mirada en su hija. Era una madre que estaba viendo culminar su mayor obra. Era una manager que estaba viendo el cierre perfecto de la operación más sofisticada de su carrera.
Era comadre, era una mujer que en ese momento sentía que había ganado. Si en aquel instante alguien le hubiera dicho a Luz María León que 14 años después la operación se iba a derrumbar por culpa de un sobrino de Carlos Slim, ella se habría reído en su cara. Si alguien le hubiera dicho que su hija iba a aparecer en las portadas de las revistas con la cara manchada de sangre y el hashtag lucero asesina como tendencia nacional, ella habría dicho que era imposible.
Si alguien le hubiera susurrado al oído que Lucero iba a quedarse durante 11 años con un hombre que la engañaba con dos mujeres al mismo tiempo, Luz María se habría puesto de pie y habría rugido. Pero el futuro, comadre, el futuro nadie lo ve. Ni siquiera las mujeres más controladoras del mundo lo pueden anticipar. Y aquí viene lo cuarto que te prometí, lo más doloroso, lo que nadie ha contado.
Lo que pasó dentro de la casa o Gaza León después del divorcio fue, según los pocos que se atreven a contarlo en voz baja, un silencio. Un silencio largo, un silencio incómodo. Luz María León nunca le dijo a su hija ni una palabra de reproche en público. Nunca dio una entrevista para hablar de Mitel Curi. nunca soltó una indirecta en sus redes sociales, pero quienes la conocen aseguran que ese silencio, comadre, ese silencio era su forma de protestar, era su forma de decir, sin decirlo que no aprobaba lo que estaba pasando. Era su
forma de retirar la bendición materna sin retirar el cariño. Porque hay madres así, madres que cuando ya no pueden gobernar las decisiones de sus hijas, eligen callar, eligen seguir presentes, eligen ir a las cenas familiares y abrazar a los nietos y sonreír en las fotos, pero por dentro, comadre, por dentro saben que algo se rompió y nunca, nunca va a volver a ser como antes.
Quizá tú conoces esta historia desde adentro. Quizá tú también tienes una hija que un día decidió algo que no era lo que tú habrías elegido para ella. Quizá tú también tuviste que tragarte tus palabras y seguir queriéndola desde lejos. Quizá tú entiendes, mi gente, lo que es ver crecer a tu hija y tener que aceptar que ya no te pertenece, aunque tú la hayas hecho.
Eso fue lo que vivió Luz María León durante los últimos años de su vida pública. La derrota silenciosa de una madre todopoderosa. Luz María León hoy en día tiene 80 años. Sigue con vida. Sigue cerca de Lucero, viviendo cerca de sus nietos, presente en cada fecha importante. Pero ya no es la sombra detrás del trono, ya no es la manager, ya no es la arquitecta.
Las decisiones profesionales de Lucero hoy en día las maneja un equipo distinto. Aquel imperio que Luz María construyó durante 30 años terminó pasando a otras manos. Y aunque mucha gente sigue felicitándola en redes sociales por ser la madre de la novia de América, ella sabe, comadre, ella sabe que el verdadero capítulo de su poder se cerró aquel día de marzo del año 2011, cuando su hija decidió, sin pedirle permiso, divorciarse de Mijares.
Hoy Lucero tiene 56 años. Tras la separación de Michel Curi en el 2023, ha vuelto a aparecer en los escenarios junto a Mijares. Tienen una gira que se llama Hasta que se nos hizo. Han compartido el Auditorio Nacional, han llenado palen y en cada presentación los fans sueñan con que vuelvan, con que aquella pareja perfecta que se rompió en 2011 encuentre la forma de regresar.
Mijares, el hombre que siempre fue caballero, ha dicho en cada entrevista que la quiere mucho, que la respeta, que aprendió que cuando uno quiere a alguien quiere que sea feliz. Mijares, comadre perdonó y siguió cantando junto a la mujer que un día le dijo, “Te lo imploro”. Cuando él se ofreció a mudarse al departamento de Junto, la hija menor, Lucerito Mijares, hoy tiene 20 años y ha empezado una carrera brillante en el espectáculo.
Y en una vuelta del destino, esa niña ha tenido que vivir lo que su mamá no vivió. Las burlas, la crueldad de la prensa, el comentario malintencionado sobre su físico. En mayo del año 2024, tres conductores del programa Que importa en Imagen Televisión se rieron de su apariencia. Dijeron que parecía un hombre.
Dijeron que no se entendía cuál era Mijares y cuál era ella. Dijeron cosas crueles. Y Lucero, la madre, salió a defender a su hija con la misma fuerza con la que 30 años antes Luz María León la había defendido a ella. Las dos historias se tocaban comadre. Las dos generaciones de madres protectoras de la familia Ogaza León se encontraban en el mismo punto, defendiendo a una niña del público que había aprendido a ser cruel.
El hijo mayor José Manuel hoy también es músico y ha mantenido una relación cercana con sus dos padres. Mijares vive en el edificio de Junto, como acordaron en aquel año 2011. Y aunque oficialmente cada uno tiene su casa, los hijos siguen cruzando del ala A ala B con la naturalidad con que crecieron. Pero hay alguien que se quedó atrás en esta historia, alguien que el público mexicano casi olvidó.
alguien que en los últimos años ha desaparecido casi por completo de las redes sociales y de las entrevistas. Su nombre es Luz María León Saubinet, la madre, la manager, la arquitecta del imperio. La mujer que un día hace 45 años tomó a una niña de la mano y la llevó a una audición de Televisa. La mujer que sacó a Lucero del clan Andrade, la mujer que organizó la boda del siglo.
La mujer que perdió todo el control, que un día creyó Etern. Y esta es la pregunta que te dejo, comadre, la pregunta que nunca te hiciste en todos estos años. Si Lucero hubiera tenido otra madre, ¿quién habría sido? ¿Habría sido la que fue? ¿Habría sobrevivido a Sergio Andrade? ¿Habría llegado a la boda del siglo? O habría sido simplemente otra niña del espectáculo mexicano que nunca llegó a ninguna parte.
La verdad es que Lucero le debe todo a su madre. La carrera, la fama, el imperio, las telenovelas premiadas, los discos de platino, la boda del siglo y le debe también quizá la libertad final que conquistó cuando se atrevió a desobedecer por primera vez. Es la paradoja más cruel de las madres manager. Construyen también la carrera de sus hijas que cuando la hija un día decide ser ella misma, no hay vuelta atrás.
La madre se queda con el orgullo de haber hecho todo, pero también con la herida de saber que su obra maestra ya no la necesita. Pasen lo que pasen los años, comadre, la historia de Lucero va a quedarse en la memoria de todos nosotros. Las mujeres de cierta edad, como tú y como yo, siempre vamos a recordar a esa niña de chiquilladas.
Siempre vamos a recordar la voz que cantó Cuéntame. Siempre vamos a recordar a esa chispita huérfana que nos hizo llorar las tardes de 1983. Y siempre, comadre, siempre vamos a recordar a esa novia de blanco que un sábado de enero del 97 paralizó México durante 4 horas seguidas. Esa imagen, mi gente, esa imagen es nuestra.
La memoria de millones de mexicanas que vivimos esos años se sostiene en momentos así. Y aunque la realidad detrás de las cámaras haya sido distinta a lo que el tigre Azcárraga y Luz María León nos vendieron en ese momento, eso no nos lo quita nadie, porque al final, comadre, ¿qué es la verdad? ¿Quién decide qué es verdad y qué es mentira? Si los recuerdos de tu juventud te hicieron feliz, esos recuerdos también son verdad.
Si aquella boda televisada te hizo soñar durante un sábado entero, ese sueño también fue real. Si las canciones de lucero acompañaron a tu mamá en la cocina mientras pelaba papas para la comida, esa música también fue verdad. Lo que pasó detrás de las cámaras es una capa. Lo que tú sentiste las dos cosas existen al mismo tiempo y las dos, comadre, las dos merecen ser contadas.
Hay quien dice en las altas esferas del medio del espectáculo mexicano que Lucero es una sobreviviente, una mujer que pasó por Sergio Andrade y no se quedó atrapada. Una mujer que vivió bajo el control absoluto de su madre durante 40 años y al final encontró la forma de respirar. una mujer que se casó en directo ante 7 millones de espectadores y que después tuvo que separarse en otro comunicado público sin perder la dignidad.
Una mujer que aguantó 11 años a un hombre que la engañaba con dos mujeres al mismo tiempo y que un día, cuando ya no pudo más, lo dejó. Una mujer comadre que a los 56 años sigue cantando, sigue actuando, sigue defendiendo a su hija de los crueles, sigue siendo lucero. Hay también quienes los más críticos dicen lo contrario.
Dicen que Lucero es la prueba más clara de cómo el sistema del espectáculo mexicano puede usar a una niña pequeña y convertirla en producto durante toda su vida adulta. Dicen que las decisiones que ella creyó suyas en realidad nunca lo fueron. Dicen que el matrimonio con Mijares fue una operación televisiva más, no una historia de amor verdadera.
Dicen que el safari con Michel Curi reveló en un instante a la mujer real detrás del personaje de la novia de América y dicen comadre, dicen que el silencio de Luz María León durante los últimos 12 años es la prueba más contundente de que algo dentro de la casa o Gaza León se rompió y nunca se ha podido reparar.
¿Quién tiene razón? Probablemente las dos versiones, mi gente. Probablemente la verdad está en el medio. Lucero es una mujer que cumple 60 el próximo año. Una mujer que ha vivido lo que pocas mujeres mexicanas viven en una sola vida. La fama desde los 10 años, las giras internacionales, los gramis latinos, los premios de baby y novelas, la maternidad, el divorcio público, la relación con un sobrino de Carlos Slim, el escándalo del safari, la traición de Curi, la crianza de una hija que también empezó en el espectáculo desde joven. Y todo eso, comadre, todo
eso lo ha cargado con una sonrisa. Esa sonrisa de la novia de América que aprendió a sonreír desde los 10 años en el escenario de alegrías de mediodía. Esa sonrisa que su madre, Luz María León le entrenó pieza por pieza durante cuatro décadas. Hace un par de años, en una entrevista que daba al periódico El Universal junto a su madre, Lucero dijo algo que ahora podemos entender mejor.
dijo palabras textuales que tenía millones de anécdotas con su mamá, que era una mujer con mucha visión, mucho carácter, mucha entereza, mucha energía, muy inteligente y con mucha firmeza dijo Lucero, para cuidarme siempre. Cuidarme siempre. Cuidarme siempre, comadre. Esa es la palabra.
Cuidar en una madre puede querer decir muchas cosas. Puede querer decir proteger, pero también puede querer decir vigilar. Puede querer decir decidir. Puede querer decir no soltar. Y aquí, comadre, llegamos al final de esta historia. Volvemos al lugar donde empezamos, a aquel sábado 18 de enero del año 1997, 4 de la tarde.
Cierra los ojos, imagínate ahí. La ciudad de México respira frío. El colegio de las bizcaínas está iluminado como un set de cine. Las cámaras de Televisa están encendidas. Silvia Pinal habla al aire con su voz inconfundible. El presidente Cedillo está en su asiento. María Félix mira con sus ojos enormes y por la puerta principal entra una novia, la novia más perfecta que México haya visto.
Vestida de blanco, tiara reluciente, ramo entre las manos, 27 años. Una sonrisa que es la sonrisa más limpia del mundo. A unos metros de ella, en una de las primeras filas, hay una mujer que sonríe en silencio. Es Luz María León Saubiné. 51 años, vestida de gala, con el orgullo de quien acaba de cumplir una vida entera de trabajo.
Esa mujer es la que organizó cada detalle de aquel evento. Esa mujer es la que ha decidido cada paso de la vida de la novia desde que tenía 10 años. Esa mujer es la verdadera dueña del nombre artístico que está a punto de unirse al de Manuel Mijares ante Dios y ante 7 millones de mexicanos. Si en aquel momento alguien le hubiera preguntado a Lucero quién había organizado aquella boda, ella habría respondido con la misma frase que iba a repetir años después en una entrevista para Hall.
Una frase de cinco palabras, una frase que el día de la boda significaba orgullo y agradecimiento. Una frase que años después significaría control y herencia. Una frase, comadre, que hoy, después de todo lo que has escuchado, significa la confesión de un imperio entero. Mi mamá organizó toda la boda. Cinco palabras que lo dicen todo.
Cinco palabras que resumen 30 años de una sociedad madre e hija. Cinco palabras que explican por qué la separación con Mijares fue en el fondo la primera vez que Lucero tomó una decisión sin pedir permiso. Cinco palabras que iluminan también por qué Luz María León se quedó callada durante 11 años sobre Michel Curi porque la única forma que tenía de protestar, comadre, la única forma que le quedaba después de perder el control era el silencio.
Hoy, casi 30 años después de aquella boda, la novia de América sigue cantando, sigue actuando, sigue siendo la mujer que medio México amó y sigue también siendo hija de Luz María León Soubiné, la manager, la arquitecta, la sombra detrás del trono. La mujer que un día, cuando estaba sola en su cuarto tres días antes de la boda, lloró sin que nadie la viera porque tenía miedo.
Pero al día siguiente se levantó, se vistió y siguió funcionando como había funcionado toda su vida, como las madres mexicanas de su generación aprendieron a funcionar. Calladas, fuertes, decididas, invisibles, sosteniendo el mundo desde detrás del escenario sin que nadie las nombre.
Así es, comadre, así es la historia. Esa es la verdad detrás del Imperio Lucero, la verdad que estaba ahí todo el tiempo y que nunca nos atrevimos a mirar de frente porque nos daba ternura, porque la queríamos demasiado, porque lucero era nuestra, era de todas las mexicanas que la vimos crecer como si fuera una sobrina.
Y ahora cuéntame tú, mi gente, ahora cuéntame tú. ¿Cómo recuerdas tú aquella boda del 18 de enero del 97? ¿Dónde estabas tú esa tarde? ¿Lloraste cuando la viste entrar al colegio de las bizcaínas? ¿Te acuerdas con quién la viste? ¿Estaba tu mamá viva en aquel entonces? ¿Tu mejor amiga, tu hermana? Bájame en los comentarios. Cuéntame tu historia.
Comparte este video con esa amiga con la que te sentaste a verla casarse, porque esta historia no es solamente la historia de Lucer, es la historia de todas nosotras, de toda una generación de mujeres mexicanas que crecimos viendo a esa niña cantar en la televisión, que la quisimos como si fuera de nuestra familia, que la perdonamos todo y que hoy juntas finalmente nos atrevemos a mirar la verdad detrás del telón.
Aquí en esta familia comadre, aquí no hay miedo. Aquí no hay televisora que nos calle. Aquí no hay disquera que nos amenace. Aquí no hay altas esferas que decidan que contamos y que no. Aquí estamos las que crecimos viendo a estas mujeres en la sala de nuestra mamá. Y aquí estamos para contar lo que ningún noticiero de los 90 quiso decir, lo que ningún pasillo de Televisa permitió, lo que ningún ejecutivo de aquellos años se atrevió a publicar.
Aquí en esta comunidad de mujeres que sabemos lo que es haber vivido todo aquello. Aquí las historias completas viven para siempre. Y por eso, mi gente, por eso lo que importa al final no es el contrato, ni la boda, ni el millonario, ni el imperio. Lo que importa es lo que tú y yo aprendimos viendo todo eso desde el otro lado de la pantalla.
Aprendimos que el amor es difícil. Aprendimos que las madres aman a su manera, aunque a veces esa manera apriete demasiado. Aprendimos que el dinero no compra fidelidad, que un sobrino de Carlos Slim puede ser igual de infiel que el albañil de la esquina. Aprendimos que las imágenes perfectas, comadre, las imágenes perfectas siempre tienen una grieta y aprendimos sobre todo que las mujeres que sobrevivimos a todo eso somos las que mejor sabemos contar la historia.
Que descanse en paz el tigre Azcárraga que se llevó a la tumba secretos que ya nunca vamos a saber. Que viva Luz María León, 80 años cumplidos, retirada en silencio viendo a sus nietos crecer. Que cante mijares cada noche en los escenarios con la mujer que un día le dijo, “Te lo imploro” y que ahora le canta junt. Que siga lucero siendo lucero con sus luces y sus sombras, con su sangre africana en la cara y su sonrisa de novia eterna.
Y que tú y yo, comadre, sigamos aquí sentadas frente a la pantalla con un cafecito caliente, recordando todo lo que vivimos, contando todo lo que ya nadie cuenta, cuidando la memoria de estas mujeres que fueron, sin saberlo, parte de nuestra propia familia. Nos vemos en la próxima, mi gente. Te quiero y gracias, gracias por estar aquí.