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¡El impactante secreto que los noticieros te ocultan! El megaoperativo implacable de Harfuch en Iztapalapa desmantela a Los Tanzanios, pero desentierra algo mucho más aterrador

¡El impactante secreto que los noticieros te ocultan! El megaoperativo implacable de Harfuch en Iztapalapa desmantela a Los Tanzanios, pero desentierra algo mucho más aterrador: políticos cómplices, libretas incriminatorias e identidades ciudadanas robadas. ¿Quién es el misterioso “Arquitecto” que escapó y controla la ciudad desde las sombras? ¡La escalofriante verdad al descubierto!

¡HARFUCH EXPLOTA CELULA del CRIMEN en IZTAPALAPA; CAEN HOMBRES de los TANZANIOS!

Atención, atención. Arfuch lidera un mega operativo contra los criminales más buscados de la Ciudad de México. Tres detenidos, un arma de grueso calibre y fotografías de inteligencia que ningún noticiero va a mostrar esta noche. Eso es lo que Omar García Harfuch desenterró en Itapalapa en las últimas horas.

 Un operativo que en los comunicados oficiales parece un cateo rutinario, pero que en los archivos de la Fiscalía de la Ciudad de México cuenta una historia completamente diferente. Una historia que no empieza en el andador Eusebio Guajardo de la colonia San Miguel, empieza en un mitín político, empieza con un grupo criminal que aprendió que la mejor manera de operar en una ciudad de 9 millones de personas no es esconderse en las sombras, es pararse en el templete.

 Antes de que te cuente lo que encontraron en ese inmueble, necesitas saber algo que la SSC no incluyó en su comunicado oficial. Uno de los detenidos esta noche ya había sido fotografiado por agentes de inteligencia en un evento público, no en una esquina, no en un tianguis, en un mitín, con funcionarios, con cámaras, con aplausos.

 Esa pregunta, como un operador criminal identificado en los organigramas de la fiscalía llegó a pararse en un evento político sin que nadie lo detuviera. Tiene nombre en los archivos de Harpush. Y en los próximos minutos te voy a contar exactamente qué dice, pero hay algo que los noticieros no te van a contar.

 Para entender lo que pasó esta madrugada en Itapalapa, tienes que entender qué es Los Tanzáneos. Y para entender qué es los tanos, tienes que olvidar todo lo que crees saber sobre cómo opera el crimen organizado en la Ciudad de México. No son un cártel importado. No llegaron de Sinaloa ni de Jalisco.

 Nacieron aquí, crecieron aquí, aprendieron las reglas de esta ciudad y las usaron mejor que nadie. Todo empezó con rutas, microbuses, taxis tolerados. El transporte informal de Iztapalapa, esa arteria caótica de millones de viajes diarios, fue su primera fuente de poder. Controlaban qué rutas existían, quién podía operar, cuánto costaba el derecho de circular.

 No con armas inicialmente, con presencia, con organización, con la capacidad de paralizar una alcaldía entera si alguien se negaba a pagar. Iztapalapa, la alcaldía más poblada de México con casi 2 millones de habitantes. Calles que huelen a aceite de motor y a comida callejera desde las 6 de la mañana. Colonias que no aparecen en las guías turísticas, pero que mueven más dinero informal que muchas ciudades medianas del país.

 Un territorio donde el estado siempre llegó tarde y donde organizaciones como los tanznios llegaron primero. De las rutas de transporte escalaron. Narcomenudeo en cada esquina rentable. Cobro de piso a comerciantes, a gaseros, a piperos, a cualquiera que moviera mercancía en su territorio. Trata de personas operada desde los hoteles que ellos mismos administraban.

 Una economía criminal paralela que para cuando las autoridades intentaron cartografiarla ya tenía raíces en cuatro alcaldías: Iztapalapa, Itacalco, Benustiano Carranza y Coautemoc. Pero el salto que nadie vio venir no fue hacia más droga ni hacia más armas, fue hacia la política y entonces llegó el dato que lo cambió todo.

 Los tanzinos cometieron tres errores. Ninguno pareció un error en el momento en que lo cometieron. Cada uno pareció exactamente lo contrario. Una decisión inteligente, un movimiento calculado, un paso hacia adelante. Pero en inteligencia, como en ajedrez, hay jugadas que solo se entienden cuando ya perdiste. El primero lo cometió el Popelle 3 semanas antes del operativo.

José Antonio, 44 años, seis ingresos previos al sistema penitenciario, tres por delitos contra la salud, dos por robo, uno por encubrimiento. un hombre que conocía el sistema desde adentro y que creía con razón aparente que eso lo hacía más difícil de atrapar. Su decisión fue consolidar, unificar, mover todo el producto que antes rotaba entre tres puntos de distribución distintos hacia un solo inmueble.

 El andador Eusebio Guajardo en la colonia San Miguel. Menos movimiento, menos exposición, más control, así lo razonó. Lo que el Popelleye no calculó fue que centralizar el flujo triplicó el tráfico de personas en ese andador. Visitas que llegaban a distintas horas, caras nuevas que los vecinos no reconocían, movimientos que no correspondían con ningún negocio visible.

 Las denuncias ciudadanas empezaron a llegar a la fiscalía en menos de una semana. El segundo error lo cometió Donovan 10 días antes, 20 años. El más joven del trío y en consecuencia el más confiado. Donovan Antoine empezó a usar el mismo número de teléfono para dos mundos que nunca debieron tocarse.

 Las coordinaciones de entrega del punto de venta y los contactos en los eventos de regularización del transporte informal. eventos donde sin que él lo supiera, ya había agentes de inteligencia encubiertos mezclados entre los asistentes. El número fue interceptado el 24 de mayo a las 11:47 horas. En esa llamada, Donovan mencionó una dirección.

Habló en clave, creyendo que eso era suficiente. La analista que transcribió la llamada tardó 4 minutos en decodificarla. Lo que Donovan no sabía era que esa llamada acababa de convertir una investigación de gabinete en una operación de campo activa. El tercero lo cometió Fabiola. La noche del operativo, 40 años, un ingreso previo al sistema penitenciario por delitos contra la salud.

 La operadora logística, la que coordinaba tiempos, cantidades, movimientos. Fabiola recibió un cargamento mayor al habitual 4 horas antes del cateo, producto que debía redistribuirse al día siguiente hacia tres puntos distintos de la alcaldía. La decisión lógica, la decisión eficiente fue almacenarlo todo en el inmueble del andador y mover todo junto en la mañana.

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