Un solo viaje en lugar de cuatro, menos riesgo, menos exposición. Lo que Fabiola no sabía era que el volumen inhabitual de actividad en ese inmueble durante la noche había activado una alerta en el monitoreo que la fiscalía mantenía desde hacía 10 días. A las 22:00 horas, el Ministerio Público ya tenía los datos de prueba.
A las 23:30 un juez de control firmó la orden de cateo. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. 0014 horas, colonia San Miguel, Istapalapa. La ciudad no duerme del todo a esa hora. Siempre hay un perro que ladra un motor que enciende una ventana iluminada en algún piso.
Pero en el andador Eusebio Guajardo esa madrugada lo que llegó no hizo ruido. Sin sirenas, sin torretas encendidas, sin el tipo de despliegue que avisa con 5 minutos de anticipación que algo está por suceder. Lo primero que llegó fue el drone, un aparato de vigilancia táctica modelo DJ y matriz 300 equipado con cámara térmica FLIR, capaz de leer firmas de calor humano a través de muros delgados, capaz de distinguir entre una persona dormida y una persona despierta, entre un cuerpo en movimiento y uno estático.
Llevaba 42 minutos sobrevolando la zona cuando los primeros elementos terrestres comenzaron a posicionarse. 42 minutos de datos. 42 minutos de inteligencia en tiempo real fluyendo hacia la sala de operaciones donde los coordinadores de la SSC, la FGJ, la Secretaría de Marina y la Guardia Nacional miraban las pantallas en silencio.
Lo que el dron confirmó en esos 42 minutos fue lo que la fiscalía ya sospechaba. Había movimiento dentro del inmueble. Tres firmas térmicas activas, una en la planta baja, cerca de lo que las imágenes sugerían era una mesa o mostrador, dos en un cuarto trasero. El producto estaba ahí, las personas estaban ahí. Los equipos terrestres se desplegaron en cuatro puntos simultáneos.
Equipo uno, elementos de la SSC, cubriendo el acceso principal del andador por el norte. 12 elementos. Chalecos antibalas nivel 4. Rifles de asalto en posición baja. Comunicación encriptada en la frecuencia táctica 4680 MHz. Asignada para la operación. Movimiento en columna de A2. Pasos cortos deliberados, sin fricción contra el pavimento.
Equipo dos, personal de la Guardia Nacional sellando la salida sur del andador. Nueve elementos. Vehículos sin identificación estacionados a 200 m para no activar alarmas visuales desde las ventanas del inmueble. Equipo tres, agentes de la FGJ en posición de contención lateral cubriendo el muro perimetral del predio por el costado poniente.
Su función no era entrar, era asegurarse de que nadie saliera. Equipo cuatro, personal especializado de la SEMAR en reserva a media cuadra con equipo de ruptura de estructuras y soporte médico de emergencia. Protocolo estándar para operativos de alto riesgo con posibilidad de resistencia armada. El cerco completo tardó 9 minutos en cerrarse desde que el primer elemento terrestre tocó el andador.
9 minutos de silencio absoluto, 9 minutos en los que adentro del inmueble, el popelle, Donovan y Fabiola no tenían la menor idea de lo que estaba por suceder. El dron registró el momento exacto en que una de las firmas térmicas se puso de pie. 0023 horas. Alguien se había levantado a caminar hacia la parte delantera del inmueble.
El coordinador de la operación revisó las pantallas, miró a la gente del Ministerio Público que estaba a su derecha y dijo tres palabras por el radio encriptado. Listos, procedan. Ahora todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. 0023 horas 47 segundos. La puerta del inmueble del andador Eusebio Guajardo no duró 3 segundos.
El ariete táctico impactó el marco con un golpe seco que retumbó en toda la calle. El tipo de sonido que hace que los perros empiecen a ladrar en un radio de dos cuadras y que los vecinos que dormían se despierten sin saber todavía qué está pasando. Las luces tácticas de los elementos de la SSC iluminaron el interior de golpe blanco y violento después de 40 minutos de oscuridad calculada.
Los primeros 4 minutos fueron de caos controlado. Gritos de identificación. Policía, policía al suelo, al suelo. Movimiento rápido en ángulos. Los elementos barriendo esquinas, identificando amenazas, estableciendo control de cada habitación antes de avanzar a la siguiente. Fabiola fue la primera en serada. Tastukitas estaba en la planta baja a 2 m de la puerta y la sorpresa fue tan total que no alcanzó a moverse.
La atiraron al suelo, manos en la nuca. en menos de 8 segundos desde la entrada no hubo resistencia de su parte, hubo terror puro. El tipo de terror que tiene una persona cuando entiende en una fracción de segundo que todo lo que creyó que la protegía, el inmueble, la red, la organización no protegió absolutamente nada.
Los siguientes 6 minutos fueron de resistencia. Donovan estaba en el cuarto trasero cuando escuchó el ariete. 20 años reflejo rápido y la certeza de alguien que sabe lo que significa ese sonido. Intentó moverse hacia una ventana lateral, la misma ventana que el equipo 3 de la FG. J llevaba 9 minutos vigilando desde el muro perimetral.
Cuando Donovan llegó a la vintom a la ventana y la abrió, encontró del otro lado una linterna táctica apuntándole directamente a los ojos y una voz que dijo con una calma que era más aterradora que cualquier grito. No te muevas, manos arriba. Ahora Donovan tardó 2 segundos en procesar lo que estaba viendo, bajó los brazos, se apartó de la ventana, fue esposado antes de que sus pies tocaran de nuevo el centro del cuarto.
Los últimos 3 minutos fueron del cierre. El Popelle fue el más difícil. José Antonio, 44 años, seis entradas previas al sistema. Un hombre que había estado en esta situación antes y que sabía exactamente lo que significaba. Lo encontraron en un espacio entre la pared trasera y un mueble de almacenamiento en el fondo del inmueble, en la oscuridad.
No estaba intentando escapar, estaba calculando, evaluando, midiendo si había alguna posibilidad que no existía. Los elementos de la SSC lo iluminaron desde dos ángulos simultáneos. Le vieron las manos, una cerca del mueble, la otra ligeramente levantada. El agente a cargo repitió la orden dos veces con exactamente el mismo tono cada vez.
Manos arriba, manos arriba. En el segundo que tardó el Popelle en tomar su decisión final, el tiempo en ese cuarto parece haberse detenido. Luego lentamente levantó las dos manos, se giró y en su cara, captada por la cámara corporal del elemento que lo esposó, no había miedo. Había algo peor. Había el reconocimiento de alguien que sabe que esta vez no hay salida.
Fue esposado a las 031 horas con4 segundos. La operación completa duró 7 minutos y 4 segundos desde la detonación del ariete hasta la neutralización del último objetivo. Alto al fuego, amenaza neutralizada, cero bajas federales. El coordinador de la operación transmitió el parte a las 032 horas. En la sala de operaciones alguien apagó el café que llevaba 2 horas sin tocar.
Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. Los elementos de la SSC comenzaron el inventario a las 034 horas. Así funciona después de una operación como esta. El caos se congela, los detenidos ya están esposados, ya están separados, ya están bajo custodia y entonces entra el equipo de evidencias. Guantes de látex, bolsas de plástico numeradas, cámaras documentando cada centímetro del inmueble antes de que nadie toque nada.
Porque lo que se encuentra en los siguientes minutos no es solo evidencia de un delito, es el retrato completo de una organización. Lo primero que apareció fue el ah el arma. Una pistola corta calibre 40 con cargador abastecido, 14 cartuchos útiles listos para ser disparados. No estaba escondida, estaba sobre el mueble de almacenamiento donde el popelle había estado parado segundos antes de ser esposado.
A su lado, una caja con 20 cartuchos adicionales. En total, 34 proyectiles en un inmueble que en los registros del catastro de Itapalapa figuraba como vivienda particular. 34 oportunidades de matar que esta noche no se van a usar. El calibre 40 no es un arma de autodefensa doméstica, es el calibre estándar de una organización que tiene conflictos activos con células rivales.
Los Tanzania y la Unión Tepito llevan años disputando territorios en Iztapalapa. Cada cartucho en esa caja cuenta una historia de una guerra que la mayoría de los habitantes de la colonia San Miguel vive como ruido de fondo, como algo que sucede a dos calles de distancia y que uno aprende a ignorar. para poder dormir. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente.
Después del arma llegó la droga. 45 bolsitas individuales con hierba verde y seca. Marihuana porcionada para venta directa al menudeo. Cada bolsita en el mercado de Iztapalapa vale entre 50 y 80es. 45 bolsitas son entre 2,200 y 3,600es en un solo punto de venta en una sola noche. Multiplica eso por los puntos que los tanzáneos operan en cuatro alcaldías.
Multiplica eso por 365 días. Estás hablando de una economía paralela que genera millones de pesos anuales en el narcomenudeo más básico. Y eso sin contar las cuotas de extorsión, sin contar el cobro de piso, sin contar las operaciones de trata. Además de las bolsitas individuales, los agentes encontraron cuatro bolsas medianas con marihuana granel, producto todavía sin porcionar, destinado a abastecer los puntos de venta de los días siguientes.
El inmueble no era solo un punto de distribución, era una bodega activa. Pero lo más valioso no brillaba. Eso no es todo. El siguiente hallazgo hizo silencio en la sala. Dentro de un cajón del mismo mueble de almacenamiento donde estaba el arma, entre papeles doblados y bolsas vacías de plástico, los agentes encontraron documentos.
No era contabilidad de la organización, aunque eso también apareció después anotado a mano en una libreta de cuadros con fechas, cantidades y nombres en clave. Lo que hizo silencio en la sala fue algo diferente, una credencial de votación no pertenecía a ninguno de los tres detenidos. Foto de un hombre de mediana edad, nombre y dirección en Itapalapa.
Un ciudadano común, alguien que probablemente no sabe que su identidad está guardada en el cajón de una bodega de narcóticos, que su nombre ha sido usado para registrar transacciones, para firmar papeles, para darle una cara legal a operaciones que no tienen nada de legal. Ese documento pequeño, esa credencial plastificada con la foto de alguien que duerme esta noche sin saber lo que acaba de pasar, cuenta una historia más aterradora que cualquier arma en ese cajón.
Cuenta la historia de cózos no solo controlan calles, controlan identidades, controlan papeles, controlan la frontera entre lo que parece legal y lo que no lo es. Y entonces apareció la libreta. Fechas que coinciden con eventos públicos en Iztapalapa. Números que corresponden a cuotas cobradas a transportistas y tres iniciales que los agentes fotografiaron con cuidado antes de embolsar la libreta como evidencia.
Tres iniciales que esa noche nadie quiso pronunciar en voz alta dentro del inmueble cateado. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿A quién pertenece esa credencial? ¿Y por qué estaba guardada junto a la contabilidad de la organización? Esa pregunta es el loop 2 de esta historia y su respuesta, si existe está en los archivos de la Fiscalía de la Ciudad de México. Lo más valioso no brillaba.
Pablo Vázquez Camacho, titular de la SSC capitalina, el vocero operativo de la estrategia que Omar García Harfuch diseña desde la Secretaría de Seguridad Federal, no improvisó sus palabras esta madrugada. Lo que publicó en redes sociales fue esto y cada palabra importa. Seguimos con el combate frontal a los delitos de alto impacto y la desarticulación de grupos delitivos que dañan a la ciudadanía.
No daremos ni un paso atrás en nuestra encomienda de proteger y servir a la ciudadanía y construir una ciudad más segura, justa y en paz. Cuatro oraciones sin adjetivos innecesarios, sin victorias prematuras, sin nombres propios más allá de los detenidos. Analicemos combate frontal. No dijo investigación, no dijo seguimiento, dijo combate.
Una palabra militar, una palabra que implica que hay dos bandos en un conflicto activo y que uno de ellos acaba de recibir un golpe. Esa palabra no es retórica, es una declaración de estado de guerra institucional contra los tanzinos y contra cada organización que opera bajo el mismo esquema de infiltración territorial.
Grupos delictivos que dañan a la ciudadanía. Fíjate en lo que no dijo. No dijo narcos, no dijo cárteles, dijo grupos delictivos, una categoría más amplia, más difusa, que incluye a organizaciones que operan en los márgenes de la legalidad, que se presentan como sindicatos, como asociaciones de transportistas, como grupos comunitarios.
Vázquez Camacho acaba de describir exactamente el modelo de los tanzanios sin mencionar el nombre y ese modelo tiene réplicas en nueve organizaciones más que operan en la Ciudad de México. No daremos ni un paso atrás. Esta frase no está dirigida al público general, está dirigida a alguien específico, alguien que esta noche al leer el comunicado de la SSC y ver los nombres de El Popelle, Donovan y Fabiola, entendió que el cerco se está cerrando a el arquitecto, el operador principal de los tanzáneos, que esta noche no estaba en el andador, Eusebio
Guajardo, y que por eso mismo sigue libre. La declaración fue un mensaje y el destinatario la recibió. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. Lo de esta madrugada no es un hecho aislado. Es el tercer golpe en menos de 2 semanas. El 19 de mayo, la SSC y la FGJ de la Ciudad de México detuvieron a seis integrantes de los tanzinos en la colonia Agrícola Oriental en Istacalco.
Seis personas, droga asegurada, mismo esquema operativo, denuncia ciudadana. inteligencia de gabinete, orden de cateo, despliegue coordinado. En esa ocasión, como en esta, los comunicados oficiales describieron la operación como parte de una estrategia de desarticulación progresiva, no como un golpe de suerte, como una estrategia.
Nueve detenidos en dos semanas, dos alcaldías distintas. Un patrón que confirma lo que los analistas de seguridad llevan meses señalando. Harf no está reaccionando a los tanzáneos, los está desmantelando por capas desde los operadores de base hacia arriba, construyendo un expediente que eventualmente va a llegar al nivel que los comunicados oficiales todavía no mencionan.
Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza, pero aquí es donde la historia cambia de dirección completamente, porque los tanzáneos no son el problema, son el síntoma. En la Ciudad de México operan por lo menos 10 organizaciones delictivas con presencia territorial consolidada. La Unión Tepito, que ya no necesita operar directamente porque rentó su nombre a células más pequeñas que extorsionan en su nombre, un modelo de outsourcing criminal que los hace casi imposibles de procesar judicialmente.
La antiunión los catalinos, estructuras en Tlalpan conectadas con rutas de armamento hacia Morelos y el Estado de México. organizaciones en Gustavo Amadero, en Venustiano Carranza, en Cuautemo y todas ellas comparten una característica que las Tanzania llevó al siguiente nivel: la búsqueda activa de contacto con el poder político, no para comprar protección, ese modelo ya es viejo, sino para algo más ambicioso y más peligroso, para colocar sus propias piezas dentro de las estructuras de gobierno, para que el operador criminal de hoy sea el
funcionario de alcaldía de mañana, para que la extorsión no necesite amenaza porque ya tiene firma oficial. El periodista Antonio Nieto, que lleva años documentando esta infiltración, lo describe con una precisión que incomoda. Es difícil ahora distinguir si sus integrantes incluso puedan llegar a tener un puesto político o si son delincuentes.
Esa frase debería estar en los titulares de todos los noticieros de México esta mañana, ¿no? Está. Y esa ausencia también es una historia, pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. ¿Cuántos de los integrantes de los Tanzania fotografiados por agentes de inteligencia en eventos políticos tienen ya algún tipo de nombramiento, contrato o vinculación formal con alguna estructura de gobierno en la Ciudad de México? Harf tiene parte de esa respuesta.
La Fiscalía tiene otra parte y el expediente que se está construyendo operativo por operativo, cateo por cateo, detenido por detenido, va a llegar eventualmente a un nombre que todavía no ha aparecido en ningún comunicado oficial. Esta noche cayeron tres, el Popelle, Donovan, Fabiola, pero mientras los esposaban en el andador Eusebio Guajardo, mientras los metían a los vehículos de la SSC, mientras el inmueble quedaba sellado y bajo resguardo policial, en algún lugar de Iztapalapa, el arquitecto seguía despierto. Nico, el principal operador
de los tanzanios, según los organigramas de inteligencia de la fiscalía capitalina, el hombre que tendió los puentes entre una organización de control de transporte informal y los espacios de poder político de la alcaldía más poblada de México, el que construyó la red, el que sabe qué nombres están en esa libreta de cuadros que los agentes embolsaron como evidencia esta madrugada.
El arquitecto no estaba en el andador Eusebio Guajardo, porque el arquitecto nunca está donde pueden atraparlo. Esa es su habilidad central. No el dinero, no la violencia, sino la distancia. La capacidad de mover piezas sin nunca aparecer en la fotografía. Harfuch lo sabe. Y lo que Harf tiene ahora es significativamente más de lo que tenía hace dos semanas.
Tiene nueve detenidos con información que puede ser negociada ante el Ministerio Público. Tiene una libreta con fechas, cantidades e iniciales. Tiene fotografías de inteligencia de miembros de los tanzania en eventos políticos públicos. Tiene el número telefónico interceptado el 24 de mayo que conecta la organización con los eventos de regularización del transporte informal.
Lo que le falta es el eslabón que une todo eso con un nombre, con una firma, con un cargo público y ese eslabón existe. Ty un documento, tiene membrete de la alcaldía de Iztapalapa, tiene fecha, tiene el nombre de un proyecto de regularización de mototaxis que pasó por manos de funcionarios que sabían o debían saber quiénes estaban detrás de los operadores del transporte informal en esa alcaldía.
Ese documento tiene una firma. En el próximo video te voy a contar qué dice ese documento. Te voy a mostrar cómo el proyecto de regularización de mototaxis en Iztapalapa conecta directamente con los nombres que aparecen en los organigramas de inteligencia de la fiscalía. Y te voy a decir quién firmó y por qué esa persona debería estar revisando sus mensajes esta noche.
Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. Regresa por un momento al principio de este video. Te dije que esto no empezaba en el andador Eusebio Guajardo. Te dije que empezaba en un mitín político, en un templete con aplausos. Ahora, ¿sabes por qué? Los tanzania no son una banda de narcomenudeo que por accidente terminó en un evento político.
Son una organización que eligió deliberadamente la política como su siguiente territorio de expansión. Con la misma lógica con la que eligieron las rutas de microbuses hace 20 años. Donde hay poder, hay cuotas. Donde hay cuotas hay control. Y donde hay control hay permanencia. Lo que Harfuch está haciendo operativo por operativo, cateo por cateo, no es simplemente quitarles droga y armas, es desarmar esa lógica desde la base.
Es construir un expediente que en algún momento va a ser suficientemente grueso para llegar a los niveles que los comunicados de esta madrugada todavía no mencionan. Nueve detenidos en dos semanas, tres esta noche, seis el 19 de mayo. Una libreta con iniciales, una credencial de votación que no pertenece a ninguno de los detenidos.
Un número telefónico interceptado, un dron que lleva 42 minutos sobrevolando antes de que nadie adentro del inmueble sepa que existe. Este canal existe para contarte lo que los noticieros convencionales no van a contar. No porque no tengan la información, es que no tienen el contexto para entender lo que significa. El cateo de esta noche en la colonia San Miguel.
No es una nota de 8 segundos en el bloque policíaco de las 11. Es una pieza de un rompecabezas que cuando esté completo va a cambiar la forma en que entiendes quién gobierna realmente algunas partes de esta ciudad. Si llegaste hasta aquí, sabes más sobre los tanos que el 90% de los ciudadanos de la Ciudad de México y sabes más que varios de los funcionarios que comparten templete con ellos.
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Eso no es un detalle menor, eso es el retrato exacto de lo que los tanzania le hacen a Iztapalapa. Toman lo ordinario y lo contaminan. Toman una identidad, un papel, un nombre y lo ponen al servicio de algo que ese ciudadano nunca eligió. Mientras tanto, el arquitecto sigue libre. Sabe que Harfush tiene la libreta. sabe que los nueve detenidos de las últimas dos semanas están hablando con el Ministerio Público.
sabe que el dron sigue volando, esa firma existe, ese documento existe y esta historia no ha terminado.