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El Escalofriante Fin del “Gober Precioso”: De Rey Intocable de Puebla a Llorar en el Altiplano.

El Escalofriante Fin del “Gober Precioso”: De Rey Intocable de Puebla a Llorar en el Altiplano. El Peor Error de Mario Marín No Fue Solo Torturar a Una Periodista, Sino el Oscuro Motín Que Intentó Orquestar en Prisión. Descubre la Amenaza Que Condenó al Político a una Celda Congelada.

Así Vive Mario Marín en La Cárcel: De Gobernar Puebla a Llorar de Miedo en su Celda 

Hay un hombre de 67 años encerrado en este momento en una celda del penal federal del altiplano en Almoloya de Juárez, Estado de México. No puede salir a la calle, no puede elegir qué comer. No puede recibir visitas cuando quiere, no puede hacer una llamada telefónica sin que alguien escuche cada palabra que dice.

 No puede abrir una ventana para sentir el aire. No puede decidir a qué hora se apaga la luz. No puede hacer absolutamente nada sin el permiso de un custodio que antes en otra vida se hubiera cuadrado si él pasaba por un pasillo. Y lo peor para él no es el encierro. Lo peor es que hace unos meses estuvo en su casa en Puebla, durmiendo en su propia cama, comiendo lo que le diera la gana, preparando su estrategia legal desde la comodidad de su sala, paseando por su jardín como si los últimos años hubieran sido una pesadilla de la que por fin había despertado. Tuvo

7 meses de libertad, 7 meses en los que volvió a sentir que el mundo era suyo y se lo quitaron. Lo mandaron de regreso al altiplano porque un tribunal determinó que este hombre es demasiado peligroso para estar libre. Ese hombre gobernó el cuarto estado más poblado de México durante 6 años. Controlaba la policía estatal, los tribunales locales, la prensa regional, las obras públicas, los contratos millonarios, la vida entera de más de 5 millones de personas.

tenía línea directa con empresarios multimillonarios que le debían favores. Era tan poderoso que cuando una periodista se atrevió a denunciar una red de explotación que involucraba a sus amigos más cercanos, él no la demandó, no la ignoró, no la amenazó con una carta de abogados, la mandó detener a 100 km de distancia, la hizo recorrer cinco estados por carretera, la hizo sufrir durante 20 horas seguidas y al día siguiente siguió gobernando como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Pero hay algo que probablemente no sabías de esta historia, algo que no tiene que ver con la periodista, ni con la red de explotación, ni con el escándalo que todos recuerdan. Tiene que ver con lo que hizo Mario Marín dentro de la cárcel, porque este hombre no se resignó a ser un preso más. se comportó exactamente igual que cuando era gobernador.

 Se convirtió en patrón dentro del penal, amenazó a los custodios, controló a otros internos, les prometió dinero y protección, les dijo que él seguía teniendo contactos en el gobierno y un día les dijo a los guardias a la cara, sin ningún tipo de disimulo, que si él quería podía armar un motín que ellos no iban a poder controlar.

 Y cuando los jueces se enteraron de eso, lo declararon oficialmente preso peligroso y esa declaración le cambió la vida. Para reconstruir esta historia completa, revisé expedientes judiciales de Quintana Ro, testimonios de custodios presentados ante la Dirección General de Ejecución de Penas, Resoluciones del Tribunal Colegiado de Apelación y reportajes de investigación de proceso, La Jornada, Infobae y El Universal, que abarcan desde diciembre de 2005 hasta enero de 2026.

 Y lo que encontré va mucho más allá del escándalo del Gover precioso, porque la historia de Mario Marín no es solo la de un gobernador que protegió a alguien que hacía daño. La historia de un hombre que creyó que el poder lo hacía intocable, que siguió creyendo eso cuando le pusieron las esposas, que siguió creyendo eso dentro de la celda, que siguió creyendo eso cuando lo mandaron al penal más duro del país y que ahora, mientras tú ves esto, suplica desde una celda del altiplano que alguien lo saque de ahí, pero nadie contesta el teléfono. Para entender

quién era Mario Marín antes de la celda. Hay que entender de dónde salió, porque no nació en la capital, ni en una familia de políticos, ni en una cuna de privilegios. Nació el 28 de junio de 1954 en Nativitas, Cuautempan, una junta auxiliar del municipio de Coyotepec, perdida en la mixteca poblana, una comunidad tan pequeña que ni siquiera aparece en la mayoría de los mapas.

 Hijo de Crescencio Marín y Blandina Torres, 10 hermanos, un pueblo donde la pobreza era la norma. Las calles eran de tierra, las oportunidades se contaban con los dedos de una mano y la mayoría de los jóvenes sabían que su futuro estaba en el campo o enigrar a la ciudad para trabajar de lo que fuera.

 Pero Mario tenía algo que la mayoría de sus vecinos no tenían, una ambición que no cabía en ese pueblo, una convicción de que él iba a ser alguien. Y esa ambición lo sacó de nativitas Cuautempan y lo llevó a la capital del estado. En Puebla estudió la preparatoria en la Emiliano Zapata de la BUAP, la universidad pública del Estado. Luego la licenciatura en derecho en la misma universidad.

 Y en 1972, a los 18 años, cuando la mayoría de los jóvenes de su generación todavía estaban decidiendo qué querían hacer con su vida, Mario Marín tomó la decisión que definiría todo lo que vendría después. Se afilió al PRI. Y aquí empieza lo que convierte a Mario Marín en un caso de estudio perfecto sobre cómo el viejo PRI fabricaba gobernadores, porque no llegó al poder talento político excepcional, no llegó por carisma popular desbordante.

 No llegó porque la gente lo quisiera de manera especial. Llegó por lealtad, por paciencia, por saber cuándo agachar la cabeza y cuándo levantarla, por saber a quién servirle y cuándo cobrar el favor. se convirtió en secretario particular de Guillermo Pacheco Pulido cuando este fue alcalde de Puebla entre 1987 y 1990, secretario particular, el puesto más íntimo del poder municipal, el que sabe todo, escucha todo, anota todo y no dice nada.

 El que abre la puerta y cierra la boca, Marín aprendió a ser ese hombre y lo hizo tan bien que cuando Pacheco Pulido subió, Marín subió con él. Luego fue subsecretario de Gobernación del Estado con el gobernador Mariano Piña Olaya, después secretario de Gobernación con Manuel Bartlet, el mismo Bartlet de la célebre caída del sistema de 1988, el hombre que controló Puebla durante 6 años como gobernador y que después terminaría al frente de la Comisión Federal de Electricidad con López Obrador.

 Cada escalón era un favor pagado y un favor cobrado. Cada cargo era una ficha movida en el tablero del priismo poblano. Marina aprendió las reglas del juego a la perfección. Ser leal al jefe que te puso ahí, esperar tu turno con paciencia de relojero, acumular deudas políticas como quien acumula fichas en un casino, cuando llegue el momento adecuado cobrarlas todas juntas.

 Para 1998 ya tenía suficientes fichas acumuladas. Con el respaldo directo de Bartlet, fue candidato del PRI a la alcaldía de Puebla capital. ganó en una elección que sus opositores denunciaron como fraudulenta, pero que nadie impugnó con éxito. Gobernó la ciudad de 1999 a 2002, pavimentó calles, renovó el centro histórico, puso orden en el comercio ambulante, le dio a los poblanos algo que ver, algo que presumir y con esa plataforma 3 años como alcalde que la gente recordaba con agrado, se lanzó por la gubernatura. En noviembre de 2004

ganó la elección contra el panista Francisco Fraile García. El primero de febrero de 2005 tomó posesión como gobernador constitucional de Puebla. Y en ese momento, Mario Plutarco, Marín Torres, el hijo de Crescencio y Blandina, el muchacho de Nativitas Cuautempan, el secretario particular que sabía abrir puertas y cerrar bocas, se convirtió en el hombre más poderoso de un estado con más de 5 millones de habitantes.

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