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El “Accidente” de Barba Roja: Cómo Fidel Castro Silenció al Espía Más Peligroso de Cuba.

El “Accidente” de Barba Roja: Cómo Fidel Castro Silenció al Espía Más Peligroso de Cuba. Descubre el oscuro complot para asesinar al fundador de la inteligencia cubana antes de publicar sus memorias. Narcotráfico, la verdadera muerte del Che y los archivos secretos que el régimen borró para siempre.

El Hombre que Conocía los Secretos MÁS OSCUROS de Fidel — La Extraña Muerte de Barbarroja 

11 de marzo de 1998, La Habana. 22:47 horas. Un Lada blanco circula por Séptima avenida en Miramar al volante. Manuel Piñeiro Losada, de 64 años, fundador de la inteligencia cubana, arquitecto de cada revolución guerrillera en América Latina durante 40 años, el hombre que unificó a los sandinistas en Nicaragua, el hombre que coordinó el intento de asesinato contra Pinochet en Chile, el hombre que trajo de vuelta a Cuba las manos cortadas del Cheguevara desde Bolivia, conservadas en Formol, transportadas vía Moscú en una

operación tan secreta que solo él y Fidel conocían los detalles. Y esa noche, por primera vez en 20 años, conduce solo, sin escolta, sin guardaespaldas. Su chófer de dos décadas, Amado Quesada Serrano, recibió permiso para descansar el día anterior. 2304 horas. Intersección séptima y 24. El Lada se sale de la carretera y se estrella contra un árbol.

 Los primeros en llegar encuentran a Piñeiro semiconsciente. Heridas aparentemente leves para el impacto. Es trasladado al Hospital de Ejecutivos del Gobierno. Su esposa Martha Harnecker, llega con su hija Camila Piñeiro. Está vivo, semiconsciente, pero vivo. Y entonces, en menos de una hora muere. Versión oficial: hipoglicemia diabética seguida de infarto. Un accidente médico.

 Mala suerte. Casualidad, pero en la Cuba de Fidel Castro no existen las casualidades, solo existen los eliminados y los sobrevivientes. Y Barba Roja acababa de cambiar de categoría. Quédate conmigo porque lo que vamos a desenterrar hoy no es solo la historia de un espía legendario, es la autopsia de un asesinato perfecto disfrazado de accidente médico.

 Es la prueba de que cuando sabes demasiado en un régimen totalitario, ni siquiera ser un héroe de la revolución te salva. Vamos a rastrear cada segundo de esa noche, cada documento confiscado, cada testigo silenciado y al final vas a entender por qué Fidel Castro en el funeral murmuró con la voz quebrada una sola frase que lo dice absolutamente todo.

 Pero antes de llegar a esa noche fatal, necesitas entender quién era realmente Manuel Piñeiro, porque si no entendés su poder, no entendés por qué tuvieron que eliminarlo. Te dijeron que Manuel Piñeiro murió en un accidente de tráfico. Te dijeron que un hombre diabético de 64 años simplemente tuvo mala suerte.

 Pero lo que no te dijeron es esto. Ese hombre había intentado la Cía eliminar desde 1961 sin éxito. Ese hombre conocía cada cuenta bancaria secreta en Suiza. Ese hombre conocía cada acuerdo con Pablo Escobar. Ese hombre conocía cada operación de narcotráfico que financió la revolución exportada. Ese hombre conocía cada traición, cada purga, cada secreto que el régimen necesitaba mantener enterrado.

 Y en sus últimos meses de vida, Piñeiro hizo lo impensable. Empezó a Akblar. Concedió su primera entrevista pública en décadas sobre el Cheegevara en 1997. Anunció que estaba escribiendo una autobiografía. Según su esposa Martha Harnecker, le dijo textualmente, “Tengo mucho que decir. La historia oficial está incompleta.

 Hay verdades que el mundo necesita conocer.” 45 días antes de su muerte, el Papa Juan Pablo Segi visitó Cuba pidiendo apertura política. El régimen estaba bajo escrutinio internacional sin precedentes y en ese contexto, tener a un exjefe de inteligencia escribiendo memorias sin censura era inaceptable. Imagínate la escena completa. Estamos en 1998.

Cuba atraviesa el periodo especial, la peor crisis económica de su historia. El PIB colapsó 35%. Los apagones duran 20 horas al día. La gente come cáscaras de naranja para sobrevivir. Y en medio de ese caos, apenas 45 días después de que el Papa visitara la isla, uno de los hombres más poderosos del régimen aparece muerto en su coche.

 No en una emboscada de la Cía, no en un atentado de exiliados, en un banal accidente automovilístico a dos cuadras de su casa. Detente un segundo. Manuel Piñeiro había recorrido esa ruta miles de veces. Conocía cada semáforo, cada curva. Esa noche no había tráfico pesado, no llovía, las condiciones eran normales y él, experto en supervivencia, entrenado por el KGB soviético, el hombre que había burlado a la CIA durante 40 años, simplemente perdió el control de su auto.

 Aquí entramos en la salsa del asunto, porque Manuel Piñeiro no era el típico revolucionario barbudo bajando de la sierra. Si pensás en los guerrilleros del 59, te imaginás campesinos pobres, obreros explotados, hombre sin educación formal. Pero Piñeiro era otra cosa. Hijo de burgueses gallegos que representaban a Bacardí, enviado a estudiar a la Universidad de Columbia en Nueva York entre 1953 y 1955.

Y ahí está el detalle que lo hizo letal. No fue un estudiante cualquiera. Fue un IN filtrado perfecto. Aprendió inglés sin acento. Entendió como pensaba el FBI. Vivió en plena era Macars observando desde dentro cómo funcionaba la represión anticomunista. Se casó con Lorna Bursal, miembro del Partido Comunista Estadounidense y desde Nueva York coordinaba la compra clandestina de armas para el movimiento 26 de julio.

Cuando regresó a Cuba en 1955, no venía como un idealista ingenuo. Venía como un operador entrenado que conocía al enemigo desde adentro. Su casa en la Habana se convirtió en arsenal. Su esposa transportaba bombas escondidas. Todo esto antes de disparar un solo tiro en la sierra. Julio de 1957. Piñeiros sube a la Sierra Maestra.

 Su barba pelirroja rara en Cuba. Le gana el apodo que lo haría legendario. Barba roja. Fidel lo asigna al segundo frente bajo el mando de Raúl Castro. Asciende a comandante en diciembre de 1958. Pero lo interesante no es el ascenso militar, es lo que hace después del triunfo revolucionario. Entre 1961 y 1964, Piñeiro construyó la Dirección General de Inteligencia DGI, conocida como G2, con entrenamiento intensivo del KGB soviético y la estas de Alemania oriental, transformó un grupo amater en una de las agencias de inteligencia más

efectivas del tercer mundo, la CIA. con presupuestos millonarios fue derrotada repetidamente por los agentes [carraspeo] de Piñeiro, que operaban con ingenio más que con dinero. El fracaso de bahía de cochinos en 1961 fue en parte resultado del trabajo de inteligencia de Piñeiro, que detectó la invasión con semanas de anticipación.

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