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De encender puros con billetes de 100 pesos a dormir sobre cartones: La brutal verdad que México ocultó sobre Ricardo “El Pajarito” Moreno

Hubo un hombre en México que tuvo todo lo que cualquier hombre puede desear. Fama, dinero. Un cadilac convertible con rines de oro que manejaba por las calles de Ciudad de México con la capota abajo, mientras la gente se paraba en la banqueta a verlo pasar. Una mansión en el Pedregal que valía lo que valían 10 casas normales.

La mujer más hermosa de México a su lado. Su nombre en los carteles más grandes de la Arena México. Cantinflas, el hombre más famoso del entretenimiento de su época de poniéndole la mano en el hombro delante de todo el mundo y diciéndole, “Este muchacho va a ser campeón del mundo.” y murió solo en un cuarto prestado dentro de un gimnasio en Durango, sin dinero, sin familia cerca, sin que nadie en el boxeo mexicano organizara nada para despedirlo.

El hombre que encendía sus puros con billetes de 100 pesos terminó sus días comiendo en la mesa de la esposa de un desconocido que lo recogió de la calle porque no había absolutamente nadie más. 30 años pasaron entre el Cadelac y los cartones. 30 años en los que México lo olvidó completamente, como si nunca hubiera existido.

Ese hombre se llamó Ricardo Moreno, el pajarito. Y antes de que digas que lo recuerdas, escucha esto. Hubo una noche en Los Ángeles, California, en la que el pajarito moreno estuvo a 30 minutos de convertirse en campeón del mundo. Una sola noche, un solo rival. El título del mundo pesó pluma alcance de su mano.

 Fue la revancha de todo lo que le había costado llegar hasta ahí. Lo que realmente pasó en esa noche en Los Ángeles, nadie te lo ha contado completo, porque hay una parte de esa historia que los medios de aquella época eligieron no decir con todas sus letras. Y lo que pasó después de esa noche, lo que ese silencio ocultó durante décadas, explica exactamente cómo un hombre que encendía puros con billetes de 100 pesos terminó durmiendo sobre cartones en la calle de Zacatecas.

Hay cuatro cosas en esta historia que nadie te ha contado completas. Te aviso cuando lleguemos a cada una y la cuarta es la que más duele. Quédate porque esta historia la necesitas escuchar completa. El niño de las minas. Para entender lo que le pasó al pajarito moreno, primero tienes que entender de dónde venía.

No de una familia de boxeadores, no de una ciudad donde el pugilismo era tradición, no de un gimnasio especializado con entrenadores buscando talentos. Chalchighüites, Zacatecas. 1937. Un pueblo minero en el norte de México. Un lugar donde los hombres se levantan antes de que salga el sol y bajan a la tierra a romper metal con las manos.

donde la escuela es un privilegio que la mayoría no puede pagar, donde el único futuro visible para un niño pobre es el mismo que tuvo su padre y el padre de su padre antes que él. Bajar a la mina, trabajar, volver, repetir. Ricardo Moreno dejó la escuela siendo niño, no porque no quisiera aprender, sino porque su familia necesitaba que trabajara.

barretero, triturador de metales. Eso era lo que el mundo de Chalchighüites le ofrecía a Ricardo Moreno. No había academia de boxeo en ese pueblo. No había entrenador llegando los domingos a buscar talentos. E no había nadie que llegara a decirle que tenía algo especial. Pero Ricardo Moreno sí tenía algo especial, unas manos que cuando golpeaban todo se detenía.

 Se fue a Ciudad de México, como se van todos los que quieren algo diferente, solo con lo que cargaba en los bolsillos, sin conocer a nadie en la capital, sin saber si iba a poder sobrevivir. Encontró trabajo como velador en un estacionamiento, cuidando coches ajenos, durmiendo cuando podía, comiendo cuando había para comer.

 y un día entró a un gimnasio solo para ver, solo para pasar el tiempo, sin saber que ese momento iba a cambiarlo todo. El entrenador que lo vio golpear la pera por primera vez paró lo que estaba haciendo. No necesitó verlo dos veces. llamó ese mismo día a Jesús Cuate Pérez, uno de los mejores entrenadores del país en ese momento, y le dijo, “Ven a ver esto rápido.

” Pérez fue al gimnasio, vio al niño de Chalchighiüites golpear y ese mismo día, sin dudarlo, le dijo a Ricardo Moreno que iba a ser boxeador profesional. Ricardo Moreno tenía 17 años. No había peleado ni un solo round Amateur en su vida. Nunca había subido a un ring con intención de pelear, pero el entrenador más experimentado que lo vio no necesitó más que eso. Guarda esa imagen.

El niño de las minas, las manos que detienen todo. El estacionamiento. 17 años sin un round de experiencia. Porque en 5 minutos ese niño va a estar en el escenario más grande del boxeo mexicano de los años 50. Y lo que va a hacer ahí nadie lo va a olvidar en mucho tiempo. La máquina de knockouts, el ascenso más brutal y más rápido del boxeo mexicano de su época.

 16 de junio de 1954. Arena Coliseo, Ciudad de México. No, Ricardo Moreno sube al ring por primera vez como profesional. 17 años, sin un solo round amateur en su cuerpo, sin técnica formal elaborada, sin años de escuela de boxeo, solo las manos y el instinto que se construye en las minas. Su rival esa primera noche se llamaba Óscar Díaz.

El primer round empezó y terminó antes de que el público del coliseo entendiera bien lo que había pasado. Knockout. Primera pelea profesional, primera victoria por knockout. Y entonces comenzó algo que el boxeo mexicano de esa época no había visto con esa frecuencia y esa contundencia. En los dos años siguientes, Ricardo Moreno el Pajarito, ganó 19 peleas de sus primeras 20.

 Las 19 victorias fueron por knockout, no 10, no 15, 19 victorias consecutivas, todas sin que el árbitro tuviera que contar hasta 10. Es para que ese número tenga la dimensión correcta. En esa misma época peleaban en México algunos de los mejores boxeadores de la historia nacional y ninguno tenía un porcentaje de victorias por knockout como el que tenía el niño de Chalchighiües con menos de 3 años de carrera.

 No era técnica lo que tenía el pajarito. Los que lo vieron pelear en esos años lo describían de manera muy honesta. Decían, técnicamente no era el boxeador más pulido, no tenía el dominio del ring de los grandes campeones, pero cuando ese puño llegaba, algo pasaba que era diferente. Uno de sus rivales de esa época dijo en una entrevista años después, recibí el golpe y lo siguiente que recuerdo son las lámparas del techo.

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