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Asi Fue La LUJOSA Vida de Jacobo Zabludovsky – Detrás del primer presentador de noticias mexicano tc

Asi Fue La LUJOSA Vida de Jacobo Zabludovsky – Detrás del primer presentador de noticias mexicano tc

Pocas personas saben lo que realmente había detrás del hombre que durante 27 años fue la voz más poderosa de México. Hoy vamos a descubrir cómo vivió realmente Jacobo Sabludowski, el periodista que informó a una nación entera, el hombre que cenó con presidentes y secodeo con los más ricos del país, el conductor que construyó en silencio uno de los patrimonios más impresionantes del periodismo latinoamericano.

 Pero hay preguntas que nadie ha respondido con claridad. ¿Cuánto dinero acumuló realmente Jacobo Sabludowski durante sus décadas en Televisa? ¿De dónde venía esa fortuna que le permitió vivir con un nivel de lujo que muy pocos periodistas del mundo podían permitirse? ¿Qué pasó con los ranchos? ¿Los autos clásicos? ¿Las propiedades y las inversiones que construyó con cuidado durante toda su vida? ¿Y quién heredó ese imperio cuando la voz más famosa del periodismo mexicano se apagó para siempre? Porque lo que vamos a contarte hoy no es solo

la historia del periodista. Es la historia del hombre de negocios, del inversor silencioso, del dueño de ranchos, del coleccionista de autos clásicos, del patriarca que construyó un patrimonio calculado en más de 250 millones de pesos mexicanos y que se fue de este mundo sin dar una sola conferencia de prensa para explicarlo.

Eso es lo que hace a Jacobo Sabludowski diferente a todos los demás. Fue el periodista que todo lo preguntó y sobre su propia fortuna nunca respondió nada. Acompáñanos en este recorrido extraordinario por la vida y el patrimonio de uno de los hombres más influyentes del México del siglo XX. Primero vamos a descubrir como un niño de un vecindario humilde de la Ciudad de México, hijo de un vendedor ambulante de libros, llegó a construir una fortuna que lo posicionó entre los comunicadores más ricos de toda Latinoamérica.

Segundo, vamos a entrar a sus ranchos. Porque Jacobo Sabludowski no solo era dueño de una mansión en una de las colonias más exclusivas de la capital, era dueño de tierras, de ganado, de caballos y de propiedades que muy pocos de sus colegas periodistas conocían en detalle y cuyos valores combinados superaban con facilidad los 180 millones de pesos.

 Y tercero, vamos a hablar de los secretos, de las controversias, de los rumores que persiguieron su nombre durante décadas, de la muerte misteriosa que nunca fue resuelta y de la herencia que sus hijos recibieron después de su muerte, junto con las deudas emocionales que ningún testamento puede liquidar. Porque la historia de Jacobo Sabludowski no termina cuando se apagó la cámara.

 La historia de Jacobo Sabludowski apenas empieza cuando se apagó la cámara al terminar de ver este video. Entenderás por qué Jacobo Sabludowski fue mucho más que el conductor de las noticias. Entenderás por qué fue uno de los hombres más astutos económicamente de toda la historia de la televisión mexicana. Y entenderás también por qué.

Detrás de esa figura impecable, con traje oscuro y voz grave, había un mundo de decisiones, inversiones, silencios y secretos que el gran público nunca alcanzó a ver. Comencemos. Para entender la fortuna de Jacobo Sabludowski, hay que ir hasta el corazón más antiguo de la Ciudad de México.

 Hay que ir hasta la calle Dr. Barragán, en una época en que esa calle todavía era poco más que un camino de tierra, rodeado de vecindades humildes y el ruido perpetuo de una capital que crecía sin plan ni pausa. El 29 de agosto de 1928 nació Jacobo Sabludowski Kraveski. No nació en una clínica privada, no nació en un hospital de lujo, nació en una de esas vecindades del centro de la ciudad, donde las familias de inmigrantes judíos de Europa del Este habían encontrado refugio después de cruzar el océano huyendo de las persecuciones que arrasaban sus

comunidades de origen. Su padre, David Sabludowski, era un hombre de una inteligencia particular. No tenía estudios formales más allá de los básicos. No tenía dinero ni contactos, pero tenía algo que resultaría infinitamente más valioso para su hijo. Tenía libros. David había llegado a México desde Polonia en 1926, exiliado por las mismas fuerzas que en pocos años más desatarían la Segunda Guerra Mundial.

 En México encontró trabajo como vendedor ambulante de libros. cargaba su mercancía en cajas de madera, recorría los mercados del centro y de la lagunilla y vendía obras de Chehob, de Pushkin, de Dostoyevski, a quien quisiera comprarlas. Era un hombre pobre que vivía rodeado de riqueza intelectual y esa paradoja moldeó a su hijo de una manera que ninguna escuela hubiera podido lograr.

 Los domingos David llevaba a Jacobo y a su hermano Abraham a la lagunilla a buscar libros, no a comprar ropa, no a comer en restaurantes, no a buscar juguetes, a comprar libros. En una familia donde el dinero escaseaba, los libros eran el único lujo que el padre consideraba indispensable. Esa lección tan sencilla y tan poderosa, quedó grabada en Jacobo para siempre.

 La cultura no es un adorno, es una herramienta. La persona más culta en el cuarto siempre tiene ventaja sobre los demás, sin importar cuánto dinero tenga en el bolsillo. La familia se mudó más tarde al vecindario de la Merced, uno de los barrios más bulliciosos y populares de la capital, donde Jacobo pasó sus primeras dos décadas de vida.

 Era un mundo de mercados, de olores intensos, de vecinos que se conocían entre sí, de una comunidad judía que mantenía sus tradiciones en medio del caos urbano mexicano. Jacobo era, según sus propias palabras, un niño curioso y tranquilo. No era el más ruidoso del vecindario. No era el que peleaba en la calle ni el que buscaba problemas.

 era el que observaba, el que escuchaba, el que se quedaba callado en las esquinas tomando nota mental de todo lo que pasaba a su alrededor. Y esa capacidad de observación silenciosa sería, décadas después la base de su poder como periodista. En la escuela primaria de la calle República del Perú, Jacobo destacaba por su lectura, mientras sus compañeros preferían el juego en el patio.

 Él prefería los libros en la biblioteca. La secundaria número uno de la Ciudad de México lo pulió un poco más y cuando llegó el momento de la preparatoria eligió la Escuela Nacional preparatoria de San Del Fonso, enfocándose en el área de humanidades, no en ciencias, no en matemáticas, sino en la cultura, la historia, el lenguaje, las ideas.

 La decisión fue perfecta porque Jacobo Sabludowski, aunque aún no lo sabía, estaba construyendo el instrumento más sofisticado de su vida, una mente capaz de entender el mundo y de explicárselo a millones de personas. Pero para llegar ahí todavía faltaban años de trabajo oscuro, de pasillos semiiluminados, del olor a tinta de impresión en las madrugadas y de una decisión que tomaría a los 16 años y que cambiaría todo.

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