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Una chica de 16 años intenta vender el piano de su madre por 150 libras, pero entonces apareció…

hoy no solo trata de un piano, también trata de corazones, sueños y segundas oportunidades. El derrumbe de una familia. La historia de Ema Sujivan en realidad comenzó 8 meses antes, marzo de 1990.  Su padre Thomas Uyivan era un hombre común que trabajaba en una pequeña tienda de música en Camden.

 Era reparador  de pianos. Trabajaba 12 horas al día y cuando regresaba a casa por las tardes le daba clases de piano a Emma. La música decía Thomas quizá no teara ganar dinero, pero enriquece el alma. Emma quería muchísimo a su padre. Cada tarde a las 7 de la tarde después de cenar los dos se sentaban juntos al piano.

 Thomas le enseñaba piezas clásicas, pero las favoritas de Emma eran las canciones de Queen, especialmente Lo of my Life. Esta canción, decía Emma, es como un latido de corazón. Toma sonría. Freddy Mercury es una de esas pocas personas que pueden convertir un latido en música. Pero un domingo por la mañana de marzo todo cambió.

 Thomas se levantó a las 6 de la mañana. Como siempre, preparó el desayuno. Cuando subió las escaleras para despertar a Ema, se detuvo a la mitad. Le costaba respirar. Margaret corrió hacia él. Thomas, ¿qué te pasa? Thomas no pudo decir nada, solo se sujetó el pecho y se desplomó al suelo. Ataque al corazón. La ambulancia llegó en 12 minutos, pero ya era demasiado tarde.

 Thomas Suyivan, con 47 años murió ante los ojos de su hija.  Emma nunca olvidó aquella mañana. La última mirada de su padre, el grito de su madre, el silencio del piano.  Después de funeral, la verdad empezó a salir poco a poco. La tienda de música de Thomas había quebrado. Le debía dinero al banco. La hipoteca de la casa llevaba 6 meses de atraso.

  Su póliza de seguro había sido cancelada porque no pudo seguir pagando las primas. Margaret y Ema solo entonces entendieron lo mucho que Thomas había intentado protegerlas. El hombre que sonreía cada noche en realidad cargaba con un peso enorme por dentro. Emma recordó que a veces su padre lloraba mientras tocaba el piano.

 ¿Por qué lloras, papá? Le había preguntado una vez. De felicidad había dicho Thomas. Pero ahora Ema conocía la verdad. Su padre lloraba de desesperación.  La caída se profundiza. Los meses posteriores a la muerte de Thomas fueron una pesadilla total para la familia Suyiban. Margaret había trabajado como enfermera antes de casarse, pero no había trabajado en 15 años.

 Ahora necesitaba encontrar empleo con urgencia. Solicitó trabajo en hospitales, pero su licencia ya no estaba vigente.  Solicitó en supermercados, cafeterías, en todas partes. Pero para una mujer de 42 años, sin experiencia laboral en 15 años,  las puertas se cerraban una tras otra.

 Emma pensó en dejar la escuela. Mamá, yo puedo trabajar. Hay empleos de medio tiempo en tiendas. Margaret lloró. No,  Emma. El último deseo de tu padre era que terminaras tus estudios. Encontraremos una forma. Pero no apareció ninguna forma.  En mayo de 1990 no pudieron pagar la primera renta.

 El  casero, el señor Morrison, era un hombre viejo y severo. Señora Suyiban, yo también tengo que pagar mis cuentas. Lo siento,  pero los negocios son los negocios. En junio de 1990 no pudieron pagar la segunda mensualidad. En junio de 1990 la tercera.  El señor Morrison empezaba a perder la paciencia. Se lo digo por última vez, 450 libras antes de que termine agosto habrá desalojo.

Margaret trabajaba limpiando hasta la medianoche.  Dormía 4 horas al día, pero aún así no era suficiente. Emma empezó también a repartir periódicos. se levantaba a las 5 de la mañana y trabajaba durante 2 horas antes de ir a la escuela,  pero entre las dos apenas reunían unas 200 libras al mes.

 La renta era 150 libras, la electricidad 40 libras, el agua 15 libras,  la comida Margaret ya no comía. “No tengo hambre”, le decía a Emma. Pero Emma veía como su madre se iba adelgazando, como sus ojos se hundían cada vez más. En septiembre de 1990,  Emma tomó una decisión. Mamá, tenemos que vender tu piano. Margaret se quedó helada.

  No, Emma, ese piano es de tu padre. Papá no querría verme en la calle, dijo Emma. Su voz sonaba firme, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas. El piano es solo una cosa, pero nos tenemos la una a la otra. Margaret lloró hasta el amanecer esa noche, pero Emma tenía razón,  no tenían otra salida.

 La historia del piano. El piano Vstein de 1955 había sido un regalo que la madre de Margaret le dio cuando cumplió 18 años. Margaret había sido pianista en su juventud. Tocaba en pequeños cafés de Camden. Una noche Thomasan,  que tenía una tienda de música, fue a escucharla tocar. “Lo siento papá”, susurró ella. “Pero tengo que decepcionarte.

” Antes de continuar, ten en cuenta que la información de este video está basada en entrevistas reales, grabaciones antiguas y fuentes verificadas. El uso de asistencia de vozconiano significa que la historia sea falsa. Nuestro objetivo es traer a la vida el espíritu de esa época para ti. Disfruta el video. Desesperación en Puerto Bello Rad.

 16 de noviembre de 1990.  Viernes. Londres despertó con un día frío, lluvioso y sin sol. Emma y Margaret llegaron a Puerto Villo Rad a las 9 de la mañana. Pusieron el piano en la banqueta. Margaret encontró un pedazo de cartón y escribió en él. Venta urgente 150 libras, 1955, Bexstein.  Cuando Emma vio el precio, protestó, “Mamá, este piano vale por lo menos 2,000 libras.

 ¿Por qué lo estamos vendiendo tan barato?” Margaret miró a su hija con los ojos cansados. Porque Emma, necesitamos dinero, no tiempo. Si conseguimos 150 libras, al menos podremos pasar esta semana. Emma asintió, pero se le partía el corazón. La primera hora nadie se detuvo.  Los turistas pasaban, miraban y seguían de largo.

 Algunos tomaban fotos, pero nadie preguntaba nada. La segunda hora fue un poco más esperanzadora. Un hombre se detuvo y miró el piano. ¿Cuánto? dijo, “150 libras”,  dijo Margaret. El hombre se rió. Un vage time por 150 libras. ¿Qué le pasa? No funciona.  Si funciona, dijo Emma. Está en perfectas condiciones. Solo necesitamos  venderlo urgentemente.

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