desesperada, sin cualificación técnica y lista para ser superexplotada por esas mismas élites. Al desmantelar de raíz esa barrera burocrática de exclusión, afirmando con todo el peso del Estado que a los 15 años todas las escuelas públicas deben ser forzosamente instituciones de excelencia y garantizando la asignación de un lugar cercano a la casa de cada estudiante.
Sin someterlos a una subasta cruel de puntajes, el Estado mexicano está democratizando el activo más peligroso y letal para la supervivencia del sistema capitalista de dominación. El intelecto crítico de las grandes masas, la construcción masiva sin precedentes de nuevas preparatorias, la expansión agresiva de las universidades públicas y el nuevo modelo integral de bachillerato nacional significan que la educación media superior deja de ser un privilegio competitivo diseñado para separar a ganadores de perdedores y regresa a su naturaleza constitucional
de derecho inalienable del pueblo. Los jóvenes de la periferia ya no serán expulsados humillantemente del sistema por reprobar una sola materia debido a tener que trabajar en las tardes para ayudar a sus familias. Ahora serán acompañados pedagógicamente serán buscados en sus casas si abandonan las aulas y serán reincorporados con programas de nivelación.
La derecha empresarial y sus académicos a sueldo tiemblan de pavor absoluto ante esta medida estructural, porque saben perfectamente que su histórico monopolio del poder económico, financiero y político depende de manera vital de mantener a la inmensa mayoría de la población sumida en la ignorancia, la frustración y la sumisión ideológica.
Un pueblo masivamente educado con verdadera capacidad de análisis crítico, con acceso a la cultura universal y con títulos técnicos y universitarios. Es un pueblo que ya no acepta salarios de miseria, que ya no se deja engañar por las campañas de miedo en la televisión, que exige derechos laborales plenos, que forma sindicatos verdaderos y que jamás volverá a entregar su voto a los verdugos que privatizaron la patria.
Están perdiendo a pasos agigantados el control de la fábrica ideológica más importante de la nación y eso les aterra mucho más que cualquier expropiación material. Y esta fe reafirmación de soberanía de justicia interna y de desmantelamiento de los privilegios de clase se proyecta con una fuerza sísmica hacia el exterior, fracturando y exponiendo la diplomacia hipócrita del imperialismo occidental, a una escala que el viejo régimen jamás se hubiera atrevido a imaginar.
La postura inamovible de la mandataria mexicana respecto a la crisis de la Organización de las Naciones Unidas, respaldando enérgicamente las punantes declaraciones del liderazgo brasileño, es un acto de desobediencia sistémica y de realismo geopolítico que hace muchísimo tiempo no se veía emanar desde la región de América del Norte.
Nos adoctrinaron en las universidades y en los medios para venerar ciegamente a la ONU como la máxima autoridad moral indiscutible del planeta. Como el gran árbitro imparcial que garantizaba la paz y los derechos humanos universales, la realidad material cruda y desoladora, es que esa gigantesca institución se ha transformado progresivamente en un cascarón burocrático de superlujo en una fachada institucional inoperante que sirve únicamente para legitimar idees, lavarle la cara al orden unipolar dictado por las potencias militares
vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, mientras el sur global entero sufre masacres cotidianas, genocidios transmitidos en vivo, invasiones asimétricas y crisis humanitarias masivas provocadas directamente por el saqueo corporativo transnacional. El famoso consejo de seguridad de la ONU paraliza y bloquea sistemáticamente cualquier intento de solución real para proteger de manera cínica los multimillonarios intereses armamentísticos y geopolíticos de Washington y de sus aliados europeos.
La presidenta expuso laenidad imperdonable de este orden al denunciar públicamente con ejemplos reales que los altos burócratas internacionales, los enviados de esta supuesta organización de paz, exigen cínicamente volar por el mundo en primera clase y hospedarse en palacios y hoteles de cinco estrellas, financiando sus inmensos lujos personales y sus salarios libres de impuestos con las cuotas obligatorias que son extraídas directamente de los impuestos de las clases.
trabajadoras de los países miembros más pobres. es la aristocracia global moderna, la burocracia del imperialismo, viviendo del sudor y el hambre de las naciones periféricas bajo el falso pretexto del humanitarismo. exigir desde la presidencia de México una austeridad radical y una reestructuración democrática profunda que elimine de una vez por todas los vetos imperiales y que obligue a estas instituciones a cumplir su función fundacional de paz real para los pueblos y no de agencia de relaciones públicas.

Y relaciones públicas para lavar la sangre derramada por el Pentágono es un golpe directo devastador y certero al orgullo de la hegemonía occidental. Esta nueva y desafiante doctrina de soberanía exterior se manifiesta con una claridad absoluta y material en la firme e innegociable posición del Estado mexicano frente al bloqueo económico criminal y genocida impuesto por décadas contra la República de Cuba.
Mientras la rancia burguesía mexicana y los grandes medios corporativos locales aplauden con su misión perruna las sanciones económicas asfixiantes dictadas desde el Congreso de Washington, demostrando su incapacidad para tener una postura independiente, el gobierno mexicano ha decidido aplicar el principio constitucional de la autodeterminación de los pueblos, no como un simple discurso retórico de ocasión para quedar bien en las cumbres internacionales, sino como una política de estado activa material y profundamente consecuente. El
envío constante de ayuda humanitaria en momentos críticos, el suministro de buques con energía vital para evitar el colapso eléctrico de la isla, el establecimiento de nuevos acuerdos comerciales y la búsqueda proactiva de inversiones empresariales conjuntas para perforar y romper el cerco económico y legal impuesto unilateralmente al pueblo cubano.
Es la demostración irrefutable de que la solidaridad internacional y el internacionalismo de la clase trabajadora pueden y deben traducirse en acciones de estado contundentes. La derecha mediática critica histéricamente estos viajes gubernamentales al extranjero y estas alianzas regionales, porque su mentalidad crónicamente colonizada no les permite concebir siquiera la posibilidad de una política exterior que no consista en agachar la cabeza, besar la mano del embajador norteamericano y pedir permiso al Departamento de Estado de los Estados Unidos para tomar
cualquier decisión. Para esta clase oligárquica servil, cualquier intento de integración latinoamericana que opere independientemente de los dictados e intereses de las megacorporaciones extractivas estadounidenses es visto como una aberración peligrosa. Pero la marcha inescrutable de la historia y las dinámicas macroeconómicas del surgimiento del nuevo mundo multipolar le están dando la razón absoluta a la postura de dignidad nacional mexicana.
El Estado mexicano, al ignorar las amenazas de represalias, está tejiendo activamente redes de cooperación económica, técnica y energética que no dependen de la caridad imperial ni de los préstamos usureros del Banco Mundial, sino del respeto mutuo de la complementariedad industrial y de la necesidad urgente de fortalecer el desarrollo tecnológico de nuestras naciones del sur.
Se trata de apostar firmemente por un multilateralismo real, preparando el terreno logístico y comercial para sobrevivir y prosperar como potencia regional en el inminente nuevo orden global que ya está desplazando al dólar como la única herramienta de transacción y extorsión financiera global. Y toda esta defensa acérrima de la soberanía exterior y de la justicia social interna sería una completa farsa retórica si no viniera acompañada de una limpieza brutal, dolorosa y exhaustiva en las entrañas mismas de las empresas estratégicas de
la nación mexicana y muy específicamente en el gigante energético petróleos mexicanos. La investigación científica recientemente revelada sobre la cadena de omisiones respecto al derrame de hidrocarburos en el Golfo de México es una radiografía perfecta de cómo la cultura organizacional, podrida la corrupción administrativa y el boicot interno funcionan como un mecanismo de sabotaje deliberado contra la propiedad pública del pueblo.
Cuando un grupo de funcionarios de nivel gerencial dentro de la petrolera estatal detecta una fuga operativa, realiza reparaciones deficientes sin seguir los estrictos protocolos de seguridad industrial internacionales y luego un acto de cobardía corporativa intenta ocultar la verdadera magnitud de la información a los altos mandos del gobierno federal.
No estamos hablando de un simple error humano o de una falla de comunicación rutinaria. Estamos hablando de una herencia perniciosa del viejo régimen, de una cultura donde la impunidad, la negligencia criminal y el desprecio por los activos de la nación eran la norma operativa fomentada desde las más altas cúpulas del poder neoliberal.
Durante los oscuros exenios pasados se promovió activamente y se premió en silencio este tipo de ineficiencia y sabotaje interno dentro de las instalaciones de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad. con un objetivo macroeconómico y privatizador sumamente claro. Querían quebrar a la empresa nacional desde adentro. Querían paralizar sus refinerías y destruir sus ductos para convencer a la opinión pública a través de sus medios a sueldo de que el Estado mexicano era un pésimo e incurable administrador, justificando de esa manera la entrega
inconstitucional de nuestra gigantesca renta petrolera y de nuestros yacimientos en aguas profundas a los implacables monopolios. energéticos extranjeros de Texas, Londres y Madrid. Había gerentes y burócratas de altísimo nivel que cobraban sueldos millonarios del erario público, pero que operaban en la práctica como quintacolumnistas de las corporaciones transnacionales, saboteando deliberadamente la producción nacional y encubriendo catástrofes ambientales severas para debilitar mortalmente a la institución que juraron
proteger. La respuesta contundente y sin concesiones de la presidenta mexicana frente a este incidente ambiental destroza en mil pedazos ese viejo y asqueroso paradigma de impunidad institucional. En lugar de aplicar el viejo y gastado manual del encubrimiento político de esconder el desastre para proteger la imagen del partido o utilizarlo como pretexto ruin para proponer de nuevo la privatización de las plataformas, la mandataria utilizó todo el inmenso poder del aparato científico e investigativo del Estado
con una transparencia que aterroriza a la Vieja Guardia Burocrática. convocó de emergencia a la flamante Secretaría de Ciencia, Tecnología y Humanidades. Movilizó a los especialistas de la Secretaría de Marina, integró a investigadores nacionales autónomos de las universidades públicas y cruzó meticulosamente terábits de datos satelitales y de bitácoras de mantenimiento hasta llegar a la verdad técnica y refutable de lo que había ocurrido en el mar.
y no se quedó en la mera publicación de un simple y aburrido informe técnico. Para salir del paso, exigió públicamente la separación inmediata y deshonrosa de sus cargos de los altos funcionarios petroleros que intentaron ocultar la falla operativa de manera negligente y ordenó a la dirección de la empresa presentar formalmente las denuncias penales correspondientes ante la mismísima Fiscalía General de la República para que se persiga el delito hasta sus últimas consecuencias legales.
Esta es la demostración empírica de la diferencia material y ética entre el Estado capitalista subordinado que encubre cínicamente a las grandes corporaciones petroleras privadas internacionales, cuando estas derraman impune. Millones de barriles de crudo destruyendo ecosistemas completos en el Golfo, sin pagar un solo peso de multa ni pisar la cárcel, y el verdadero estado social y soberano que audita rigurosamente a su propia empresa pública, que castiga con todo el peso de la ley la negligencia administrativa interna y que da el salto tecnológico
supremo al poner en marcha un observatorio espacial y científico permanente para vigilar soberanamente nuestros mares y pandi, nuestras plataformas detectando cualquier anomalía en tiempo real. Se trata, en el fondo de recuperar a sangre y fuego la ética inquebrantable de la responsabilidad pública de extirpar de la principal empresa de la nación a esos oscuros burócratas que todavía creen que la inmensa renta petrolera de todos los mexicanos es su caja chica personal o un botín político desechable. Tienes la profunda
obligación intelectual de conectar analíticamente todos y cada uno de estos hilos de información aparentemente aislados en las ruedas de prensa matutinas para poder contemplar en toda su inmensidad el los gigantesco tapiz de la guerra de clases a escala nacional e internacional que se está librando sin tregua en cada escritorio, en cada escuela, en cada plataforma petrolera y en cada foro diplomático.
Cuando el gobierno de la República persigue y expone a los gasolineros usureros que sangran al pueblo inflando ilegalmente el precio del diésel, cuando democratiza de manera radical el acceso a la educación media superior, eliminando los despiadados filtros clasistas de los exámenes de ingreso cuando expulsa de las escuelas públicas a las letales corporaciones multinacionales de comida chatarra para proteger la salud futura de los hijos de la clase trabajadora cuando desafía abiertamente la arrogancia de la burocracia. Dorada y
occidentalizada de la Organización de las Naciones Unidas, exigiendo austeridad y democracia real cuando estrecha fuertes lazos de solidaridad material y económica con la isla de Cuba, desafiando en la cara el bloqueo del imperio norteamericano. Y cuando purga con denuncias penales las estructuras de ocultamiento y corrupción arraigadas en petróleos mexicanos, no está ejecutando ocurrencias políticas de corto plazo, está orquestando y ejecutando con una precisión asombrosa un plan maestro y estructural de recuperación macroeconómica. es el
desmantelamiento sistemático metódico y progresivo de toda la podrida arquitectura neoliberal extractivista, que nos mantuvo sojuzgados de rodillas ignorantes y explotados durante más de 40 años de dictadura corporativa. Por eso la derecha política a sus intelectuales orgánicos y la élite empresarial ladran con desesperación desde sus espacios de opinión y sus redes sociales, vomitando un clasismo furibundo y un odio incontrolable, porque comprenden con terror que han perdido el control directo de los principales mecanismos de extracción de
la plusvalía social. Ya no pueden robar descaradamente con la inflación inducida de los precios de la energía. ya no pueden lucrar impunemente en la bolsa de valores, enfermando de obesidad y diabetes a nuestros hijos. Ya no pueden monopolizar el acceso a la educación superior y técnica para sus propios herederos de clase y ya no pueden quebrar en la oscuridad a nuestras colosales empresas estatales para comprarlas a precio de chatarra.
La época dorada del saqueo sin consecuencias legales ni políticas se ha terminado de manera irreversible. El Estado mexicano se está reconfigurando en su esencia misma, dejando de ser el obediente administrador de los intereses del gran capital financiero internacional para convertirse en el instrumento legítimo, coactivo y protector de las inmensas mayorías productivas de la nación.
Los ataques mediáticos furiosos, la desinformación masiva coordinada a través de granjas de bots y el pesimismo prefabricado en las columnas financieras de los viejos defensores del régimen van a multiplicar su intensidad y su toxicidad en los próximos meses. intentarán convencerte mediante sofismas económicos de que el país está quedando peligrosamente aislado del mundo civilizado o de que las políticas públicas de corte popular son inherentemente ineficientes y nos llevarán al caos.
Pero los datos duros inobjetables de la realidad material que no mienten como la construcción masiva y sin deuda de infraestructura ferroviaria y portuaria, el aumento histórico y sostenido del salario real de los trabajadores, la recuperación de la soberanía alimentaria y energética, la firmeza inquebrantable en la diplomacia internacional y la estabilidad cambiaria aplastan y pulverizan cualquier mentira diseñada en sus laboratorios de guerra sucia.
Quiero que utilices toda tu capacidad de pensamiento crítico marxista y de análisis estructural para desentrañar las próximas fases de este conflicto que definirá el siglo XXI para nuestro país. ¿Crees profundamente que los inmensos monopolios energéticos nacionales y transnacionales intentarán organizar un boicot nacional de desabasto de combustible, un paro patronal oculto para intentar doblegar al gobierno por la fuerza y forzar un retroceso en las políticas de contención de precios y de rectoría estatal? O consideras que el Estado apoyado por las
fuerzas armadas y la movilización popular tiene la fuerza material ilegal suficiente para intervenir instalaciones, requisar producto y garantizar el suministro estratégico a precios justos para la supervivencia de la clase trabajadora, sin importar la resistencia burguesa y qué impacto crees que tiene la eliminación histórica de los exámenes de admisión excluyentes y la creación de miles de nuevos espacios en preparatorias y universidades públicas.
en la forja de una nueva conciencia social crítica e irreductible para las futuras generaciones de trabajadores mexicanos que ya no crecerán bajo el estigma de la inferioridad impuesta por el sistema capitalista meritocrático. Reflexiona profundamente sobre estas agudas contradicciones de clase. No te conformes con las explicaciones fáciles de la televisión y deja tu análisis implacable detallado y directo en la enorme caja de comentarios de este espacio.
Difunde esta información vital rompiendo los candados y los algoritmos de la censura corporativa en todas y cada una de tus plataformas digitales y redes familiares y mantente firme de pie e inquebrantable en la primera línea de la defensa argumentada de nuestra soberanía económica, social y política. Nos vemos sin falta en el próximo frente de batalla analítico para seguir destruyendo las falsas narrativas del capital y construyendo la victoria definitiva del trabajo.