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¡ÚLTIMA HORA! SHEINBAUM Vuelve y SACUDE a GASOLINEROS y a la DERECHA

 Para entender el nivel de parasitismo y de sabotaje de estos empresarios gasolineros, tienes que aplicar la lupa de la macroeconomía pura y de la extracción del valor. El diésel no es un simple líquido para que la oligarquía pase en sus camionetas de lujo. El diésel es el sistema circulatorio del comercio nacional. Mueve los pesados tractores que cosechan el alimento.

 En los campos mueve los grandes camiones de carga que abastecen las centrales de abasto y mueve el transporte público que lleva a millones de obreros a sus fábricas desde la madrugada, cuando una corporación privada o una cámara de empresarios gasolineros decide subir el precio del diésel por pura avaricia especulativa, ignorando los topes sugeridos por el gobierno y absorbiendo egoístamente el subsidio que pagamos con nuestros impuestos.

 está provocando un encarecimiento en cadena que destruye la economía popular. El costo del flete de transporte sube inmediatamente el precio del tomate, del frijol, del huevo y de la carne, se dispara en los estantes del supermercado y al final de toda esa línea especulativa es la madre de familia de la clase trabajadora quien termina pagando ese enorme sobreprecio corporativo con el sudor de su frente.

Es una transferencia brutal y descarada de la riqueza social colectiva hacia las cuentas bancarias en paraísos fiscales de un puñado de intermediarios parasitarios. El Estado mexicano, al exhibir a estos agiotistas de los combustibles y movilizar a la conciencia de los consumidores para boicotearlos, está ejerciendo una defensa material y activa del salario real de los trabajadores.

 Está diciendo con hechos concretos que la energía es un bien estratégico de seguridad nacional y no un instrumento de usura ilimitada para que la burguesía revendedora juegue al casino financiero con el hambre y las necesidades vitales del pueblo. Y no es ninguna coincidencia que frente a esta férrea defensa de la economía popular y de la soberanía, la reacción inmediata de la élite conservadora y de sus comentócratas a sueldo en los medios de comunicación tradicionales, sea vomitar un clasismo y un racismo de proporciones abiertamente coloniales. La mandataria

lo diagnosticó con una precisión sociológica quirúrgica cuando afirmó sin titubeos que la derecha es el odio, la discriminación, el racismo y la represión. Fíjate en la burla enfermiza y el desprecio patológico que lanzaron desde sus micrófonos cuando el gobierno promovió activamente el consumo del frijol.

 Desde sus programas de televisión y sus columnas pagadas en la prensa financiera, intentaron usar la palabra frijoleros como un insulto denigrante, repitiendo con una sumisión vergonzosa la misma retórica supremacista y xenófoga que utilizan los sectores más reaccionarios del imperialismo estadounidense contra nuestros migrantes trabajadores al otro lado de la frontera.

 Esta burla no es una simple anécdota culinaria de gente snob. Es la manifestación ideológica más profunda del desprecio estructural. que la oligarquía siente por la independencia material y la cultura de nuestro propio pueblo. El frijol combinado con el maíz en la milpa forma una dieta milenaria que representa la soberanía alimentaria de nuestra civilización.

 Posee un valor nutricional incalculable. proporciona proteínas de alta calidad asimilables y lo más importante es accesible para las grandes mayorías populares. Pero la burguesía criolla mexicana con su mentalidad eternamente colonizada y subordinada detesta todo lo que provenga de la Tierra y de la cultura indígena originaria.

 Ellos prefieren que el país importe alimentos ultraprocesados de inmensas corporaciones transnacionales. Prefieren que el pueblo consuma comida chatarra carísima que engorda brutalmente las carteras de los accionistas. Especuladores en Nueva York mientras enferma y destruye los cuerpos de la población local. Su racismo es en el fondo, una estrategia despiadada de dominación de mercado y de aniquilación cultural.

 odian la dieta mesoamericana porque un pueblo que es capaz de alimentarse a sí mismo con soberanía desde su propia tierra es un pueblo al que no pueden chantajear con la inflación alimentaria ni con el hambre. Esta guerra feroz por el control físico y biológico de la clase trabajadora tiene un frente de batalla verdaderamente espectacular en los recientes índices de salud pública infantil.

 El anuncio oficial de que el país ha logrado reducir significativamente los niveles de obesidad en niños y niñas, pasando desdichadamente del primer lugar mundial a posiciones muy inferiores. Es una derrota económica y política aplastante para los grandes monopolios de la industria alimentaria internacional. Durante todas las décadas del modelo neoliberal, más salvaje empresas gigantescas con la complicidad de políticos sobornados convirtieron las escuelas públicas en sus mercados cautivos de adicción temprana.

 Inundaron de manera deliberada los patios escolares y las cooperativas con refrescos oscuros cargados de fructosa industrial y con alimentos ultraprocesados diseñados en laboratorios químicos para generar adicción al azúcar desde la primera infancia. sabían perfectamente a través de sus propios estudios corporativos, que estaban condenando a una generación entera de mexicanos a padecer epidemias incontrolables de diabetes, hipertensión, fallas renales y muerte prematura peru a las juntas directivas corporativas eso les importaba

absolutamente nada mientras sus gráficas de rentabilidad y sus dividendos trimestrales siguieran subiendo por las nubes. El Estado, al intervenir de manera radical en este ciclo de destrucción biológica, al expulsar esa basura tóxica de las cooperativas escolares, al imponer etiquetados frontales de advertencia y al promover un programa nacional masivo de vida saludable, está arrebatándole violentamente al capital privado el supuesto derecho divino de lucrar con la enfermedad y el sufrimiento de nuestros hijos. está demostrando empíricamente

que la salud pública no es un daño colateral negociable ni una mercancía sujeta a la especulación de los corporativos, sino el cimiento indispensable, innegociable y sagrado para la viabilidad de nuestra propia nación. Pero si hay un terreno de disputa donde la lucha de clase se libra con una violencia estructural inmensa y silenciosa, es en el diseño del sistema educativo nacional la decisión inquebrantable e histórica de la actual administración de eliminar definitivamente los exámenes de admisión excluyentes para el ingreso al

bachillerato es un misil directo al corazón del darwinismo social que la élite tecnocrática impuso durante largos años. A través de todo su aparato de propaganda te lavaron el cerebro para que creyeras ciegamente en el mito perverso de la meritocracia. Te repitieron hasta el cansancio que si un joven obrero de 15 años reprobaba el famoso examen de asignación, era por pura pereza por falta de esfuerzo individual y que por lo tanto el sistema era justo al excluirlo de las mejores preparatorias, obligándolo a estudiar en

planteles deficientes o directamente arrojándolo a la calle sin opciones. Esa es la mentira más sádica y elaborada del sistema capitalista en el rubro educativo. Ese examen estandarizado nunca en la historia midió el talento, el esfuerzo real, ni la inteligencia intrínseca de los jóvenes. Lo que verdaderamente medía con precisión matemática era el código postal de residencia el nivel de ingresos económicos de la familia, el acceso a buena nutrición en la infancia y la capacidad financiera para pagar cursos de preparación privados de miles de

pesos. Era una criba clasista despiadada un filtro diseñado meticulosamente desde las oficinas gubernamentales privatizadoras. para reproducir y petrificar la desigualdad social, garantizando de manera institucional que los hijos de la burguesía y la clase media alta accedieran sin problemas a la élite del conocimiento universitario, mientras que los hijos de los obreros de los campesinos y de los trabajadores precarizados eran empujados prematuramente y a la fuerza al mercado laboral como mano de obra barata,

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