Salir en la tele no alcanza. Tienes que volverte un concepto aspiracional. Ojo que su paso por la escuela también fue superatípico. Mientras la raza se avienta la carrera de corrido, él aplicó pausas, dio volantazos y se la llevó a su propio ritmo. Sacó la secu y la prepa a sus 41 años. Para 2008 ya era abogado y tiempo después hasta le colgaron un doctorado o noris causa.
En varias pláticas lo ha soltado clarito. Jamás se te va el tren para renovarte. Un lema que, viéndolo bien es el fiel reflejo de su propia vida. Cero verbo. Su debut en la pantalla chica allá por los años 80 fue superdcreto, sin levantar tantas olas. Empezó picando piedra con frasecitas encintas como, “No te asustes, o Mariana, Mariana, aunque la caja idiota fue la que de verdad lo catapultó.
Salir en melodramas tipo mi segunda madre o simplemente María fue puro trámite. El trancazo mediático le pegó durísimo con muchachitas. Dándole vida a Roger Guzmán, se volvió el chavo de moda en todo el país, marcando la brújula de lo que sería su futuro perfil. Ese antagonista fresa y magnético, el típico patán seductor que te cae en la punta del hígado, pero te tiene pegado a la pantalla.

Ya en proyectos pesados como dos mujeres, un camino, amada enemiga, o mañana, es para siempre. No solo la hacía de malo del cuento, los volvía icónicos. La duda del millón aquí es, ¿de verdad interpretaba a otro o nás le subía el volumen a su propia personalidad de mi rey? Arrancando los años 2000 y la década de los 2010, amarró ese estereotipo en novelones como Salomé o carita de ángel, también en llena de amor.
Y qué bonito amor. Hasta brincó a series fresas como Gossip Girl Acapulco, donde nadaba como pez en el agua entre tanto derroche. A la par, le entró al cine, se encerró en el relajo de Big Brother México y hasta se la jugó probando suerte con el micrófono en mano. Parecía que le tiraba a todo, pero sin perder su vibra de Papa Lord.
pura exclusividad y billete, aunque últimamente dio un giro de tuerca. Si bien no suelta la farándula, ahora sus canicas están puestas en los negocios, la abogacía y la grilla política. Aquí se pone buena la cosa. Y es que cuando una figura de este vuelo le baja a la artisteada, segurito está cocinando un negocio mucho más jugoso tras bambalinas.
Por ende, nos salta la dudota obligada. Si la actuación le dio para empezar, ¿de qué tamaño es el monstruo corporativo que armó fuera de los foros? Hablemos de su casota en nuestro país, el sitio exacto donde toda esta opulencia del diamante negro cuadra a la perfección. Al pisar esa propiedad te cae el 20 de inmediato.
Nada de andar apantallando a la geey. Todo tiene un porqué. Es un combo finísimo de poder adquisitivo, buen gusto y exclusividad, envuelto por áreas verdes que parecen de revista de decoración. La propiedad te recibe con una alberca digna de hotel cinco estrellas en la Riviera Maya y eso está pensado milimétricamente.
El buen Beto ha tirado línea varias veces. Para él, echar la flojera a gusto no es un capricho fresa, es un tema de salud mental. Pasando a la sala, la vibra se pone super personal. Ese espacio no es para echar coto nada más. Parece un museo de primer nivel. Tienes cuadros de maestros mexicanos carísimos topándote con un lienzo brutal del oaqueño Guillermo Olguín.
Ahí vas agarrando la onda de su estilo. Este cuate no gasta su lana noás por farolear. Compra cultura. Cada pintura refleja el orgullo nacional y obvio, resalta su propia sofisticación. Ahora, si quieres toparte con el verdadero ser humano sin poses, tienes que meterte a su despacho personal. Cero reflectores, puro silencio, hartos libros, fotos de su clan y un cuadro que la neta es la joya de la corona según sus propias palabras.
Es la pintura del abuelo don Roberto Palazuelos Basols, su ídolo y máximo referente. Viendo eso, te cae el 20 de que bajo ese barniz de estrella existe un tipo que voltea a sus orígenes de abolengo, aferrándose al peso de su apellido y buscando su verdadera esencia. Obviamente, si la mansión ya grita abundancia por todos lados, los juguetitos que tiene estacionados te van a volar la cabeza.
Chécate la flotilla de naves que tanto le gusta lucir arrancando con el Ferrari, California rojito, que ni de chiste es de adorno. Es su nave para el diario. Ese detalle te cuenta todo el chisme. Se trata de un descapotable mamalón con un diseño super fino, pero con un motor que ruge durísimo. Imagínate dominguear a gusto frente al mar y en un parpadeo sentir como la máquina te clava contra el respaldo.

Esa mezcla brutal de sofisticación y adrenalina le queda al centavo a su vibra, alivianada, aunque siempre robando miradas. Pasando a ligas mayores, topamos con su Ferrari 458 Italia. Cero discreto, chaparrito fiero, literalmente una joya de museo rodante. Ese rugido del motor B8 transforma cualquier viaje X en un viaje sensorial alucinante. Manejarlo es otro boleto.
No es no más llegar de un lado a otro, sino gozar el trayecto. Aunque el diamante negro le mete variedad, su BMW Z4 le da una frescura super camaleónica, agresivo, claro, pero ideal para el trajín diario. refleja esa maña que tiene para campechanear la opulencia con lo útil, siempre viéndose impecable. Obvio, la yoya de la Corona es su Rolls-Royce Ghost.
Cero arrancones, pura jerarquía pura y dura. Es esa nave que con solo estacionarse ya está callando bocas y exigiendo reverencia. Cero ruidoso, finísimo. Treparte es como entrar al salón VIP más exclusivo. Cero parece un simple carro. La típica nave que grita. Abran paso. Ya llegó el patrón. Esa cochera va más allá de acumular fierros.
Es una radiografía de su personalidad. Vemos al tiburón de los negocios, al mi rey original, al fan de la buena vida, saboreando el fruto de su chamba. ¿Con cuál faceta te quedas tú? ¿El Ferrari descarado, el BMW Toderreno o el Rolls-Royce que derrocha poderío? Armen el chisme allá abajo porque esto da para hablar.
Y la neta, con tanto derroche, a todos nos pica la curiosidad. ¿Cómo armó semejante fortuna? Echemos ojo a su lana, negocios y patrimonio neto. Agárrense porque el cuento se pone buenísimo. Cuando a uno le presumen que este cuate guarda 25 millones de dólares, lo primerito que piensas es, pues obvio, salía en la tele. Nada que ver.
La movida fue mil veces más cerebral. La farándula solo fue su trampolín. Se la pasó años figurando en exitazos noveleros, llámese muchachitas, carita de ángel o mañana es para siempre, amarrando su fama a nivel nacional. Échale también su paso por Big Brother México o sus shows personales. Su actitud, medio picuda pero atractiva, lo volvió una franquicia andante.