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Marcó un AUTOGOL en el Mundial… Días Después lo ASESINARON – Resuelto

Después de despedirse de sus amigos en el estacionamiento, caminó hacia su automóvil sin imaginar que aquellos serían los últimos minutos de su vida. Poco antes había soportado burlas y provocaciones relacionadas con el autogol que había marcado durante el mundial de Estados Unidos, pero había preferido marcharse para evitar mayores problemas.

 Cuando se disponía a abandonar el lugar, fue interceptado por tres hombres, los hermanos Juan y Pedro Gallón Enao, acompañados por su chóer y escolta. Humberto Muñoz  Castro. Los agresores continuaron con las provocaciones y el futbolista, ya cansado de la situación, les pidió que lo dejaran en paz y que mostraran un poco de respeto.

 Uno de ellos respondió con una amenaza, asegurándole que no sabía con quién estaba hablando. Segundos después, Humberto  descendió del vehículo en el que esperaba, sacó un revólver calibre 38  y disparó seis veces contra Andresa quemarropa. Sus amigos corrieron a auxiliarlo y lo trasladaron de inmediato a  un hospital cercano donde los médicos intentaron salvarle la vida durante varias horas.

 Sin embargo,  las heridas resultaron demasiado graves y el hombre falleció a los 27 años, dejando al país entero en estado de conmoción. Mientras Colombia intentaba  comprender como uno de sus futbolistas más admirados había terminado muerto en un estacionamiento,  era necesario conocer quién había sido realmente Andrés.

Andrés Escobar Saldarriaga  nació el 13 de marzo de 1967 en Medellín, siendo el menor de cinco hermanos. Creció en una familia de clase  media junto a sus padres, Beatriz Saldarriaga y Darío Escobar, un trabajador bancario que inculcó disciplina y valores a sus hijos. Desde niño mostró un carácter inquieto y una enorme pasión por el fútbol, siguiendo el ejemplo de su hermano mayor Santiago, quien también se convertiría en futbolista profesional.

 Durante su etapa escolar, Andrés prefería escaparse para jugar al fútbol antes que permanecer en las aulas, situación que incluso lo llevó a repetir un grado. Sus padres decidieron trasladarlo a otro establecimiento donde podía combinar los estudios con el entrenamiento deportivo. Allí logró graduarse y poco después integró la selección Antioquia dando los primeros pasos hacia una prometedora carrera.

Cuando apenas tenía 18 años, sufrió uno de los golpes más duros de su vida con la muerte de su madre. La pérdida fue tan devastadora que llegó a pensar en abandonar el fútbol. Finalmente encontró fuerzas para continuar y poco después ingresó al Atlético Nacional, el mismo club donde jugaba Santiago,  convencido de que honraría la memoria de Beatriz siguiendo el camino que ambos soñaban.

Andrés debutó profesionalmente con ese equipo en 1986. y tras consolidarse como titular,  comenzó a destacar por su inteligencia defensiva, su dominio del juego aéreo y su elegante estilo para recuperar el balón. En 1988 anotó el único gol oficial de toda su carrera durante un encuentro internacional frente a Inglaterra en  Wembley y un año más tarde formó parte del histórico equipo que conquistó la primera Copa Libertadores para Atlético Nacional.

 Su forma de jugar y de comportarse le ganó el apodo de El Caballero del fútbol. Aunque dentro de la cancha transmitía seriedad, quienes convivían con él lo describían como un hombre alegre, sencillo y profundamente creyente. Sus compañeros disfrutaban compartir habitación con él durante las concentraciones, mientras que amigos y familiares recordaban constantemente su generosidad y su disposición para ayudar a cualquiera que lo necesitara.

 Fuera del  fútbol, mantenía una estable relación con la odontóloga Pamela Cascardo, de quien estaba profundamente enamorado. Además, dedicaba parte de su tiempo libre a repartir regalos entre niños de escasos recursos  y disfrutaba especialmente de convivir con sus sobrinos, a quienes consentía cada vez que regresaba de un viaje.

 Esa imagen de humildad y cercanía hacía que fuera admirado tanto por los aficionados como por quienes lo conocían personalmente. En 1990, Andrés tuvo una breve experiencia en el fútbol europeo tras incorporarse al Young Boys de Suiza mediante un préstamo. Aunque permaneció allí solo 6 meses, disputó varios encuentros como titular y dejó una buena impresión antes de regresar a Atlético Nacional para continuar su carrera en Colombia.

Ese mismo año fue una de las piezas importantes de la selección colombiana durante el Mundial de Italia. Posteriormente disputó la Copa América de 1991 y celebró un nuevo campeonato con Atlético Nacional. Para entonces ya era considerado uno de los mejores defensores del país y una figura consolidada tanto en el torneo local como con la selección nacional.

En marzo de 1993 sufrió una grave lesión que lo mantuvo fuera de las canchas durante casi 8 meses y le impidió participar en gran parte de las eliminatorias rumbo al mundial de Estados Unidos. Sin embargo, logró recuperarse a tiempo. Regresó con un gran nivel para conquistar un nuevo título con Atlético Nacional y terminó siendo convocado para integrar la lista definitiva que viajaría a la Copa del Mundo de 1994.

Ya convertido en uno de los futbolistas más respetados de Colombia, Andrés estaba a punto de disputar el torneo que cambiaría su vida para siempre. La selección colombiana llegó al Mundial de Estados Unidos en medio de una enorme expectativa. Meses antes había sorprendido al continente con una histórica victoria por cinco goles a cero sobre Argentina en Buenos Aires.

Resultado que llevó a muchos especialistas a considerar que Colombia podía convertirse en una de las revelaciones del campeonato. Sin embargo, el debut frente a Rumania fue un duro golpe. La derrota por tres goles a uno complicó seriamente las aspiraciones del equipo, que quedó obligado a ganar sus dos siguientes compromisos si quería avanzar a la siguiente fase.

 El margen de error prácticamente había desaparecido. El siguiente rival sería Estados Unidos, país anfitrión del torneo. Aunque sobre el papel parecía un adversario accesible por su escasa tradición futbolística, aquel encuentro del 22 de junio de 1994 terminó convirtiéndose en uno de los partidos más recordados y dolorosos de toda la historia del fútbol colombiano.

Colombia salió al campo con prácticamente todas sus figuras, consciente de que solo una victoria le permitiría mantener vivas sus esperanzas de clasificación. El encuentro transcurría con intensidad cuando en el minuto 34, un centro enviado desde la banda desviado accidentalmente por Andrés Escobar hacia su propia portería.

El balón terminó en el fondo de la red y Estados Unidos tomó la ventaja con un autogol que quedaría grabado para siempre en la memoria de millones de aficionados. Aunque el equipo colombiano intentó reaccionar, terminó perdiendo el encuentro. Más tarde consiguió derrotar a Suiza por dos goles a cero, pero ese triunfo ya no fue suficiente para evitar la eliminación.

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