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Lo que Adrián Suar NUNCA Confesó: 20 Años de Silencio y un Hijo en el Medio

 Hijo de Hugo Su, un empresario del espectáculo que le enseñó desde chico que en este negocio el  que no maneja es manejado. Debutó en televisión siendo casi  un adolescente, pero lo que lo catapultó a la fama nacional fue Celeste, siempre celeste, la tira de los 90, donde encarnó a un  personaje que millones de argentinas amaron con una intensidad casi inexplicable.

 Era carismático, era divertido, tenía esa risa fácil que desarmaba a cualquiera y tenía también una ambición que no siempre mostraba en público, porque mientras actuaba, su ar construía, ladrillo por ladrillo, contacto por contacto, levantaba lo que con el tiempo se convertiría en Polka producciones. Volca, el nombre que lo cambió todo, la  productora que durante años dominó la pantalla del 13, la empresa que facturó millones,  la misma empresa que décadas después se convertiría en el campo de batalla legal más costoso de su vida. 

Pero antes de la guerra hubo amor. Araceli González entró en la vida de Suar  como entran las tormentas, sin avisar con toda la fuerza. Era una de las actrices  más bellas y talentosas de su generación. Tenía una presencia que llenaba la pantalla y tenía también un carácter que no se doblegaba fácilmente  ante nadie.

Se conocieron en el ambiente artístico a principios de los 90. Según versiones de la época, la atracción fue inmediata, intensa, casi inevitable.  Dos personas con mucho fuego adentro que se encontraron en el momento justo. Se casaron, tuvieron a Toto, formaron lo que  desde afuera parecía una de las parejas más sólidas del espectáculo argentino.

Pero adentro, según se rumorea, las cosas  nunca fueron tan simples. Araceli era independiente, apasionada, visceral. Suar era calculador, estratégico, siempre con un ojo puesto en el negocio. Dos formas de ver el mundo que en algún punto inevitablemente chocaron. Y cuando chocaron lo hicieron con todo.

La separación llegó a mediados de los 90. No hubo anuncio prolijo, no hubo comunicado conjunto, hubo dolor, hubo reproches y hubo sobre todo una pregunta que Araceli se haría durante años. ¿Qué pasó con lo que construimos juntos? Toto Kirsner nació el 10 de agosto de 1993, un año antes de que todo se rompiera.

Sus primeros años de vida transcurrieron entre dos mundos que cada vez se alejaban más el uno del otro. Un papá que construía su emporio televisivo, una mamá que luchaba por encontrar su lugar en una industria que sin el apellido  Suar como respaldo, no siempre fue generosa con ella. Quienes conocieron a Toto de chico describen a un pibe sensible, callado, observador, el tipo de chico que escucha todo y no dice nada.

Y había mucho para escuchar, porque Araceli no siempre pudo guardar silencio. El dolor era demasiado grande, la sensación de injusticia demasiado profunda. Y en más de una entrevista, en más de un programa de televisión, las lágrimas llegaron  antes que las palabras. Pasé momentos muy difíciles”, dijo Araceli en una de esas ocasiones, sin entrar en detalles, pero dejando entender que los detalles existían, que había una historia que no se contaba en público, pero que vivía con toda su intensidad puertas adentro.

Toto crecía y con él crecía también el peso de llevar ese apellido doble. Kirsner de su abuelo materno, Suar de su padre. Dos mundos en tensión permanente. ¿Cuántas veces habrá querido  ser invisible? ¿Cuántas veces habrá llegado al colegio con la cabeza gacha esperando que nadie le preguntara nada? Nunca lo dijo con esas palabras.

 Pero su hermana Flor Torrente sí habló alguna vez de lo difícil que fue crecer en ese contexto, del daño que hace ver sufrir a una madre. del peso de una guerra que los hijos no pidieron y sin embargo cargaron.  Una de las cosas que más llamó la atención durante todos estos años fue el silencio de Adrián Suar.

Mientras Araceli lloraba en televisión, mientras los medios especulaban, mientras los abogados se cruzaban documentos en los tribunales, Suar guardaba una calma que muchos interpretaron como frialdad  y otros como estrategia. Nunca habló mal de ella en público, nunca respondió las acusaciones de frente, nunca se quebró delante de una cámara.

¿Por qué? Hay quienes dicen que es simplemente su carácter, que suar siempre fue así, reservado en lo personal, blindado en  lo emocional, incapaz de mostrar vulnerabilidad ante el mundo. Hay quienes dicen  otra cosa, que el silencio era calculado, que cada vez que Araceli hablaba, él ganaba, porque el que calla  en la opinión pública suele parecer el razonable, el que  no alimenta el fuego. el adulto de la situación.

Y mientras tanto, Toto veía,  escuchaba, procesaba como podía. Según contó él mismo años después, nunca tomó partido por ninguno de los dos. Los adoro a los dos”, dijo en una entrevista reciente con una madurez que sorprendió a más de uno. Una madurez que inevitablemente tiene un precio. Nadie llega a ese lugar de equilibrio  sin haber pasado por el desequilibrio primero.

Hay una fecha que marca un antes y un después en esta historia. No es la fecha  de la separación. No es la fecha del nacimiento de Toto, es la fecha en que Araceli González decidió que ya  era suficiente, que el silencio le había costado demasiado y que había algo que le correspondía y que nadie le iba a dar sin pelea.

Polka Producciones, la empresa que Su había construido en parte durante los  años en que estuvieron juntos. La productora que facturaba millones, la que ponía el nombre de Adrián Soar en cada tira exitosa de El 13, la que lo convirtió definitivamente en el hombre más poderoso de la televisión argentina.

Araceli reclamaba un 17% de polca. No era un capricho, no era venganza. Era, según sus abogados, lo que le correspondía legalmente por los años compartidos, por la sociedad implícita que existe en todo matrimonio, por todo lo que ella había aportado mientras él construía ese imperio. Suar no lo veía así y ahí empezó la guerra de verdad.

Los tribunales se llenaron de documentos, los abogados se multiplicaron, las audiencias se sucedieron durante años, una década, dos décadas, lo que empezó como una disputa legal se convirtió en una herida que no cerraba. Mientras tanto, Polka  seguía creciendo, seguía produciendo éxitos, seguía facturando y el 17% que Araceli reclamaba se hacía año tras año más grande en términos económicos.

¿Cuánto vale el 17% de una productora que dominó la televisión argentina durante 20 años? Nadie lo dijo en público con números concretos, pero quienes conocen el negocio hablan de cifras que hacen entender por qué la pelea duró tanto, por qué ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder, por qué los abogados siguieron trabajando año tras año sin que el  expediente se cerrara.

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