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La distancia entre Emiliano y Pepe Aguilar – una historia familiar llena de emociones !

Pepe Aguilar y Carmen Treviño se divorciaron  en 1995 cuando Emiliano aún no  había cumplido 3 años. Fue en ese momento cuando comenzó a formarse la distancia  entre padre e hijo. Después del divorcio, Emiliano vivió principalmente con su madre en Tijuana, Baja California.  Mientras tanto, Pepe permaneció en la Ciudad de México y continuó construyendo su carrera musical.

 Durante esos años grabó discos, realizó  giras constantemente y fue consolidando poco a poco su propio nombre dentro  de la música regional mexicana. A partir de entonces, dos mundos  diferentes comenzaron a desarrollarse en paralelo. Por un lado, Emiliano crecía junto a su madre en Tijuana. Por el otro, Pepe Aguilar aparecía cada vez más en  escenarios, programas de televisión y frente a miles de espectadores en México y Estados Unidos.

 Años después, al recordar aquella etapa, Pepe compartió  abiertamente en una entrevista con Patty Chapoy. Pues es un chavo que no creció  conmigo, creció con su mamá. ¿A qué edad te alejaste de él por  las razones que hayan sido? No, yo no me alejé. Bueno, ¿cómo entonces? ¿Cómo se su mamá se lo llevó? Esos viajes permitieron que padre e hijo  siguieran viéndose.

 Sin embargo, la distancia geográfica  y el hecho de no vivir bajo el mismo techo hicieron que la relación fuera difícil de desarrollar, como ocurre en las familias que comparten la vida cotidiana. Con el paso de los años,  Emiliano creció en una realidad muy distinta a la que veía el público.

 Para millones de personas,  Pepe Aguilar era una estrella de la música, pero para Emiliano también era un padre que con frecuencia estaba ausente en  muchos de los momentos cotidianos de su infancia. Lo más importante  es que esta distancia no nació del odio ni de que alguien hubiera querido abandonar a alguien.

Emiliano ha afirmado en varias ocasiones que no culpa a su madre y que tampoco considera a su padre una mala persona. Este,  pero mi papá no es una mala persona, la neta. Mi papá, mi papá, yo siempre lo he dicho y siempre lo voy a decir,  todo esto que está pasando no es culpa de mi papá.

 La neta mi papá es es es  una Él entiende que las circunstancias de aquel momento fueron muy complejas. Sin embargo, comprender las circunstancias  no puede llenar el vacío que deja la distancia, ¿no? Que le hice mucha falta durante todos esos años y traté de compensar, pero no no se no se puede.  Él se siente más cómodo estando solo que estando conmigo por todas estas razones.

Es el reconocimiento de que hay cosas en la vida que son muy difíciles de compensar una vez que el tiempo ha pasado. Y entonces, cuando Emiliano llegó a la adultez, tuvo la oportunidad de hacer algo que nunca había experimentado realmente durante su infancia, vivir bajo el mismo techo que su padre.

 Cuando cumplió 18 años, Emiliano Aguilar se mudó a la Ciudad de México para vivir con su padre. Después de pasar casi dos décadas lejos de la familia Aguilar, era la primera vez que padre e hijo realmente tenían la oportunidad de compartir un mismo hogar. Para muchas personas, aquello debía ser el reencuentro que ambos habían esperado durante años.

 Sin embargo, la realidad fue mucho más compleja, porque Emiliano no solo llegó a una casa nueva, entró en una familia que había sido construida  muchos años antes de su llegada. Junto a Pepe estaban  Anelis Álvarez Alcalá, Leonardo y Ángela Aguilar.  Ellos ya tenían sus propias costumbres, sus recuerdos y una dinámica familiar que llevaba mucho tiempo  funcionando.

Mientras tanto, Emiliano tenía que empezar desde cero. Por mucha sorpresa veníamos de de esa situación de estira y afloja porque no nos conocíamos realmente cuando su mamá lo manda a vivir conmigo. Mm. A los 18 años. Mm. Esa frase quizá explica mejor que  cualquier otra lo que estaba ocurriendo.

 Después de casi 18 años creciendo en lugares distintos, padre e hijo llevaban consigo experiencias completamente diferentes. Compartían la misma sangre, pero no habían tenido suficiente tiempo para conocerse de verdad. Y pues él no me conocía, no conocía las reglas de la casa bien y yo no lo conocía a él ni sabía con con qué v aquellas palabras muestran que la incomodidad  existía en ambos lados.

 Emiliano tenía que adaptarse a un entorno completamente nuevo  y Pepe al mismo tiempo intentaba comprender al hijo con el que no había podido convivir durante parte de su infancia. Muchas  personas creen que los lazos de sangre crean cercanía de manera automática, pero  la historia de Emiliano demuestra lo contrario.

 Durante sus primeros años en la Ciudad de México tuvo que encontrar su lugar dentro de la familia Aguilar. No se trataba de rechazo  ni de discriminación, simplemente todos a su alrededor ya tenían un lugar definido,  mientras él seguía intentando descubrir dónde encajaba. Años después, incluso al hablar sobre los problemas  familiares, Emiliano mostró una postura mucho más comprensiva hacia su padre.

 Las cosas mi papá no sale a hablar, no nos sale a decir nada, si me explico, o sea, mi papá, yo creo que también está  bien cansado de todos estos problemas él también. Sus palabras reflejan algo importante. A pesar de la distancia  y de las diferencias que existían entre ellos.

 Emiliano no veía  a su padre como un enemigo. Con el paso del tiempo comenzó a entender que Pepe también cargaba con sus propias presiones y responsabilidades. Fue precisamente durante esa etapa  cuando Emiliano empezó a darse cuenta de algo fundamental. Respetaba a su padre. admiraba el legado que Antonio Aguilar y Pepe Aguilar habían construido, pero cuanto más maduraba, más entendía que no quería  recorrer el mismo camino que el resto de su familia.

 No quería convertirse en otra versión de Pepe  Aguilar. Quería ser reconocido por quien realmente era y esa decisión terminaría llevándolo por un camino muy distinto  al de la tradición de la familia Aguilar. Mudarse a vivir con su padre no solo ayudó a Emiliano Aguilar a comprender mejor a su familia, también lo llevó a darse cuenta de una verdad que antes nunca había enfrentado con total claridad.

Era mucho más diferente al resto de la familia Aguilar de lo que imaginaba. Mientras Leonardo y Ángela se involucraban cada vez más en la música regional mexicana, el mariachi, la ranchera y la tradición charra que la familia ha preservado durante generaciones, Emiliano se sintió atraído por un mundo completamente distinto.

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