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La Canción Donde Rocío Le Dijo Adiós A Juan Gabriel… Y Él No Lo Aceptó

 Y todo eso le había dado algo que no tiene precio para un compositor. La capacidad de ver a las personas de verdad, de mirar más allá de la superficie, de entender lo que hay detrás de los gestos y de los silencios, de reconocer en los demás lo que ellos mismos a veces no pueden ver. Ya lo hemos  visto en este canal.

 Amor Eterno nació del dolor de perder a una madre que nunca supo quererle. de aquella noche en Acapulco cuando recibió la noticia mientras estaba de gira y el mundo se detuvo de 30 años de un amor que nunca fue correspondido de la manera que él necesitaba. Costumbres nació de observar a dos personas de su equipo en un viaje a Toluca, de ver en sus silencios y en sus gestos algo que ninguno de los dos decía en voz alta, de reconocer esa trampa invisible de los años y la inercia que sustituye al amor sin que nadie lo decida conscientemente. Y déjame vivir

nació de algo diferente, de la tensión que existe en cualquier relación cuando una persona quiere irse y la otra no quiere dejarla marchar. esa atención universal, esa conversación que nadie quiere tener, pero que todo el mundo ha tenido o tendrá alguna vez. La de un lado diciendo, “Ya no puedo más, déjame en paz.

” y el otro lado diciendo, “No, yo no acepto que esto se acabe.” Juan Gabriel la conocía, no porque la hubiera vivido exactamente de esa manera, sino porque llevaba toda su vida observando a las personas con esa intensidad específica del que necesita entender el mundo humano para  poder escribir sobre él.

 Y esa conversación la había visto, la había sentido, la había reconocido en las personas que lo rodeaban, la puso en música y luego hizo algo que muy pocos compositores hacen. En lugar de cantarla solo, en lugar de tomar el punto de vista de uno de los dos personajes y cantar desde ahí, buscó a alguien que cantara el otro lado de la conversación.

 La voz de ella, la de la que quiere irse, la de la que ya ha decidido y solo necesita que el otro lo acepte. Y para esa voz no había ninguna duda, Rocío Durcal. Y para esa voz no había ninguna duda, Rocío Durcal. La relación entre Juan Gabriel y Rocío Durcal en 1984 era algo que iba mucho más allá de lo profesional.

 Llevaban casi 7 años trabajando juntos, 7 años de canciones, de discos, de giras, de éxitos que se acumulaban uno tras otro, de noches  en estudio y de actuaciones en escenarios de todo México y América Latina. 7 años de conocerse de una manera que muy pocas personas se conocen. Porque cuando trabajas con alguien durante 7 años, cuando compartes ese proceso íntimo y vulnerable que es crear música, cuando escuchas sus ideas y él escucha las tuyas,  cuando ves cómo reacciona cuando algo no funciona y cuando algo sí, llegas a

conocerle de una manera que no se consigue de ninguna otra forma. Recuerda cómo empezó todo. 1977, Rocío llegó a México buscando reinventarse, dejando atrás 14 películas pastel, dejando atrás la imagen de la novia de toda España, buscando algo que no sabía exactamente qué era, pero que intuía que estaba en México.

 y en una comida organizada por su discográfica, conoció a Juan Gabriel, que le ofreció sus canciones  rancheras. Rocío dijo que no, no era su mundo, no era su género, no sabía nada de rancheras y Junior la convenció de intentarlo. Y Rocío grabó y el disco que nadie esperaba vendió más de medio millón de copias y México la adoptó.

 Y Juan Gabriel y Rocío empezaron algo que ninguno de los dos podría haber predicho aquella tarde en esa comida. Una colaboración que duraría una década, que produciría 10 álbumes, que convertiría a Rocío en la artista española más vendida de la historia, que colocaría ese disco de 1984 en el top 10 de los más vendidos de México de todos los tiempos.

 La única extranjera entre Juan Gabriel, José José, Vicente Fernández y Luis Miguel. En siete años habían construido algo extraordinario juntos. Y en ese disco de 1984, el que se llamó canta a Juan Gabriel volumen 6 en España y Amor Eterno en México, Juan Gabriel puso todo lo que tenía. Amor eterno, la canción que guardó durante 10 años y que Rocío cantó antes que él mismo.

 Costumbres, la que nació de observar a una pareja de su equipo en un viaje a Toluca. Perdóname, olvídalo. Sobre dos personas que se hacen daño y que necesitan separarse para sanar. y déjame vivir la conversación que nunca se tiene en voz alta, la que ocurre cuando uno ya ha decidido y el otro no puede aceptarlo. Juan Gabriel la escribió y luego hizo algo que muy pocos compositores hacen.

En lugar de cantarla solo, buscó a alguien que cantara el otro lado de la conversación, la voz de ella, la de la que quiere irse, la de la que ya ha decidido y solo necesita que el otro lo acepte. Y para esa voz no había ninguna duda. Rocío Durcal. Juan Gabriel conocía la voz de Rocío mejor que nadie.

 Sabía lo que podía hacer con una letra  que le llegara de verdad. Sabía que cuando Rocío cantaba algo que conectaba con ella,  el resultado era diferente a cuando lo hacía cualquier otra intérprete. Había algo en la voz de Rocío cuando cantaba desde un lugar verdadero  que llegaba al oyente de una manera directa e irreductible, no actuada, no interpretada desde la distancia técnica de una intérprete profesional, cantada desde  dentro con toda la verdad de alguien que ha estado en ese lugar o

que podía estarlo con la facilidad de quien lleva años habitando las canciones de otro. Y Rocío lo hizo. Tomó esa letra. Te pido por favor de la manera más atenta que me dejes en paz de ti. No quiero ya jamás saber. Y la cantó con la convicción de alguien que lo decía de verdad, que había tomado la decisión, que no había marcha atrás, que por favor se fuera. Y Juan Gabriel cantó su parte.

No, no, no. Yo no me resignaré no a perderte nunca, aunque me castigues con ese desprecio que sientes por mí. esa resistencia, esa negativa a aceptar lo que es evidente, esa manera de aferrarse cuando todo dice que hay que soltar. Los dos cantando una conversación que los dos conocían desde dentro.

 Porque hay algo que la mayoría de las personas que escuchan Déjame vivir no saben. Y es que esta canción no es simplemente un  dueto entre dos artistas. Es una conversación real entre dos personas que tenían una historia juntos, no romántica en el sentido convencional, pero sí profunda. 7 años de trabajo compartido crean algo que es difícil de nombrar exactamente, pero que cualquiera que lo haya vivido reconoce.

 Una complicidad, una dependencia artística mutua, una manera de conocerse que va más allá de lo que se puede explicar en una entrevista. Y cuando Juan Gabriel le propuso a Rocío cantar esta conversación, había algo en esa propuesta que tenía capas. No era solo una canción más del disco.  Era una conversación sobre lo que significa querer irse cuando el otro no quiere dejarte marchar, sobre lo que significa decir déjame vivir y sobre lo que significa no poder resignarse a esa pérdida. Antes de continuar, si estas

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