Posted in

Joven de 23 cargaba ancianos 60 escalones gratis—Cantinflas supo por qué y se QUEBRÓ

 ¿Cuánto le debo? Nada, señora. Es gratis. Gratis. Pero acabas de cargarme 60 escalones y me alegro de poder ayudar. Que tenga buen día. La anciana se fue claramente conmovida y el joven bajó las escaleras de nuevo regresando a su lugar en la base. Mario observó fascinado porque este no era evento único. Otra persona mayor, esta vez un anciano con muletas, se acercó al joven.

 La misma conversación, la misma oferta, el mismo viaje cuidadoso subiendo 60 escalones. La misma respuesta cuando se ofreció pago es gratis. Después de observar al joven hacer esto tres veces más, Mario se acercó. Disculpa, joven. He estado observando lo que haces. Es extraordinario. El joven se volvió y sonríó.

 Sonrisa cansada, pero genuina. Gracias, Señor. Solo trato de ayudar. ¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto? 2 años. todos los sábados y domingos de 8 de la mañana a 6 de la tarde y cargas a todas estas personas gratis. Sí, señor. ¿Pero por qué? ¿Por qué no cobrar? Estás haciendo trabajo físico difícil. El joven miró hacia las escaleras porque si cobrara las personas que más necesitan ayuda no podrían pagar y entonces seguirían atrapadas abajo, incapaces de subir.

¿Cuál es tu nombre? Andrés. Andrés López. Andrés, ¿puedo preguntarte algo? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? Andrés se sentó en el último escalón, claramente agradecido por el descanso. Hace dos años estaba aquí en el metro. Vi a mi abuela, mi abuela que me crió después de que mis padres murieron tratando de subir estas escaleras.

 Tenía 75 años. Artritis severa en ambas rodillas. Cada escalón era agonía para ella. Vi cómo se agarraba del pasamanos, subía a un escalón, se detenía, respiraba, subía a otro escalón. Le tomó 20 minutos subir 60 escalones y durante esos 20 minutos, cientos de personas pasaron junto a ella. Nadie se detuvo, nadie ofreció ayuda, solo la miraban, algunos con lástima, otros con irritación porque iba lento y pasaban.

Cuando finalmente llegó arriba, estaba llorando de dolor y humillación. Y yo pensé, “¿Cómo es posible que en ciudad de millones de personas nadie ayude a anciana a subir escaleras?” Entonces decidí, “Yo seré ese alguien. Vendré aquí cada fin de semana y ayudaré a cualquiera que necesite ayuda subiendo escaleras.

 ¿Y tu abuela?” La expresión de Andrés se entristeció. murió hace un año, pero antes de morir venía aquí a menudo. Ya no tenía que sufrir subiendo escaleras. Yo la cargaba y me decía, “Andrés, lo que haces por mí, hazlo por otros también. Hay muchas abuelas que necesitan ayuda.” Entonces continúo por ella y por todas las abuelas y abuelos que luchan con estas escaleras cada día.

¿Trabajas durante la semana? Sí, trabajo en construcción de lunes a viernes. Pagan bien, suficiente para vivir. Los fines de semana vengo aquí. Pero no descansas. Trabajar construcción es físicamente agotador. Después venir aquí a cargar personas. Descanso en las noches y vale la pena. Absolutamente vale la pena.

 ¿Cuántas personas cargas en un día típico? Depende. En día lento, tal vez 20, en día ocupado, 50 o 60. 50 o 60 personas. Eso es 3,000 escalones o más. Sí, mis piernas están fuertes. Andrés sonríó. Muy fuertes. ¿Sabes lo que es extraño? Andrés continuó mirando las escaleras. Al principio pensé que esto sería solo trabajo físico.

 Cargar peso, subir escaleras. bajar, repetir, pero aprendí que es mucho más que eso. Cada persona que cargo me cuenta su historia durante esos minutos subiendo escaleras. Don Julio, lo cargo cada domingo, va a visitar a su esposa en hospital. Tiene 84 años. Su esposa tiene cáncer. Me cuenta sobre sus 60 años de matrimonio mientras subimos.

 Doña Carmen, la cargo cada sábado, va a mercado a comprar ingredientes para comida que vende. Tiene 78 años, viuda, seis hijos, todos con sus propias familias. Me cuenta sobre cada uno mientras subimos. Ese señor que acabo de cargar se llama Martín, 72 años, va a terapia física para sus rodillas. me contó que fue bailarín profesional hace 50 años, que sus rodillas bailaron en escenarios por toda América Latina.

Ahora apenas pueden subir escaleras y la cosa es cuando los cargo no son solo peso en mi espalda, son vidas completas, son historias, son personas que han vivido décadas, que tienen familias, que tienen lugares importantes donde ir. Don Julio necesita ver a su esposa. Doña Carmen necesita ganar dinero para comer.

Martín necesita terapia para poder seguir caminando. Estos no son lujos, son necesidades. Y estas escaleras, estas malditas escaleras se interponen en su camino. Entonces, cuando subo pienso, estoy cargando a don Julio hacia su esposa, estoy cargando a doña Carmen hacia su sustento, estoy cargando a Martín hacia su sanación.

 No es solo peso, es propósito. Por eso nunca cobro, porque cómo puedes ponerle precio a ayudar a alguien a llegar a alguien que ama, a su medio de vida, a su tratamiento médico? No puedes, simplemente ayudas. Y todos son ancianos mayormente, pero también ayudo a personas con discapacidades, madres con carritos de bebé, personas con equipaje pesado, cualquiera que luche con las escaleras.

 ¿Alguna vez te han ofrecido dinero? Todo el tiempo. La mayoría trata de pagar, pero siempre rehuso porque no hago esto por dinero, lo hago porque es lo correcto. Pero, ¿qué hay de las personas que pueden pagar? Las que tienen dinero, no importa si tienen dinero o no, todos merecen ayuda. Rico o pobre, anciano o joven. Si necesitan ayuda subiendo escaleras, yo ayudo.

Mario observó a este joven de 23 años, musculoso de trabajo de construcción, claramente cansado, pero determinado, que dedicaba sus únicos días libres a cargar extraños subiendo escaleras. Andrés, ¿me permites ayudarte? No necesito ayuda, señor. Puedo seguir haciendo esto. No hablo de detenerte, hablo de amplificar lo que haces.

 Tienes razón. Estas escaleras son problema, pero tú eres solo una persona. ¿Qué tal si pudiéramos solucionar el problema de manera más grande? ¿Qué quiere decir? Quiero decir, ¿qué tal si instalamos elevador o al menos rampa mecánica para que personas mayores y personas con discapacidades no tengan que depender de bondad de extraños para acceder al metro? Eso sería increíble, pero ¿quién pagaría algo así? Déjame preocuparme por eso.

 Durante las siguientes semanas, Mario no solo trabajó en solución para esta estación de metro específica, sino que también hizo algo más, algo inspirado por la dedicación de Andrés. Primero presentó propuesta formal a autoridades del metro. La estación Pino Suárez era una de las más profundas del sistema con escaleras especialmente largas y empinadas.

Read More