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HARFUCH ABRE LA CAJA FUERTE DE CANTINFLAS Y HALLA EL SECRETO PERTURBADOR DE 33 AÑOS

solo el ruido de las olas pegando contra la roca 20 met más abajo. La estatua de Cantinflas seguía ahí con la pintura desgastada, pero la posee intacta, mirando al pacífico como si todavía estuviera esperando que alguien viniera a contestarle la pregunta que llevaba 30 años haciéndose.

 La estatua era lo único que en esa propiedad seguía en pie como el día que se inauguró. El ferrajero trabajó 4 minutos con la puerta principal. Cuando cedió, lo primero que salió no fue luz. Salió el olor. Olor a salitre encerrado durante décadas. Olor a humedad atrapada en colchones que ya no estaban. Olor a pintura vieja y a un perfume femenino que llevaba mucho tiempo si no leera nada. Harfuch entró primero.

 La linterna recorrió la sala. Hay restos de un piano de cola que alguien intentó llevarse y dejó a la mitad del salón. Hay un sillón forrado de terciopelo verde con tres patas quebradas. Hay decoraciones en las paredes con peces y sirenas que casi nadie ha visto bien. Y hay una alberca afuera vacía con un cráneo dibujado en el fondo por los chamacos del barrio.

 La habitación principal está al fondo de un pasillo largo con ventanas que dan al mar. El cuadro principal seguía colgado en la pared, un retrato al óleo de cantinflas joven firmado a mano por el pintor. Harf lo descolgó. Detrás había exactamente lo que las grabaciones de aquellos años decían que había. Una caja fuerte empotrada en la pared del tamaño de un horno de microondas.

 Marca Mosler, fabricada en Cincenati en 1952, condial de seis números y palanca cromada. La caja fuerte que ni Mario Arturo ni Eduardo Moreno encontraron nunca. Te voy a preguntar algo. ¿Cuánto crees que había dentro de esa caja? Piensa un número. Piensa en lo que cabe en un cubo de 50 cm por 50 cm. Piensa en lo que un hombre que tenía cuentas en cuatro países habría guardado en un lugar al que ni su hijo tenía acceso.

Te lo cuento en un rato. El perito tardó hora y 20 abriendo la caja sin dañarla. Cuando cedió, adentro había cuatro cosas. La primera, un sobre amarillo tamaño carta con la letra de cantinflas escrita a lápiz sobre la solapa. La segunda, dos casetes baasef de 90 minutos con una etiqueta a mano que decía solo la letra M.

 La tercera, una libreta verde forrada en piel con las páginas amarillas y cuentas escritas a lápiz también. Y la cuarta, una fotografía polaroid de Cantinflas con otra persona y esa otra persona tenía el rostro borroso. Pero aquí hay algo que el sobrino jamás contó. Hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Mario Moreno Cantinflas y te voy a avisar cuando llegue cada una.

Primero, la cifra real que tenía en la cuenta de Banamex el día que murió. ¿Y dónde aparecieron los 68 millones de dólares que faltaban? 13,000 pesos no fue lo que dejó. 13,000 pesos fue lo que dejaron que apareciera. Segundo, el nombre completo de la persona que entró al hospital de Houston esa noche con el papel doblado en tres partes y cómo logró que 21 años después la Suprema Corte de Justicia de la Nación validara esa firma.

 El sistema judicial mexicano abanó lo que la familia jamás aceptó. Tercero, lo que dice la libreta verde que acaba de salir de esa caja fuerte. Páginas con nombres y cantidades a lápiz, nombres que Antonia conoce, nombres que sigue viendo en la televisión. Cuarto, lo que está escrito en ese sobreamarillo. Una carta dirigida a Mario Arturo Moreno Ivanova, fechada 22 de marzo de 1993, 29 días antes de la muerte de su padre.

Y la última frase de esa carta es la frase que explica por qué Cantinflas murió en silencio por qué nadie en su familia ha querido leerla en voz alta y por qué tres copias de ese sobredesaparecieron entre Houston y la Ciudad de México antes de que abramos el sobre, hay que retroceder. Hay que entender quién era este hombre y hay que entender quiénes eran los que estaban alrededor de él esperando.

 Mario Fortino, Alfonso Moreno Reyes, nació el 12 de agosto de 1911, sexto de 14 hijos, familia humilde de la colonia Guerrero en la ciudad de México. Pedro Moreno, el papá, era cartero. Soledad Reyes. La mamá le enseñó a leer en la cocina. La casa era de dos cuartos y 11 camas tendidas en el piso. Cuando Mario tenía 6 años, vio como su padre le pegaba a su madre con un cinturón porque no había alcanzado la quincena para los frijoles.

Esa imagen no se le olvidó. Y según los que lo conocieron de cerca, esa imagen le hizo prometerse que cuando él tuviera dinero, una mujer suya nunca iba a tener que llorar por no llegar al fin de mes. A los 18 se subió por primera vez al escenario de una carpa en la colonia Guerrero.

 Salió a bailar con un tambor amarrado a la cintura. 3 minutos le pagaron 20 centavos. Esa noche no comió. Pero al día siguiente regresó y al siguiente, hasta que un día llegó a la carpa Valentina en la avenida Dr. Btiz y ahí adentro estaba bailando una rusa de 19 años que se llamaba Valentina Ivanova Zucoba, hija de exiliados de la guerra civil rusa.

 La familia había huido de Moscú en 1919 con tres maletas. y tres niñas llegaron a México sin hablar español. La madre montó la carpa con un préstamo y Valentina, que ya entonces todos llamaban Balita, bailaba con sus dos hermanas Olga y Tamara formando el trío Zubarev. Mario la vio, Ivita lo vio. Y 27 de octubre de 1934 se casaron en una capilla pequeña con dos testigos y un anillo prestado.

El padre de Valentina, Gregor Ivanov, no estuvo. Dijo que ese muchacho mexicano no le iba a dar a su hija la vida que ella merecía y le quitó la herencia. Mario, en lugar de pelear, renunció a la carpa. Esa misma noche. Se llevó a balita en un taxi a un cuarto rentado en la colonia Guerrero. Ahí empezó todo.

 Y aquí, pregúntate algo. Si tú alguna vez te casaste con alguien que la familia no aceptó, ¿entiendes lo que Mario y Balita cargaron los primeros 5 años de matrimonio? sin dinero, sin contactos, comiendo lo que se podía, pero juntos. Y eso es lo que Antonia entiende en el cuerpo cuando ve esta historia, porque Antonia conoció a alguien así, o ella misma fue alguien así, la rusa que dejó la herencia por el pelado mexicano.

 El pelado mexicano que cargó con la rusa contra el viento del suegro. Lo importante no es la cifra, es quien la firmó. Para 1940, Cantinflas ya era el cómico más taquillero de México. Ahí está el detalle. Se estrenó en el 40. Si yo fuera diputado, el bombero atómico, el barrendero. 49 películas en 45 años de carrera.

 En 1956, Mike Todd lo trajo a Hollywood para Around the World in 80 Days. Le pagaron 2 millones de dólares, globo de oro a mejor actor en comedia. Compartió set con David Niven, con Frank Sinatra, con Marlene Dietrich. Cuando volvió a México ya no era el cómico de las carpas, era el hombre más rico del cine en español.

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