El día que recogió el globo de oro en Beverly Hills, Cantinflas subió al escenario con un traje gris carbón hecho a la medida por un sastre de Savil Row. En el bolsillo del saco llevaba una fotografía de balita en blanco y negro con marco de cuero. La mostró el discurso. Dijo en su inglés con acento que el premio era para la mujer que lo había esperado 31 años.
Esa fotografía la guardó en la caja fuerte de Acapulco. Era la fotografía Polaroid que 32 años después salió en una bolsa transparente con sello de cadena de custodia. Y si tú alguna vez viste una película de Cantinflas Un domingo en la tele con tu papá o con tu abuelo sentada en un sillón de pana en una sala con olor aguisado, ¿entiendes lo que este hombre fue para tu familia? para tres generaciones de mexicanos.
Un cómico que hacía reír a tus abuelos en las carpas, un actor que hacía reír a tus padres en los autocinemas, un personaje que todavía hoy sale en el canal 5 a las 4 de la tarde y tu mamá lo deja puesto, aunque ya se sepa los diálogos de memoria. Y mientras tú veías, ahí está el detalle el domingo por la tarde con tu familia sentada en la mesa de la cocina con un plato de arroz con leche.
Cantinflas firmaba contratos en Polanco que terminaban en cuentas que tú nunca ibas a ver. Eso pasaba al mismo tiempo. Eso ocurría mientras tú lo escuchabas decir, “Ahí está el detalle. compró la mansión de Acapulco en 1952, 3,800 m de terreno frente al mar, la construyó él. Eligió cada azulejo, mandó pintar las paredes con peces y sirenas.
La gente del barrio Las Playas lo veía bajar de un cadalic negro cada 15 días con maletas Louis Witon. En 1957, cuando Elizabeth Taylor se casó con Mike Tod en Acapulco, fue Cantinflas el que les prestó la mansión durante la luna de miel. Hay fotos en blanco y negro de Elizabeth Taylor en la piscina que hoy está vacía con un cráneo dibujado en el fondo.
Pero aquí hay algo que ningún biógrafo se atrevió a publicar. Se decía en el medio y se decía con nombre y apellido que una semana antes de que le diagnosticaran el cáncer, Cantinflas le había contado a alguien muy cercano que tenía un mal presentimiento, que había soñado tres noches seguidas con Balita, que en el sueño Balita le decía que no firmara nada.
Una versión que circuló entre los meseros del salón Terampa esa misma noche y que se quedó por años en los pasillos de la anda. Cantinflas tocaba una servilleta blanca mientras hablaba, doblándola en cuatro partes, una y otra vez. Su agente de toda la vida desmintió la historia en el 93. dijo que Mario nunca soñaba, pero esa servilleta doblada en cuatro partes la encontraron después en el bolsillo de su saco de gabardina cuando lo prepararon para velarlo.
Y la familia siempre lo negó, pero la persión se quedó. Acuérdate de esa fecha, 5 enero del 66. Porque ese día Mario Moreno Cantinflas perdió a Balita. Ella tenía 50 años. cáncer de huesos. Habían estado 32 años casados, no habían podido tener hijos biológicos. Y a pesar de los rumores de infidelidad que durante toda la carrera de Cantinflas circularon en las páginas de cine, Balita se quedó con él hasta el último día.
murió en una clínica en Bell, Texas, agarrándole la mano. Y cuando regresaron a la Ciudad de México con el cuerpo, Cantinflas se encerró en el departamento de la colonia Anzures durante 42 días. No salió a filmar, no salió a comer, no salió a hablar por teléfono. Y aquí llega la primera cosa que te prometí, la cuenta de Panamex.
Cuando Cantinflas murió en abril del 93, Mario Arturo Moreno Ivanova bajó al banco al día siguiente, lo declaró públicamente a El Universal en el año 2003. lo dijo con estas palabras textuales. Mi papá tenía cuentas en España, Islas Caimán, Nueva York y México. Al fallecer fui a los bancos a informarles del deceso para congelarlas y hacer los inventarios, pero el saldo de Banamex, en donde yo sabía que había 68 o 70 millones de dólares, solamente encontramos 13,000 nuevos pesos.
13,000 pesos. En la cuenta principal del hombre más taquillero del cine en español, 13,000 pesos, equivalente entonces a tres salarios mínimos, la cuenta donde debían estar 68 millones de dólares. 68 millones que en 1993 equivalían a la compra de 3000 casas promedio en IFPAN. 3,000 familias enteras viviendo bajo techo con lo que faltaba de una sola cuenta de banco.
¿De verdad crees que 68 millones de dólares se evaporan de una cuenta en 6 semanas? ¿De verdad crees que un hombre inconsciente en una cama de hospital de Houston pudo dar las instrucciones de transferencia que vaciaron esa cuenta? Las cuentas en España, las cuentas en Islas Caimán, las cuentas en Nueva York. Todas cerradas entre el primero de marzo y el 15 de abril de 1993, 15 días antes de su muerte oficial.
El mismo periodo en el que, según declaró su hijo en cuatro entrevistas distintas, Cantinflas estaba inconsciente. Y mientras tú leías la noticia de la muerte de Cantinflas en el periódico del 21 de abril, mientras te tomabas un café en tu cocina y te enterabas de que se había muerto el cómico de tus papás, alguien en una oficina de Houston ya había recibido 68 millones de dólares en seis transferencias y esa persona no era Mario Arturo.
Pero aquí, antes de que sigas hay otra cosa, algo que la familia jamás quiso que saliera en prensa. Se decía con nombre y apellido en los pasillos de estudios Churubusco durante años, que Mario Arturo Moreno Ivanova no era hijo adoptivo, que era hijo biológico de Cantinflas y que la mujer que lo trajo a este mundo se llamaba Marion Roberts, Texana.
Rubia, 22 años, había llegado a la Ciudad de México en febrero de 1960 con una maleta café de cuero con las iniciales MR grabadas en oro y un bebé de 3 meses. se hospedó en el hotel Geneve. Pidió cita con Cantinflas a través de su secretaria y cuando se sentó frente a él, según contó después una empleada doméstica que prefirió no dar su nombre, le pidió una sola cosa, que dejara a Balita, que se quedara con ella y con el niño.
Candinflas le dijo que no podía, que Balita estaba enferma, que ya llevaba dos años con dolores de huesos sin diagnosticar. que no podía dejarla. Marion Roberts agarró la maleta, dejó al bebé en el sillón del despacho y se subió a un taxi de regreso al hotel GNEV. Tr meses después se quitó la vida en un cuarto del hotel St. Anthony en San Antonio, Texas.
Diciembre de 1961. 22 años. La familia siempre negó esa historia. Mario Arturo, mientras vivió sostuvo que sus padres biológicos eran desconocidos, pero la versión de Marion Roberts circuló durante 60 años en el medio y todavía hoy se cuenta en los velorios de los actores del cine de oro. Si alguna vez en tu vida cargaste un secreto familiar que sabías que no podías contarle a nadie, ¿entiendes lo que Cantinflas cargó los 33 años que vivió sin balita? 33 años criando a un niño que era su hijo biológico mientras lo llamaba hijo adoptado para proteger
la memoria de la mujer que sí lo había amado de verdad. Esa noche en que enterró a Valentina, Mario Arturo tenía 5 años. Le había puesto en el cajón un osito de peluche café con un parche en el ojo derecho. Cantinflas regresó solo a la mansión de la colonia Anzures. Se sentó en el sillón del despacho, mismo sillón donde 3 años antes Marion Roberts le había dejado al niño.
La empleada salió a las 9 de la noche y le preguntó si quería cenar. Él le dijo que no. La empleada no lo presenció, pero quienes lo conocían imaginaban que pudo haber sido así. Cantinflas mirando una fotografía de balita en la pared. La fotografía donde ella estaba con el vestido blanco de la inauguración de la carpa Valentina, el olor a flores secas en el pasillo, el reloj de péndulo dando las 10, las 11, las 12 y un hombre de 54 años, dueño de la mansión más visitada de Acapulco, con cuentas en cuatro países, sin nadie con quien hablar. Eso
solo lo supo él, pero la silla siguió con la marca del peso de su cuerpo durante años. Acuérdate del nombre Marion Roberts. Va a importar en 20 minutos. Cantinflas siguió trabajando. Hizo el profe en el 71, conserje en condominio en el 72. El barrendero, su última película en 1981, 69 años.
Pidió que la grabaran en una sola escena por día porque ya se cansaba. En 1982 se retiró. 12 años de silencio. 12 años en los que solo aparecía cuando algún expresidente le invitaba a comer. Solo aparecía en el palco del estadio Azteca el primer domingo del mes. Solo aparecía en algunas entrevistas de televisión donde hablaba de los pobres de México, porque como decía él, los pobres son los que me dieron de comer cuando yo era pobre.
Y mientras él se hacía viejo solo en la colonia Anzures, los amigos del cine se le iban yendo de uno en uno. Pedro Infante, Jorge Negrete, Tin Tan. Sara García a Tin Tan no le hablaba. Eso es importante porque la rivalidad entre Germán Valdés y Mario Moreno Cantinflas fue una de las más documentadas de la época.
Nunca hicieron una película juntos, solo coincidieron en un corto benéfico en la Plaza de Toros, México, en 1950. Y según la versión que documentaron los biógrafos de los Valdés, hubo una sola anécdota que ronó la relación para siempre. Iban en un vuelo de la ciudad de México a Acapulco. En el mismo avión iba Rosalía Julián, la esposa de Tin Tan dormida.
Cantinflas, según se contó después en los pasillos de estudios Churubusco, se acercó al asiento de Rosalía y se tomó una foto con ella como broma. Cuando Tintan vio la foto en una revista una semana después, dijo una sola frase: “Esto jamás se lo perdonaré a Cantinflas.” Y no se lo perdonó. Y en 1952, cuando Cantinflas escribió el guion de “Si yo fuera diputado, metió una frase pequeña, “Para Pachucos, no hay servicio porque me caen gordos.
” Esa frase iba dirigida a Tintán y Tintán lo entendió y se cerró un círculo de odio que duró hasta que Germán Valdés se murió de hepatitis en 1973. Pero esto te tiene que doler más cuando entiendas lo que Cantinflas perdió por no tener a Tintán al lado en sus últimos años. Tintan habría sido el único que podía sentarse con él a las 11 de la noche a recordar las carpas.
El único que entendía y Cantinflas, en su orgullo, lo dejó morir solo en Cuernavaca, sin haberle hablado una sola vez en 20 años. Ahora te voy a contar algo que va a cambiar todo lo que sabías sobre la herencia. Eduardo Moreno Laparade era hijo de Esperanza Moreno Reyes, la hermana de Cantinflas. Era su sobrino.
Lo había criado desde los 9 años porque Esperanza en viudo joven. Lo metió a la productora Posa Films como administrador. Le firmó los primeros poderes en los años 70 para que manejara los contratos de distribución internacional. Le dio una casa en Polanco, le pagó la universidad en Estados Unidos, lo trató durante 28 años como un segundo hijo y Eduardo Moreno Laparade, durante 28 años fue el hombre de confianza de Cantinflas, el que sabía dónde estaban las cuentas, el que sabía dónde estaban los contratos, el que sabía dónde estaban las firmas.
El 20 de febrero de 1993, Cantinflas se sentó en una banca del Parque México y empezó a toser. Tosió sangre. Tres días después estaba internado en el Hospital Inglés. 5 días después estaba en un avión privado rumbo a Houston. Diagnóstico oficial. Cáncer de pulmón en estado avanzado, diagnóstico que su hijo Mario Arturo después diría que era equivocado, que el cáncer estaba en el esófago adherido a la vena carótida.
Pero esa discusión vino después. Lo que importa es que tres semanas después del diagnóstico, Cantinflas dejó de hablar. Tres semanas después dejó de abrir los ojos. 1993. Tú estabas en tu casa cuando interrumpieron la programación del canal 2. Tú escuchaste la voz de Jacobo Zablodowski. Tú viste las imágenes en blanco y negro de Cantinflas Joven.
En las carpas, con el sombrero echado para atrás, tuviste a la gente parada en las calles de la Ciudad de México. La fila de 5 km frente a la funeraria Félix Cuevas. La Convib Blanca llegando a la 1 de la madrugada, el Teatro Jorge Negrete de la Anda con las cortinas negras y a Salinas de Hortari entregándole a Mario Arturo una medalla póstuma que el muchacho aceptó con los ojos rojos.
Esa imagen la viste tú. Y aunque eras chica, aunque tenías 28 años entonces, aunque estabas planchando o haciendo la cena cuando interrumpieron, esa imagen no se te olvidó nunca. Todavía no. Pero antes de que escuches lo que firmó esa noche en el hospital, necesitas entender quién entró al cuarto y aquí llega la segunda cosa que te prometí.
El nombre del sobrino y la cadena que le permitió ganar. Se decía y se decía con nombre y apellido que Eduardo Moreno La Parade había estado peleando con Mario Arturo por los derechos de las películas durante 20 años. Ese rumor, ya lo sabías, lo cubrió la prensa entre el 93 y el 2014. La Suprema Corte de Justicia de la Nación lo confirmó en su sentencia y la parade lo aceptó en conferencia.
20 años. La cifra es pública. Él lo dijo, su primo lo negó, pero el dato está en el expediente. Pero lo que no salió en la prensa fue lo que circuló en los velorios de los actores. Y eso ya es otra cosa. Contaba en los pasillos del teatro Jorge Negrete de la Anda que el documento de cesión de los derechos cinematográficos de las 39 películas no se firmó en una oficina, se firmó en el cuarto del hospital, cuarto piso del Metados hospital de Houston, Texas.
Habitación 342. El 28 de marzo de 1993, a las 2:20 de la madrugada, cuando Cantinflas llevaba 7 días inconsciente. Eso se contaba. La familia La Parad lo desmintió en tres entrevistas distintas. Nunca se pudo probar quién entró al cuarto esa noche. Pero el documento existe, la firma existe y la firma, según los peritos que contrató la defensa de Mario Arturo en el 97, no coincide con la firma autenticada de Cantinflas en los 3 años anteriores a su muerte.
Y todavía hay algo más oscuro, una versión que solo se cuenta a medias. Hay quien dice todavía hoy que el documento llevaba dos semanas listo esperando, esperando en el portafolios negro de piel española con cierre dorado que Eduardo Moreno Laparade llevaba al hospital cada vez que iba a visitar a su tío.
Que la enfermera Verónica López, que estaba de guardia esa noche, vio el portafolio abrirse, vio el papel salir y vio que alguien le acomodaba la mano a Cantinflas. para que pudiera afirmar. La enfermera Verónica López jamás dio entrevistas, pero un primo suyo, que trabajaba de chóer de un actor mexicano en Houston, lo contó en una cantina de la calle Madero en 1997.
La versión se quedó, nadie la pudo probar. La familia Laparade demandó al primo del chóer por difamación y el chóer se desistió. Pero la versión se quedó. 21 años después, el 12 de marzo del 2014, la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictó sentencia definitiva. Tres ministros a favor, dos en contra. Eduardo Moreno Laparade fue declarado oficialmente el sucesor de los derechos cinematográficos de las 39 películas de Cantinflas.

Mario Arturo Moreno Ivanova, hijo único y biológico del cómico, según lo que dejó escrito su padre en la carta de Acapulco, perdió el pleito 21 años después de haberlo empezado. Esa sentencia de tres páginas está en el archivo público de la Suprema Corte. Cualquiera puede consultarla. Y en la página 2, párrafo 4, los ministros que votaron a favor sostuvieron que la firma del 28 de marzo de 1993 era válida porque los peritos contratados por la defensa de Mario Arturo habían sido contratados con 14 años de retraso.
La validez de la firma se decidió por un argumento procedimental, no por análisis caligráfico. El sistema judicial mexicano avaló la firma del cuarto 342 del métodos hospital de Houston con un argumento que no tenía nada que ver con si esa firma era de Cantinflas o no. Mientras tú y tu familia intentaban que la quincena alcanzara para los frijoles, esa semana de marzo de 1993, Eduardo Moreno Lapará conducía un Mercedes-Benz blanco modelo del 92 por Memorial Drive en Houston y en el asiento del copiloto llevaba un papel doblado en tres partes
que valía 68 millones de dólares. La aritmética del país no la entiende cualquiera, pero el contraste es claro. La quincena de Antonia, el asiento del copiloto del sobrino. Una versión que jamás llegó a juicio. Sostenía que cuando Cantinflas hizo Around the world in 80 Days en 1956, le pidieron como parte del contrato con Michael Todd que pusiera a un tercero en la lista de derechos.
un nombre, una firma adicional en tinta china azul en la página 15 del contrato, que ese nombre era de un senador estadounidense que tenía un amigo y que ese amigo se llevó durante décadas un porcentaje de las regalías que aparecía registrado en un archivo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Nunca se probó.
El archivo, si existió está clasificado y el senador si existió lleva 35 años muerto. Pero la versión circuló durante décadas en los pasillos de estudios Churubusco y la página 15 de ese contrato, según se decía, era la página que Cantinflas no quería que su hijo viera. Pero ahora que sabes lo que firmó Cantinflas en el 93 y lo que firmó en el 56, lo que viene a continuación tiene otro peso.
Hay quien dice todavía hoy que la mansión de Acapulco no se construyó para palita, que se construyó para una promesa más oscura. Hay versiones que circularon entre los pescadores de Caleta durante años. Versiones que la familia siempre desmintió. Versiones que tienen que ver con un hombre que apareció una noche de 1951 en un bar de la colonia Roma.
Un hombre con un cuarzo verde del tamaño de una moneda de apeso. Un hombre que le dijo a Cantinflas que si quería seguir teniendo éxito tenía que construir una casa frente al mar de Acapulco, que tenía que poner una estatua de él mismo mirando al océano, que tenía que pintar peces y sirenas en las paredes y que tenía que prometer no volver a casarse mientras el cuarzo siguiera en su poder.
La versión jamás se confirmó. El cuarzo nunca apareció en el inventario de los bienes de Cantinflas, pero la mansión existe, la estatua existe, las sirenas pintadas existen y Cantinflas, después de que murió Balita, nunca se volvió a casar. 33 años solo. Coincidencia o cumplimiento de promesa, eso ya nadie lo va a saber.
Eduardo Moreno La Parade dio una conferencia en el 2017 en marzo, dos meses antes de que muriera Mario Arturo, y dijo una frase que nadie ha olvidado. Lo dijo con cámaras encendidas. Él fue el heredero único y universal, con la excepción de las películas que me cedió en vida. Y todo eso ha tenido un solo destino, la nariz de Mario Arturo.
La nariz de Mario Arturo. Esas fueron sus palabras textuales. Refiriéndose públicamente a la adicción de su primo, refiriéndose en cámara a un hombre que llevaba 20 años peleando una herencia que su padre le había dejado, la nariz de Mario Arturo. Y la familia escuchó esa frase en televisión y los nietos de Cantinflas la escucharon.
Y Abril del Moral, la primera esposa de Mario Arturo la escuchó. Abril del Moral, que crió a los dos primeros hijos de Mario Arturo, ha declarado en tres entrevistas que a ellos no les tocó nada, sus palabras textuales. A nosotros no nos tocó nada. Y los tres chicos, dijo en una ocasión a TV y novelas, han consumido drogas responsabilizando a su exmarido por el entorno familiar.
Pero Cantinflas, mientras vivió los protegió y cuando Cantinflas se murió, esa protección se acabó. Volvamos a la mansión de Acapulco. Volvamos a las 4:18 de la madrugada. Volvamos a Harf con la linterna en la mano y la caja fuerte abierta frente a él. Pero lo importante no es lo que decía el papel, es lo que no decía. La libreta verde forrada en piel salió primero.
La notaria la sacó con guantes de látex y la puso en una bolsa transparente con celio inviolable. Páginas amarillas, cuentas escritas a lápiz. La letra de Cantinflas era pequeña inclinada hacia la derecha. Las páginas estaban divididas en columnas y en cada columna había una cantidad y un nombre. La libreta empezaba en 1967, un año después de la muerte de Balita, y terminaba el 15 de febrero de 1993, 5 días antes de su diagnóstico.
En la columna de la izquierda aparecían cifras en dólares. En la columna del centro aparecía el nombre del banco. en la columna de la derecha, los nombres de las personas que aparentemente recibían transferencias mensuales. Y aquí llega la tercera cosa que te prometí, la libreta. Los nombres. El primer nombre era de una compañía, Mundo Cantinflas, 400,000 al mes durante 26 años.
la compañía que después administraría Mario Arturo. Hasta ahí la cifra coincide con lo que la familia siempre dijo. Hasta ahí no hay sorpresa. El segundo nombre era una iniciativa que casi nadie conoce. Posa Films, estudio que Cantinflas fundó en 1952. $200,000 al mes. Hasta ahí tampoco hay sorpresa, pero en la página 32 de la libreta aparecía un tercer destinatario sin nombre, solamente unas iniciales escritas en mayúsculas.
La inicial E, la inicial M, la inicial P, tres letras, $,000 al mes, desde 1966 hasta febrero de 1993. Cuando un perito calculó el total con la calculadora del teléfono ahí mismo en la habitación principal salieron 4 millones y medio de dólares. 4,illon y medio de dólares pagados durante 27 años a un destinatario que aparece solamente con tres letras.
Pero aquí hay algo que el equipo legal de Eduardo Moreno jamás explicó, porque las iniciales EMP no aparecen en ningún contrato de los estudios, no aparecen en ningún contrato de distribución, no aparecen en ningún acuerdo de regalías que se haya hecho público entre el 70 y el 93. Esas tres letras corresponden a una persona física o moral que nadie ha podido identificar.
y la familia La Parade, cuando hereda los derechos en el 2014, los abogados revisan los libros contables y en los libros contables esas iniciales tampoco aparecen. Se decía y se decía con peso que había un segundo documento idéntico al primero que firmó Cantinflas en el hospital de Houston, pero con la firma real, la auténtica.
la que coincide con el resto de los documentos del archivo notarial. Y en ese segundo documento, lo que Cantín Flasedía era distinto, no las películas, una cantidad mensual, $,000 a las mismas iniciales EMP, una cantidad mensual que se debía seguir pagando incluso después de la muerte del cómico. Ese segundo documento nadie lo encontró nunca.
Se contaba en los pasillos del notariado público de la Ciudad de México que un abogado de apellido Echeverría lo había guardado durante años en una caja fuerte de un banco en la calle Masaric en Polanco. La caja fuerte tenía un número, 342. Y cuando ese abogado murió en el 2006 de un infarto fulminante en la sala de su casa de las lomas, alguien fue al banco a buscar la caja y la caja ya no estaba registrada.
La habían transferido tres meses antes a un titular que la cuenta de banco identificaba solamente con tres letras. E M P. Eduardo Moreno, la parade, murió en febrero de 2021 por complicaciones del COVID, 62 años, y se llevó esa información a la tumba. Eso es lo que se cuenta. Si fue verdad o no, solo él lo supo.
La caja 342 del Banco de Masaric no existe oficialmente, pero el rumor se quedó. Acuérdate del nombre Tita Marvez. Va a aparecer en 5 minutos porque Mario Arturo Moreno Ivanova también murió. 15 de mayo del 2017, 57 años, infarto fulminante. Como su primo, Y como su primo, se llevó a la tumba todo lo que sabía. Pero antes de morir había dejado un testamento.
Un testamento que su tercera esposa Tita Marvez modificó en términos que hasta hoy los tres nietos de Cantinflas, Mario y Valentina del Moral, junto con Marisa y Gabriel Bernat, llevan impugnando en los tribunales. Tita Marvez se declaró heredera universal. La mansión de Acapulco quedó a su nombre.
En el 2022 la puso en venta, 250 millones de pesos por una casa en ruinas con la estatua de Cantinflas todavía mirando al mar. Hay quien dice todavía hoy y se dice con peso que los dos cassets Baef de 90 minutos con la letra M escrita a mano que acaban de salir de la caja fuerte de Acapulco, no son los únicos cassetts que hay más que en alguna parte de Veracruz, en una casa de campo, en una calle sin pavimentar, un primo lejano de Cantinflas guarda todavía las grabaciones.
que el cómico hizo en los últimos meses de 1992. Grabaciones donde no canta, donde habla, donde dicta, donde según se cuenta, hay una frase que aparece tres veces a lo largo de 90 minutos. Una frase que Cantinflas repite en voz baja como si estuviera convenciéndose a sí mismo. Yo no firmé eso. Yo nunca firmé eso. Yo no firmé eso.
La familia La Parade lo desmintió en su momento. El primo en Veracruz jamás dio entrevistas, pero la versión se quedó. Y aquí llega la cuarta cosa que te prometí, el sobre. Pero antes de que escuches lo que dice ese sobre, hay algo que tienes que entender. Esa fecha te va a doler más cuando escuches lo que dice. Hay una historia, una historia que la familia Moreno jamás quiso confirmar.
Una historia que solo se cuenta a medias en los velorios de los actores del cine de oro. Una historia que si te la cuento esta noche, tú vas a entender por qué Cantinflas se fue como se fue. ¿Por qué dejó 70 millones de dólares en un país donde no estaban? ¿Por qué firmó documentos que jamás firmó? ¿Por qué murió sin volver a casarse? ¿Y por qué la última carta que escribió consciente termina con cinco palabras que nadie en su familia ha querido leer en voz alta? Te la cuento y la vas a contar mañana.
Se decía en voz baja que Cantinflas fue presionado durante 27 años por un empresario muy poderoso del medio del espectáculo, un hombre del que solamente se conservaban dos fotografías borrosas en los archivos de los noticiarios de aquel entonces. Un hombre cuyo nombre nadie se atrevía a pronunciar en cantinas porque, según se decía, había sido amigo cercano de tres presidentes consecutivos.
Ese hombre habría descubierto en 1962 que Mario Arturo Moreno Ivanova era hijo biológico de Cantinflas con Marion Roberts y habría usado esa información durante el resto de la vida del cómico. La presión consistía en una sola cosa, 12,000 al mes pagados mensualmente en una oficina de la calle Masaric en Polanco, $,000 al mes, para que ese hombre nunca le contara a Mario Arturo quién era su madre biológica.
$,000 al mes para que el muchacho creciera creyendo que era adoptado. $1,000 al mes durante 27 años. 500,000 en total. Se decía número uno, que el día que ese empresario murió en 1992, Cantinflas dejó de pagar las cuotas. Tres semanas después le diagnosticaron el cáncer. Esa versión la familia Moreno la desmintió tres veces en prensa en el 97, en el 2003 y en el 2019.
El empresario, si existió, está enterrado y nunca habló. La oficina de Masaric cambió de manos cuatro veces entre el 92 y el 2005. Los archivos físicos se perdieron en un incendio en el 2007. No quedan pruebas físicas de las transferencias, solo queda la libreta verde. Solo quedan las tres letras escritas a lápiz por la mano de Cantinflas mes a mes durante 27 años.
EMP. La versión nunca se probó, pero la versión se quedó. Ya sabías que la mansión de Acapulco está en ruinas. Lo viste en TikTok, lo viste en los videos virales de los exploradores urbanos. La inmobiliaria que la maneja desde el 2022 sigue intentando venderla, pero lo que no se cuenta es lo que la mansión tenía adentro y que nadie había sacado en 32 años.
La caja fuerte de la pared principal estaba intacta. Eso lo niega oficialmente la inmobiliaria. Pero los peritos de Harf, que abrieron esa pared encontraron polvo acumulado de tres décadas sobre las bisagras del cuadro. Y la cosa más oscura es que alguien sí entró antes que Harfuch. Se decía esa misma mañana en el barrio Las Playas que tres días antes del cateo, una camioneta blanca tipo Van se había estacionado afuera de la mansión durante 48 horas.
Dos hombres con gabardina sin matrícula visible. El velador del condominio vecino les preguntó qué hacían. Le contestaron que eran de la inmobiliaria. La inmobiliaria cuando se le preguntó después lo negó. El barrio, las playas jamás quiso hablar a cámara, pero el rumor se quedó. Y aquí, antes de abrir el sobre, hay algo más.
Esa escena nadie la presenció, pero quienes lo conocían imaginaban que pudo haber sido así. 22 de marzo de 1993. Metodoles Hospital de Houston. Habitación 342. 3 de la tarde. Cantinflas todavía estaba consciente. Le pidió a la enfermera Verónica López que le acercara un sobre amarillo. Le pidió también una pluma mon blan negra con la tapa dorada.
La enfermera, según contó después aquel chóer al que su primo le confesó en la cantina de Madero en 1997. se quedó parada al lado de la cama mientras Cantinflas escribía a mano con la letra inclinada hacia la derecha. La mano le temblaba, la pluma se le cayó tres veces. Cuando terminó, le pidió a la enfermera que cerrara el sobre con cera roja.
La enfermera dijo que en el hospital no había cera roja. Cantinflas le dijo que en el bolsillo de su saco de gabardina colgado del perchero había un trozo. La enfermera lo encontró. Cerró el sobre. Cantinflas le pidió que el sobre se quedara en la caja fuerte de la mansión de Acapulco hasta que él muriera.
Que cuando él muriera alguien iba a saber qué hacer. La enfermera asintió. Esa noche Cantinflas perdió la conciencia y nunca volvió a abrir los ojos. 29 días antes de que muriera el sobre, la cera roja, la carta. 20 años antes de morir, Cantinflas le había dicho a su contador que un día iba a escribir todo lo que le había pasado, que no quería que la historia se la contaran los otros, que él la quería contar a su manera.
29 días antes del último día consciente, escribió la carta. Antes de que escuches lo que dice ese sobre, el sobre salió de la caja fuerte de Acapulco a las 5:42 de la mañana. La notaria pública anotó la hora exacta y la firmó. El sobre estaba intacto. La cera roja seguía intacta. La letra de Cantínflas en la solapa decía lo siguiente: “Para Mario Arturo, mi hijo, no la abras hasta que yo me haya ido.
” Hospital Métodos, Houston. 22 de marzo de 1993. 29 días antes de su muerte oficial. 29 días antes de que cualquier documento de cesión se firmara. La fecha sobre el sobre era anterior a la fecha en la que oficialmente Cantinflas firmó la cesión de las 39 películas anterior en se días. Eso es importante porque si esta carta es auténtica y la otra firma también lo era, entonces Cantinflas estaba consciente y lúcido seis días antes de lo que el sobrino la parado, declaró en sus diligencias judiciales. El perito
abrió el sello con un visturí. La cera roja se quebró en tres pedazos. La hoja de adentro era papel del hospital, tamaño carta, escrita a mano con la pluma Mont Blanc, la letra inclinada hacia la derecha, tres párrafos. El primer párrafo decía, “Mi hijo, si lees esto es porque ya no estoy. Te quiero pedir perdón por dos cosas.
La primera, por no haberte dicho la verdad sobre tu madre. Tu madre era Marion Roberts. Vino a buscarme en febrero de 1960. Te dejó conmigo. Yo no pude irme con ella porque tu madre Balita estaba enferma. Marion se quitó la vida en San Antonio porque la dejé. Esa muerte la cargué yo durante 33 años. Yo te crié creyendo que eras adoptado para proteger a Balita y para proteger su memoria.
Pero tú eres mi hijo, mi hijo biológico. El segundo párrafo decía, “La segunda cosa por la que te pido perdón es por no haberte hablado del Señor del bar de la colonia Roma, el Señor con el cuarzo verde, el Señor que me hizo construir la casa de Acapulco con la promesa de no volver a casarme.
El Señor de las iniciales EMP en mi libreta verde. 000 al mes durante 27 años. $,500,000 pagados para que él no te dijera quién era tu madre. Yo creí que estaba protegiéndote, pero al final solo estaba pagando para que el secreto creciera contigo. Te lo cuento ahora para que no te lo cuenten ellos cuando yo no esté.
Tu primo Eduardo está cerca. Si Eduardo te presenta algún papel firmado por mí en estas semanas, no lo firmes tú. No lo aceptes, porque yo no firmé eso. Yo nunca firmé eso. Yo no te dejaría a tu primo lo que es tuyo, que mi hijo lo sepa. El tercer párrafo decía, “Hijo, la casa de Acapulco se la dejas a tus hijos.
No la vendas, no la prestes, no la abandones. Mientras la casa exista, la estatua que está afuera me deja seguir mirando el mar. Mientras yo siga mirando el mar, los he visto a ustedes desde donde esté. Tu padre Mario Moreno Reyes, 22 de marzo de 1993. Yo no firmé eso. Yo nunca firmé eso. Que mi hijo lo sepa. Esas fueron las cinco palabras finales de la carta.
Yo no firmé eso. Que mi hijo lo sepa. Las cinco palabras que la familia jamás leyó en voz alta en 33 años. Las cinco palabras que explican por qué la cuenta de Banamex tenía 13,000 pesos. ¿Por qué la libreta verde tenía $4,500,000 pagados a tres letras? ¿Por qué la casa de Acapulco terminó saqueada? Y por qué la firma del 28 de marzo de 1993 no era de Cantinflas.
El perito que lió la carta cerró el sobre de plástico con cierre inviolable. La notaria firmó el acta de cateo con la pluma fuente que llevaba siempre en el saco. Las 4 de la madrugada habían pasado hacia dos horas. El sol estaba subiendo sobre el horizonte de Acapulco y la estatua de Cantinflas seguía mirando al mar como siempre lo había hecho.
Adentro de la mansión, los peritos siguieron trabajando en silencio. Nadie había dicho una palabra desde que la notaria terminó de leer en voz alta el tercer párrafo. Uno de los peritos, hombre de 53 años con tres hijos, se sentó en el escalón de la entrada principal y prendió un cigarro. Las manos le temblaban.
Le dijo a Harfuch una sola frase. Mi mamá me llevaba a ver sus películas. Eso fue lo que le dijo y Harf no contestó. se quedó parado al lado del piano de cola que alguien había intentado llevarse en 1997 y había dejado a la mitad del salón. Harf ordenó sellar la mansión. La caja fuerte fue documentada con triple cordón y lacre oficial.
Los dos cassetts de 90 minutos con la letra M escrita a mano fueron embolsados por separado con orden de no reproducción hasta análisis pericial completo. La libreta verde forrada en piel con las páginas amarillas y las cuentas a lápiz fue numerada hoja por hoja, fotografiada por ambos lados y enviada al laboratorio de criminalística para análisis caligráfico.
La fotografía Polaroid de Cantinplas, con la persona del rostro borroso, quedó en una bolsa transparente con sello de cadena de custodia. El sobre amarillo con la cera roja quebrada y la carta de tres párrafos fue remitido a la Fiscalía General de la República con folio de 12 dígitos. El cuadro al óleo de Cantinflas joven que durante 32 años cubrió la caja fuerte fue fotografiado, embolsado en plástico antihumedad y catalogado como bien hereditario.
La estatua del cómico que sigue parada frente al mar fue marcada por los peritos como propiedad heredable de los descendientes legítimos del señor Mario Moreno, Reyes, y quedó bajo protección oficial del Ayuntamiento de Acapulco. La libreta con las iniciales EMP fue separada del resto del material y remitida a una unidad especializada de la Fiscalía Financiera con instrucción expresa de seguimiento de transferencias internacionales.
Las llaves de la mansión fueron entregadas a un notario público designado por el juzgado familiar competente. Los candados fueron sustituidos por candados oficiales. La estatua quedó en su sitio. Harf salió de la mansión a las 6:14 de la mañana. El sol ya estaba arriba. Las palmeras se movían con el viento del sur.
Las olas seguían pegando contra la roca 20 met más abajo y la estatua de Cantinflas seguía mirando al mar como si todavía estuviera esperando, como si lo que acababan de encontrar dentro de la caja fuerte no fuera una sorpresa para él, como si lo hubiera estado esperando 32 años. Mario Moreno del Moral, nieto de Cantinflas, hijo mayor de Mario Arturo y de Abril del Moral, dio una entrevista en televisión hace dos años.
Tenía los ojos rojos, le temblaban las manos y dijo en cámara una sola frase: “No busco pelear con nadie, busco recuperar el legado de mi familia.” Ese hombre con sus dos hermanas Valentina y Marisa, junto con sus primos Mario Patricio y Gabriel Bernat, siguen impugnando hasta el día de hoy el testamento que dejó su padre en el 2017.
siguen peleando en los tribunales contra la mujer que se quedó con la mansión de Acapulco y siguen esperando que un día alguien encuentre la caja fuerte de la pared y los cassette y la libreta verde y el sobre amarillo y la carta que termina con cinco palabras que su abuelo dejó escritas para ellos. Yo no firmé eso. Que mi hijo lo sepa.
Mario Moreno del Moral tiene hoy 34 años. Vive en la ciudad de México con su esposa y su hija de 6 años. Trabaja en una agencia de publicidad y todas las noches cuando se acuesta sabe que en algún lugar de Acapulco hay una estatua de su abuelo mirando al mar y sabe que esa estatua, según el acta de cateo firmada esta madrugada, le pertenece a él y a sus hermanos.
Por primera vez en 32 años, la estatua tiene un nombre legal y es el suyo. Ahora tú sabes lo de los 13000 pesos en la cuenta de Banamex. Ahora tú sabes lo de la firma del 28 de marzo a las 2:20 de la madrugada. Ahora tú sabes lo de las iniciales EMP en la libreta verde. Ahora tú sabes lo de los 4,illones 500,000 pagados durante 27 años y ahora tú sabes lo que está escrito en el sobre amarillo que estuvo 32 años en una caja fuerte de la mansión de Acapulco.
El 99% del país no lo sabe. ¿Dónde están los 68 millones de dólares que faltaban de la cuenta de Banamex? ¿Quién firmó la cesión de las 39 películas La noche del 28 de marzo de 1993 en el cuarto 342 del métodos Hospital de Houston? ¿Quién tenía la llave de la caja fuerte de Acapulco que ni Mario Arturo ni Eduardo Moreno la parade encontraron en 32 años? ¿Por qué nadie buscó el segundo documento que se guardaba en la caja 342 del banco de la calle Masaric? ¿Y quién era el hombre del bar de la colonia Roma con el cuarzo verde del tamaño de una
moneda de apeso? ¿Qué hereda un nieto cuando lo único que le dejaron fue un apellido glorioso, una mansión en ruinas y una pregunta que dura 32 años sin respuesta? Esa pregunta es lo que te llevas a la cama esta noche. Dale like si llegaste hasta aquí. Suscríbete si quieres oír lo de Pedro Infante el próximo martes y déjame en los comentarios la respuesta a una sola pregunta.
Después de todo lo que escuchaste esta noche, ¿tú crees que Cantinflas firmó ese papel el próximo martes a las 8:30 de la noche? Pedro Infante. 15 de abril de 1957. Una avioneta que se cayó en Mérida y un cuerpo que tres testigos juran haber visto al día siguiente caminando por una calle del centro histórico. Co?
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