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ROCÍO DÚRCAL: El Secreto que Su Marido Reveló Cuando Ella Ya Había Muerto

ROCÍO DÚRCAL: El Secreto que Su Marido Reveló Cuando Ella Ya Había Muerto

En 1977, Rocío Durcal grabó una escena erótica con otra mujer. La otra mujer era Bárbara Rey. La película se llamaba Me siento extraña y Rocío jamás la vio terminada, ni una sola vez en los 30 años que le quedaban de vida. se negó a ir al estreno, se negó a hacer promoción,  se negó a hablar de ella en entrevistas, la llamó El peor error de mi carrera y la borró de su historia como si nunca hubiera existido.

Pero existió y las consecuencias fueron devastadoras. Ese mismo  año, mientras el escándalo destrozaba su imagen en España, su marido estaba en Filipinas fingiendo  ser soltero, presentándose como un actor español disponible, acostándose con una actriziañera que no tenía ni idea de que él tenía esposa y tres hijos esperándolo al otro lado del mundo.

 Rocío lo descubrió, cruzó medio mundo en Navidad para confrontarlo y lo perdonó. 30 años después, cuando ella ya estaba muerta  y no podía defenderse, él confesó todo en un libro. Sus propios hijos se enteraron de la infidelidad de su padre por las páginas de unas memorias  que cualquiera podía comprar en cualquier librería.

 Y hay más. 10 años después de aquella película  Juan Gabriel, el hombre que la había convertido en la reina de las rancheras,  el compositor que le había dado los mayores éxitos de su vida, dejó de hablarle para siempre. La razón oficial fue un problema con un videoclip. La razón real, según un libro publicado por el exmaner de Juan Gabriel, involucra al marido de Rocío de una forma que todavía hoy genera controversia, una acusación que la familia jamás ha querido comentar.

Su nombre era María de los Ángeles de las Eas Ortiz. Nació pobre en un barrio obrero de Madrid, en una familia de seis hijos que apenas llegaba a fin de mes. Murió siendo la cantante española más vendida  de toda la historia. 40 millones de discos, 35 de oro, 30  de platino.

 Y lo que pasó entre esas dos realidades es un crimen emocional que nadie pagó. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie cuenta sobre Rocío Durcal. Cuatro secretos que la industria del espectáculo, su propia familia y ella  misma intentaron enterrar durante décadas. Primero, la película lésbica que destruyó su carrera en el cine.

 ¿Por qué una mujer que no necesitaba dinero aceptó un papel  así? ¿Qué pasó realmente en el rodaje? y el rumor que circuló durante años sobre la reacción violenta de Junior cuando vio las escenas. Segundo,  las memorias que su viudo publicó dos años después de que ella muriera, donde confesó una infidelidad de varios meses con una actriz filipina llamada Vilma Santos, un libro que sus propios hijos se negaron a presentar y que reveló propiedades  ocultas en México que no aparecían en ningún testamento.

Tercero, la noche que pasó en una cárcel franquista por defender los derechos de los actores. Cómo la policía de  Franco la detuvo por terrorismo y como Lola Flores pagó  200,000 pesetas para sacarla del calabozo sin que ella lo supiera. Y cuarto, la verdadera razón de la ruptura con Juan Gabriel, el libro que acusa a Junior de algo que la familia jamás ha querido comentar.

¿Por qué estuvieron 10 años sin hablarse? ¿Y por qué Juan Gabriel no fue al funeral de la mujer que había convertido sus canciones en himnos eternos? Voy a avisarte  cuando llegue cada revelación, pero te advierto algo. Si te vas antes del minuto  40, te pierdes la parte que la familia Durkal lleva casi 20  años intentando borrar de la historia.

 Y te pierdes también la forma en que Rocío eligió vivir sus últimos años. ¿Cómo siguió cantando mientras el cáncer la consumía? cómo grabó su último disco sin poder mantenerse  de pie y cómo subió a recoger su grami sabiendo que probablemente era la última vez que pisaría un escenario. Empecemos. Madrid, 1944. barrio de cuatro caminos, seis hijos, un padre taxista, una madre que no daba basto y una niña de 5 años que se subía a los pupitres del colegio a cantar porque no sabía hacer otra cosa.

 Esa niña se llamaba Marieta y tenía un abuelo que veía algo en ella que nadie más veía. Mi abuelo me llevaba al bar donde jugaba al dominó y me subía a las mesas para que cantara. Recordaría a Rocío décadas después. Era mi único fan cuando nadie creía en mí. Guarda este detalle del abuelo. Lo vas a necesitar para entender por qué Rocío tomó ciertas decisiones que parecen incomprensibles.

Y para entender la herida que su padre le dejó el día de su boda. Porque el padre de Marieta era otra historia. Tomás de las eras quería que su hija fuera peluquera. Un oficio seguro. Nada de sueños,  nada de escenarios. La vida era dura y había que ser práctico. El abuelo peleó con su propio hijo.

 Le dijo que estaba ciego si no veía el talento que tenía delante. Y a los 10 años, contra la voluntad del padre, llevó a la niña a un programa  de radio llamado Conozca a sus vecinos. Fue el primer paso de un camino que nadie en esa familia podía imaginar. Durante 5 años, Marieta participó en todos los concursos que encontraba.

Cantaba a flamenco con la pasión de alguien que ha sufrido. Usaba nombres artísticos que cambiaba constantemente. Rocío Benamejí, Rocío Fiestas.  Ninguno funcionaba hasta que llegó 1959. Marieta tenía 15 años. seguía siendo flacucha, casi frágil, pero cuando abría la boca se transformaba en otra persona.

Esa noche, en un programa de televisión española llamado Primer aplauso cantó La sombra vendo y un hombre llamado Luis Sanz estaba viendo la televisión en su casa. Sanz  era cazatalentos, uno de los más importantes de España, y lo que vio en esa adolescente flacucha, con voz de tercio pelo le quitó el sueño.

 Al día siguiente llamó a la emisora. Pidió  nombre y dirección. Una semana después estaba en el pequeño apartamento de Cuatro Caminos, explicándole a unos padres escépticos por qué su hija podía ser estrella. Dos semanas después, Marieta ya no existía. Ahora se llamaba Rocío Durcal. Rocío se lo puso mi padre, explicaría ella después.

Decía que le recordaba al rocío de la mañana, a esas gotas que brillan cuando sale el sol. Para el apellido, Sanz tuvo una idea que parece inventada, pero es absolutamente real. Puso  un mapa de España sobre la mesa del salón. Le pidió a la adolescente que cerrara los ojos, que señalara con el dedo.

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