Posted in

Fotógrafo regalaba fotos a familias pobres cada domingo—Cantinflas preguntó por qué y se QUEBRÓ

 El fotógrafo acomodó su cámara y comenzó a buscar siguiente familia. Mario se acercó. Disculpe, vi acaba de pasar. No cobró por las fotos. El fotógrafo lo miró. Era hombre de complexión delgada, lentes gruesos, manos que mostraban años de trabajo en cuarto oscuro. No, a esa familia no. ¿Por qué no vio su ropa? La mejor que tienen.

 Vinieron aquí específicamente para tomarse foto familiar. Probablemente ahorraron semanas para poder venir al parque hoy, vestirse bien, tener este momento. ¿Y no pueden pagar foto, tal vez podrían pagar algo, 20 pes, 30? Pero eso representaría sacrificio real para ellos. Y yo hizo pausa. Yo tengo suficiente. No necesito esos 20 pesos tanto como ellos los necesitan. ¿Cuál es su nombre? Aurelio.

Aurelio Vega. ¿Tiene estudio fotográfico? Sí, en colonia doctores. Trabajo de lunes a sábado fotografiando bodas, quinceañeras, eventos empresariales. Gano bien, muy bien. Ah, de hecho. Y los domingos. Aurelio sonrió. Los domingos son para esto. ¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto? 8 años.

 Cada domingo que no llueve vengo aquí o al parque Alameda o al bosque de Chapultepec, donde haya familias. 8 años. ¿Cuántas familias ha fotografiado? Aurelio pensó. Difícil saberlo exactamente, tal vez 500, tal vez más. No llevo cuenta estricta. Mario observó a Aurelio durante las siguientes horas. Su método era simple, pero efectivo.

 Buscaba familias que claramente se habían preparado para algo especial. Ropa de domingo, niños peinados, actitud de ocasión, pero también familias que claramente no tenían mucho dinero. La combinación, esfuerzo visible, recursos limitados era su señal. Se acercaba con naturalidad. Buenos días. ¿Les gustaría foto familiar recuerdo del día? Algunos declinaban, pero muchos aceptaban con entusiasmo, especialmente cuando Aurelio explicaba que la foto sería gratis.

 gratis de verdad era respuesta frecuente con incredulidad mezclada con esperanza. De verdad, vengan el próximo domingo a recogerla. Fotografiaba con cuidado y dedicación. No era snapshot rápido. Tomaba tiempo para encontrar mejor ángulo, mejor luz. Esperaba momento cuando todos sonreían naturalmente. Trataba a cada familia como si fueran sus clientes más importantes.

 ¿Por qué tanta dedicación? Mario preguntó después de ver a Aurelio fotografiar familia durante 20 minutos para obtener foto perfecta. Son fotos gratis, precisamente porque son gratis. Aurelio respondió, si alguien me paga por foto, la obligación de calidad viene del contrato, pero cuando regalo foto, la obligación de calidad viene de algo más profundo.

 Ah, es mi regalo. Tiene que ser el mejor regalo que puedo dar. ¿No sería más fácil tomar foto rápida y ya? Sería más rápido. Pero, ¿para qué esta familia? Señaló hacia familia que acababa de fotografiar. Tal vez esta sea única foto familiar que tengan. Única vez que todos estén juntos, vestidos bien, sonriendo para cámara.

 ¿Cómo podría hacer eso rápido y descuidado? Mario se sentó en banca cercana pensando, “¿Puedo preguntarle algo más personal?” que lo motivó a empezar esto hace 8 años. Aurelio guardó silencio por momento, después se sentó junto a Mario. Mi padre murió cuando yo tenía 12 años. Comenzó. Fue repentino, ataque al corazón.

 Un día estaba, al día siguiente no. La cosa que más me dolió en ese momento, más que su muerte misma, si eso es posible, fue darme cuenta de que no teníamos fotos de él. No una sola foto de nuestra familia completa, no porque no quisiéramos, sino porque nunca habíamos podido pagarlo. Éramos muy pobres. Tenía foto de mi padre solo, de cuando era joven y foto borrosa de su boda.

 Pero ninguna foto de él con nosotros, sus hijos. Ninguna foto de nosotros como familia. Durante años después de su muerte, intentaba recordar cómo se veía, cómo sonreía, cómo nos miraba y los recuerdos se fueron volviendo borrosos. Cuando tienes 12 años y pierdes a alguien, la imagen en tu mente empieza a desvanecerse. Cuando me convertí en fotógrafo, tenía ya 30 años y empecé a ganar bien, me pregunté, “¿Cuántas familias hay ahí afuera como la mía fue? ¿Cuántos niños crecerán sin foto de sus padres? Porque nunca pudieron pagarlo. ¿Cuántos padres

morirán sin que sus hijos tengan imagen de ellos? Y pensé, yo tengo cámara, tengo habilidad, tengo tiempo los domingos. ¿Por qué no usarlo para que otras familias tengan lo que mi familia nunca tuvo? Mario sintió lágrimas formándose. Entonces, cada foto que toma es es foto que yo nunca pude tener de mi padre.

 Cada niño que aparece en esas fotos con sus padres, les estoy dando algo que yo no tuve, algo que vale más que cualquier cantidad de dinero. ¿Tiene hijos? Dos, niño de 10 y niña de ocho. Y tenemos, sonríó, muchas fotos, toda una pared de fotos en casa. Me aseguré de eso. Les ha contado a sus hijos sobre su padre muchas veces.

 Y cuando les cuento, siempre hay momento cuando preguntan, “¿Tienes foto de él, papá?” Y cuando les muestro esa foto borrosa de boda, única que tengo, veo en sus caras que entienden que esa ausencia de imágenes es tipo de pérdida propio. Ese momento, a cada vez que ocurre, me recuerda por qué hago esto. Para que ningún niño tenga que mostrar foto borrosa cuando le pregunten por su padre o madre.

 Durante las siguientes semanas, Mario acompañó a Aurelio varios domingos. Pero antes de acompañarlo, Mario hizo algo que Aurelio no esperaba. Llegó un domingo con cámara propia. Había aprendido fotografía básica esa semana. ¿Qué está haciendo? Aurelio preguntó sorprendido. Aprendiendo si voy a crear programa para multiplicar lo que usted hace.

 Necesito entender completamente qué hace y por qué lo hace de cierta manera. Aurelio lo miró con respeto. Entonces, póngase aquí a mi lado y observe no solo técnica, observe cómo me acerco a las familias. ¿Qué les digo? ¿Cómo los hago sentir cómodos? Lo que Mario aprendió esa mañana cambió completamente su comprensión del proyecto.

 Ah, vio que Aurelio nunca abordaba familia diciendo, “¿Quieren foto gratis?” Eso, explicó, podía sentirse como caridad que incomoda. En lugar de eso decía, “Buenos días, ¿les gustaría foto recuerdo del día?” Simple, dignificante, como si fuera servicio normal que ofrecía a cualquier familia en el parque. Solo después de que acordaban y cuando preguntaban el precio, Aurelio decía que no había cargo. “Es diferencia enorme.

” Aurelio explicó. Primero los trato como familia que merece foto, después les digo que es gratis. No, al revés, si empiezo diciendo que es gratis, algunos sienten que los estoy viendo como pobres que necesitan caridad, pero si primero los trato con normalidad, con respeto, la gratuidad se convierte en regalo entre iguales, no en limosna.

Read More