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DOLORES DEL RÍO: La DIVA que CONQUISTÓ el Mundo… y el HOMBRE que MURIÓ a su Sombra

llorar a los críticos de Nueva York, guardó silencio sobre esa muerte el resto de su vida. 10 años antes, en 1918, esa misma mujer era una niña de 14 años en la Ciudad de México, con los ojos más grandes  que ningún fotógrafo había visto en su vida. Había llegado desde Durango siendo una niña pequeña, huyendo con su madre de las tropas de Pancho Villa, que habían arrasado con la familia más rica del estado.

 Su padre, Jesús Leonardo Asunoló, Jaques,  director del Banco de Durango, había tenido que huir a Estados Unidos, mientras que ella y su madre viajaban a la capital con lo que cabía en dos maletas y con el recuerdo de una vida que había sido destruida por la revolución en cuestión de semanas. La niña que llegó a la ciudad de México en esos años no tenía nada de lo que había tenido en Durango.

 No tenía la mansión, no tenía los sirvientes, no tenía los vestidos de tela importada ni las clases de baile en los salones de la familia. tenía algo más difícil de destruir que todo eso. Tenía esa cara y tenía,  aunque todavía no sabía para qué iba a servir, la certeza instintiva de quien ha perdido todo y ha sobrevivido de que las cosas materiales van y vienen, y que lo único que queda cuando todo lo demás se va es lo que uno lleva adentro.

 Pero detrás de esa imagen de niña que lo perdió todo y salió adelante, había algo que nadie en la Ciudad de México de 1918 podía imaginar todavía. Había una historia que iba a durar 60 años, que iba a pasar por Hollywood y por Berlín y por un telegrama doblado sobre una mesa de Cahova y que iba a terminar con una promesa hecha en un lecho de muerte que solo un actor llamado Vincent Price se atrevió a cumplir.

  Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian por completo lo que muchos creían saber sobre Dolores del Río. Primero, como una niña cuya familia fue arrasada por Pancho Villa en Durango, que llegó a la Ciudad de México sin nada más que esa cara extraordinaria y la determinación de una mujer que ya sabe desde muy joven que el mundo no le va a regalar nada.

construyó en menos de 10 años la carrera más importante que una actriz latinoamericana había tenido en Hollywood hasta ese momento, convirtiéndose en la primera mexicana tratada como igual por los estudios que producían las películas más grandes del mundo. Segundo, ¿qué ocurrió realmente dentro del matrimonio entre Dolores del Río y Jaime Martínez del Río entre 1928? ¿Qué hizo Hollywood con ese hombre de 4 y tantos años que había sido millonario y aristócrata en México y que en Los Ángeles descubrió que era simplemente el

esposo de una estrella? ¿Qué tipo de humillación construye ese proceso en un hombre formado en el siglo XIX? ¿Y por qué ese hombre murió en Berlín 6 meses después del divorcio? En circunstancias que nadie explicó del todo? Tercero, como Orson Wells, el genio más controversial de Hollywood, entró en la vida de Dolores cuando ella ya había perdido a su primer esposo y estaba casada con su segundo.

 ¿Qué ocurrió entre los dos que destruyó su segundo matrimonio y la empujó fuera de Hollywood para siempre? ¿Y por qué Wells desapareció a Brasil en el momento más crítico, dejándola sola mientras el gobierno americano la acusaba de comunista con Europa y Estados Unidos, cerrándole las puertas al mismo tiempo. Y cuarto, ¿qué pasó con Dolores del Río en los últimos años de su vida? ¿Quién fue el hombre que le prometió en su lecho de muerte  que no la dejaría olvidar? ¿Y qué dice esa promesa sobre lo que queda cuando una mujer que

fue la más famosa de su generación llega al final de su historia con más ausencias que presencias? En este vídeo verás las declaraciones de biógrafos como David Ramón que reconstruyeron su historia familiar, los registros de la prensa de Hollywood de los años 20 que documentaron la inversión de roles del matrimonio Martínez del Río, los testimonios de figuras como Diego Rivera y Frida Calo, que fueron sus amigos cercanos, y los archivos periodísticos alemanes que registraron la muerte de Jaime en Berlín en octubre de 1928,

sin dar una explicación que nadie encontró satisfactoria. Pero para entender por qué el primer esposo de la actriz más hermosa de México murió en Alemania 6 meses después de que ella lo dejara, primero hay que volver al principio. Porque para entender cómo se destruye a un hombre sin proponérselo, primero hay que entender qué hizo Hollywood con ese hombre.

 Todo comenzó el 3 de agosto de 1904 en la ciudad de Victoria de Durango, en el estado del mismo nombre que en ese tiempo era uno de los más prósperos del norte de México. María de los Dolores Asuno y López Negrete llegó al mundo en una familia cuyo apellido abría puertas desde el Río Grande hasta la Ciudad de México.

 Su padre era director del Banco de Durango. Su madre, Antonia López Negrete tenía un linaje que se remontaba a la nobleza virreinal de España. Era, en todos los sentidos de la expresión, una niña nacida en la cima, con todo lo que la cima ofrece y con todo lo que la cima cobra cuando la revolución llega. Porque en México de principios del siglo XX tener dinero, tener tierra, tener apellido, significaba también tener un blanco pintado en la espalda, cuando los que no tenían nada decidían que ya era suficiente.

 Y Pancho Villa, que cruzaba Durango con sus tropas como cruzaba todo lo que se ponía en su camino, no hacía distinciones entre los apellidos que le convenía respetar y los que no. La familia Asuno perdió todo, no de una vez con la claridad de una sola catástrofe que permite medir exactamente lo que se fue,  sino de la manera más cruel que es poco a poco, con la amenaza constante de que lo siguiente que se pierda sea peor que lo anterior.

 El padre huyó a Estados Unidos. Dolores y su madre tomaron el camino hacia la ciudad de México, y la niña, que había crecido entre sirvientes y vestidos importados y lecciones de baile, llegó a la capital con la maleta liviana  y con algo que no cabía en ninguna maleta, pero que pesaba más que todo lo demás.

 la memoria de lo que había sido, la conciencia de que ese mundo existía y que ella lo había visto, y que de alguna manera, aunque no supiera todavía cómo, iba a construir  algo equivalente con las manos que le quedaban. En la Ciudad de México de los años de la revolución, Dolores creció con su madre en el ambiente específico de las familias de Abolengo, venidas a menos que sobreviven a los cataclismos históricos con la dignidad intacta y los recursos reducidos.

Participaban en los eventos de beneficencia que la clase alta capitalina organizaba con la misma regularidad con que organizaba misas y te podías pasar la vida entera en ese mundo sin que nadie te señalara directamente la distancia entre lo que habías sido y lo que eras ahora. Fue en uno de esos eventos de beneficencia en algún salón de la colonia Polanco a principios de los años X,  donde Dolores conoció a Jaime Martínez del Río. Recuerda esto porque es clave.

Jaime Martínez del Río no era cualquier hombre, era uno de los millonarios más conocidos del norte de México. Era escritor y abogado. Era 18 años mayor que Dolores.  Tenía el tipo de presencia que en el México de los años 20 se llamaba distinción y que consistía en una combinación de dinero, cultura y maneras que hacía que los hombres como él ocuparan siempre el centro de cualquier sala.

 y vio a Dolores en ese evento de beneficencia con la mirada de quien reconoce algo extraordinario antes de que el mundo sepa que es extraordinario. Antes de Hollywood, antes de las portadas, antes de que ningún director de cine hubiera dicho su nombre en voz alta, vio a esa niña de 17 años con los ojos más grandes que ningún hombre de su generación había visto y tomó una decisión.

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