Posted in

Cantinflas vio músico CIEGO devolviendo TODO su dinero a necesitados—por qué lo DESTRUYÓ

 Mario se quedó para la siguiente pieza, después otra. El músico era brillante, cada nota perfecta, cada frase musical contada con emoción profunda. Después de tocar durante una hora, el músico se detuvo para descansar. Se sentó en pequeña silla plegable que tenía. Ah, bebió agua de una botella. Mario se acercó. Disculpe, señor, su música es extraordinaria.

 El músico se volvió hacia la voz. Gracias, es muy amable. ¿Cuánto tiempo lleva tocando el violín específicamente? 30 años, la música en general, toda mi vida. Es músico profesional. El hombre sonrió con tristeza. Era hace mucho tiempo. ¿Por qué era? Porque perdí mi vista hace 10 años y cuando perdí mi vista, perdí mi carrera.

 ¿Cómo pasó? Accidente. Estaba viajando con orquesta sinfónica donde tocaba primer violín. El autobús chocó. Muchos resultaron heridos. Yo perdí mi vista. Lo siento mucho. ¿Y ahora toca aquí en la calle? Sí, tres veces por semana, lunes, miércoles y viernes de 2 a 6 de la tarde. Mario miró el estuche del violín con dinero. Gana bien tocando aquí.

Suficientemente que la gente es generosa. Algunos días gano 50 pesos, otros días 100. Depende. Entonces, algo extraordinario pasó. Un niño de unos 8 años, claramente muy pobre, con ropa rasgada y zapatos rotos, se acercó tímidamente al músico. “Disculpe, señor.” El niño dijo. El músico se volvió hacia la voz.

 “Hola, joven. ¿En qué puedo ayudarte? Su música es muy bonita. Me hizo olvidar que tengo hambre.” El músico se quedó en silencio por momento. Después alcanzó su estuche de violín, sacó un billete de 20 pesos y se lo extendió al niño. Toma, ve a comprar algo de comer. Pero, Señor, ese es a su dinero y ahora es tuyo.

 Ve, come algo. El niño tomó el dinero, agradeció profusamente y corrió. Mario observó esto con asombro. Acaba de dar 20 pesos. Eso es casi la mitad de lo que ganó esta tarde. El músico se encogió de hombros. Ah, ese niño necesitaba comer. Yo ya comí hoy. Pero no necesita el dinero. Necesito suficiente para sobrevivir.

 No necesito más que eso. ¿Hace esto a menudo? Dar su dinero. Cuando veo, bueno, cuando escucho a alguien que necesita más que yo. Sí. ¿Cuál es su nombre? Rafael. Rafael Morales. Señor Rafael. ¿Puedo preguntarle algo? ¿Por qué toca en la calle si es músico tan talentoso? Rafael suspiró. Porque ninguna orquesta quiere contratar músico ciego.

 Intenté volver después del accidente. Practiqué durante años para recuperar mi habilidad y la recuperé. Puedo tocar tamban bien como antes, tal vez mejor, porque ahora dependo completamente de mi oído. Pero cuando fui a audiciones, siempre la misma respuesta. Es muy talentoso, pero su ceguera es problema. ¿Cómo leerá partituras? ¿Cómo seguirá al director? ¿O cómo coordinará con otros músicos? Intenté explicar que podía memorizar partituras, que podía sentir el tempo del director a través de vibración del escenario, que podía escuchar a otros

músicos mejor que la mayoría, pero nadie estaba dispuesto a darme oportunidad. Entonces vine aquí a la calle donde nadie me pregunta si puedo ver, solo escuchan si puedo tocar y resulta que puedo. ¿Dónde vive? En Cuarto Pequeño en Colonia Centro. Renta barata es suficiente para mí. ¿Tiene familia? Tuve esposa.

 Nos divorciamos 2 años después del accidente. No culpo a ella. Casarse con músico era una cosa, cuidar de hombres ciegos sin carrera era otra. No tenemos hijos. Se siente solo a veces, pero tengo mi violín y tengo mi música y tengo estas horas aquí donde la gente escucha lo que creo. Eso es suficiente. Durante la siguiente hora, Mario observó a Rafael tocar y observó algo más.

Rafael daba dinero regularmente. Una anciana que claramente vivía en la calle se acercó. Rafael le dio 10 pesos para café caliente, señora. Un joven con muletas pasó. Rafael lo llamó. Le dio 15 pesos para transporte, amigo. Una madre con bebé que lloraba se detuvo a escuchar música. Cuando se fue, Rafael la llamó de vuelta.

 Le dio 30 pesos para leche para el bebé. Para cuando Rafael terminó de tocar a las 6, había ganado aproximadamente 90 pes, pero había dado más de 60. Solo le quedaban 30 pesos, señor Rafael. Mario se acercó cuando Rafael estaba empacando su violín. He estado observando. Dio casi todo su dinero. Sí, fue buen día. Mucha gente necesitaba ayuda.

 Pero, ¿qué hay de usted? A, 30 pesos es suficiente para hoy. Sí, mañana tocaré de nuevo. Y si mañana nadie necesita ayuda, ¿se quedará con el dinero? Si nadie necesita ayuda mañana, lo cual dudo, entonces sí me quedaré con más. Pero mire alrededor. Rafael gesticuló hacia el zócalo. Este lugar está lleno de personas que necesitan ayuda.

 Siempre hay alguien con más necesidad que yo. ¿Por qué hace esto? ¿Por qué no quedarse con su dinero? Rafael se quedó en silencio por largo momento. Porque cuando perdí mi vista aprendí algo que cambió mi vida. Aprendí que hay diferentes tipos de ceguera. Hay ceguera física, la mía, donde no puedo ver con mis ojos, pero hay otra ceguera.

 Ceguera del corazón, donde las personas no ven sufrimiento de otros, donde no ven necesidad, donde no ven accidente, ah, yo tenía esa ceguera del corazón. Tenía carrera exitosa, buen salario, vida cómoda y caminaba pasando personas en necesidad cada día sin verlas realmente, sin ayudar. Después del accidente, cuando perdí mi vista física, algo extraño pasó.

 Empecé a ver mejor que antes. Empecé a escuchar dolor en voces de personas. Empecé a sentir desesperación de quienes pasaban. Empecé a entender necesidad de maneras que nunca había entendido antes y me di cuenta yo había sido ciego toda mi vida, solo que mi ceguera era diferente. Era ceguera de no ver lo que realmente importa.

 Entonces ahora uso mi dinero para hacer lo que debería haber estado haciendo toda mi vida, ayudar, porque finalmente puedo ver qué es importante. Mario sintió lágrimas formándose. Rafael, ¿me permite ayudarlo? No necesito ayuda. Con respeto. Ah, creo que todos necesitamos ayuda. Y creo que usted merece más que vivir día a día dando todo lo que gana.

 ¿Puedo contarle algo? Rafael preguntó su voz suave, “Algo que nunca he contado a nadie. Por supuesto, el día del accidente, el día que perdí mi vista, no fue solo accidente de autobús. Fue más complicado que eso. Verás, ese día íbamos tarde.” Conductor estaba apurado porque yo yo había insistido en que nos detuviéramos en mi hotel para recoger mi violín más caro. Mi estradivarius valía fortuna.

Read More