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Cantinflas vio carpintero haciendo muebles GRATIS para desalojados—cómo comía lo DESTRUYÓ

 El carpintero dejó de cortar y se limpió el sudor de la frente. Sí, para familias que acaban de ser desalojadas, que perdieron sus casas y necesitan empezar de nuevo. Pero, ¿cómo sobrevive si regalas su trabajo? El carpintero sonríó. Sonrisa cansada pero genuina. Esa es pregunta que todos hacen. ¿Quieres saber la respuesta real? Por favor.

 El hombre señaló pequeña silla de madera. Siéntese, es larga historia. Mario se sentó. Mi nombre es Tomás. Tomás Herrera. Soy carpintero hace 35 años. Aprendí el oficio de mi padre, quien lo aprendió del suyo. Buena familia de carpinteros. Hace 5 años, en 1961, yo tenía taller real, local con techo, paredes, electricidad. Ganaba bien. Hacía muebles por encargo para familias de clase media. tenía cinco empleados.

Vida era buena. Entonces el gobierno decidió construir carretera nueva y resulta que mi taller estaba exactamente donde necesitaban construir. ¿Lo expropiaron? Oficialmente sí. Dijeron que me compensarían. Me dieron papel prometiendo pago justo, pero el pago nunca llegó. As llegó, pero fue una fracción de lo que valía mi taller, suficiente para pagar deudas, pero no suficiente para empezar de nuevo.

Entonces perdí mi taller, perdí mi negocio y tuve que despedir a mis empleados, todo en cuestión de 3 meses. Y su familia. El rostro de Tomás se oscureció. Tenía esposa y dos hijos, uno de 18, otro de 14. Mi esposa trabajaba limpiando casas para ayudar, pero cuando perdí mi negocio, cuando no pude mantener a familia como antes, algo se rompió.

 Ella me dejó, se llevó a los hijos, me dijo que no podía estar con hombre que no podía proveer y entiendo, no la culpo, fue duro para ella también. ¿Y usted? Me quedé sin nada, sin negocio, sin familia, sin hogar. Eventualmente no podía pagar renta sin ingresos. Estuve viviendo en la calle durante seis meses.

 Las lágrimas corrían por las mejillas de Tomás ahora, pero continuó hablando. Durante esos 6 meses conocí a muchas personas, otras familias desalojadas, otras personas que lo habían perdido todo, no solo por expropiación, sino por desalojos, por deudas, por diferentes razones. Y vi algo que nunca había visto cuando tenía mi taller.

 ¿Qué vio? Vi lo que realmente significa perder todo. No es solo perder techo sobre tu cabeza, es perder dignidad. Es despertar en la calle sin saber dónde vas a dormir esa noche. Es ver a tus hijos con hambre y no poder alimentarlos. es sentir que eres menos que humano. Pero lo peor, lo que realmente me destruyó, fue ver familias recién desalojadas, familias que acababan de perder sus casas y no tenían nada, ni siquiera muebles básicos.

 Ah, dormían en el suelo, comían sin mesa, no tenían donde guardar su ropa y pensé, “Yo soy carpintero, sé hacer muebles y estas personas necesitan muebles, entonces, ¿por qué no estoy haciendo muebles para ellas?” Así empezó esto. Tomás asintió. Un día estaba sentado en la calle cerca de este terreno valdío y encontré algunas tablas viejas que alguien había tirado y pensé, “¿Puedo hacer algo con esto? No tenía herramientas, las había perdido cuando perdí mi taller, pero pedí prestadas algunas herramientas básicas a

otros trabajadores y con esas tablas viejas hice silla pequeña, simple pero funcional. Y después se la di a familia que acababa de ser desalojada. Estaban viviendo en cuarto alquilado, un cuarto para cinco personas. No tenían muebles. Les di la silla. La madre lloró. me dijo que era primera cosa nueva que habían recibido desde perder su casa.

 Y en ese momento entendí, esto es lo que debería estar haciendo, no construir muebles elegantes para gente que puede pagar, sino construir muebles básicos para gente que no tiene nada. Pero, ¿cómo consigue materiales? Al principio solo usaba madera que encontraba, tablas viejas, palets desechados, lo que fuera. Después algunas personas empezaron a donar.

 Carpinterías me dan restos que no pueden usar. Construcciones me dan madera dañada que iban a tirar. No es madera de primera calidad, pero es suficiente. Y herramientas. Tengo algunas básicas ahora. Las compré a poco con dinero que gano haciendo trabajos ocasionales. Reparo muebles para gente que puede pagar. Hago pequeños trabajos de carpintería.

 Gano suficiente para comer y para comprar clavos o pegamento lijadora básica. ¿Cuántos muebles hace cada mes? Depende. Algunos meses 10 piezas, otros meses 20. Trabajo aquí todos los días desde el amanecer hasta el anochecer y todo lo que hago lo doy gratis. ¿A quién se los da? A familias desalojadas principalmente, hay organización, grupo de vecinos que ayuda a familias recién desalojadas.

 Ellos me dicen quién necesita qué y yo lo construyo. A veces es mesa para familia de seis que está comiendo en el suelo. A veces es cama pequeña para niño que está durmiendo en cartón. A veces es estante simple para guardar ropa que está amontonada en esquina. Nunca es elegante, nunca es perfecto, pero es funcional y es digno.

 Mario observó los muebles alrededor. Mesa con cuatro sillas, estante pequeño, dos camas individuales, todo simple, todo funcional. Ha todo hecho con cuidado, obvio. ¿Cuántas familias ha ayudado en 5 años? No llevo cuenta exacta, pero si promedio 15 piezas por mes y son 60 meses, entonces algo así como 900 piezas de mobiliario.

 Tal vez para 300 familias diferentes. Algunas familias reciben solo una silla, otras reciben mesa completa con sillas. Eso es extraordinario. Tomás se encogió de hombros. No es extraordinario. Es lo mínimo que puedo hacer. Estas familias perdieron todo igual que yo perdí todo. La diferencia es que yo tengo habilidad que puedo usar para ayudar.

 Ellos no tienen nada, excepto necesidad. ¿Dónde duerme usted? Aquí, en este terreno. Construí pequeño refugio en la esquina. Teo de lámina, paredes de madera. No es mucho, pero es suficiente. Y comida como lo que puedo. A veces las familias que ayudo me traen comida. A veces compro tortillas y frijoles.

 No como mucho, pero como suficiente. Durante las siguientes semanas, Mario visitó el taller de Tomás varias veces. Cada vez veía lo mismo. Tomás trabajando desde el amanecer, cortando madera, ensamblando muebles, lijando superficies y cada vez veía familias viniendo a recoger muebles. Siempre la misma escena. Familia llegaba, usualmente madre con niños, miraba los muebles con asombro.

Tomás les preguntaba qué necesitaban. Ellos le decían y él les daba lo que tenía o prometía construirlo. Había familia de siete, madre soltera con seis hijos, recién desalojada de casa, que habían alquilado durante años. Necesitaban todo. Tomás les dio mesa grande con seis sillas que había construido durante dos semanas.

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