Posted in

Cantinflas fue a cena de Nochebuena—cuando vio mesa VACÍA lo que hizo los DESTRUYÓ

 Mis hijos no lo van a creer. Cantinflas viniendo a nuestra casa en Nochebuena. Gracias. Gracias. A las 7 en punto, Mario tocó la puerta del apartamento 3. Guadalupe abrió inmediatamente. Estaba vestida con su mejor ropa, que claramente no era nueva, pero estaba impecablemente limpia y planchada. Pase, señor Moreno. Bienvenido a nuestro hogar.

Mario entró a apartamento pequeño. Era un solo cuarto que servía como sala, comedor y dormitorio. Había cama en esquina, mesa pequeña en centro y cocina básica al lado. Pero a pesar de pobreza evidente, todo estaba limpio. Las paredes estaban decoradas con dibujos hechos por niños. Había pequeño nacimiento hecho de cartón en esquina.

Tres niños estaban parados en fila, claramente nerviosos, pero emocionados. Una niña de aproximadamente 12 años, un niño de nueve a y niña pequeña de seis. Señor Moreno Guadalupe dijo con orgullo, estos son mis hijos Carmen, Miguel y Rosa. Los tres niños dijeron al unísono, “Buenas noches, señor Cantinflas.

” Mario sonrió ampliamente. “Buenas noches, ¿cómo están en esta hermosa nochebuena?” Los niños se relajaron un poco. Carmen, la mayor habló. Estamos muy felices de que esté aquí, señor. Mamá nos dijo que vendría, pero no lo podíamos creer. Pues aquí estoy. Ah, y traje algo para ustedes.

 Mario sacó pequeña bolsa con dulces que había comprado en camino. Los ojos de los niños se iluminaron. Claramente no esperaban regalos. No tenía que Guadalupe comenzó a decir, “Es Nochebuena. Mario interrumpió gentilmente. Los niños merecen algo dulce. Guadalupe invitó a Mario a sentarse en la mesa y fue entonces cuando Mario vio, realmente vio la situación.

 La mesa estaba puesta con cuidado, obvio. Había mantel viejo pero limpio. Había cinco platos desiguales a claramente de diferentes juegos, pero limpios. Había cubiertos, algunos doblados, algunos rallados, pero pulidos, pero la comida, la comida era casi inexistente. Había olla pequeña de frijoles, había tortillas, tal vez 10 en total, había jarra de agua de jamaica y eso era todo.

 No había pavo, no había tamales, no había ponche, no había romeritos, no había ninguna de las comidas tradicionales de Nochebuena que la mayoría de mexicanos esperaban en esta noche especial. Pero Guadalupe servía con orgullo, como si estuviera presentando banquete real. “Espero que le gusten los frijoles, señor Moreno”, dijo.

 “los cociné con especias especiales hoy.” Mario sintió nudo en garganta. Esta mujer, que claramente no tenía casi nada, lo había invitado a su casa. Había puesto su mejor mesa, había preparado lo único que tenía y lo servía con dignidad, sin disculparse por lo que faltaba. “Señora Guadalupe”, Mario dijo suavemente. “¿Puedo preguntarle algo personal?” “Por supuesto, ¿dónde está el padre de los niños?” La expresión de Guadalupe cambió. Los niños miraron hacia abajo.

Mi esposo Tomás murió hace 6 meses. Accidente de construcción. Una viga cayó. Murió instantáneamente. Lo siento mucho. Gracias. Era buen hombre, buen padre, trabajador. Pero no teníamos ahorros y cuando murió no había seguro, nada, solo deudas del funeral. ¿Cómo sobreviven? Trabajo limpiando casas, tres casas diferentes, a 5 días por semana. Gano 30 pesos por día.

 Con eso pagamos renta 60 pesos al mes. Y compramos comida básica, frijoles, tortillas, arroz, a veces huevos. Los niños van a esa escuela. Carmen ayuda cuidando a Rosa después de escuela mientras yo trabajo. Y para Nochebuena. Guadalupe miró la mesa. Este mes fue difícil. Rosa se enfermó. Tuve que comprar medicina.

 Después se rompió la tubería y tuvimos que pagar plomero. No quedó dinero extra para Nochebuena especial, pero aún así me invitó. Sí. ¿Por qué? Porque hoy es día importante, día de celebrar nacimiento de Cristo, día de recordar que incluso en pobreza hay esperanza. Y pensé, pensé que sería hermoso tener invitado especial, alguien que hace feliz a gente y usted, señor Moreno, hace feliz a millones.

 Entonces, aunque solo tengamos frijoles y tortillas, quisimos compartir con usted. Quisimos que supiera que aquí en esta casa pequeña Ats es bienvenido. Mario tuvo que parpadear para contener lágrimas. Esta mujer entendía algo que muchas personas ricas nunca entenderían. Que generosidad no se mide en cantidad, sino en sacrificio.

 Que compartir cuando tienes poco vale más que compartir cuando tienes mucho. Señora Guadalupe, me disculpo un momento. ¿Puedo usar su baño? Oh, el baño está fuera del apartamento, al final del pasillo. Compartimos con otros apartamentos. Está bien, regreso en momento. Mario salió del apartamento, pero no fue al baño. Bajó las escaleras corriendo y salió a la calle. Miró su reloj. Eran las 7:15.

La mayoría de tiendas estaban cerradas por Nochebuena, pero conocía el área. Sabía dónde buscar. Caminó rápidamente, tres cuadras hasta pequeño mercado que sabía que permanecía abierto tarde nochebuena para ventas de última hora. El dueño estaba cerrando cuando Mario llegó. Disculpe, Mario dijo.

 Sé que está cerrando, pero necesito ayuda urgente. El dueño reconoció a Mario inmediatamente. Tao, señor Moreno, ¿qué necesita? Necesito comida para Nochebuena para familia de cuatro. pavos y tiene o pollo, tamales, ponche, fruta, pan dulce, lo que tenga. Tengo algunas cosas que sobraron, pero va a costar. No me importa el precio.

 Necesito esto ahora. En 10 minutos, Mario había comprado medio pavo asado, docena de tamales, jarra de ponche, manzanas, naranjas, pan dulce y botella de cidra. ¿Puede ayudarme a llevar esto? Mario preguntó. Por supuesto, señor Moreno. Pero Mario no se detuvo allí. Mientras caminaban de vuelta, tocó puertas de apartamentos cercanos.

 Disculpen decía a cada familia. Soy Mario Moreno. Hay familia en este edificio. Señora Guadalupe Ramírez y sus tres hijos, que está celebrando Nochebuena con casi nada. ¿Tienen algo que puedan compartir? Tortillas extra, arroz, cualquier cosa. La primera familia, pareja mayor, inmediatamente trajo plato de romeritos. Es obra de nuestra cena.

 Con gusto la compartimos. Segunda familia trajo dulces para los niños. Tercera familia trajo servilletas de papel y velas. Cuarta familia, que acababa de terminar su propia cena, trajo sillas extra para que todos puedan sentarse cómodamente. En 30 minutos, Mario había organizado Pequeño milagro. 15 vecinos habían contribuido algo y cuando subió las escaleras de vuelta al apartamento tres, no iba solo.

Read More