Ahí comenzó a desarrollar ese carisma natural que más tarde lo convertiría en estrella. Cuando terminó sus estudios, regresó a México y trabajó en diversos oficios para el ferrocarril como guía turístico y como periodista para la revista bilingüe México Real. Su entrada al cine fue completamente casual. En 1935, el director Miguel Zacarías lo descubrió cuando Pedro recitaba el monólogo de Hamlet a una turista estadounidense.
Quedó tan impresionado por su presencia y su voz que le ofreció una prueba de cámara. Así, a los 22 años, Pedro filmó su primera película, María Elena, en 1935, iniciando una carrera que lo llevaría a la gloria internacional. Pero el verdadero punto de inflexión llegó cuando conoció al director Emilio Fernández, el indio.

Fue un encuentro providencial que cambió el cine mexicano para siempre. Juntos crearon obras maestras. Soy Puro Mexicano, 1942, Flor Silvestre, 1943, María Candelaria, 1944, Bugambilia 1945, Enamorada, 1946, La Perla, 1947 y Mlovia, 1948. Con el indio, Pedro desarrolló su personaje cinematográfico, el hombre fuerte, varonil, el indígena digno, el campesino revolucionario, el verdadero macho mexicano.
María Candelaria fue la consagración definitiva. La película ganó La Palma de Oro en el Festival de Canes de 1946. Imagínense el cine mexicano conquistando el festival más prestigioso del mundo con Pedro Armendaris como protagonista junto a Dolores del Río. Esa película le abrió las puertas del mundo entero y Hollywood se fijó en él.
El legendario John Ford, uno de los directores más importantes de la historia del cine, quedó fascinado con Pedro y lo invitó a trabajar en el fugitivo en 1947. Fue el inicio de una colaboración brillante. Pedro trabajó en tres películas de John Ford, The Fugitive 1947, Ford Apache 1948 y tres Godfathers 1948, compartiendo pantalla nada menos que con John Wayne.
A diferencia de muchos actores mexicanos que intentaron y fracasaron en Hollywood, Pedro triunfó de verdad. Su dominio perfecto del inglés sin acento marcado, su presencia imponente de 1.85 m de altura, sus expresivos ojos verde olivo y su talento genuino lo convirtieron en un actor respetado en dos industrias cinematográficas.
Trabajó con los grandes John Huston en Wewer Strangers 1949, Luis Buñuel en el bruto 1953 y en producciones europeas como Lucrece Borgia 1953 en Francia. Durante más de 20 años, Pedro fue una de las estrellas masculinas mejor pagadas del cine mexicano y uno de los actores latinos más reconocidos internacionalmente.
Protagonizó más de 120 películas entre México, Estados Unidos y Europa. Y siempre, en cada película, en cada papel, representaba la imagen del mexicano digno, fuerte y orgulloso. Pero, ¿de cuánto estamos hablando realmente cuando mencionamos su fortuna? ¿Cómo vivía el hombre que representaba a México en las pantallas del mundo? Prepárate porque los detalles te van a impresionar.
La fortuna de Pedro Armendaris. Pedro Armendaris fue, sin lugar a dudas, uno de los actores más ricos del cine mexicano de su generación. Su éxito en dos mercados cinematográficos, México y Hollywood, le permitió acumular una fortuna considerable para su época. Según la revista Cinema Reporter de 1945 citada en el libro Tragicomedia mexicana, Pedro Armendaris ganaba 50,000 pesos por película en el cine mexicano.
Para ponerlo en perspectiva, en aquella lista de los actores mejor pagados, María Félix encabezaba con 250,000 pesos por película. Mario Moreno Cantinflas ganaba 200,000 pes. Arturo de Córdoba 100,000 pes. Jorge Negrete 75,000 y Pedro Armendari 50,000. era el quinto actor mejor pagado del cine mexicano en su momento de mayor esplendor.
Pero aquí viene el interesante. Esos 50,000 pesos de mediados de los años 40 y principios de los 50 equivaldrían aproximadamente a entre 500,000 y 600,000 pesos actuales por cada película mexicana. Y Pedro filmaba varias películas al año. En sus años más productivos llegó a hacer hasta cuatro o cinco películas anuales.
Ahora bien, el verdadero golpe económico de Pedro venía de Hollywood. Cuando comenzó a trabajar para los grandes estudios estadounidenses a finales de los años 40, sus honorarios se multiplicaron considerablemente. Por películas como Forche con John Ford en 1948, Pedro cobraba entre 15,000 y $25,000. Para mediados de los años 50, cuando ya era una figura establecida en Hollywood, su pago alcanzaba entre 40,000 y 50,000 por película.
Si hacemos la conversión, esos $50,000 de 1950 equivaldrían aproximadamente a $600,000 actuales por cada producción hollywoodense. Era una cantidad impresionante, especialmente considerando que seguía filmando en México al mismo tiempo. Su última participación cinematográfica fue en From Rasche Wis Love desde Rusia con amor, la segunda película de James Bond en 1963.
Interpretó a Alerin Bay, el aliado turco de 007. Para entonces ya estaba gravemente enfermo de cáncer, pero su profesionalismo era absoluto. Según testimonios de la producción, Pedro alteró el calendario de filmación para poder completar todas sus escenas a tiempo. ¿Por qué? Porque quería asegurarse de que su familia recibiera el pago completo de esa película.
“Ayúdame”, le dijo al director Terence Yong. “Creo que puedo darte dos semanas más. ¿Puedes terminar conmigo en ese tiempo? Me gustaría obtener el dinero y terminar la película. Su esposa Carmelita lo necesitaba, sus hijos lo necesitaban y Pedro, con un dolor insoportable completó su trabajo. Además de sus ingresos por actuación, Pedro también participaba en campañas publicitarias.
En aquella época, las grandes estrellas prestaban su imagen a productos de lujo, cigarrillos, bebidas alcohólicas, ropa de caballero. Por estas campañas cobraba entre 5000 y 15,000 pesos en México y cantidades similares en dólares para campañas en Estados Unidos. Pedro también era inteligente con su dinero. Invertía en bienes raíces tanto en México como en Estados Unidos.
Mantenía cuentas bancarias en ambos países y diversificaba sus inversiones. No era de los que gastaba todo en lujos personales. Era un hombre que pensaba en el futuro de su familia, las propiedades de Pedro Armendarí. La colección de propiedades de Pedro Armendaris reflejaba su estatus como estrella internacional que trabajaba en dos países.
A diferencia de otros artistas que concentraban todo su patrimonio en México, Pedro tenía que mantener residencias en ambos lados de la frontera para estar siempre cerca de sus compromisos profesionales. La casa de su infancia en Churubusco. Antes de hablar de las propiedades que Pedro adquirió como estrella, vale la pena mencionar la casa donde pasó parte de su infancia.
Existe material fotográfico que muestra la residencia familiar en Churubusco, donde vivió con sus padres antes de la tragedia que marcó su niñez. Era una casa de estilo típico de la época, de las primeras décadas del siglo XX en la Ciudad de México. En las fotografías se puede ver a Pedro Niño junto a sus padres en la ventana de la casa y también imágenes del interior que muestran un hogar de clase media acomodada.
Esta casa representaba la estabilidad que Pedro tuvo antes de perder a su madre y ser enviado a Estados Unidos con su tío. Es conmovedor pensar que ese niño que posaba con sus padres en aquella ventana de churubusco se convertiría en una de las estrellas más grandes del cine mundial, que ese mismo niño que tuvo que irse a Texas huérfano regresaría a México convertido en leyenda, residencia principal en Lomas de Chapultepec.
Como estrella consolidada del cine mexicano, Pedro adquirió una propiedad en Lomas de Chapultepec, la zona más exclusiva de la Ciudad de México en aquella época. Esta colonia comenzó a fraccionarse en la década de 1930 con el nombre de Chapultepe Ces y rápidamente se convirtió en el hogar de la élite política, empresarial y artística del país.
Lomas de Chapultepec era en los años 40 y 50 lo que hoy es Santa Fe o Bosques de las Lomas, una zona arbolada con amplias residencias, jardines extensos y todas las comodidades para las familias de clase alta. Aquí vivían los grandes empresarios, los políticos más importantes y las estrellas de cine más famosas.
La residencia de Pedro en Lomas era su hogar principal en México, donde vivía con su esposa Carmelita Bor y sus dos hijos, Pedro Junior y Carmen. Era una casa de estilo californiano, muy de moda en aquella época, con jardines bien cuidados, salones amplios decorados con arte mexicano y muebles finos traídos de Estados Unidos y Europa.
La casa contaba con todas las comodidades modernas de la época: aire acondicionado, intercomunicadores, una sala de proyección privada donde Pedro veía películas con su familia y amigos. y una biblioteca donde guardaba guiones y recuerdos de su carrera. Era el tipo de residencia que reflejaba el éxito de un actor que trabajaba tanto en México como en Hollywood.
Aquí Pedro recibía a las grandes estrellas que visitaban México, John Ford, John Wayne, Dolores del Río, María Félix y otros gigantes del cine eran visitantes frecuentes. Pedro era conocido por su hospitalidad y por las cenas elegantes que organizaba, donde se mezclaba lo mejor del cine mexicano con lo mejor de Hollywood.
Residencia en Los Ángeles, California. Como actor que trabajaba constantemente en Hollywood, Pedro necesitaba una base permanente en California. No podía estar yendo y viniendo en avión cada vez que tenía una filmación que duraba varios meses. Por eso adquirió una propiedad en las colinas de Los Ángeles, en una zona residencial tranquila, pero cercana a los estudios cinematográficos.
Esta propiedad era más modesta que su casa de México, pero igualmente cómoda y bien equipada. Era de estilo californiano típico de los años 50, con vista a la ciudad, jardín privado y todas las amenidades de una residencia de clase alta estadounidense, colección de vehículos. Durante los años 40 y 50, México vivía el llamado milagro mexicano, una época de crecimiento económico y prosperidad.
Las calles de la Ciudad de México se llenaron de automóviles estadounidenses de lujo que representaban el éxito y la modernidad. Las estrellas del cine como Pedro Armendaris manejaban los vehículos más exclusivos disponibles en la época, Pacar, Cadilac, Wick, Chrisler Imperial y Lincoln. Estos eran los automóviles que separaban a las estrellas del resto de la población.
Ver llegar uno de estos autos imponentes a los estudios cinematográficos o a un estreno era todo un acontecimiento. El PACAR era considerado el automóvil de mayor prestigio antes de que la marca desapareciera a finales de los 50. Era el auto de presidentes, empresarios millonarios y estrellas de cine.
Un Pacar Clipper o un Pacar Caribean podía costar entre 3,000 y $,000 en aquella época, equivalente a más de $50,000 actuales. El Cadilac se convirtió en el símbolo máximo del lujo estadounidense durante los años 50 con sus enormes aletas traseras, sus cromados brillantes y sus motores V8 potentes.
El Cadilac serie 62 o el Dorado eran los autos que todos soñaban con tener. Un cadilac nuevo costaba alrededor de 4000, pero para las estrellas ese precio no era problema. El Lincoln Continental era el favorito de la élite que buscaba elegancia discreta. Con su diseño limpio y su comodidad excepcional, el Continental era perfecto para viajes largos.
Su precio rondaba los $4,000. Ver a Pedro Armendaris llegar a los estudios cinematográficos, a un estreno o a un evento social era un espectáculo en sí mismo. Su presencia imponente, su elegancia natural y sus expresivos ojos verdes, combinados con uno de estos automóviles impresionantes, creaban una imagen de estrella internacional.
La gente se aglomeraba en las calles para verlo pasar. Los niños corrían detrás de su auto pidiendo autógrafos. Las mujeres suspiraban al verlo al volante. Los hombres lo admiraban y querían ser como él. Era parte del glamur de la época de oro, donde las estrellas eran verdaderamente inalcanzables, casi míticas.
Pedro manejaba personalmente sus autos, algo que no todas las estrellas hacían. Le gustaba la sensación de control, la libertad de manejar por las calles de México o por las autopistas de California. Era un conductor cuidadoso, pero que disfrutaba de la potencia de esos grandes motores V8. Los negocios y la visión empresarial.
A diferencia de muchos actores que simplemente cobraban su sueldo y gastaban todo en lujos, Pedro Armendaris era un hombre con visión empresarial. Entendía que la carrera de un actor podía terminar en cualquier momento y que era necesario asegurar el futuro. Inversiones inteligentes. Pedro invertía su dinero de manera inteligente y diversificada.
No ponía todos los huevos en una sola canasta. Además de sus propiedades inmobiliarias, tenía inversiones en negocios relacionados con el entretenimiento y en la bolsa de valores. Era socio minoritario en algunos teatros y salas de cine en México, lo que le generaba ingresos pasivos. Cuando no estaba filmando, estos negocios seguían produciendo dinero.
Era una estrategia inteligente que pocos actores de su época implementaban. También invertía en la bolsa de valores tanto en México como en Estados Unidos. tenía un asesor financiero que manejaba su portafolio con cuidado, equilibrando riesgos y oportunidades. Pedro revisaba regularmente sus inversiones y tomaba decisiones informadas sobre dónde poner su dinero.
Representantes en dos países. Pedro tenía un equipo de representantes tanto en México como en Estados Unidos, que negociaban sus contratos y protegían sus intereses. No era de los que firmaban cualquier papel sin leer. revisaba cuidadosamente cada cláusula, cada término, cada condición. Sus representantes se aseguraban de que recibiera el pago justo por su trabajo, que tuviera las condiciones adecuadas en el set y que su imagen fuera usada apropiadamente en la publicidad.
Era un hombre que entendía el valor de su trabajo y se aseguraba de recibir lo que merecía, publicidad y patrocinios. Además de sus ingresos por actuación, Pedro también participaba en campañas publicitarias para productos de lujo. Su imagen de galán elegante y sofisticado era perfecta para anunciar cigarrillos, bebidas alcohólicas, ropa de caballero y productos exclusivos.
Por estas campañas cobraba entre 5,000 y 15,000 pesos en México, lo que equivaldría a entre 50,000 y 150,000 pesos actuales por campaña. En Estados Unidos cobraba cantidades similares en dólares. Estas campañas no solo le generaban ingresos adicionales, sino que también reforzaban su imagen como estrella internacional, los lujos y el estilo de vida.
Pedro Armendaris vivía con la elegancia discreta propia de un verdadero caballero. No era ostentoso ni escandaloso como algunas otras estrellas de su época. Era el tipo de elegancia natural que viene de adentro, de la clase y el buen gusto genuinos. El vestuario de una estrella. Durante la época de oro del cine mexicano, las grandes estrellas formaban parte de una élite cultural y social.
Pedro pertenecía a ese círculo privilegiado y vestía como tal. Sus trajes serán hechos a medida por los mejores astres de México, Los Ángeles y Nueva York. Un traje hecho a medida por un sastre de primera en aquella época costaba entre 50 y 300, equivalente a entre 000 y $,000 actuales. Pedro tenía docenas de estos trajes en su guardarropa.
Trajes para el día, trajes para la noche, smokings para eventos formales, trajes deportivos para el fin de semana. Actualmente en los estudios churubuscos exhibe una exposición permanente sobre el cine mexicano donde se puede ver el traje de charro de gala y el sombrero que usó Pedro Armendaris. Está junto a piezas icónicas de Pedro Infante y El Santo como parte del patrimonio cultural cinematográfico de México.
Ver ese traje es comprender el nivel de detalle y lujo con el que se vestía. Bordados elaborados hechos a mano, botones de plata auténtica, la mejor tela disponible. Un traje de charro de este nivel podía costar entre 500 y 1000 pesos de aquella época, equivalente a entre 6000 y 12000 pesos actuales. Era el vestuario de una verdadera estrella, los relojes y accesorios.
Pedro usaba relojes finos, probablemente Rolex, Omega o Patc Philip, como era costumbre entre las estrellas de su nivel. Un Rolex oyster perpetual en los años 50 costaba alrededor de $150, equivalente a más de $2,000 actuales. Los modelos más exclusivos podían costar fácilmente 300 o $400. Cada detalle de su apariencia estaba cuidadosamente considerado.
Mancuernillas de oro o plata, corbatas de seda italiana, zapatos hechos a medida, sombreros de las mejores marcas. No era ostentación, era la presentación impecable que se esperaba de una estrella internacional, las relaciones con otras estrellas. Pedro era amigo de presidentes, artistas, empresarios. Conoció a Franklin de Roosevelt en un evento en Washington.
Cenó con el presidente Miguel Alemán en Los Pinos. Compartió tragos con John Wayne en el Brown Derby. Conversó de literatura con Ernest Hemingway, pero nunca perdió su humildad ni sus raíces mexicanas. No era de los que se creían más que los demás por su éxito. Trataba con respeto al técnico de sonido, igual que al director más famoso.
Era cortés con los meseros, con los chóeres, con toda la gente que encontraba en su camino, sus mejores películas y premios. El encuentro entre Pedro y el director Emilio Fernández fue providencial. Juntos crearon algunas de las obras maestras del cine mexicano que todavía hoy son estudiadas en escuelas de cine de todo el mundo.
Flor Silvestre, 1943 fue la primera colaboración importante. Pedro interpretaba al hijo de un ascendado que decepciona a su padre volviéndose revolucionario y casándose con una humilde campesina interpretada por Dolores del Río. La película fue un éxito de taquilla y estableció la fórmula que seguirían usando: dramas intensos con trasfondo histórico, fotografía expresionista de Gabriel Figueroa y actuaciones poderosas.
María Candelaria, 1944 fue la obra maestra que cambió todo. Pedro interpretaba a Lorenzo, un indígena enamorado de María, la mujer más bella del pueblo, interpretada por Dolores del Río. La película ganó La Palma de Oro en el Festival de Canes de 1946, el premio más prestigioso del cine mundial. Imagínense el cine mexicano conquistando canes.
Fue un momento histórico. Pedro interpretó a Lorenzo con una dignidad y una fuerza que rompieron todos los estereotipos sobre los indígenas en el cine. No era el borracho cómico ni el sirviente sumiso que Hollywood mostraba. Era un hombre completo, con honor, con amor, con sufrimientos.
Aunque la película fue criticada por algunos intelectuales mexicanos por idealizar a los indígenas, también presentó una visión positiva de un grupo que había sido constantemente menospreciado. Enamorada 1946 junto a María Félix, fue otro éxito monumental. Pedro interpretaba a un general revolucionario que se enamora de Beatriz, la hija orgullosa de un ascendado.
La química entre Pedro y María era explosiva. La perla 1947 fue la adaptación de la novela de John Steinbeck. Pedro se puso en forma con un estricto régimen de deportes y alimentación para interpretar a Kino, el pescador que encuentra una perla gigante. La fotografía de Gabriel Figueroa en las playas de Acapulco es simplemente espectacular.
Pedro aportó su talento dramático a una de las mejores películas del cine mexicano. Mlovia, 1948 fue la última gran colaboración con el indio Fernández en la época de oro. Nuevamente junto a María Félix, Pedro interpretaba a José María, enamorado de la bella Maclovia. La película consolidó a Pedro como la gran estrella masculina del cine mexicano.
La conquista de Hollywood con John Ford. Mientras triunfaba en México, Pedro también conquistaba Hollywood y lo hizo trabajando con el mejor John Ford, considerado por muchos el director más grande en la historia del cine. The Fugive, 1947 fue su debut con Ford. Pedro interpretaba a un cruel teniente de policía que persigue a un sacerdote católico interpretado por Henry Fonda.
La película se filmó en México y fue el inicio de una relación profesional extraordinaria. Ford quedó tan impresionado con Pedro que lo llamó para dos películas más. Ford Apache 1948 fue el primer western de Pedro Confort. Interpretó al sargento Beauford, un soldado de caballería que había peleado en el ejército confederado.
Compartió pantalla con John Wayne, el icono del western americano. Wayne y Pedro se hicieron amigos durante el rodaje. Wayne lo consideraba un igual, algo extraordinario viniendo de la estrella más grande de Hollywood. Tres Godfathers, 1948 fue otro western con Fordy Wayne. Pedro interpretaba a uno de tres bandidos que encuentran a un bebé en el desierto y deciden cuidarlo.
Es una película hermosa sobre redención y sacrificio. La química entre Wayne, Pedro y Harry Ky Junior era perfecta. Pedro Armendaris ganó dos premios Ariel como mejor actor, el máximo reconocimiento del cine mexicano. El primero en 1948 y el segundo en 1953 por el bruto. También recibió un Ariel especial en 1947 por su trayectoria.
Fue miembro del jurado del festival de Canes en 1961. Un honor que pocos actores mexicanos han recibido. Representó a México en el festival de cine más prestigioso del mundo. Pero más allá de los premios formales, Pedro recibió el reconocimiento más importante, el respeto de sus colegas y el amor del público.
Directores peleaban por trabajar con él, actores lo admiraban, el público llenaba los cines para verlo. Ese es el verdadero éxito de un actor. Y así podemos decir que la verdadera riqueza de Pedro Armendaris no estaba en sus pesos y sus dólares, ni en los trajes de charro bordados en plata, ni en las residencias de estrella, ni en los automóviles lujosos.
Estaba en su talento inmenso, en su profesionalismo ejemplar, en el respeto que se ganó en dos industrias cinematográficas, en las 120 películas que siguen siendo vistas y admiradas y en haber abierto el camino para que otros actores mexicanos pudieran soñar con Hollywood. Pedro Armendaris demostró algo fundamental, que un actor mexicano podía conquistar Hollywood sin perder su identidad, que se podía ser una estrella internacional sin dejar de ser mexicano.
Que el talento, el profesionalismo y la dedicación eran el verdadero camino al éxito. Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida de Pedro Armendaris, tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre su vida, su carrera o su legado, déjamela en los comentarios.
Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál te pareció el momento más conmovedor de la vida de Pedro o qué película suya es tu favorita. Y si te gustan estas historias donde los ídolos muestran su lado más humano, no te pierdas nuestros otros videos sobre las grandes estrellas de la época de oro del cine mexicano.
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