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Asi FUE la LUJOSA VIDA de Eleazar García “Chelelo” – El estilo de vida relajado del un actor comico

¿Y cuáles fueron los conflictos que marcaron su historia personal? ¿Qué ocurrió con el dinero que acumuló durante 40 años de carrera activa? ¿Y por qué la imagen pública de Chelelo, como el cómico bonachón de México, contrastaba de manera tan marcada con las tensiones reales que vivió su familia durante y después de su tiempo en el ojo público? Hoy vamos a recorrer la vida y la economía real de Eleazar García Chelelo.

 No el personaje entrañable de las películas en blanco y negro. El hombre que construyó algo con su trabajo, que tomó decisiones económicas que no siempre fueron las más convenientes, pero que le permitieron llegar al final de su vida con algo más que recuerdos. Quédate hasta el final porque esta historia tiene más capas de las que cualquier programa cómico podría haber contenido.

 Para entender a Eleazar García hay que entender primero el Veracruz de los años 20 y 30 del siglo pasado, no el Veracruz turístico del puerto con su malecón y sus cafés jarochos. El Veracruz popular de las familias trabajadoras que vivían en los barrios del interior, donde la cultura musical era omnipresente, porque el son jarocho y la música tropical del Golfo eran el idioma con que la gente procesaba su existencia cotidiana, donde el humor era una forma de resistencia social, tanto como una forma de entretenimiento y donde los niños

crecían sabiendo que hacer reír a alguien era un poder real, aunque en ese momento ninguno de ellos supiera cómo convertirlo en dinero. Ele garo de esos niños. Desde temprana edad mostró un talento natural para la mímica, para la imitación y para el tipo de humor físico y verbal que en los barrios populares mexicanos es siempre el más apreciado porque está hecho de observación exacta de la vida cotidiana.

 No era el humor de los libros ni el humor de los teatros finos de la colonia. Era el humor del mercado, de la esquina, del camión, de los lugares donde la gente ordinaria vive su vida sin filtros. Esa autenticidad de origen fue tanto su mayor activo como el elemento que la crítica de la época dorada del cine nunca terminó de comprender completamente.

Los críticos de cine mexicano de los años 40 y 50 valoraban la actuación formalmente entrenada, el gesto contenido, la voz trabajada en academia. Lo que Chelelo hacía no respondía a ninguno de esos criterios y, sin embargo, el público lo amaba con una fidelidad que ningún actor de academia podía igualar en el mismo registro.

 La llegada a la Ciudad de México en los años 40 fue el movimiento que lo cambió todo. La capital en ese periodo era el territorio donde se decidía todo lo que importaba en el entretenimiento mexicano. Los estudios cinematográficos de los Churubusco y de los estudios América producían entre 100 y 120 películas anuales.

 Las estaciones de radio XW y XEQ llegaban a millones de oyentes y el circuito de teatro de revista de las carpas populares ofrecía una plataforma de visibilidad directa con el público que en esa época no tenía equivalente. Chelelo llegó a ese circuito con exactamente lo que ese circuito necesitaba, un talento cómico genuino que no necesitaba aprenderse un personaje porque él ya era un personaje.

El chelelo que el público conoció en las películas y en las carpas era la versión amplificada y pulida para el escenario de algo que Eleazar García ya era en la vida real. Esa coincidencia entre el personaje y la persona es la rareza más valiosa en el mundo del entretenimiento, porque hace que el público sienta una autenticidad que no puede falsificarse.

Ahora hablemos del dinero con la precisión que esta historia merece. La economía del cine cómico popular mexicano de la época de oro tenía características específicas que explican tanto las oportunidades que Chelelo aprovechó como las limitaciones que enfrentó en términos de acumulación patrimonial.

 El cine mexicano, en su periodo de mayor producción entre los años 40 y los años 60, producía entre 80 y 120 películas anuales, de las cuales una porción significativa eran comedias populares. El sistema de estudios de esa época operaba con contratos de exclusividad para sus actores más rentables, lo que garantizaba trabajo constante, pero también significaba que la disquera o el estudio se quedaba con la mayor parte de los ingresos generados por la presencia del artista.

Un actor cómico de segunda o tercera línea en ese sistema ganaba entre 3,000 y 8000 pesos por película en los valores de los años 50, equivalente en valores actuales a entre 36,000 y 96,000 pesos por producción. Con cuatro a seis participaciones anuales en distintos proyectos, ese ingreso representaba entre 144,576,000 pesos actuales por año, solo en cine.

Chelelo, que apareció en más de 150 películas a lo largo de su carrera, estuvo activo en el cine durante aproximadamente cuatro décadas, lo que implica un promedio de casi cuatro películas anuales durante ese periodo. Pero los actores cómicos populares del sistema mexicano de esa época tenían una ventaja específica sobre los actores de drama, el teatro de revista y las carpas.

 El teatro de revista era el entretenimiento popular más accesible y más frecuentado de México en los años 40 y 50, con funciones que se realizaban en carpas itinerantes por todo el país. Un cómico con nombre reconocible podía ganar entre 500 y 2,000 pesos por función en ese circuito con temporadas de varios meses donde la frecuencia de presentaciones era de tres o cuatro por semana.

Una temporada de 4 meses con tres presentaciones semanales a un promedio de 1,000 pesos por función representaba ingresos brutos de 48,000 pes, equivalente en valores actuales a entre 480,000 y 840,000 pesos por temporada. Chelelo hacía esas temporadas regularmente, combinándolas con los rodajes cinematográficos en los periodos de menor demanda de su agenda teatral.

 La combinación de los dos circuitos le garantizaba un flujo de ingresos que se mantenía relativamente estable, aunque los dos sectores tuvieran sus propios ciclos de demanda y temporalidad. La radio fue el tercer pilar de sus ingresos durante los años más activos de su carrera. Las participaciones en programas de radio de la XEW y la XEQ, que en ese periodo tenían audiencias de millones de oyentes en toda la República, generaban honorarios adicionales que complementaban los del cine y el teatro.

Un cómico reconocido en la radio de primera línea de los años 50 podía ganar entre 2000 y 5,000 pesos mensuales en contratos de participación regular, equivalente en valores actuales a entre 24,000 y 60,000 pesos mensuales solo en ese rubro. La televisión llegó más tarde, pero también llegó. Cuando Televisa comenzó a consolidarse como la televisora dominante de México en los años 60 y 70, los cómicos populares de la Generación de Chelelo fueron naturalmente incorporados a una programación que necesitaba caras

reconocidas para construir audiencias. Las participaciones en programas de variedades y en producciones especiales generaban ingresos adicionales que en los años de mayor demanda televisiva podían ir de 5,000 a 20,000 pesos por aparición en los valores de los años. 70 equivalente en valores actuales a entre 36,000 y 144,000 pesos por participación.

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