No alcanzaba los niveles estratosféricos de María Félix, pero estaba en el rango alto de las actrices mexicanas. Esos 40,000 pesos promedio de principios de los 50 equivaldrían aproximadamente a entre 500,000 y 700,000 pesos actuales por cada película y Columba filmaba varias películas al año. En sus años más productivos, entre 1948 y 1955, hizo entre tres y cinco películas anuales.
Haciendo los cálculos, en un año productivo donde hacía cuatro películas, Columba generaba ingresos de aproximadamente 160.000 pesos de la época, equivalente a entre 2.5 y 3.5 millones de pesos actuales anuales. Era una cantidad impresionante que le permitía vivir con gran comodidad. Aquí viene algo fundamental. Columba también trabajó en el extranjero, lo que multiplicó sus ingresos.
En 1950 fue contratada por Italia para protagonizar Eledera, donde interpretó al personaje principal. Por esa película italiana ganó $8,000, equivalente a aproximadamente $100,000 actuales. Era significativamente más de lo que ganaba en México. Ese mismo año filmó un día de vida que pasó desapercibida en México, pero se convirtió en un éxito monumental en Yugoslavia cuando se estrenó en 1952.
Según el literato yugoslavo Alexander Buco, nunca antes una película había provocado tantas lágrimas al público yugoslavo. Según un artículo de 1997 del periódico serbio Politica Express, era la película más vista en la región en los últimos 50 años. El fervor yugoslavo por Columba fue tal que siguió recibiendo cartas de admiradores durante décadas.
En 1997, Columba viajó a Belgrado, donde fue recibida como una verdadera estrella internacional para la exhibición de la película en la Cineteca nacional del film. Por un día de vida ganó $6,000, suma considerable para la época. Durante los años 50, Columba también trabajó en España filmando películas como Pan, Amor y Andalucía en 1958.
Por películas españolas ganaba entre 5,000 y $,000 por proyecto. Estos ingresos internacionales se sumaban a sus ganancias mexicanas, multiplicando significativamente su fortuna. Además de sus ingresos por actuación, Columba también participaba en campañas publicitarias. La más famosa fue para jabón Colgate en los años 50.
El anuncio decía, usted también como la dulce artista de Cine Columba Domínguez, cuide su cutis dándole diariamente un baño de perfume con el nuevo jabón Colgate único hecho a base de Cold Cream para blanquear su cutis y con la Nolina para suavizarlo y embellecerlo. Por esa campaña publicitaria, Columba ganó 25,000 pes, equivalente a más de 400,000 pesos actuales.
Su imagen de belleza mexicana pura era perfecta para productos de belleza dirigidos al público femenino. En 1961, Columba grabó un disco de larga duración titulado La voz dulce y mexicana de Columba Domínguez para el sello RCA Víctor, con arreglos de las orquestas de Mario Ruiz Armengol y Chucho Ferrer. El álbum contenía 10 canciones.
por grabar ese disco ganó 15000 pesos más regalías por ventas que le generaron aproximadamente 8000 pesos adicionales anuales durante varios años. Sumando todos sus ingresos, películas mexicanas, películas extranjeras, publicidad, disco, Columba ganaba anualmente entre 180,000 y 250,000 pesos durante su mejor época en los años 50.
En valor actual, eso equivaldría a entre 3 y 4.5 millones de pesos anuales. Era una fortuna que le permitió acumular patrimonio significativo. Durante su carrera activa de aproximadamente 30 años, 1945 a 1979 con interrupciones, Columba acumuló una fortuna estimada en 2.5 millones de pesos de la época, equivalente a aproximadamente 50 millones de pesos actuales.
No alcanzó los niveles de María Félix o Dolores del Río, pero vivió con la comodidad apropiada para una estrella de primera magnitud. Columba era cuidadosa con su dinero. Venía de una familia de clase media que le había enseñado el valor del trabajo y el ahorro. No era ostentosa ni derrochadora como algunas otras estrellas.
Invertía en propiedades, guardaba dinero en cuentas bancarias y pensaba en el futuro. Las propiedades de Columba Domínguez. La colección de propiedades de Columba Domínguez reflejaba su estatus como una de las actrices más importantes del cine mexicano, pero también la realidad de que durante gran parte de su vida vivió con Emilio Fernández, quien era el verdadero propietario de las residencias principales.
La casona de Emilio en Coyoacán, aunque técnicamente no era propiedad de Columba, durante los años que vivió con Emilio Fernández, aproximadamente de 1948 a 1953, la famosa casona de Coyoacán fue su hogar. Era una propiedad legendaria que Emilio había construido con las ganancias de sus películas más exitosas. La casa estaba ubicada en el barrio de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, en una calle tranquila, rodeada de árboles.
Era una construcción de estilo colonial mexicano con toques de fortaleza. Emilio, con su personalidad grandiosa, había creado una residencia que reflejaba su visión romántica de México. La propiedad tenía aproximadamente 800 m² de construcción en un terreno de 1500 m². La casa contaba con siete recámaras, cinco baños completos, sala principal con techo de vigas de madera y chimenea de cantera, comedor formal con mesa para 20 personas, biblioteca llena de guiones y libros sobre cine, estudio donde Emilio escribía y preparaba sus películas,
cocina amplia de estilo ranchero y cuartos de servicio. El jardín era espectacular. Árboles frutales, flores mexicanas, un área con gallinas y otros animales que Emilio criaba porque le gustaba sentirse conectado con la tierra y una fuente colonial de cantera en el centro del patio principal.
Por toda la casa había artesanías mexicanas, muebles coloniales de madera maciza, sillas equipales, zarapes colgados en las paredes, esculturas prehispánicas, cerámica de talavera y retratos de Columba por todas partes. Emilio estaba obsesionado con ella y quería verla en cada habitación. Columba vivió en esa casa durante los años más felices e intensos de su relación con Emilio.
Aquí recibían a las grandes estrellas Pedro Armendaris, María Félix, Dolores del Río, Gabriel Figueroa. Todos visitaban la cazona. Aquí Emilio organizaba cenas donde se bebía tequila y se cantaban canciones mexicanas hasta el amanecer. Pero también fue en esta casa donde Columba sufrió. Las infidelidades constantes de Emilio la destrozaban emocionalmente.
Él era un mujeriego compulsivo que no podía serle fiel ni a la mujer que amaba. Columba escuchaba los rumores, veía las miradas, sufría en silencio. Departamento en la condesa. Cuando Columba se separó de Emilio en 1953, embarazada de su hija Jacaranda, necesitaba su propio espacio. Compró un departamento en la colonia Condesa, una zona de clase media alta en la Ciudad de México que en los años 50 era muy popular entre artistas e intelectuales.
El departamento estaba ubicado en la avenida México, una de las arterias principales de la condesa con hermosos edificios arto. Era un pento en el tercer piso con 180 m². El departamento tenía tres recámaras, dos baños completos, sala amplia con balcón que daba a la avenida, comedor, cocina equipada y un pequeño estudio donde Columba guardaba guiones y recuerdos de su carrera.
La decoración era más sobria que la casa de Emilio. Muebles modernos de líneas limpias, cortinas ligeras, colores claros. Era el refugio de Columba, donde podía ser ella misma sin la presencia abrumadora de Emilio. Este departamento le costó 85,000es en 1953. Lo pagó con las ganancias de sus películas más exitosas. En valor actual valdría entre 18 y 25 millones de pesos.
Aquí vivió con su hija cuando era bebé. Aquí crió a su niña entre viajes a Europa y filmaciones. Casa en San Ángel. En 1957, cuando su carrera estaba en su cúspide después de haber trabajado con Luis Buñuel en el río y la muerte y protagonizar ladrón de cadáveres, Columba compró una casa en San Ángel, otra colonia elegante del sur de la ciudad.
La casa era de estilo colonial mexicano con 320 m² de construcción en un terreno de 600 m². Tenía cuatro recámaras, tres baños, sala con chimenea, comedor, cocina, estudio y un jardín hermoso con bugambilias y jacarandas, árbol que le recordaba a su hija. Esta casa representaba su independencia económica y emocional. La había comprado con su propio dinero.
Era completamente suya. Le costó 125,000 pesos en 1957. En valor actual valdría entre 30 y 45 millones de pesos. Aquí Columba vivía cuando no estaba filmando en el extranjero. Aquí recibía a Jacar cuando la niña venía de visitar a su padre. Era su santuario, el lugar donde podía practicar piano, pintar, leer, dedicarse a las artes que amaba más allá de la actuación.
Problemas financieros, años 80. En 1982, Columba enfrentó problemas financieros serios que la obligaron a suspender la película Jakaranda, que estaba produciendo y ionizando en honor a su hija fallecida en 1978. Los costos de producción superaban su presupuesto y no encontró financiamiento adicional. Tuvo que vender la casa de San Ángel para cubrir deudas.
Conservó el departamento de la Condesa donde vivió hasta su muerte. La pérdida de Jacaranda la había destrozado emocional y económicamente. Gastó fortunas en investigaciones privadas tratando de probar que la muerte de su hija no había sido suicidio sino asesinato. Colección de vehículos. Durante los años 50, las estrellas del cine mexicano manejaban los automóviles más exclusivos disponibles.
Columba Domínguez, como actriz de primera línea, tenía acceso a vehículos que reflejaban su estatus. El cadilac que Emilio le regaló. En 1950, cuando Columba cumplió 21 años, Emilio Fernández le regaló un Cadilac serie 62 de 1950 en color azul claro con interiores de piel blanca. Era un automóvil espectacular.
El epítome del lujo estadounidense. El cadilac tenía motor V8, transmisión automática y dramatic, las famosas aletas traseras que caracterizaban los cadilac de la época, cromados brillantes por todos lados y un interior lujosísimo. Un cadilac nuevo en 1950 costaba alrededor de $500, equivalente a más de $,000 actuales. Emilio se lo regaló con una dedicatoria grabada en una placa en el tablero.
Para mi paloma, la más bella, Emilio. Era un gesto grandilocuente, típico de él, romántico y excesivo al mismo tiempo. Columba usaba ese cadilac para ir a los estudios cinematográficos, para asistir a estrenos, para pasear por el paseo de la Reforma. Ver llegar ese Cadilac azul claro con columba al volante era un espectáculo.
La gente se aglomeraba para verla pasar. Las mujeres admiraban su elegancia. Los niños corrían pidiendo autógrafos, pero también ese cadilac representaba la jaula dorada en la que vivía con Emilio. Era un regalo hermoso, pero también era un recordatorio constante de su dependencia económica y emocional de él. El buik que compró con su dinero.
Cuando Columba se separó de Emilio en 1953, dejó el cadilac atrás. Era un auto que le había regalado y ella quería demostrar que no necesitaba sus regalos. Compró su propio automóvil con el dinero que había ganado en Italia y Yugoslavia. Elegió un Buckig Super de 1953 en color negro con interiores de tela gris. El buik era menos sostentoso que el Cadillac, pero igualmente cómodo y confiable.
Tenía motor de ocho cilindros, transmisión automática D inflow, dirección hidráulica y asientos espaciosos. Le costó $2,800 nuevos que pagó en efectivo. Era su declaración de independencia. Este auto lo había comprado ella con su dinero, ganado con su trabajo. Nadie podía quitárselo. El Fort Fairlane para los años 60.
En 1960, cuando su carrera seguía fuerte con películas como Los Hermanos del Hierro y Animas Trujano, Columba compró un Ford Firelan 1960 en color blanco con techo en dos tonos negro. Era un auto elegante y práctico. El Fairlane tenía motor V8, transmisión automática, radio AM, calefacción y todos los detalles cromados típicos de los autos estadounidenses de principios de los 60.
Le costó $2200. Lo usó durante casi toda la década. Durante su vida activa, Columba manejó varios autos más. Un Chevrolet Impala, un Pimut Bgent y otros vehículos de gama media alta. No era coleccionista de autos como algunas estrellas masculinas. Para ella, los autos eran transporte necesario, no símbolos de es, los negocios y la visión empresarial.
A diferencia de muchas actrices que simplemente cobraban su sueldo y gastaban sin planear el futuro, Columba Domínguez tenía cierta visión empresarial, aunque no tan desarrollada como hubiera sido ideal. Inversiones en bienes raíces. Como vimos, Columba invertía en propiedades. El departamento de la Condesa y la Casa de San Ángel eran inversiones inteligentes que le daban patrimonio sólido.
Sabía que la carrera de una actriz podía terminar en cualquier momento y que era necesario tener activos que conservaran su valor. También invertía en cuentas de ahorro en el Banco Nacional de México. Guardaba aproximadamente el 25% de sus ingresos anuales. No era una gran inversora en la bolsa de valores ni en negocios complejos, pero sí era responsable con su dinero.
Los cortometrajes que dirigió. En la década de 1970, Columba dirigió cinco cortometrajes donde exploró su lado creativo detrás de las cámaras. Estos proyectos no le generaron ingresos significativos, pero demostraban su interés en controlar su narrativa artística. El proyecto Jakaranda que intentó producir en 1982 fue su esfuerzo más ambicioso.
Iba a ser guionista y productora de una película en honor a su hija fallecida. Invirtió aproximadamente 180,000 pesos de su propio dinero en preproducción, pero los problemas financieros la obligaron a abandonar el proyecto. Fue una pérdida económica y emocional devastadora. Representación profesional. Columba tenía representantes que negociaban sus contratos tanto en México como en el extranjero.
Eran profesionales que se aseguraban de que recibiera pagos justos y que sus derechos fueran protegidos. En sus mejores años tenía un abogado especializado en contratos cinematográficos que revisaba cada documento antes de que ella firmara. No era de las que firmaban cualquier papel sin leer. Había aprendido de otros actores que perdieron fortunas por confiar ciegamente.
Los lujos y el estilo de vida. Columba Domínguez vivía con elegancia natural. No era ostentosa como María Félix, ni escandalosa como algunas otras estrellas. Era elegancia discreta, refinada, apropiada para una mujer que representaba la belleza mexicana pura, el vestuario de una diosa mexicana.
Durante la época de oro del cine mexicano, Columba era conocida por su estilo impecable. Para las películas de época que filmaba con Emilio Fernández, usaba trajes regionales auténticos, wipiles bordados, rebozos de seda, faldas de tehuana que mostraban la riqueza textil de México. Para eventos formales y estrenos, Columba usaba vestidos de alta costura.
Tenía un diseñador personal que creaba vestidos específicamente para ella. Un vestido de gala hecho a medida costaba entre 800 y 1500 pesos en los años 50, equivalente a entre 12,000 y 22,000 pes actuales. Columba tenía más de 30 vestidos de gala en su guardarropa. Vestidos negros elegantes para estrenos importantes, vestidos de colores vibrantes para fiestas, vestidos de cóctel para reuniones sociales.
Cada uno estaba perfectamente confeccionado, cada detalle considerado cuidadosamente. También tenía colecciones de joyería fina, aretes de oro con perlas, collares de plata con diseños prehispánicos, pulseras de Jade. Algunas piezas eran regalos de Emilio, otras las había comprado ella misma en sus viajes por Europa.
Los retratos de los grandes pintores. Uno de los mayores lujos y honores de Columba, fuese retratada por los pintores más importantes de México. Diego Rivera, Jesús Guerrero Galván y Miguel Cobarrubias, todos pidieron retratarla, fascinados por su belleza de rasgos tan mexicanos. Diego Rivera hizo un retrato de Columba en 1950, donde capturó perfectamente sus rasgos indígenas, sus ojos expresivos, su presencia digna.
Ese retrato que Columba conservó toda su vida valía una fortuna. Hoy valdría varios millones de pesos. Jesús Guerrero Galván pintó a Columba en 1952 en un estilo más romántico, enfatizando su belleza etérea. Miguel Cobarrubias hizo ilustraciones de ella que aparecieron en revistas internacionales. Ser retratada por estos maestros no solo era un honor artístico, también era una inversión.
Esos retratos aumentaban constantemente de valor y formaban parte de su patrimonio. Las relaciones con otras estrellas. Columba tenía relaciones complejas con otras actrices de la época. Con María Félix existía cierto respeto profesional, pero no amistad cercana. María era demasiado dominante, demasiado competitiva. Columba era más reservada, más discreta, con Dolores del Río, si tenía una relación más cálida, Dolores, elegante y sofisticada, apreciaba el talento genuino de Columba.
trabajaron juntas en La Malquerida y desarrollaron mutuo respeto con Pedro Armendaris tenía una relación profesional excelente. Pedro la trataba con caballerosidad, la respetaba como actriz. Cuando trabajaron juntos, la química en pantalla era palpable, pero siempre profesional. Columba también era amiga de actrices menos conocidas, mujeres que no eran sus competidoras directas.
Rita Macedo, Marga López, otras actrices de carácter con quienes podía tener conversaciones genuinas si la tensión competitiva, los pasatiempos de una artista completa. Más allá de la actuación, Columba era una artista multifacética. Tocaba piano con habilidad real. Había estudiado desde niña y continuó practicando toda su vida.
En su casa tenía un piano vertical donde tocaba composiciones clásicas para relajarse. También pintaba. Durante sus retiros de la actuación en los años 80 y después, Columba se dedicó seriamente a la pintura. Llegó a exponer en galerías de Europa donde su trabajo fue bien recibido. Pintaba principalmente paisajes y retratos.
Practicaba esgrima, un deporte poco común para mujeres en aquella época, pero que Columba disfrutaba por la disciplina y el ejercicio físico que requería. También practicaba equitación montando a caballo en ranchos de amigos, sus mejores películas y premios. Ahora que conocemos como vivía Columba Domínguez, es momento de repasar las películas que la convirtieron en leyenda, porque al final del día lo que verdaderamente importa de una actriz no es cuánto dinero ganó ni qué vestidos usó, sino que dejó en la pantalla. Las obras
maestras con Emilio Fernández Pueblerina en 1949 fue y sigue siendo considerada la mejor película de Columba. interpretaba a Paloma, una joven indígena pura que vive en un pueblo del México rural. Roberto Cañedo interpretaba a Aurelio, el hombre que la ama. La fotografía de Gabriel Figueroa capturaba la belleza del paisaje mexicano y la belleza del rostro de Columba con igual maestría.
La película es una tragedia sobre el amor imposible, sobre la pureza destruida por la maldad humana. Columba interpretó a Paloma con una inocencia devastadora. Su actuación era natural, sin afectación, completamente creíble. Cuando Paloma sufre, el público sufre con ella. Cuando es humillada, el público siente esa humillación.
Pueblerina ganó premios internacionales y consolidó a Columba como una de las grandes actrices del cine mundial. Todavía hoy, 75 años después, la película se estudia en Escuelas de Cine como ejemplo perfecto del cine indigenista mexicano. La malquerida en 1949 con Dolores del Río y Pedro Armendaris fue otra obra maestra. Columba interpretaba a Casia, la hija que sin saberlo se convierte en rival romántica de su propia madre.
El tema era tremendamente escandaloso. Tensión sexual entre padrastro e hijastra, celos entre madre e hija. Columba manejó el papel con una sutileza extraordinaria. Acascia no es ni completamente inocente ni completamente culpable. Es una mujer joven navegando deseos y lealtades familiares complejas.
La química entre Columba y Pedro Armendaris era palpable, incómoda, perfecta para la historia. Un día de vida en 1950 pasó casi desapercibida en México, pero se convirtió en fenómeno en Yugoslavia. La película trataba temas de sacrificio maternal, pobreza, lucha por sobrevivir. Columba interpretaba a una madre desesperada con tal emoción que el público yugoslavo lloró masivamente.
El éxito fue tan grande que décadas después, en 1997, Columba viajó a Belgrado, donde fue recibida como leyenda viviente. Miles de yugoslavos, ahora serbios, seguían recordando esa película que los había hecho llorar en su juventud, Trabajos con otros grandes directores. Cuando Columba terminó su relación profesional con Emilio Fernández en 1952, se consolidó como primera figura trabajando con otros realizadores importantes.
Luis Buñuel la dirigió en El Río y la Muerte en 1955. Buñuel, el surrealista español, vio en Columba cualidades actorales que Emilio nunca había explotado completamente. Le dio un papel más complejo, más psicológicamente matizado. Columba respondió con una actuación excelente que expandió su rango artístico.
Fernando Méndez la dirigió en Ladrón de Cadáveres en 1957, considerada la mejor película mexicana de horror. Columba demostró que podía manejar el género de terror con la misma maestría que el melodrama. Ismael Rodríguez la llevó a protagonizar Los Hermanos del Hierro en 1961 y Animas Trujano en 1962. En esta última trabajó junto al legendario actor japonés Tosiro Mi Fune.
Era una producción ambiciosa que mezclaba talentos mexicanos y japoneses. El Tejedor de milagros en 1962 representó a Latinoamérica en el noveno Festival Internacional de Cine de Berlín. Columba interpretaba a una mujer de fe inquebrantable. Su actuación fue elogiada por la crítica europea. Columba ganó el premio Ariel a mejor coactuación femenina por Maclovia en 1949.
Fue nominada varias veces más, pero no ganó otros arieles competitivos durante su carrera activa. En 1984, la Asociación Nacional de Actores le entregó la medalla a Virginia Fábregas por sus más de 25 años de labor artística ininterrumpida. El reconocimiento más importante llegó en mayo de 2013 cuando Columba fue galardonada con el premio Ariel de Oro por su trayectoria.
El premio fue entregado por el primer actor Ignacio López Tarzo en una ceremonia emotiva. Columba, a sus 84 años subió al escenario con dignidad. Fue una reivindicación, un reconocimiento tardío, pero merecido de su contribución al cine mexicano. Pero más allá de premios formales, Columba recibió el reconocimiento eterno de ser considerada una de las mujeres más bellas que ha dado el cine mexicano.
Su rostro se convirtió en símbolo de la mexicanidad, de la belleza nacional auténtica, la relación tormentosa con el indio Fernández. La historia de Columba no puede contarse sin hablar profundamente de Emilio Fernández. era el amor de su vida y también su mayor tormento. La relación entre ellos fue intensa, apasionada, destructiva y al final eterna.
Cuando se separaron en 1953, Columba estaba embarazada de jacaranda. Las infidelidades constantes de Emilio la habían destrozado emocionalmente. No podía seguir viviendo con un hombre que la amaba, pero no podía serle fiel. Emilio quedó completamente destruido cuando Columba se fue. Su hija Adela, de su relación anterior con Gladis Fernández, contó, “Columba fue la mujer que más significado tuvo en su vida, pues fue su relación más duradera, 7 años.
Puedo decir que la única esposa sin haberse casado fue ella. Las demás no cumplieron los requisitos. Como Columba, no hay otra. Ella le aguantó muchas cosas. sufría cuando sabía de más mujeres. Lo cierto es que cuando ella se fue de la casa, mi papá quedó hecho una garra. Alcoholizado cantaba Tú, solo tú con José Alfredo Jiménez.
Tuvo un gran duelo que creo duró más años de lo que ellos vivieron felices. Durante su separación, Columba viajó a Europa, donde comenzó un romance con el actor español Francisco Rabal. Fue una relación apasionada, pero breve. Columba nunca pudo amar a otro hombre como amó a Emilio, aunque la hubiera lastimado profundamente.
Emilio y Columba reanudaron su relación varias veces durante los años siguientes. Era un ciclo de separaciones y reconciliaciones. Se separaban cuando las infidelidades de Emilio se volvían intolerables. Se reconciliaban cuando la pasión los abrumaba nuevamente. Su hija Jacar creció dividida entre ambos padres, viviendo a veces en México con su madre, a veces en la cazona de Coyoacuacán con su padre.
a veces viajando a Europa cuando Columba filmaba allá. A pesar de estar separados desde hacía años, cuando Emilio Fernández enfermó en 1986, Columba estuvo a su lado hasta el final. En junio de 1986, Emilio sufrió una caída en un balneario en Acapulco que le ocasionó fracturas en la mano y la cadera. Fue hospitalizado en la Ciudad de México.
Su salud se deterioró rápidamente. Tenía 82 años y su cuerpo ya no respondía. Columba lo visitaba diariamente en el hospital, lo cuidaba, le hablaba, le recordaba los buenos tiempos. Emilio, el hombre que había sido una fuerza de la naturaleza, ahora estaba débil y vulnerable. El 6 de agosto de 1986, Emilio planeaba ir a Cuautla, Morelos, a relajarse con Columba.
Se vistió con su traje de charro, listo para el paseo, pero su cuerpo no tenía fuerzas. Columba estaba con él cuando abrió los ojos por última vez. la miró con una mirada triste, quizás de despedida. Su respiración era agitada. Tomó dos bocanadas de aire y su corazón dejó de latir. Columba le dio un masaje. Quería reanimarlo, pero fue inútil.
Había muerto. Se desplomó en la cama y comenzó a llorar la pérdida del hombre que llenó de alegría sus días y también de penas. No solo fueron los meses en el hospital, confesó después. Fue una vida de experiencias maravillosas, de momentos difíciles, como cuando estuvo en los reclusorios, cuando perdimos a mi hija.
Son muchas cosas que ahora se me vienen a la memoria. Columba preparó el cuerpo de Emilio con sus propias manos, le puso su último traje de charro, lo cepilló con cuidado, le colocó su paliacate característico en el cuello, de su mano izquierda desprendió con lágrimas su inseparable Rolex. A las 13:55 horas llegó la carroza fúnebre columba.
acompañó el cuerpo de Emilio a su última morada. Después del funeral se desató una controversia sobre la herencia de Emilio, particularmente sobre la famosa casa de Coyoacán. Emilio murió intestado. Automáticamente su hija Adela fue nombrada su herederá universal. Columba alegaba derecho sobre la propiedad, argumentando que Adela era adoptada, no descendiente biológica y que Emilio nunca la adoptó legalmente.
La tragedia que marcó su vida para siempre. El 22 de noviembre de 1978, Columba vivió la peor experiencia de su vida. Su hija Jacaranda, de 25 años, murió al caer del tercer piso de su departamento en la colonia Cuautemoc. Jakaranda había seguido los pasos de sus padres incursionando en la actuación. En 1977 participó en la hija del gallero junto a su madre Columba y Antonio Aguilar. Era joven, hermosa, talentosa.
Tenía toda una carrera por delante. Esa noche de noviembre, Jacaranda organizó una fiesta en su departamento. Vivía ahí con su amiga Lidia Suárez Morales desde hacía 4 meses. La fiesta transcurría normalmente con música, bebidas, conversación. Pero Jacaranda y Lidia tuvieron una discusión. Los testigos dijeron que fue intensa con gritos y recriminaciones.
Jakaranda, que había estado bebiendo, tiró un espejo en la sala, luego se acercó al balcón, aparentemente tratando de ignorar a Lidia. Lo que pasó después, nadie lo sabe con certeza. Los invitados escucharon un grito. Salieron corriendo y vieron el cuerpo de Jakcaranda en la calle, ensangrentado, sin vida. Había caído tres pisos.
La muerte fue instantánea cuando su cuerpo se estrelló contra el asfalto. La policía clasificó el caso como suicidió. Según su investigación, Jakcaranda había expresado deseos de morir en varias ocasiones. Lidia Suárez confirmó esta versión, pero Columba nunca jamás aceptó que su hija se hubiera suicidado. “Imposible que mi hija negara la vida,”, afirmó categóricamente.
Columba creía que Jakaranda había sido asesinada. Pensaba que Lidia la había empujado durante la discusión. Otros testigos ofrecieron una tercera versión, que Jaakaranda Ebria, se asomó al balcón para evitar a Lidia, pero trastavilló y cayó accidentalmente. Su embriaguez le hizo perder el equilibrio. Fue un accidente trágico.
No suicidió ni asesinato. Adela Fernández, media hermana de Jacaranda, también negó rotundamente la versión del suicidio. Ambas mujeres, Columba y Adela, estaban de acuerdo en que Jacaranda no era suicida. Jakaranda fue sepultada el 24 de noviembre de 1978 en el Panteón Jardín. Columba estaba destrozada. Emilio, que en ese momento estaba en prisión por haber matado a un campesino en una riña en Torreón, solo pudo decir desde el reclusorio, “Lo único que puedo hacer ahora por ella es orar.
” La pérdida de Jakaranda destruyó a Columba. Gastó fortunas en investigaciones privadas tratando de probar que fue asesinato. Nunca encontró pruebas concluyentes. El caso quedó cerrado como suicidió en los archivos oficiales, pero en el corazón de Columba siempre fue asesinato. En 1982, Columba intentó producir la película Jakaranda en honor a su hija.
Sería guionista y productora. ya había dirigido cinco cortometrajes antes. Tenía experiencia, pero los problemas financieros la obligaron a suspender el proyecto. Fue otro golpe devastador. Sus últimos años y su triste muerte, después de su retiro de la actuación en 1987, Columba se dedicó a las artes que siempre había amado.
Pintaba diariamente, exponiendo su trabajo en galerías europeas con éxito moderado. Tocaba piano durante horas. practicaba esgrima y equitación para mantenerse en forma. También estudió materias humanísticas leyendo filosofía, literatura, historia del arte. Era una mujer culta que aprovechó su retiro para expandir su intelecto.
En 2008, después de más de 20 años de retiro, el director mexicano Roberto Fiesco la retornó al cine con el cortometraje Paloma del proyecto Espiral. Columba, a sus 79 años demostró que su talento seguía intacto. En 2010 hizo participaciones especiales en la cebra y borrar de memoria. En 2012 participó en en el último trago, dirigida por Jack Saga, un homenaje al compositor José Alfredo Jiménez.
La película fue presentada en marzo de 2014 en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Sería su última película. En 2013, Columba grabó su último trabajo, el cortometraje Ramona de Giovana Zacarías, lanzado en 2014. Ese mismo año recibió el Ariel de Oro por su trayectoria. Fueron reconocimientos tardíos pero significativos.
En agosto de 2014, Columba fue internada en el Hospital Ángeles Santa Elena por neumonía. Su salud se deterioró rápidamente. A los 85 años, su cuerpo ya no tenía fuerzas para luchar. El miércoles 13 de agosto de 2014, Columba Domínguez falleció como consecuencia de un infarto después de permanecer internada varios días con complicaciones derivadas de la neumonía.
Su sobrino, Giulano Molina anunció la noticia en Twitter. Descansa en el cielo donde perteneces. Su cuerpo fue sepultado en una cripta del panteón mausoleos del Ángel en la ciudad de México, el mismo panteón donde están los restos de Emilio Fernández. Incluso en la muerte están cerca uno del otro. El cineasta Gustavo Moeno dijo, “Columba Domínguez fue nuestra Laura en Bacal, aunque el indio Fernández no fue precisamente como Junprey Bogart, sino más como John Huston.
Merece mucho respeto, fue una de las grandes y para muestra están pueblerina y los hermanos del Hierro. Y así podemos decir que la verdadera riqueza de Columba Domínguez no estaba en sus pesos y sus dólares, ni en los departamentos de la Condesa, ni en los vestidos de gala, ni en los automóviles lujosos. Estaba en su belleza extraordinaria que capturó la esencia de lo mexicano, en su talento dramático genuino, en las películas inmortales que dejó, en haber sido la musa que inspiró a los más grandes pintores y cineastas de México. Columba
Domínguez demostró algo fundamental, que una mujer podía ser a la vez símbolo de belleza y actriz de talento real, que se podía ser musa y artista completa, que la belleza física podía coexistir con profundidad emocional y disciplina profesional, que se podía amar apasionadamente y también mantener dignidad e independencia.
Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida de Columba Domínguez, tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre su vida, su carrera o su legado, déjamela en los comentarios. Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál te pareció el momento más conmovedor de la vida de Columba o qué película suya es tu favorita.
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