Aquí el mismo de México dejó volar su imaginación y llenó el lugar de opulencia y detalles cinematográficos. Lo más famoso de esta propiedad es la alberca que mandó construir con la forma de un silvato en el centro del terreno como tributo a su papel en la película El patrullero 777 de 1978, donde interpretaba a un policía de la ciudad de México.
Este diseño tan particular convirtió en el símbolo de la propiedad. A esta finca acudieron de visita distintas celebridades y amigos cercanos como Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix, Pedro Vargas y María Sorté. Era un punto de reunión donde los grandes del cine de oro mexicano compartían momentos de descanso, diversión y camaradería lejos de los reflectores y de las cámaras.
Hoy esta propiedad funciona como Hotel Misión, parte de una cadena hotelera que ha respetado la esencia del comediante mexicano. El hotel rinde homenaje al icónico actor y destaca por su rico contenido histórico y cultural relacionado con Cantinflas. Al lado de la recepción, los visitantes encuentran un área dedicada a su memoria, similar a un museo donde se exhiben periódicos originales, fotografías de su carrera y cuadros que capturan momentos de su vida.
El 9 de junio de 2012 se develó una estatua en los jardines como tributo a su legado. El diseño del hotel incorpora varios elementos que evocan la carrera cinematográfica de Cantinflas. Además de la piscina con forma de silvato, inspirada en el patrullero 777, está el molino de viento, un pozo, áreas de juego para niños.
El hotel cuenta con 60 habitaciones en total, 49 habitaciones dobles, siete sencillas, una habitación pet friendly, dos junior suites y dos master suites, incluyendo la exclusiva suite Cantinflas. Entre todas ellas, la habitación número 212, donde Cantinfla solía hospedarse, es especialmente popular por transportar a los huéspedes a la época dorada del actor.
El establecimiento también cuenta con El Pueblito, un restaurante especializado en platillos mexicanos, la tertulia, un bar ambientado tístico y empresarial, Hacienda La Purísima, el sueño del ganadero. Pero si había una propiedad que Cantinflas amaba especialmente, esa era su hacienda la Purísima, ubicada en el municipio de Xlahuaca.
Estado de México en el kilómetro 29 de la carretera Toluca Atlacomulco. Esta propiedad fue comprada en los años 60 cuando Mario decidió cumplir su sueño de convertirse en ganadero de toros bravos. La hacienda se extendía sobre 500 haáreas, más de 74 haáreas según registros actuales, e incluía una casa principal muy bonita y grande donde Mario guardó muchos recuerdos.
En 1959 pensé seriamente en iniciar una ganadería para la crianza de Toros Bravos. Se llamó Moreno Reyes Hermanos y estuvo instalada en la villa de Xlahuaca en el Estado de México. Fueron 500 hectáreas en las que criamos muchas esperanzas, recordaba el propio Cantinflas. La hacienda contaba con instalaciones impresionantes.
Una plaza de toros donde Mario lidiaba vaquillas en sus ratos libres, un tentadero al que nombró doña Cholita en honor a su madre soledad, caballerizas para sus caballos finos de pura sangre y cuarto de milla, una capilla, amplios jardines y todas las instalaciones necesarias para la crianza de toros de Lidia y ganado Cebu.
Cantinflas visitaba su rancho aproximadamente cada mes para asegurarse de que todo marchara bien. Se subía a un jeep pintado con el nombre de la purísima para recorrer sus tierras, convivía con los trabajadores, comía y bebía con ellos en su tiempo de descanso y disfrutaba de su pasión por el toreo lejos de los reflectores.
Aquí podía ser simplemente Mario Moreno Reyes, un hombre de campo y no la estrella que todos esperaban ver. Lamentablemente, cuando su salud empeoró, las visitas al rancho se hicieron menos frecuentes. Tras su muerte en 1993, el ganado Bravo y los caballos fueron trasladados al rancho El Rocío, propiedad de su amigo Luis Javier Barroso, tal como Mario lo había acordado en vida.
La Hacienda fue convertida en un hotel y centro turístico que hoy se llama Hacienda la Purísima Hotel y Country Club. El hotel actual conserva una estatua de Cantinflas en el patio central que da la bienvenida a los visitantes, cuadros que honran su memoria. La plaza de toros original, las caballerizas, la capilla, área de parrillas, restaurante, juegos infantiles, un campo de golf de 18 hoyos, canchas de tenis, cancha de basketbol, cancha de voleibol, piscina techada y 27 habitaciones exclusivas con todas las comodidades. La propiedad se
encuentra en perfecto estado de conservación, a diferencia de otras propiedades de Cantinflas que fueron abandonadas. Hacienda El detalle San Luis Potosí. La primera gran inversión inmobiliaria de Cantinflas fue el rancho que compró en 1943 en plenaca Potosina a unos 25 km de Ciudad Valles, San Luis Potosí, entre los ríos Tampaón y Valles.
El terreno constaba de 100 haáreas que compró por 30,000 pes. Esta hacienda tomó su nombre de una de las películas más famosas de Cantinflas. Ahí está el detalle de 1940. Mario invirtió 5 millones de dólares de aquella época para construir una residencia impresionante de 12 recámaras con un lujoso bar decorado con pinturas de toreros realizadas por el valenciano Ruano Yopis, un salón donde instaló una pantalla gigante para proyectar sus películas y una alberca olímpica cubierta de mosaicos de Talavera de la Reina con imágenes de toreros famosos
impresas en los mosaicos. También mandó construir en 1948 una plaza de toros a la que dio el nombre de Cholita en honor a su madre y mandó pavimentar los 5 km de terracería hacia la carretera México Laredo. Instaló un chalán, una especie de trajinera para cruzar el río. Además, aplicó sus conocimientos que había adquirido como estudiante de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo y decidió cultivar cítricos y criar ganado ebu.
Durante su esplendor en la Hacienda se organizaban corridas de toros, fiestas y convivencias a las que asistían celebridades como María Félix, Jorge Negrete, Pedro Infante y Manolín. Era uno de los lugares de reunión más exclusivos de México. Para llegar era necesario cruzar el río en Chalán, lo que le daba un toque de aventura y exclusividad.
Sin embargo, Mario vendió esta propiedad antes de morir. Se dice que la plaga de la mosca prieta y el clima ocasionaron que se perdieran las cosechas. Otra versión apunta que el político Gonzalo N Santos lo presionó para vender. La inversión total del detalle fue de 5 millones de pesos, pero cuando quiso vender le ofrecieron solo 3 millones, mucho menos de lo que valía, pero aceptó porque quería deshacerse de la propiedad.
Hoy la hacienda está prácticamente abandonada. visitas guiadas para mostrar cómo vivió el comediante. Mansión en Acapulco, las playas. Una de las propiedades más fascinantes de Cantinflas fue su mansión en el puerto de Acapulco, construida en los años 50 en la exclusiva zona de las playas. Esta residencia costó aproximadamente millón de dólares de aquella época y se extendía sobre 6 m² de terreno con 2,500 m² de construcción.
La casa contaba con nueve recámaras, nueve baños, estacionamiento para 10 vehículos frente directo al mar, una piscina de agua marina con tobogán azul con puertas que regulaban el flujo de agua marina, un puerto privado con muelle para yates, barra de tragos, habitaciones lujosas decoradas con fotografías del actor y obras de arte y paredes decoradas con murales de sirenas y seres mitológicos.
Lo más icónico de la propiedad era una estatua de bronce de 2.5 m de altura que representaba a Cantinflas con su inconfundible sombrero ubicada en el jardín frontal con la mirada fijada hacia el océano. Según cuentan los obreros que trabajaron en la construcción, Mario supervisó personalmente la instalación de esta pieza, exigiendo que quedara perfectamente alineada con la puesta de sol durante el equinoccio de primavera como parte de un ritual simbólico para él.
En esta mansión se hospedaron personalidades ilustres como Frank Sinatra, Jon F. Kennedy, Elizabeth Taylor y otros grandes de Hollywood. Aquí Cantinflas organizaba fiestas legendarias que consolidaron a Acapulco como el destino favorito de las estrellas internacionales. Alrededor de esta propiedad existe una leyenda fascinante.
Se dice que Mario construyó la casa con tantos detalles marinos porque su mayor sueño era conocer a una sirena. Según la leyenda, un día en un bar de la Ciudad de México conoció a un misterioso hombre que le regaló una piedra o cuarzo especial. En 1965, según su chóer, Cantinflas llegó agitado a casa tras caminar por la playa y murmuró: “Hoy finalmente las vi.
” Aunque nunca aclaró a qué se refería, esto alimentó la teoría de que las sirenas visitaban su casa. Tras su muerte en 1993, la propiedad quedó abandonada debido a los pleitos legales entre su hijo Mario Arturo y su sobrino Eduardo Moreno por la herencia. Durante años, ambos se enfrentaron para determinar quién se quedaría con la millonaria fortuna.
La casa de Acapulco fue una de las víctimas de esos pleitos. El deterioro fue avanzando año tras año. Prácticamente todas las áreas recreativas se derrumbaron. En 2023, el huracán Otis terminó de destruir lo poco que quedaba. Hoy solo se puede apreciar la estructura de la piscina, algunos pilares, paredes con restos de murales y de manera asombrosa la estatua de Cantinflas que sigue en pie casi intacta como un guardián eterno de lo que fue aquel paraíso. Colección de vehículos.
Cantinflas era un coleccionista verdadero de automóviles finos. A diferencia de su personaje humilde en las películas, en la vida real, Mario Moreno podía darse todos los lujos y disfrutaba especialmente de los automóviles más exclusivos de su época. Rolls-Royce Silverbright. Uno de sus autos más icónicos era su Rolls-Royce Silver Bright de los años 50.
Este automóvil de carrocería británica clásica era el epítome del lujo y la elegancia. Mario lo manejaba personalmente en eventos importantes y lo usaba para recibir a invitados extranjeros que visitaban México. Ver a Cantinflash llegando en su Rolls-Royce era todo un espectáculo que la gente esperaba con emoción.
Mercedes-Benz 300SL Roadster. En los años 60, Cantinflas adquirió un Mercedes-Benz 300 SL Roadster, la versión descapotable de legendario deportivo alemán. No era el modelo Wuin con puertas de gaviota, sino el Roadster, igualmente exclusivo y mundialmente codiciado. Este auto representaba lo más avanzado en tecnología automotriz de la época y solo estaba al alcance de muy pocos en el mundo. Cadilac series 62 convertible.
Uno de sus autos favoritos para Acapulco era su cadilac serie 62 convertible pintado en color crema o blanco. Este era el máximo lujo estadounidense durante los años 50 y 60 en México. Con este cadilac Mario llegaba a su mansión de las playas y recorría el puerto, siendo reconocido y saludado por todos. Lincoln Continental Mark 4.
Otro de sus autos de uso frecuente era Lincoln Continental Mark 4, un sedán de lujo estadounidense que aparecía constantemente en fotografías cuando Cantinflas entraba a Televisa o a los sets de filmación. Era un auto elegante, cómodo y perfecto para sus traslados diarios en la Ciudad de México. Vehículos para el rancho.
Para su hacienda la purísima, Cantinflas tenía vehículos más prácticos, pero igualmente bien equipados. una DOTG Pic Cup, camionetas Ford de la serie F y un Jeep Kaiser. Estos vehículos eran necesarios para recorrer las 500 hectáreas de su rancho, trasladar ganado, supervisar las instalaciones y moverse por terrenos difíciles.
El jeep especialmente era pintado con el nombre de la purísima y Mario lo usaba para recorrer sus tierras y llegar hasta la plaza de toros, los negocios y la visión empresarial. Lo que verdaderamente distinguía a Mario Moreno de otros artistas de su época era su extraordinaria visión como empresario. No se conformó con ser solo un actor bien pagado.
Construyó un imperio empresarial que le generaba ingresos constantes incluso cuando no estaba filmando. Posa Films, su productora cinematográfica. La decisión más inteligente de Cantinflas fue fundar junto con Santiago Reachi Fayad la empresa cinematográfica Posa Films. Este modelo de negocios le permitió actuar, coescribir y controlar las ganancias de sus películas.
Gracias a Posa Films se volvió dueño de los porcentajes de taquilla, los derechos de distribución y tenía poder para renegociar contratos internacionales. Esta empresa le dio control total sobre su carrera. ya no dependía de estudios que le pagaran un sueldo. Él era el dueño de su trabajo y se quedaba con la mayor parte de las ganancias.
Este modelo era revolucionario para la época y pocos actores en el mundo tenían ese nivel de control sobre sus carreras, ganadería y caballos. Su rancho la purísima no era solo un capricho, era un negocio rentable. Funcionaba como criadero de toros bravos que vendía a ganaderías y plazas de México, como centro de venta de ganado Ebu y como lugar de entrenamiento para corridas de toros.
Era propietario de caballos de fina sangre, ejemplares de pura sangre y cuarto de milla valorados en miles de dólares. Empresa de espectáculos. Cantinflas organizaba personalmente giras nacionales e internacionales, presentaciones en teatros y carpas, sou con su compañía teatral y funciones benéficas donde a veces no cobraba, pero que reforzaban su imagen pública.
Tenía toda una estructura empresarial detrás que manejaba estos eventos y generaba ingresos adicionales. Otros lujos y detalles. Aunque era discreto comparado con María Félix, Cantinfla sí tenía lujos importantes. era cliente de las mejores marcas de relojes europeos como Patc Philip y Rolex. Sus trajes eran hechos a medida por sastres de Savilero en Londres, París y los mejores de la Ciudad de México.
Viajaba constantemente entre México, Estados Unidos, Francia, España y Sudamérica, siempre en primera clase o en vuelos privados. La disputa por la herencia. Mario Moreno Cantinflas falleció el 20 de abril de 1993 en su casa de Loma Linda a los 81 años de edad. víctima de cáncer de pulmón. Su muerte conmovió a México y al mundo entero.
Había sido durante décadas el comediante más querido, el mismo que hacía reír a millones sin necesidad de decir groserías o vulgaridades. Pero su muerte también desató una de las disputas legales más largas y amargas en la historia del espectáculo mexicano. Su hijo Mario Arturo Moreno Ivanova, a quien había adoptado cuando era un bebé pagando $10,000 a su madre biológica, Marion Roberts, se enfrentó legalmente contra Eduardo Moreno, sobrino de Cantinflas, por el control de la herencia millonaria.
La disputa duró años y se centró principalmente en los derechos de las películas de Cantinflas, que seguían generando millones en regalías. También estaban en juego las propiedades, las cuentas bancarias en México y el extranjero y el control del nombre y la imagen de Cantinflas. Esta pelea legal tuvo consecuencias terribles.
Muchas de las propiedades quedaron abandonadas, como la mansión de Acapulco que nadie mantuvo y terminó en ruinas. Los pleitos consumieron parte importante de la fortuna en honorarios de abogados y juicios interminables. Y lo más triste, el legado de Cantinflas quedó empañado por la codicia de quienes debían honrar su memoria.
Finalmente, después de muchos años, Mario Arturo ganó la mayoría de los litigios y se quedó con el control de la herencia. Pero para entonces mucho daño ya estaba hecho. Propiedades perdidas, fortunas gastadas en abogados y una imagen pública dañada por los escándalos. En fin, Mario Moreno Cantinflas fue mucho más que un comediante exitoso.
Fue un hombre de negocios brillante que supo construir un imperio. fue un mexicano orgulloso que llevó el nombre de México a los lugares más importantes del mundo.