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ANABEL HERNÁNDEZ REVELA: KIMBERLY JOSELIN DESAPARECIÓ EN LA UNIVERSIDAD, SU EXNOVIO ESTÁ DETENIDO

 Las horas pasaron y Kimberly no respondía. Las llamadas entraban directo al buzón. Los mensajes quedaban sin leer, la preocupación se transformó en angustia y luego en pánico. La familia comenzó su propia búsqueda. Ernesto Ramos, tío de Kimberley, junto con otros familiares, recorrió hospitales, preguntó a compañeros, buscó cualquier rastro que pudiera llevarlos hasta ella.

 La denuncia formal se presentó el 21 de febrero ante la Fiscalía General del Estado de Morelos y aquí es donde comienza la primera falla del sistema. Según el testimonio del tío de Kimberly, hubo dilación en la tensión. Un día completo se perdió antes de que la denuncia fuera ingresada formalmente. Un día que en casos de desaparición puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

 Mientras tanto, la familia no esperó. Iniciaron su propia campaña de búsqueda, pegaron carteles, difundieron su fotografía en redes sociales, tocaron puertas y dentro de la sus compañeros comenzaron a movilizarse porque ellos sabían algo que las autoridades parecían ignorar. Kimberly había llegado al campus. Las cámaras de seguridad lo confirmaban.

 Había entrado a la universidad, pero nunca salió. El jueves 26 de febrero, 6 días después de la desaparición de Kimberly, algo se rompió dentro de la comunidad universitaria. La paciencia se agotó. La confianza en las autoridades tocó fondo y miles de estudiantes, compañeros, amigos y familiares salieron a las calles de Cuernavaca en una marcha masiva que exigía una sola cosa, que buscaran a Kimberly con la urgencia y los recursos que el caso merecía.

 La marcha fue pacífica, pero contundente. Las consignas retumbaban por todo el centro de Cuernavaca. Los carteles con el rostro de Kimberly se multiplicaban en cada esquina y el mensaje era claro. No más omisiones, no más negligencia. No más indolencia institucional. Pero las protestas no se quedaron en las calles. Al día siguiente, el 27 de febrero, los estudiantes del campus Chamilpa tomaron una decisión radical.

 Cerraron las puertas de la universidad. Durante más de 7 horas mantuvieron bloqueados los accesos paralizando las actividades académicas hasta que la rectora viidiana Aide León Hernández se presentara a dar la cara. Las demandas eran específicas. Los estudiantes denunciaron que en una sola semana, mientras Kimberlyy estaba desaparecida, dos mujeres más habían sufrido intentos de secuestro dentro del campus.

 Se reportaron asaltos, robos de vehículos, una ola de inseguridad que las autoridades universitarias parecían minimizar o ignorar por completo. Y aquí viene un dato escalofriante que los estudiantes no dejaron de repetir. Esto ya había pasado antes. En abril de 2025, apenas 11 meses antes de la desaparición de Kimberly, otra estudiante de la WEEM, Ailen Rodríguez Fernández, de 20 años, estudiante de psicología, fue asesinada brutalmente por su pareja sentimental en el municipio de Hiutepec.

 Su cuerpo fue encontrado con signos de violencia extrema. El feminicida Uriel, también estudiante de la UAEM, fue detenido y vinculado a Proceso. Las promesas de las autoridades u universitarias de reforzar la seguridad y prevenir nuevos casos nunca se cumplieron. La memoria de Ailen estaba fresca, el dolor seguía vivo y ahora Kimberly había desaparecido dentro del mismo campus que supuestamente debía protegerla.

 Mientras la presión social aumentaba, la Fiscalía General del Estado de Morelos trabajaba en las investigaciones. El 28 de febrero, 8 días después de la desaparición, llegó la noticia que todos esperaban, pero nadie quería recibir. En esos términos habían detenido a un sospechoso. Jared Alejandro, estudiante activo de la UEMM, fue arrestado por elementos de la Agencia de Investigación Criminal tras una orden de aprensión girada por un juez.

 Los indicios que llevaron a su detención eran contundentes. Su nombre y número telefónico aparecían en las últimas llamadas salientes del teléfono móvil de Kimberly. Había sido, según múltiples fuentes, su exnovio y la última persona con la que ella tuvo contacto antes de desaparecer. Durante el cateo realizado en una cabaña propiedad de su familia, los investigadores encontraron evidencia devastadora: el teléfono celular de Kimberly, su credencial para votar, su bolso personal y algunas dosis de droga.

Todo estaba ahí, todo apuntaba hacia él. El primero de marzo, un juez de control dictó prisión preventiva como medida cautelar contra Jared Alejandro por su presunta participación en el delito de desaparición de persona cometida por particulares agravada. Su defensa solicitó la duplicidad del término constitucional, así que la audiencia de vinculación a proceso quedó programada para días posteriores, pero había más.

Según reportes de la periodista Johali Resendis, quien dio seguimiento puntual al caso desde el primer día, Jared Alejandro presuntamente estaría vinculado a actividades de venta de drogas dentro del campus de la UAEM. Esta línea de investigación abrió una pregunta inquietante. ¿La desaparición de Kimberly estaba relacionada con violencia de pareja, con actividades delictivas dentro de la universidad o con ambas? Las autoridades también revelaron que estaban investigando a al menos otra persona cercana al detenido

que podría estar relacionada con el caso. La red se ampliaba y con cada nueva información, el lunes 2 de marzo, 11 días después de la desaparición de Kimberly, la indignación estudiantil alcanzó su punto máximo. La rectora viridiana Aidé León Hernández había firmado un acuerdo con los estudiantes el viernes 27 de febrero, comprometiéndose a sostener una reunión de seguimiento el lunes para informar sobre los avances en la búsqueda de las medidas de seguridad que se implementarían en el campus.

 Pero la rectora no llegó. reprogramó la reunión de manera unilateral, sin consultar a los estudiantes. Su argumento fue evitar confrontaciones, pero para la comunidad universitaria fue la gota que derramó el vaso. Era una falta de respeto, una muestra más de la indiferencia institucional que había permitido que Kimberly desapareciera dentro de la universidad que debía cuidarla.

 La respuesta fue inmediata. Miles de estudiantes marcharon desde distintas facultades hacia la torre de rectoría en el campus Chamilpa. Llevaban fichas de búsqueda de Kimberly, cartulinas con mensajes directos, ni silencio ni omisión. Queremos investigación. Vivas, nos queremos. La UEM no nos cuida. Cuando llegaron al edificio de rectoría, la puerta estaba cerrada.

 No había ningún funcionario esperándolos. No había diálogo, solo silencio institucional. Entonces, un grupo de jóvenes, algunos de ellos encapuchados, comenzaron a golpear violentamente la puerta de cristal. A las 13:55 minutos, el vidrio se rompió. Los estudiantes ingresaron al edificio. Dentro de la torre realizaron pintas en las paredes, los baños, las puertas de las oficinas, desactivaron las cámaras de seguridad y no utilizaron los elevadores. El mensaje era claro.

 Si las autoridades no escuchaban las demandas pacíficas, entonces escucharían el grito de la rabia contenida. Algunos medios y voces oficiales intentaron criminalizar la protesta. filtraron vídeos del ingreso de los estudiantes con narrativas que buscaban desviar la atención del verdadero problema. Una joven había desaparecido dentro de la universidad y las autoridades habían fallado en protegerla, pero la comunidad universitaria no se dejó intimidar.

 La toma de rectoría continuó y esa misma tarde, mientras los estudiantes aún ocupaban el edificio, llegó la noticia que nadie quería escuchar. El lunes 2 de marzo por la tarde, como parte del operativo interinstitucional de búsqueda que se había desplegado en la zona norte de Cuernavaca, un equipo conformado por personal de la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada de Personas, la Agencia de Investigación Criminal, la Coordinación General de Servicios Periciales, la Guardia Nacional, el Ejército Mexicano y la Secretaría de

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