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Toña la Negra: They made her enter from behind… but that wasn’t the worst of it.

A esa edad, hoy estás terminando la prepa. Y ella ya tenía un bebé en los brazos. Se había casado con un hombre llamado Guillermo Cházaro Aumada, un músico mayor que ella. No sabemos casi nada de cómo fue ese matrimonio al principio, porque Toña casi nunca habló de eso. Pero hay algo que sí sabemos. Cuando su bebé tenía dos meses de nacido, Guillermo le dijo que se iban, que se iban a la Ciudad de México, que ahí estaba la oportunidad, que ahí ella iba a poder cantar.

Y Toña se subió a un tren con un bebé en brazos hacia un lugar que no conocía. El viaje en tren de Veracruz a la Ciudad de México en 1929 duraba más de un día. Imagínatelo. Una muchacha de 17 años con un bebé de 2 meses en el regazo, en un asiento de tren, sin poder dormir, sin poder cambiar al niño con calma, dándole pecho debajo de un reboso para que nadie la viera.

[música] Por la ventana, los paisajes iban cambiando. El verde de Veracruz se iba quedando atrás las palmeras, el mar, todo lo que ella conocía. Y poco a poco aparecía otro paisaje más seco, más alto, más frío. Toña miraba por la ventana y abrazaba al bebé. Una vez, ya de mayor, le preguntaron qué había pensado en ese tren y dijo solo una frase: “Pensé que ya no había vuelta atrás.

” y lo dijo sin dramatizar, como quien entiende algo antes de tiempo, porque en ese momento no sabía todo lo que venía, pero ya sabía lo suficiente. Y quizá tú también has tenido un momento así, un momento en el que sabes que hagas lo que hagas ya no puedes volver a donde estabas antes. Imagínatelo otra vez.

Una muchacha de Veracruz de un barrio pobre con un bebé de 2 meses, llegando a la ciudad de México en 1929 sin conocer a casi nadie, sin saber si esto iba a salir bien o iba a ser un desastre. Y aún así cantó. El 16 de julio de 1929 debutó en un cabaret que se llamaba El Retiro, pero todavía no la presentaron como Toña la Negra.

Ese nombre no existía. La presentaron como la peregrino por su apellido y ahí pasó algo que iba a cambiar todo. Una noche entre el público había dos hombres importantes. Uno se llamaba Emilio Azcárraga Vidaurreta. Era el dueño de la radio más grande del país, [música] la XCW. El otro se llamaba Enrique Contel. Los dos la escucharon cantar y los dos pensaron lo mismo.

Esta muchacha tiene algo. Pero también pensaron otra cosa. Pensaron, [música] “El nombre la peregrino no vende.” Y sin preguntarle decidieron cómo se iba a llamar el resto de su vida. Toña la negra. Así sin preguntarle. Hay quien dice que se lo comunicaron en el camerino después de un show, que entró a Azcárraga conel, que la felicitaron, que le dijeron que tenían una idea y que ella, sentada frente al espejo, todavía con los labios pintados, los escuchó callada.

Cuando le dijeron el nombre nuevo, se quedó mirándolos. No dijo sí, no dijo no, solo bajó los ojos. Y al día siguiente, en el cartel del cabaret ya estaba ese nombre. Le pusieron a una mujer un nombre artístico que la marcaba por el color de su piel y ella no dijo nada, porque a veces no decir nada es la única forma de seguir adelante.

Que iba a decir, tenía un bebé, estaba lejos de casa, necesitaba el trabajo, necesitaba que la gente la escuchara. Y si para que la escucharan tenía que llamarse así, pues se llamaría así. Hay un detalle aquí que pocas veces se cuenta. Años después, cuando le preguntaban por su nombre artístico, mucha gente decía, [música] “Ay, no es nada malo, es de cariño.

” Y a Toña le tocaba sonreír, asentir, decir que sí, que era de cariño. Pero piénsalo bien. Si un nombre fuera de cariño, ¿se lo pondrían sin preguntar? Se lo pondrían dos hombres con poder sentados en una mesa decidiendo cómo se va a llamar una mujer el resto de su vida. Eso no es cariño, eso es otra cosa. Pero eso es algo que todavía no tocaba decir.

3 años después, en 1932, Toña ya tenía dos hijos. Había vuelto a Veracruz un tiempo. Había vuelto otra vez a la ciudad de México. Llevaba años cantando en lugares pequeños y empezaba a cantar en lugares grandes. Y una noche, en una fiesta privada pasó algo. En esa fiesta había un hombre flaco, muy flaco, con una cicatriz en la cara y los dedos largos, sentado junto al piano.

Se llamaba Agustín Lara y no era cualquier persona. Lara estaba empezando a ser famoso, aunque todavía no era Lara. Todavía no era el genio, todavía no era el flaco de oro. Esa noche solo era un compositor con buenas canciones y mucha hambre de comerse al mundo. Y entonces alguien dijo que cante Toña. Toña se levantó, pero no se levantó así, rápido, [música] segura.

Se levantó despacio, porque ella no era de las que se levantaban a cantar en cualquier lado. No le gustaba imponerse. Pero esa noche, no se sabe por qué, dijo que sí. No había micrófono, no había escenario, era una sala con humo, con copas y con gente platicando. Empezó a cantar, cantó enamorada, una canción del propio Lara. Y dicen los que estaban ahí que cuando Toña abrió la boca, el ruido se acabó.

Las copas se quedaron a medio camino, las conversaciones se cortaron [música] y alguien que estaba fumando se olvidó del cigarro y se le consumió en la mano sin darse cuenta. Y Agustín Lara, Agustín Lara se quedó sin palabras, sin habla, mirándola, como si nunca antes hubiera escuchado su propia canción, como si esa mujer le estuviera enseñando lo que él mismo había escrito.

Cuando Toña terminó, Lara se levantó y caminó hasta ella, tan impactado [música] que casi le tiembla la voz, y le dijo, “¿De dónde saliste tú?” Toña, le contestó, “De Veracruz”, me dicen Toña, la negra. Lara se quedó mirándola un rato más y entonces le dijo, “Mañana te invito a comer.” Y Toña, al día siguiente fue y eso ya no tiene marcha atrás.

Esa noche, Lara se fue a su casa, se sentó al piano y empezó a escribir una canción que solo iba a cantar ella. Esa canción se llama Lamento jarocho. Y todavía hoy, casi 100 años después, cuando alguien la escucha, le pone la piel chinita. Desde ese día, Lara ya no volvió a escribir igual, pero tampoco volvió a tratarla igual.

Y lo que pasó después con Lara no fue lo que nadie esperaba. Hago una pausa muy rápida porque si estás viendo esto desde la televisión hay algo importante. En tu pantalla hay un botón que pone suscribirse. Para ti es un gesto pequeño, pero para que historias como estas se sigan contando tal y como son, sin suavizarlas, lo cambia todo.

Si te está interesando, dale y seguimos. Diciembre de 1932, El Cabaret, El Retiro. 31 de diciembre, fin de año. Toña y Lara cantan juntos por primera vez en público. Estrenan Lamento Jarocho, estrenan Veracruz. Y ese fin de año algo cambió en México, porque cuando esas canciones empezaron a sonar en la voz de Toña, la gente las hizo suyas como nunca le había pasado a ninguna otra canción.

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