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The case that froze San Luis Potosí: a canceled wedding, a last phone call, and a total disappear…

 Dale like a este vdeo para que más personas puedan conocer este caso y por favor déjame un comentario diciéndome desde dónde nos estás viendo. Me encanta saber que tenemos audiencia de todo el mundo hispanohablante. Ahora sí, continuemos. Rodrigo estaba en su oficina cuando recibió la llamada de Gabriela. No encuentro a Valeria. Esas cuatro palabras lo hicieron dejar todo.

 Tomó sus llaves, salió corriendo hacia su camioneta, manejó a toda velocidad hasta la casa de los Núñez en la colonia del Valle. Cuando llegó, encontró a Gabriela y a su esposo, Héctor en completo pánico. Llamaban a todos los hospitales de la ciudad, a la Cruz Roja, a Protección Civil, a cualquier lugar donde pudiera estar. Nada. Nadie. había visto a Valeria.

 “Su carro tampoco está”, dijo Héctor con voz temblorosa. “El Chevi blanco tampoco está.” Rodrigo sintió que el suelo se movía bajo sus pies y su celular, “Apagado”, respondió Gabriela entre soyosos o sin batería. “No lo sé.” No contesta. “¿Cómo es posible que alguien desaparezca así sin dejar rastro?” Rodrigo marcó el número de Valeria una y otra vez.

 Nada, buzón de voz, su voz grabada diciéndole que dejara un mensaje. Vale, soy yo. Por favor, llámame. Todos estamos preocupados. No importa lo que pasó. Solo solo llámame. Pero Valeria no llamó. A las 2 de la tarde, la familia decidió ir a la policía. La Fiscalía General del Estado recibió el reporte a las 14:47 horas. Una mujer de 24 años desaparecida desde las 6:30 de la mañana, última vez vista saliendo de su casa en la colonia del Valle.

 El agente que tomó la denuncia fue el detective Marcos Salazar, veterano de la corporación, casi 20 años de servicio. Había visto de todo, pero algo en este caso le llamó la atención inmediatamente. Me dice que se casa en dos días, preguntó Salazar mirando a Rodrigo. Sí, el sábado ya teníamos todo listo. Salazar escribió algo en su libreta.

¿Tuvieron alguna discusión? ¿Algún problema últimamente? Rodrigo negó con la cabeza con fuerza. No, todo estaba bien. Increíble. De hecho, estábamos felices. Ella tenía deudas, problemas en el trabajo, alguna amenaza, nada. Era maestra, una vida normal. ¿Por qué me pregunta eso? Salazar cerró su libreta. Porque las personas no desaparecen sin razón, joven.

 Esas palabras se quedaron flotando en el aire, pesadas, amenazantes. ¿Qué había pasado realmente con Valeria? La primera noche sin ella fue un infierno para todos. Gabriela no pudo dormir. Se quedó sentada en la sala mirando la puerta, esperando que se abriera, que su hija entrara con alguna explicación. un accidente menor, un malentendido, pero la puerta nunca se abrió.

 Rodrigo manejó por toda la ciudad, revisó cada hospital, cada clínica privada, preguntó en gasolineras, mostró fotos de Valeria a cualquiera que quisiera verlas. Nadie la había visto. Héctor llamó a todos los familiares, primos, tíos, amigos de la familia. Alguien había hablado con Valeria.

 ¿Alguien sabía algo? Todos dijeron lo mismo. No. El viernes 15 de febrero amaneció gris sobre San Luis Potosí. Las redes sociales explotaron. Ayuda para encontrar a Valeria se volvió trending topic local. Miles de personas compartieron su foto, su descripción, los datos de su carro. Chevia Veo Blanco, modelo 2015. Placas SLP847BX. La historia llegó a los noticieros.

Canal 5, Televisa San Luis Potosí, Radio Fórmula. Todos hablaban del caso. Una joven maestra desaparece a dos días de su boda. Familia busca desesperadamente a Valeria Núñez. Autoridades investigan desaparición misteriosa. Pero las noticias no trajeron respuestas, solo más preguntas. ¿Dónde estaba Valeria? ¿Por qué no llamaba? Y la pregunta que nadie se atrevía a decir en voz alta, seguía viva.

 El detective Salazar comenzó su investigación de inmediato. Solicitó los registros del celular de Valeria a la compañía telefónica, pidió las grabaciones de las cámaras de seguridad de la colonia del Valle. Lo que encontró fue desconcertante. Valeria había salido de su casa a las 6:32 de la mañana. Las cámaras de un vecino la mostraban subiendo a su carro sola.

 Nadie la siguió, nadie la esperaba afuera. Manejó por la calle principal, dio vuelta en Avenida Muñoz y después nada. Era como si se hubiera desvanecido en el aire. No tiene sentido, le dijo Salazar a su compañera, la detective Laura Ríos. ¿Cómo desaparece alguien así en plena ciudad en hora pico? ¿Revisaste su teléfono? Preguntó Laura.

 Salazar asintió. Ahí está lo raro. Hizo una llamada a las 6:47 de la mañana. ¿A quién? a Rodrigo, su prometido. Laura frunció el seño. Y él, ¿qué dice? Que no contestó, estaba dormido. Vio la llamada perdida cuando despertó a las 7:30. Y después de esa llamada, Salazar miró sus notas.

 Nada, el teléfono se apagó o se quedó sin batería o alguien lo apagó. Esa última posibilidad quedó suspendida entre ambos detectives. Siniestra, aterradora. Si alguien había apagado el teléfono de Valeria, significaba que no estaba sola. Y si no estaba sola, entonces, ¿qué le había pasado? El sábado 16 de febrero debió ser el día más feliz en la vida de Valeria.

 En cambio, fue el día que San Luis Potosí se congeló de horror. El hotel donde iba a ser la boda tuvo que cancelar todo. Las flores se marchitaron en sus arreglos. El pastel nunca fue cortado. Los invitados recibieron mensajes de texto avisándoles que la boda se suspendía por razones de emergencia familiar, pero todos sabían la verdad.

Valeria había desaparecido. Rodrigo pasó ese día en la fiscalía respondiendo preguntas una y otra vez, las mismas preguntas. ¿Cuándo fue la última vez que la vio? El miércoles en la noche. Cenamos en su casa con sus papás. ¿Cómo estaba ella? Feliz, emocionada por la boda, normal. discutieron, ¿no? Ella mencionó algo extraño, algo que le preocupara.

 Rodrigo pensó por un momento, luego negó con la cabeza, nada, todo estaba bien, pero eso no era completamente cierto y Rodrigo lo sabía. Había algo que no les había dicho a los detectives, algo que sucedió el miércoles por la noche después de la cena. Cuando estaban solos en el carro, Valeria le había preguntado algo extraño.

 ¿Tú me amas de verdad, Rodrigo? Él había sonreído. ¿Por qué preguntas eso? Claro que sí. Nos vamos a casar en tres días. Pero ella no había sonreído de vuelta. Su mirada estaba perdida, como si pensara en algo que no podía decir. “¿Pasa algo?”, había preguntado Rodrigo. Valeria había negado con la cabeza. No, es solo los nervios de la boda, supongo.

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