Talina estaba ahí trabajando de modelo de comerciales, sacando dinero como podía después del divorcio. [música] Hablaba tres idiomas, era guapa, tenía una adicción que paraba el tráfico. Raúl Astor la miró y dijo sin pensarlo mucho, que esa mujer tenía que estar en la televisión. La invitó a su programa. Era 1970. Talina tenía 26 años y entró y le gustó.
Fíjate qué cosa. La niña que se educó para hablar perfecto, para no comerse ni una S, [música] acabó ganándose la vida precisamente con eso. A veces la vida te cobra factura y a veces, de pura casualidad, [música] te paga con lo que mejor sabes hacer. Y desde aquel día no salió de una pantalla durante 53 años.
53 años. piénsalo un segundo. Una mujer [música] que entró a la tele para no pasar hambre y terminó siendo una de las caras más queridas de México durante medio siglo. Y esa misma voz, la que despertaba a México cada mañana entre risas, un día iba a tener que ponerse seria y darle al país entero en directo una de las peores noticias de su historia por una amiga, pero todavía falta para eso.
Primero hay que entender cómo llegó una mujer divorciada [música] y sin un peso a estar de repente dentro de la televisión. En muy poco tiempo, Talina pasó de buscar trabajo desesperada a convertirse en una de las figuras de confianza de Televisa. Don Emilio Azcárraga, el dueño de todo aquello, empezó a confiar en ella y México empezó a verla todos los días [música] por las mañanas, sobre todo, que es cuando una casa está en su momento más vulnerable.
Fíjate [música] cuando todavía estás en bata con el café a medias peleándote con los niños para que se vistan. Y ahí estaba ella acompañándote con esa voz tan cuidada. Y no solo por las mañanas, [música] porque Talina estuvo en todo. Cubrió desde los Ócar hasta los certámenes de Miss Universo. Estuvo en el Teletón. Estuvo tantos años en tantos sitios que es casi imposible que tú no la tengas asociada a algún momento concreto de tu vida.
una tarde, una cena, un sábado, por esa elegancia para hablar, [música] por ese mimo con el idioma, le pusieron un apodo que se le quedó pegado para siempre. La dama del buen decir, “Yo me acuerdo del sonido de la tele encendida en la cocina temprano mientras mi madre hacía el desayuno y nosotros peleándonos con los zapatos del colegio.
Y de fondo esa voz tan clara, [música] tan tranquila, como si nada malo pudiera pasar mientras esa señora estuviera hablando. Seguro que tú tienes una imagen parecida guardada por ahí. Y por eso, cuando años después empezaron a salir las cosas duras de su vida, a mucha gente le costó tanto porque no era una desconocida, era casi de la familia y de la familia, ya sabes, cuesta más [música] aceptar según qué cosas.
Y hay algo bonito y un poco triste en ese apodo, si lo piensas, porque Atalina la admiraban por lo bien que hablaba, por lo que decía, por cómo lo decía. Y resulta que las cosas más grandes de su vida fueron justo las que no dijo durante años. Pero a eso llegamos. Te cuento qué pasaba mientras tanto en su vida personal, porque la vida personal de Talina daría para una telenovela ella sola.
Después de Gerardo Levi se casó dos veces más. La primera con un amigo de la infancia, duró 6 años. La segunda con un hombre poderoso, un político del PRI, Alejandro Carrillo Castro. [música] Y ese sí que duró 34 años aguantó Talina aquel matrimonio. 34. Hasta que en 2015, con 71 años ya cumplidos, dijo basta. La razón, según contó ella misma en varias entrevistas, fue que él tenía otra relación.
Italina después de tres [música] décadas recogió sus cosas y se fue a los 71 años, que es una edad en la que mucha gente piensa que ya no se puede empezar de nuevo. Y ella [música] otra vez hizo justo lo contrario. Y mira, años después soltó algo que en México cayó como una bomba simpática [música] que en su juventud había tenido un romance con Julio Iglesias.
Así con toda la naturalidad del mundo, como quien cuenta que una vez fue a [música] la playa. Pero te voy a decir una cosa, el amor más grande de la vida de Talina no fue ninguno de aquellos maridos, [música] ni el francés, ni el político, ni mucho menos el cantante. [música] Fueron sus tres hijos, Mariana, Coco y Patricio.
Y fíjate, con uno de esos tres, con Coco le llegaría años después la tormenta que partió al país en dos, pero aún falta para esa noche, porque el vínculo más hondo, el que lo marcó todo, era con otra. Con ella tenía algo que iba más allá de madre e [música] hija con Mariana. Y antes de llegar a Mariana, ¿te acuerdas de la imagen que te dejé al principio? La detalina contando en directo cómo se rompía México.
[música] Pues ha llegado el momento de contártela entera, porque ese día tú lo recuerdas seguro. Lo que a lo mejor no sabías es que ella estaba ahí. 23 de marzo de 1994, Tijuana, Baja California. [música] Talina llevaba unos meses viviendo allí en la frontera y todo por una idea rarísima que se le había metido a don Emilio Azcárraga en la cabeza.
[música] Quería probar a vender productos por televisión, como el shopping de Estados Unidos, que aquí todavía no existía, y pensó en Talina para arrancarlo. Ella aceptó, se llevó a [música] la familia y se instaló en Tijuana. Y allí, en la frontera, se reencontró con una amiga. Una amiga que se llamaba Diana Laura Riojas.
Y Diana [música] Laura no era una amiga cualquiera, era la esposa de Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI a la presidencia de México, el hombre [música] que, según todas las encuestas iba a ser el próximo presidente del país, el favorito, el que todos daban por hecho. Y mira, no era una amistad de campaña, [música] de esas de saludarse en los eventos.
Las dos se conocían de antes. Habían sido vecinas en Ciudad de México. Se tenían un cariño de verdad. del que no sale en las fotos oficiales. Comían juntas, se invitaban a casa [música] y aquel 23 de marzo, Diana Laura le pidió a Talina que la acompañara a un meeting. Colosio iba a hablar esa tarde en un barrio popular llamado Lomas Taurinas.
[música] Y aquí viene algo que Atalina le dio vueltas el resto de su vida, porque ella contó después en una entrevista que ese día le daba flojera ir. Estaba cansada, [música] no le apetecía. Pensó en quedarse en casa, pero Diana Laura insistió. Italina por amistad agarró sus cosas y fue. Por amistad, quédate con ese detalle porque es de esos pequeños y si no hubiera ido, que persiguen a una persona para siempre.
[música] Y allí, en Lomas Taurinas, Talina presenció uno de los momentos más oscuros [música] de la historia reciente de México. Colosio bajó del escenario. Había gente por todas partes, empujones, gritos, un gentío. Y entonces, entre la multitud, un hombre se le acercó y todo se rompió. La gente se volcó encima, [música] se armó el caos.
Italina, que estaba ahí mismo, a unos metros, lo vio todo con sus propios ojos. Y entonces hizo algo que la marcó como profesional para siempre. No salió corriendo, no se escondió, agarró un teléfono, llamó a Televisa y entró en directo en vivo en el noticiero del legendario Jacobo Sabludowski, que en aquella época era la voz de las noticias en México.
Y con la voz temblando pero clara, Talina dijo en directo para todo el país que el licenciado Colosio se había ido, que era extraoficial, [música] que estaban fuera del pasillo del hospital, que todavía no había comunicado oficial. Pero que un médico que había salido a toda prisa se lo acababa de confirmar.
Talina fue la primera persona en darlo a conocer en directo [música] para todo México, antes que los noticieros oficiales, antes que el gobierno, antes incluso de que el hospital lo confirmara. [música] Y eso te lo digo, en la televisión de los 90 era oro puro, pero lo que más me impresiona de ese día no es la primicia, es lo que hizo Talina cuando ya nadie la veía.
Porque ahí dentro, en aquel hospital, hubo un momento en que pidieron sangre para el candidato. Y Talina, sin pensarlo, se ofreció a donar. contaba años después que oyó que necesitaban un tipo de sangre concreto y que ella dijo, “Yo”, y que llegaron dos personas y se la llevaron casi en volandas. Y cuando ya todo había pasado, [música] cuando afuera daban el aviso oficial a la prensa, Talina hizo algo más.
Sacó a Diana Laura del hospital [música] sin que la vieran para alejarla del gentío de periodistas. se la llevó a su propia casa y allí pasaron la noche las dos sin dormir, sin hablar apenas. Y qué cosa más bonita. La [música] misma mujer que acababa de dar la noticia más buscada de México a todo el país, esa misma [música] noche estaba cuidando en silencio a la viuda, tapándola, protegiéndola de las cámaras.
Ahí está [música] otra vez eso que te decía. Esa mujer antes que presentadora, antes que reportera, era alguien que cuidaba. La reportera y la amiga en la misma persona en la misma noche. Y mira la ironía, qué cosa más cruel, porque aquella tarde [música] Talina fue la voz que le dio a México una de las peores noticias de su historia.
[música] Le tocó contar una tragedia ajena de su amiga delante de millones de personas, sin imaginarse ni de lejos que 11 años después le iba a tocar vivir la suya propia. También un día cualquiera, también sin avisar. Pero esta vez no sería un político, esta vez sería su hija. Suscríbete si crees, como yo, que hay mujeres que aprendieron a dar la cara en público mientras por dentro se les iba rompiendo todo, porque de eso exactamente [música] va el precio de ser, de mirar lo que había detrás de la sonrisa. Y antes de seguir, cuéntame
una cosa. ¿Tú cómo la recuerdas? ¿La veías por las mañanas en nuestra casa? ¿Te acuerdas de ella presentando el hoy? [música] ¿La oías en la radio mientras llevabas a los niños al colegio? Escríbelo abajo porque ese recuerdo tuyo también es parte [música] de esta historia. 29 de abril de 2005, viernes. Era el día del niño en México y Mariana Levi, que tenía 39 años, [música] había organizado un plan precioso con su marido, José María Fernández, al que todos llamaban Pirru, y con los niños de la familia. iban a llevarlos a un parque
de diversiones al sur de Ciudad de México, un plan de viernes, un plan de papás, de esos que no tienen ninguna importancia hasta que de repente la tienen toda. Mariana se subió [música] al coche con Pirru, con sus hijos, con otros niños. Y mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Talina estaba en el camerino del programa [música] Nuestra Casa, que por cierto lo conducía junto a Mariana.
Madre e hija en la misma mesa todas las mañanas despertando a México juntas. Imagínate qué cosa más bonita [música] trabajar cada día al lado de tu hija. Y a lo mejor tú las viste, las dos ahí en la pantalla del desayuno riéndose, picándose como se pican una madre y una hija que se quieren. Si tú las veías, [música] ya sabes de lo que te hablo.
Y si tenías una hija o una madre, a lo mejor hasta dijiste alguna vez aquello de mira, igual que [música] nosotras, porque eso es lo que hacía Talina. No te contaba su vida desde lejos. Te la metía en la cocina cada mañana hasta que su familia y la tuya se parecían un poco. Una maquilladora le estaba dando la última pasada antes de salir al aire.

La rutina de siempre, la de cada mañana, el espejo con las bombillas alrededor, los botecitos, [música] la brocha, la charla de relleno mientras te arreglan, talina frente al espejo, a medio maquillar, como un día cualquiera, sin que nada, absolutamente nada, le avisara de lo que estaba a punto de pasar.
Porque así pasan estas cosas, fíjate, no avisan. No hay música de fondo, no hay un presentimiento, [música] es un martes o un viernes y estás dejando que te empolven la nariz pensando en la escaleta del programa. Y entonces sonó el teléfono, era Pirru y lloraba tan fuerte, tan descontrolado, [música] que Talina no le entendía nada. Solo soyosos, solo palabras rotas que no terminaban de formar una frase.
Y ahí, en ese instante, fíjate, una madre ya lo sabe. Aunque no entienda las palabras, [música] lo sabe. Hay un tipo de llanto que no se confunde con ningún otro. Italina lo reconoció antes de entender nada. Entre todo aquel ruido, solo consiguió pescar dos palabras. El corazón [música] italina, todavía con la base puesta a medias, con la brocha de la maquilladora congelada en el aire, con medio México a punto de verla salir sonriente en unos minutos, preguntó lo único que una madre puede preguntar si la habían podido
reanimar. Ya no entendió la respuesta. salió del estudio a medio maquillar, agarró el coche, llegó al hospital como pudo y allí una enfermera se le acercó y le contó lo que había pasado. Paso por paso, Mariana iba en el coche con Pirru y los niños. El tráfico estaba completamente parado, sin avanzar. Y de pronto, Mariana vio [música] acercarse a un hombre y por la forma en que se acercaba, por algo en su mano, pensó lo peor.
Pensó que iban a por ellos con los niños dentro del coche y reaccionó como una madre. No pensó en ella, [música] pensó en los niños. se bajó del coche, salió corriendo hacia un policía que estaba en la puerta de un edificio cercano y le pidió ayuda. Le dijo que un hombre se acercaba, que tenía miedo, que la ayudara, pero el policía no llevaba con qué protegerlos, ni siquiera un palo. Se quedó ahí sin poder hacer nada.
Mariana, aterrada, volvió corriendo a su coche. Llegó a la puerta, se inclinó hacia dentro [música] buscando a Pirru, buscando a los niños y le alcanzó a decir a su marido cuatro palabras. Le dijo que se iba a desmayar y se desvaneció ahí mismo. En la puerta del coche, delante de los niños, Mariana se desplomó.
Su cuerpo no resistió aquel susto. De golpe, por el miedo, por la adrenalina a tope, por el terror puro a algo que, fíjate la crueldad, ni siquiera llegó a pasar de verdad. Mariana tenía [música] 39 años, solo 39, y se había ido antes de que su madre lograra siquiera salir del estudio. Lo que pasó dentro de Talina aquella [música] tarde no se cuenta fácil, porque Mariana no era solo su hija, era su [música] primogénita, era su compañera de trabajo todas las mañanas.
Era, según contó Talina mil veces su mejor amiga. Y de pronto, sin haberse podido despedir, sin haber hablado con ella esa mañana, sin más aviso que la llamada de un hombre llorando al teléfono, Mariana ya no estaba. Y aquí Talina hizo algo que mucha gente en su momento no entendió. Siguió trabajando. Pocos días después del entierro volvió a la cámara. Volvió al programa.
Volvió [música] a presentar. Volvió a sonreír delante de los millones de personas que la veían cada mañana. Volvió a despertar a México como si no pasara nada. Y a mucha gente eso le pareció frío. Le pareció raro. Hubo quien lo comentó por lo bajo. ¿Cómo puede estar ahí sonriendo tan pronto después de [música] lo que le pasó? Decían algunos. Yo no podría.
Eso no es normal, pero es que no la entendían. Imagínate lo que era eso por un momento. Maquillarte cada mañana en el mismo camerino donde recibiste la llamada, [música] sentarte en la misma mesa donde antes se sentaba tu hija, mirar la silla vacía y sonreír y dar los buenos días a millones de personas que no tienen ni idea de lo que llevas dentro.
Eso no es frialdad, eso es lo contrario [música] de la frialdad. Eso es una mujer apretando los dientes para no derrumbarse delante de un país entero, porque ella no volvió por [música] dinero ni por la fama, volvió porque tenía un motivo. Lo contó años después. En aquella entrevista larga con Jordi Rosado, dijo que ella supo que no se podía permitir caerse cuando se fue Mariana, porque tenía que ocuparse de María.
¿Te acuerdas de la palabra que te pedí que guardaras al principio? Cuidar. María era la nieta de Talina, la hija de Mariana, fruto de su primer matrimonio con el actor Ariel López [música] Padilla. Y la pequeña María tenía 9 años cuando se quedó sin su mamá, [música] 9 años. Italina, que era la abuela, tomó una decisión en mitad de su propio dolor.
Se iba a hacer cargo de esa nieta como si fuera una hija más. Y lo hizo. Durante los siguientes 18 años, [música] Talina y María fueron casi inseparables. Cocinaban juntas. Grababan juntas un podcast que se llamaba [música] Platicando con mi abuela. Iban juntas a las entrevistas. Talina hablaba de ella en cada programa al que la [música] invitaban.
María fue la razón por la que Talina simplemente no se permitió derrumbarse. [música] La que más perdió se convirtió en la que tenía que sostener a otra. Esa fue Talina. y todavía no sabía que años después le tocaría enfrentarse a otra pérdida, mucho más discutida, mucho más incómoda, la de una buena parte de su propio público. Pero a eso llegamos.
Pero Mariana, [música] fíjate qué cosa. Mariana seguía ahí de otra manera. Esta historia Talina la contó varias veces en televisión, siempre igual, palabra por palabra. Y eso normalmente es la señal de que algo se vivió de verdad. Era de noche ya en la cama. Poco tiempo después de quedarse sin Mariana, Talina estaba en su casa de Lomas de Chapultepec, una de las zonas más exclusivas de Ciudad de México.
La casa tenía una terraza grande y junto a la terraza [música] un árbol enorme. Y entonces en mitad de la noche empezó a oír un pájaro y aquí está el detalle que se le quedó clavado. Porque los pájaros, fíjate, no cantan de noche. No es lo normal. Y este no paraba, cantaba y cantaba con tal escándalo que Talina se levantó de la cama, [música] salió a la terraza en la oscuridad buscando de dónde venía aquel ruido, y no veía al pájaro, solo lo oía [música] en algún lugar de aquel árbol enorme. Y le habló.
le preguntó riéndose un poco de sí misma, como de loquita, si era ella, si era Mariana, y se quedó ahí hablándole a un pájaro que no veía en mitad de la noche durante 20 minutos, 20 minutos, como si conversara con su hija. Y luego el pájaro se fue y no se lo contó a nadie. Se lo guardó dentro, como se guardaba ella las cosas.
hasta que unos días después sonó el teléfono y al otro lado [música] había una mujer americana que hablaba con acento, una medium italina, fíjate, ni siquiera sabía cómo aquella señora había conseguido su número de teléfono. Se llamaba Conza Z Bertoldi y llamaba para darle el pésame, pero le dijo algo más.
Le dijo que ella podía hablar con Mariana. Talina, [música] escéptica, pero con el corazón en un puño, le pidió una prueba. Le dijo, “Más o menos, si de verdad estás hablando con ella, pídele que me dé una señal, algo que solo ella pueda saber.” Con Z se quedó un momento en silencio al otro lado de la línea y entonces le dijo a Talina una frase que la dejó congelada en el sitio.
Le dijo de parte de Mariana que si no le había bastado con el canto del pájaro. El canto del pájaro. Talina sintió que algo le recorría la espalda de arriba a abajo, porque lo del pájaro no se lo había contado a nadie, a ni una sola persona en el mundo, a [música] nadie. Y aquella señora, desde quién sabe dónde, se lo acababa de repetir.
Casi [música] palabra por palabra. Desde ese día, Talina creyó. Creyó que Mariana seguía hablándole y vivió los siguientes 18 años con esa certeza metida en el pecho. Mira, yo no te voy a decir aquí lo que pasó de verdad esa noche en la terraza. No me corresponde. Cada uno cree lo que necesita creer y está bien que así sea.
Pero te voy a confesar una cosa. A mí historias como esta me hacen pensar en mi propia familia, en mi abuela, que hablaba con las fotos de los que ya no estaban como si la oyeran, que dejaba un plato de más, a veces sin darse cuenta. Y nadie en casa le decía nada [música] porque entendíamos que esa era su manera de no soltar.
Y para Talina aquello significó una sola cosa, [música] que su hija no se había ido del todo. Tanto lo creyó que ya al final [música] de su vida decía con una calma que dejaba a todos callados, que a ella irse no le daba miedo, porque no sería un final, [música] sería el día en que por fin volvería a ver a Mariana.
Guárdate eso también, porque dice mucho de cómo enfrentó Talina lo que venía y lo que venía venía ya de camino. [música] Aquí hago una pausa para darte las gracias por llegar hasta aquí. Significa que compartes conmigo esta forma de recordar a una mujer que entró en tantas casas [música] y que por dentro cargaba mucho más de lo que enseñaba.
En el precio de ser tenemos muchas historias que merecen ser contadas y solo tienen sentido si tú nos acompañas. Suscríbete y quédate. Porque mientras Talina sostenía a su nieta mientras seguía despertando a México cada mañana, su propio cuerpo había empezado a mandarle señales. [música] En 2006, un año después de aquella tarde de abril, Talina se hizo un chequeo.
Tenía 62 años y le encontraron algo en la cabeza, un tumor. Benigno por suerte. La operaron, aunque no pudieron quitárselo entero. Italina, comparte de aquello todavía dentro de la cabeza, siguió. Siguió haciendo programas, siguió yendo a la radio, siguió saliendo en pantalla con la misma sonrisa de siempre.
Y mira, aquí ya empieza a dibujarse el patrón. Esa cosa tan detalina de no quejarse, de no dar pena, de seguir como si nada. [música] 10 años después, otro chequeo y otro tumor, este peor de los que no se pueden tocar, le afectó el equilibrio [música] y aún así aprendió a vivir con él, con los dos.
Lo resumió en una frase, en aquellas últimas entrevistas, que [música] es prácticamente su filosofía de vida entera. Dijo que ella nunca se dejó caer, que hay que vivir como si nada, como si [música] nada. Una mujer con dos cosas de esas en la cabeza que había perdido a su hija mayor que llevaba toda la vida sosteniendo a los demás como si nada. Y siguió.
Vaya si siguió. Hasta que en 2022 le tocó la batalla más dura de todas y esta vez no era contra su cuerpo. Y mira, hasta aquí te he contado a una mujer que aguantó, que perdió, que sufrió en silencio y seguramente hasta aquí sientes por ella pura ternura. Pero ahora [música] viene la parte distinta, la que hace que esta historia no se quede en una señora que sufrió mucho, la que partió a México en dos y que te aviso, [música] a lo mejor te parte un poco a ti también, porque lo que hizo Talina al final no fue aguantar, fue elegir. Y según como lo
mires, esa elección la convierte en la mejor de las madres o en algo más incómodo. Así que te pido una cosa, no te quedes solo escuchando. Esta parte es para que tú decidas de qué lado estás, porque esta vez la batalla era por uno de sus hijos. Junio de 2022, una actriz joven mexicana, Dana Ponce, [música] publicó en sus redes sociales un video.
En ese video señalaba con nombre y apellido a Jorge Levi, Coco, el segundo hijo de Talina. Coco en aquel momento era ejecutivo de Vide Cine, la productora de cine de Televisa, uno de los hombres más poderosos del cine mexicano, de los que deciden qué película se hace y cuál no. Y a partir de aquel video empezaron a salir más voces, una detrás de otra, hasta que el nombre del hijo de Talina [música] estaba en todos los programas de México.
Coco lo negó todo y se abrió un proceso legal que durante mucho tiempo siguió marcando su nombre públicamente. Y entonces, como pasa siempre, los periodistas fueron a buscar a la madre. Querían saber qué tenía que decir la madre. Italina, la dama del buen decir, la mujer que había construido toda su carrera sobre lo bien que medía cada palabra, eligió hablar y eligió defenderlo en público.
En una entrevista con Ventaneando, [música] Talina dijo que su hijo era un chivo expiatorio, que las acusaciones eran mentira, [música] que su hijo no podía haber hecho lo que decían, porque ella sabía perfectamente a quién había criado. Y dijo una frase más, una frase sobre los movimientos de mujeres de hoy, una frase en la que insinuaba que a su parecer algunos de esos movimientos estaban ajustando viejas cuentas [música] y que a su hijo le había tocado pagar por eso.
Y eso, dicho por ella, con su altavoz, encendió a media prensa de México en cuestión de horas y muchísimas mujeres jóvenes [música] no se lo perdonaron. Y aquí, fíjate, el país se partió en dos. [música] Y no solo el país, las casas, las familias, las mesas a la hora de comer, porque seguro que en tu casa también pasó.
Seguro que alguien dijo, “Es su madre, qué iba a hacer.” Y otro [música] contestó, “Ya, pero hay cosas que no se dicen.” Y se armó la discusión, como se armó en media Latinoamérica. Hubo quien la defendió. Decían, [música] “Es una madre.” Cualquier madre haría lo mismo. Defender a un hijo no es opinar sobre lo que hizo o dejó de hacer, es no soltarle la mano.
Y muchas mujeres mayores, sobre todo, lo entendieron así, porque ellas también tienen hijos y saben que hay un amor que no atiende a razones, [música] pero hubo muchas más voces, sobre todo de mujeres jóvenes, que la criticaron muy duro. Decían que Talina con su [música] altavoz, con sus 50 años de carrera, con toda la autoridad que le daba ser quien [música] era, no podía permitirse hablar así, que una cosa es defender a tu hijo en privado, en tu casa, llorando por las noches, y otra muy distinta es usar tu
micrófono de figura pública para poner en duda a otras mujeres, que con ese poder sus palabras pesaban más y hacían más daño. Y las dos cosas, [música] mira, eran verdad a la vez. Era una madre defendiendo a su hijo con todo lo que tenía y era una de [música] las voces más escuchadas del país. Y esas dos talinas chocaron de frente aquel día [música] y ya no hubo manera de separarlas.
Y aquí es donde te toca a ti. De verdad, [música] para piénsalo un segundo antes de seguir. Si tú fueras esa madre [música] con un hijo señalado por todo el país, con tu carrera de 50 años en juego, sin saber con certeza qué pasó de verdad puertas adentro, [música] ¿qué harías? ¿Lo defenderías en público? Pase lo que pase, porque para eso eres su madre, o te quedarías callada porque hay un punto en el que tu altavoz puede [música] hacer daño a otras personas.
No hay respuesta fácil y por eso esta historia todavía duele. Cuando termine el vídeo, déjame en los comentarios qué habrías hecho tú. Me interesa de verdad porque Talina Talina no se cayó. Siguió defendiendo a su hijo aunque [música] le costara. Y le costó. Vaya si le costó. En cuestión de semanas Talina y su otro hijo Patricio Levi perdieron el programa de radio que tenían juntos.
Se llamaba Bla Bla [música] Bla. De pronto, sin previo aviso, le dijeron que el patrocinador estaba reestructurando la compañía [música] y que por el momento no les iba a pagar. Y la radiodifusora, que solo ponía una parte pequeña del dinero, no estaba dispuesta a sostener el programa de su propio bolsillo, así que lo [música] cancelaron.
Patricio, el hijo menor, salió a las redes a pedirle a la gente que escribiera a los medios [música] para que el programa volviera al aire. No funcionó. El programa no volvió. Italina con 77 años, dos tumores en la cabeza y una enfermedad que todavía ni sabía que tenía. Se quedó sin trabajo y lo contó ella misma.
Con un humor amargo que te parte el alma, dijo, [música] “Más o menos, aquello de poderoso caballero es don dinero, que como el patrocinador se había rajado, [música] ya no les quisieron pagar.” Y lo cerró con dos palabras. Ni modo, ni modo esas dos palabras. [música] La dama del buen decir, la mujer que había entrado en millones de casas mexicanas durante años.
La que dio la noticia de lo de Colosio en directo, la que estuvo en los teletones, [música] la que el país entero quería y despachaba quedarse sin trabajo a los 77 [música] años con un ni modo. Pero por dentro, por dentro Talina estaba rota. Un amigo cercano a la familia lo contó a la revista TV Notas en aquellas fechas. [música] Dijo que Talina lo estaba pasando terrible, que aunque creía con toda su alma en la inocencia de su hijo, [música] vivía con el miedo de que aparecieran más señalamientos y de que su hijo terminara encerrado.
Imagínatelo. 77 años, el cuerpo fallando, la carrera de medio siglo desmoronándose en semanas y encima ese miedo de madre, ese miedo que no te deja dormir. [música] Y aún así, aún así, Talina no dio ni un paso atrás en la defensa de su hijo. Empezó a ir a MasterChef Celebrity. empezó a aparecer en plataformas digitales, abrió su propio canal en internet, lanzó el podcast con su nieta María y hasta arrancó un programa de entrevistas nuevo, otra vez junto a Patricio, su hijo menor.
Lo llamaron y ¿por qué no? Como diciéndole a la vida, “¿Y por qué no voy a seguir a mi edad [música] con todo en contra?” Hizo lo que pudo para seguir trabajando, para no parar, porque parar para Talina [música] nunca fue una opción. Y también, fíjate, hizo otra cosa, algo [música] que casi nadie sabe, algo que llevaba 17 años sin poder hacer.
[música] En 2022, en mitad de todo aquel ruido, con el escándalo de su hijo abierto en cada portada, Talina se fue a un bosque sola, con la urna de las cenizas de Mariana, que llevaba 17 años guardada en su casa. 17 años. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Esta mujer que enterró a su hija primogénita en 2005 sido capaz de soltar esas cenizas en 17 años.
Las tuvo en casa [música] cerca todo ese tiempo y justo en el peor año de su vida, justo cuando el mundo entero parecía habérele puesto en contra, eligió ese momento para ir al bosque [música] ella sola y esparcirlas. Lo contó después en una publicación de Instagram. Sin ruido, sin entrevistas, sin [música] cámaras, sin equipo de producción.
Dijo que Mariana siempre había amado los árboles. ¿Te acuerdas del árbol de la terraza, el del pájaro? Y que 17 años después, por fin había llegado el momento de soltarla. [música] Y mira, esto es lo que más me da vueltas de toda la historia de Talina, porque lo de ella con Mariana nunca fue una superación, nunca fue cerrar la herida.
y seguir adelante, como nos dicen que hay que hacer, como nos repiten en todas partes. Pasa, página, hay que seguir. El tiempo lo cura todo. Atalina el tiempo no le curó nada. El tiempo simplemente le hizo compañía, porque lo suyo fue otra cosa. Fue una convivencia, un duelo que no se cerró nunca, que la acompañó toda la vida.
Y yo me pregunto, [música] ¿sabes cuánta gente conocemos que vive así, que carga una pérdida durante décadas en silencio, sin [música] hacer ruido, mientras por fuera sigue sonriendo, cocinando, trabajando, cuidando a los demás? Seguramente conoces a alguien así. Seguramente si te paras a pensarlo, hay alguien en tu propia familia y la acompañó.
Fíjate, hasta el final. A principios de 2023, Talina empezó a sentirse mal, más cansada de lo normal, sin fuerzas, una debilidad que no se le iba, le hicieron pruebas y el diagnóstico fue grave de los que no dejan margen. Una enfermedad de la sangre, de las serias, que se sumaba a todo lo que ya cargaba en la cabeza desde hacía [música] años y de las que no perdonan.
Italina la encajó como había encajado absolutamente todo lo demás en su vida, sin escándalo, sin lamentos. en público, sin entrevistas dramáticas anunciando nada. Siguió yendo al podcast con María, siguió subiendo cosas a Instagram, siguió saliendo con José Manuel, el hombre que la acompañó en sus últimos años como si nada, hasta el final como si nada.
[música] En mayo y junio de 2023 ya casi no podía levantarse de la cama. Estaba ingresada en un hospital de la zona de Polanco, en Ciudad de México, y sus dos hijos vivos, Coco y Patricio, y su nieta María, se turnaban para acompañarla, para no dejarla sola ni un momento. La que se había pasado la vida cuidando a los demás, por fin se dejó cuidar.
[música] Y entonces, el 28 de junio de 2023, por la tarde, Talina Fernández se fue. Tenía 78 años. Le faltaban 4 semanas y media para cumplir los 79. Y mira, lo que vino después es de esas cosas que te dejan callado un rato, porque Patricio Leví, el hijo menor, el que peleó en redes para salvar el programa de radio, el que estuvo al lado de su madre hasta el último día, el que durante los últimos años fue su cuidador principal, el que la llevaba a los programas, [música] el que le manejaba las redes, el que estaba pendiente de cada medicina y cada
chequeo. Patricio se fue en 2024, un año después que Talina, un año. El hijo que estuvo más pegado a ella en sus últimos años, el que más cerca estuvo, se fue justo detrás de ella. Y de los tres hijos que Talina tuvo con Gerardo Leví, hoy queda solo uno. Coco, el hijo al que defendió hasta el último aliento, aunque le costara la carrera entera.
[música] El hijo cuyo nombre siguió marcado durante mucho tiempo por aquel proceso. México pasó medio siglo escuchando la voz de Talina Fernández, sin imaginarse todo lo que esa mujer estaba aguantando mientras sonreía delante de una cámara. Una hija perdida de la forma más absurda y cruel, dos tumores en la cabeza, un matrimonio de 34 años roto a los 71, una carrera de medio siglo que se cayó en semanas y un hijo al que decidió defender, aunque aquella decisión le costara casi todo lo que tenía.
Talina aguantó muchas cosas. El divorcio, [música] la falta de dinero, lo de Tijuana, lo de Mariana, lo de su propio cuerpo. Aguantó y aguantó [música] y aguantó. Pero al final de su vida, lo más importante que hizo Talina no fue aguantar, fue elegir. Eligió no soltarle la mano a su hijo [música] delante de todo el país, sabiendo perfectamente lo que le iba a costar.
Y le costó, le costó casi todo lo que había construido en 50 años. hizo justo lo contrario de lo que cualquiera habría hecho para protegerse. Y este fue el precio que pagó Talina Fernández por ser quien fue. Y tú, ¿hasta dónde te llevaría a ti el amor por un hijo? Si te tocara elegir entre lo que cree el mundo y lo que te pide el corazón de madre, ¿qué lado elegirías tú? Y déjame una última cosa, ya que llegaste hasta el final.
No me hables del escándalo ni del juicio. Háblame de ella, [música] de la voz de las mañanas, ¿dónde la escuchabas? ¿Quién la veía contigo? Déjamelo abajo. Me gusta leerte porque yo tengo la sensación de que a Talina muchos la conocimos casi sin darnos cuenta desde aquel televisor que vivía encendido en la cocina mientras desayunábamos a toda prisa, desde la radio del coche, camino del colegio con la ventanilla a medio bajar, desde el nuestra [música] casa, desde el hoy, desde la voz limpia de una mujer que entró en nuestras casas
durante años, sin que la mayoría supiéramos cuánto estaba cargando por dentro. Y si todavía no estás suscrita, suscríbete ahora, porque aquí, en el precio de ser, seguimos contando las historias completas, las bonitas y las que dolieron de verdad. Recordamos quiénes eran de verdad estas mujeres cuando las cámaras se apagaban y qué precio pagaron por ser admiradas, queridas o juzgadas.
[música] Cuídate mucho y quédate cerca porque todavía quedan muchas mujeres que merecen ser miradas otra vez, sin gritos, pero sin miedo.