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El secuestro que nunca existió: Cómo la presidenta municipal de Tenancingo simuló su rapto para encubrir un desfalco de cuarenta millones

En la historia reciente de la administración pública, pocos escándalos han logrado combinar la audacia criminal con una torpeza tan estrepitosa. El 31 de mayo de 2026, el municipio de Tenancingo, ubicado en el Estado de México, se paralizó ante una noticia aterradora: su presidenta municipal, Nancy Nápoles Pacheco, había sido secuestrada a plena luz del día. La alarma sonó de inmediato en todas las corporaciones de seguridad. Familiares al borde del colapso nervioso, patrullas movilizadas a contrarreloj y helicópteros sobrevolando la zona pintaban el tenso cuadro de una tragedia política y personal. Sin embargo, bajo la superficie de este aparente acto de extrema violencia, se gestaba una verdad mucho más oscura, fría y calculada. El rapto no era obra de la delincuencia organizada, sino un teatro meticulosamente planificado, o al menos así lo creían sus autores, desde las propias oficinas del ayuntamiento.

Para entender verdaderamente cómo una funcionaria con acceso irrestricto al erario y un enorme poder político llega al extremo de fingir su propio secuestro, es necesario retroceder unos meses en el calendario. Entre enero y febrero de 2026, las cuentas del Ayuntamiento de Tenancingo comenzaron a mostrar una anomalía gigantesca que no podía pasarse por alto. Faltaban exactamente cuarenta millones de pesos. Para dimensionar esta colosal cifra, hablamos del equivalente al presupuesto anual completo de obra pública para un municipio de ese tamaño; el dinero suficiente para pavimentar kilómetros de carreteras rurales o pagar el salario de cientos de maestros durante un año entero. Ese dinero simplemente se había esfumado de los balances.

Nancy Nápoles no era, de ninguna manera, una novata en la política. Con años de experiencia como diputada local y presidenta del Consejo Estatal de su partido, conocía a la perfección los d

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