Y si aún no has visto la serie completa que hemos dedicado a la familia Ortega y su imperio Zara, cuatro episodios donde reconstruimos la historia del clan textil más poderoso de Europa, los tienes enlazados abajo en la descripción. Volvamos a Cupertino, 1988. El Minos estaba en desarrollo y Apple, por primera vez en su historia tenía un problema serio.
La empresa había crecido demasiado rápido, tenía cientos de empleados, tenía accionistas exigentes, tenía inversores institucionales, tenía una junta directiva de gente muy mayor que no entendía nada de lo que estaba pasando. Y en la cima tenía a un chaval de 28 años con barba, sin experiencia formal en gestión, que gritaba a sus empleados.
que tomaba decisiones en 10 segundos, que podía despedir a alguien en un ascensor y contratar a otro en una cafetería la misma tarde. Ese chaval era Steve Jobs y el consejo de administración en secreto empezó a preocuparse. Apple necesitaba, pensaron un adulto en la habitación. Y aquí viene el giro dramático, porque el que estuvo más de acuerdo con esa idea fue precisamente el propio Steve Jobs.

Jobs, aunque no lo admitiera en público, sabía que le faltaba algo. Sabía que era visionario. Sabía que sabía vender, sabía que entendía el producto, pero no sabía gestionar grandes estructuras. No sabía coordinar 1000 empleados, no sabía hablar con Wall Street, no sabía, en definitiva, ser el consejero delegado de una empresa que cotizaba en bolsa.
Así que tomó una decisión y esa decisión lo perseguiría el resto de su vida. decidió contratar a un sio externo. Buscó al mejor y según él mejor estaba en un lugar inesperado. Pepsi se llamaba John Scali, 44 años. Presidente de Pepsi Cola, había liderado una de las campañas de marketing más célebres de la historia.
Los famosos desafíos ciegos entre Pepsi y Coca-Cola que convirtieron a Pepsi en una marca global. Era un experto en marketing, un experto en ventas masivas, un experto en gestionar empresas de miles de empleados y miles de millones de facturación. No sabía nada de ordenadores, absolutamente nada. Jobs fue a Nueva York a convencerlo y allí, en lo alto de un edificio con vistas al Central Park, pronunció la frase más legendaria de toda su carrera.
Una frase que se enseña en todas las escuelas de negocios del mundo. Mirando a Scali a los ojos, Jobs le preguntó, “¿Y esto es casi literal según la propia biografía oficial del propio Scali? ¿Quieres pasar el resto de tu vida vendiendo agua azucarada o quieres venir conmigo y cambiar el mundo?” Fue una frase devastadora, una frase hecha para seducir, una frase que efectivamente convenció a John Scali.
En mayo de 1983, Scaliy aterrizaba en Cupertino como nuevo CO de Apple. La prensa lo celebró. Los inversores respiraron aliviados. El consejo de administración pensó que por fin habían puesto orden. Jobs pensó que había contratado a un aliado. Se equivocaba. Había contratado a su verdugo. Durante los primeros meses la relación funcionó.
Incluso eran amigos. Se llamaban el dinámico dúo en los medios. Una foto de los dos sonrientes con un mintos entre las manos dio la vuelta al mundo. Pero pronto aparecieron las grietas. Scolly era un hombre de procesos, de comités, de hojas de cálculo, de reuniones semanales con agendas por puntos. Jobs era exactamente lo contrario.
Tomaba decisiones de forma intuitiva. Humillaba a los que no estaban a su altura. Rompía reglas constantemente, se saltaba protocolos, gritaba en los pasillos. Scali quería vender más Apple 2 porque era el producto rentable. Jobs quería invertir todo el dinero en el Mintos porque era el futuro. El enero de 1984 se lanzó oficialmente el Mintos.
Fue un momento histórico. Un anuncio en la Super Bowl de Estados Unidos dirigido por Ridley Scott con referencias a la novela 1984 de George Orwell convirtió el lanzamiento en un acontecimiento cultural. El Mintosh técnicamente era una obra maestra. Ratón. Interfaz gráfica. Diseño precioso, pero económicamente fue un desastre.
Era caro, era lento, tenía poca memoria y no se vendía al ritmo que Apple necesitaba. Y aquí todo se derrumbó. A finales de 1908, las ventas del Mintosh eran una fracción de lo prometido. Apple, por primera vez en su historia tuvo pérdidas trimestrales. Hubo que despedir a cientos de empleados. La prensa, que antes adoraba a Jobs, empezó a dudar.
Skolle, presionado por el consejo, decidió actuar. Convocó una reunión crítica en abril de 1985. En esa reunión, Schully puso al consejo ante una elección imposible. O yo o Jobs. El Consejo 14 personas vestidas con trajes oscuros y corbatas escuchó los argumentos de los dos. Scali hablaba de números, de orden, de procesos.
Jobs hablaba de visión, de intuición, de futuro. El consejo votó. Ganó Solly por unanimidad. A Jobs le quitaron el control del Mintos. Le dieron un despacho ceremonial sin responsabilidades reales, al que él llamaría con amargura Siberia. Jobs no se resignó. Durante un mes intentó organizar un contragolpe. Planeó echar a Scali mientras este estaba de viaje en China.
Llamó a varios miembros del Consejo uno a uno, intentando convencerlos. falló. Scali se enteró. El consejo una vez más se puso de su lado y entonces el 17 de septiembre de 1985, Steve Jobs firmó su dimisión. Salió del edificio, cogió la caja, se subió al coche y no miró atrás. Tenía 30 años. era multimillonario y era oficialmente un fracasado.
Sus propias palabras años después en el discurso más famoso de toda su vida, fueron brutales. Dijo, y traduzco literal, yo estaba fuera y de forma muy pública. Lo que había sido el foco de toda mi vida adulta se había ido. Fui un fracaso muy público. Antes de cerrar este primer episodio sobre Jobs, un último favor.
Si hasta aquí te ha gustado cómo estamos reconstruyendo esta historia, déjanos un comentario abajo. Queremos saber qué opináis. ¿Creéis que la expulsión de Jobs fue una traición brutal o fue una decisión necesaria para salvar Apple? Leemos todos los comentarios uno por uno, porque lo que viene ahora es la parte que casi nadie cuenta bien.

La mayoría de documentales sobre Steve Jobs te contarán lo que acabamos de contar hoy. el garaje, el ascenso, la traición, la caída. Y luego rápidamente te dirán que Jobs volvió a Apple en 1997 y revolucionó el mundo con el iMac, el iPod, el iPhone y el iPad. Pero en medio hay 12 años. 12 años de exilio. 12 años en los que Jobs, con su dinero, con su rabia y con su visión hizo algo absolutamente extraordinario, algo que lo transformó de un joven genio temperamental en el empresario más respetado del siglo XX.