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Soraya Jiménez: The theft of her glory… The disgusting truth about her cursed inheritance

Y fue una chica de Naucalpan de 22 años que nadie incluía en la lista de favoritas, la que rompió ese silencio. La primera mujer mexicana en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos gritó, “¡Me los chingué!” En el momento de la victoria, según testimonios de quienes estaban cerca. Un grito que resumía todo lo que había soportado, el machismo, las presiones.

El presidente de la CONAD que le dijo que del décimo lugar no pasaría. Durante las semanas siguientes, al regreso a México, el furor fue, según describió su hermano José Luis años después a la revista Proceso. Una locura total. Las televisoras nacionales le ofrecían hasta 6 m000ones de pesos solo por su primera entrevista después de la medalla.

Los políticos se acercaban en fila, los dirigentes deportivos la celebraban. Todos querían estar en la foto. El presidente Ernesto Cedillo la recibió en Los Pinos y le entregó el Premio Nacional del Deporte. México entera la abrazaba y en ese abrazo colectivo estaban mezclados los que la querían [música] de verdad y los que solo querían usar su imagen para algo.

El problema es que en ese momento, en el torbellino del éxito, Soraya no podía distinguir unos de otros. y eso la iba a costar muy caro. Lo peor aún no había llegado. Escucha esto. Soraya Jiménez recibió del gobierno como premio por su medalla olímpica 1,7 millones de pesos. Con ese dinero compró un departamento en la colonia Condesa de la Ciudad de México.

Esa fue la primera y más grande inversión económica directa que recibió por su logro deportivo. Millón y medio de pesos en 2000 para un atleta que había dedicado más de una década de su vida a prepararse para ese momento, que había sacrificado su cuerpo, su adolescencia, su tiempo, [música] su salud en la búsqueda de ese oro, millón y medio de pesos y un departamento.

fue todo lo que el sistema convirtió en tangible para Soraya de manera directa. Lo que vino después debería enseñarse en todas las escuelas de administración pública de México, como el caso de estudio perfecto de cómo un país puede destruir a quienes lo representaron con gloria.

Porque lo que pasó con Soraya después de Sydney 2000 no fue un descuido, no fue un olvido involuntario, fue el resultado predecible de un sistema que no tiene protocolos, que no tiene estructuras, que no tiene absolutamente ningún mecanismo de protección para los atletas de alto rendimiento una vez que terminan de ser útiles para la foto oficial.

Piensa en eso un momento. México entera festejó el oro de Soraya en Sydney. El gobierno organizó recepciones, los medios hicieron portadas, los políticos la abrazaron frente a las cámaras y nadie, absolutamente nadie en toda esa maquinaria de celebración y reconocimiento, se sentó con Zoraya y le dijo, “Mira, tu carrera va a terminar en algún momento.

Cuando eso pase, necesitas tener un plan, necesitas ahorros, necesitas un futuro profesional, te vamos a ayudar a construirlo. Nadie, ni la CONADE, ni [música] el Comité Olímpico Mexicano, ni ninguno de los políticos que en 2000 usaron su imagen en sus campañas. Nadie. Porque en México el modelo del deporte de alto rendimiento funciona exactamente así.

Se invierte en el atleta cuando sirve para producir resultados en competencias internacionales que generan prestigio político para las instituciones que los respaldan. Y cuando el atleta deja de producir esos resultados, el ciclo termina. El presupuesto se redirige hacia los siguientes candidatos olímpicos. El atleta que ya ganó queda en el pasado.

El sistema avanza sin mirar atrás. Grábate esto. La CONADE fue señalada directamente por Soraya en una entrevista de 2010 con la revista Proceso. La alterista dijo textualmente: “Mucha gente se colgó de mi medalla olímpica, principalmente Ibarsis Niega, quien presidió la cónade en el sexenio de Ernesto Cedillo. Dijo que me dopaba.

La presidenta de la institución que debería haberla protegido, según dijo ella misma, la acusó de dopaje públicamente. [música] El mismo hombre que antes de Sydney dijo que del décimo lugar no pasaría. que se colgó de su éxito cuando ganó el oro, la acusó de dopaje cuando ya no le servía políticamente.

Eso es lo que Soraya describió en 2010 con nombre y apellido en la revista Proceso y luego habló de la presión que recibió después del oro de Sydney cuando el sistema que la había ignorado antes de ganar de repente la exigía más y más resultados. Es una presión fuerte, te exigen y te exigen, pero llega el momento en que dices, “Espérame, necesito descansar tanto física como psicológicamente, nada más que tienes 10 días de vacaciones [música] cuando a los campeones olímpicos europeos les dan un mes y tú me estás dando una semana.” 10 días de

vacaciones para la primera mujer en ganar un oro olímpico para México [música] después de una carrera que había destruido su cuerpo desde los 14 años, 10 días. Mientras los campeones europeos recuperaban sus cuerpos durante un mes completo. En 2002 vino el primer escándalo que el sistema usó para alejarse de ella.

En el Campeonato Mundial Universitario de Pesas en Turquía se descubrió que Soraya había presentado documentos apócrifos que la acreditaban como estudiante de la UNAM cuando no lo era. El requisito para ese campeonato era ser universitario activo. Soraya no lo era. La Federación Mexicana la denunció.

Ella aceptó su culpa públicamente. Fue el primer gran tropiezo de imagen de su carrera. [música] El sistema que la había celebrado y que se había colgado de su medalla durante 2 años se distanció rápidamente. En 2003, en el Campeonato Panamericano de Venezuela, la Federación Internacional de Alterofilia notificó que había dado positivo en un control [música] antidopaje por el consumo de welrinobropión, un antidepresivo prohibido por el COI.

Soraya explicó que lo había ingerido por prescripción médica. fue inhabilitada 6 meses, [música] aunque la sanción tuvo vigencia real par meses, porque las autoridades determinaron que la sustancia no mejoraba su rendimiento en la disciplina, pero el daño estaba hecho. La imagen de la campeona perfecta se había fracturado y en 2004, antes de los clasificatorios para los Juegos Olímpicos de Atenas, Soraya anunció su retiro de las competencias de alto rendimiento. Tenía 27 años.

Una lesión en la rodilla izquierda y el reconocimiento de que no tenía las marcas que le darían el boleto olímpico cerraron su carrera activa. Se fue sin los reflectores que la habían seguido en 2000, sin rueda de prensa de despedida, sin acto oficial de reconocimiento. Se fue como se van los atletas cuando el sistema ya decidió que ya no son parte del futuro.

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