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Rocío Dúrcal: La verdad oculta y las 5 traiciones que rompieron a la reina de las rancheras

Se llamaba Canción de Juventud. Rocío interpretaba a una niña huérfana, cantaba tres canciones, sonreía a la cámara y cobró por esa película 75,000 pesetas. Una fortuna en la España pobre de 1961, comadre. Toda esa plata la llevó a la casa y se la dio a doña María para que dejara de coser hasta las 11 de la noche.

La película fue un éxito, no solo en España, sino en toda Latinoamérica, México, Colombia, Bolivia, Venezuela. Chile, Perú. La niña Rocío se había convertido en la nueva estrella del cine musical español. Después vinieron más películas. Rocío de la Mancha en 1962. Buenos días condita en el 67. Amor en el aire y sobre todo comadre, sobre todo, más bonita que ninguna, en 1965.

Esta última película fue la que cambió su vida para siempre, porque en el rodaje de esa película, la jovencita Rocío conoció a un grupo musical que estaba de moda en toda España. Se llamaba Los Brincos. Cuatro muchachos guapos con pantalones estrechos y flequillo largo que sonaban parecido a los Beatles pero cantando en español.

Y de los cuatro brincos, comadre, había dos que le pusieron el ojo a Rocío al mismo tiempo. Uno se llamaba Juan Pardo, un gallego con voz aterciopelada. El otro era hijo de filipinos, se llamaba Antonio Morales, pero todo el mundo le decía junior, alto, delgado, con esos ojos rasgados de asiático mezclado con español, un porte de galán y una educación exquisita.

Los dos empezaron a coquetear con la niña Rocío en el set. Rocío se enamoró primero de Juan Pardo. Salió con él un tiempo y todos los medios españoles hablaban de que iba a haber boda, pero comadre, el corazón es traicionero y Cupido tiene mala puntería a veces. En 1967, los brincos se rompieron. Juan Pardo y Junior formaron un dúo llamado Juan y Junior.

Sacaron un éxito enorme llamado Anduriña y en una de sus primeras canciones titulada A dos niñas le dedicaron un tema textualmente a Rocío Durcal y a Marisol. Los dos amigos cantándole al mismo amor comadre. Un lío tremendo. Y en 1969 la cosa explotó. El dúo Juani Junior se separó por diferencias profesionales, según dijeron entonces.

Pero la verdad, comadre, la verdad la contó el propio Junior después en sus memorias. Junior se había enamorado de Rocío mientras Rocío era novia de Juan Pardo. Y Rocío, con esa personalidad decidida que tenía, agarró el toro por los cuernos, dejó a Juan Pardo y ella misma se le declaró a Junior, Marieta la Valiente, comadre.

se plantó y le dijo, “Antonio, yo te quiero a ti.” Se casaron el 15 de enero de 1970 en la Real Basílica de San Lorenzo del Escorial, ese lugar imponente donde entierran a los Reyes de España. La boda fue el acontecimiento social del año. Fueron Lola Flores, Carmen Sevilla, Marisol, Paquita Rico, Vicente Parra, todas las estrellas del momento.

Rocío llevaba un vestido blanco desmontable, junior un abrigo de terciopelo negro. Se veían radiantes y 11 meses después nacía su primera hija, Carmen Morales, Padrinos de Bautizo, Lola Flores y Luis Sans. Ese era el mundo de los Durcal Morales en 1971, comadre. Un cuento de hadas, o eso parecía.

Y aquí, comadre, llegamos a la traición número cinco. Y esta no es un nombre solo, es un poder invisible, una jauría con dientes que persiguió a Rocío desde los 15 años hasta el mismísimo día que la enterraron. Hablamos de la prensa española, la prensa del corazón, los paparazis, las revistas de chismes, los micrófonos indiscretos.

Mira, comadre, para entender esta traición tienes que meterte en la piel de la niña Marieta. Imagínate que tú tienes 15 años, que naciste pobre en el barrio de Cuatro Caminos, que apenas terminaste la primaria y de la noche a la mañana te conviertes en la niña más famosa de España. Te compran vestidos que jamás pudiste imaginar.

Te llevan a Hollywood a que grabes escenas con Sara Montiel. Te presentan al dictador Francisco Franco en una función privada y las cámaras, las malditas cámaras, comadre, no te dejan en paz ni cuando vas al baño. Rocío contaba en entrevistas años después que en los años 60 ella no podía ir a comprar el pan sin que la persiguieran cinco fotógrafos.

que la revista semana publicaba fotos de ella comiendo un helado y titulaba Rocío Durcal engorda, que la revista 10 minutos inventaba noviazgos con actores con los que ella apenas había cruzado el saludo, que las lectoras la juzgaban por todo, por casarse joven, por tener hijos rápido, por dejar la carrera, por retomarla, por engordar, por adelgazar.

Nada estaba bien, nada era suficiente. Cuando Rocío se casó con Junior en 1970, la prensa se dividió en dos bandos. Los que la apoyaban decían, “Qué bonita pareja de artistas!” Los que la atacaban decían, “Rocío se casa con un ex brinco por conveniencia o Junior deja el dúo por celos de Juan Pardo.

Todos los días había un titular nuevo y Rocío, comadre, con 25 años y una nena recién nacida en los brazos, tenía que leer esas cosas en el kosco de la esquina. Debió doler muchísimo. Pero lo peor, comadre, lo peor de la prensa vino después de su muerte. Sí, muerta. y todavía la seguían atacando.

Cuando Rocío falleció en 2006, Junior se hundió. Se hundió en una tristeza tan honda que el hombre no salía de la casa de Torrelodones. Y la prensa, la prensa desgraciada, comadre, empezó a inventar historias. Que Junior tenía una novia nueva, que Junior salía por las noches con jovencitas, que Junior le había sido infiel a Rocío toda la vida y peor todavía, comadre.

sacaron un rumor que rebota hasta el día de hoy. Dijeron que la razón por la que Rocío se peleó con Juan Gabriel era porque Juan Gabriel y Junior eran amantes. Sí, comadre. La prensa española, con toda la mala leche del mundo, publicó que Junior tenía una relación con el mejor amigo de su esposa.

Los hijos de Rocío, Carmen y Shaila salieron años después en un programa de televisión llamado Emparejados a defender a su papá. Y textualmente Carmen dijo palabras exactas. Salió en prensa que papá había estado con una novia y luego dijeron que estaba aliado con Juan Gabriel. Nos cabreó muchísimo y Shai la remató. Eso fue lo peor, comadre. Imagínate.

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