Posted in

Reina Letizia: Esto Hizo para Conseguir ser Reina de España

Hay que volver a una redacción de periódico en Oviedo, a finales de los años 80, donde una adolescente con la voz firme y la ambición clara ya sabía exactamente qué quería ser. Leticia Rocasolano nace el 15 de septiembre de 1972 en Oviedo, Asturias. Es la hija mayor de Jesús Ortiz Álvarez, periodista y locutor de radio, y de Paloma Rocaolano, enfermera.

No hay títulos en su árbol genealógico, no hay palacios, no hay herencias. Hay una familia de clase media trabajadora del norte de España con dos características que definirían después a la propia Leticia. El periodismo corría por las venas de su padre y la disciplina corría por las de su madre. A diferencia de la princesa griega que llegó a España en 1962, cargada de protocolo desde la cuna, Leticia crece en un entorno completamente distinto, colegios públicos, una abuela republicana que le enseñó canciones de la guerra civil,

Veranos Sencillos y unos padres que se divorciarían cuando ella tenía ya 27 años, en una época y un entorno social donde el divorcio todavía no era frecuente en España. Leticia tiene además dos hermanas, Telma, periodista como ella, y la menor Erika, cuya historia atravesará de forma trágica el resto de este relato.

Las tres crecieron en un ambiente que sus propios familiares han descrito como cercano y poco ceremonioso, muy alejado de cualquier código aristocrático. Quienes la conocieron en aquella época la describen como una adolescente decidida, con un sentido muy claro de la disciplina y poca paciencia para la indecisión. No era la hija de un diplomático ni de un empresario.

Era la hija de un locutor de radio de provincias que se contaría él mismo años después en entrevistas y libros vio en su hija mayor una determinación que pocas veces se encuentra a esa edad. Leticia ayudaba a veces en tareas relacionadas con el mundo de la comunicación desde joven, absorbiendo desde la adolescencia el lenguaje, los tiempos y la lógica de las redacciones.

Esa misma firmeza, recuerdan antiguos compañeros de instituto, ya se notaba en pequeños gestos, discusiones académicas que no estaba dispuesta a perder, plazos que cumplía sin falta y una negativa constante a dejar que otros decidieran por ella el rumbo de su propia vida. Leticia estudia periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

Se especializa después en periodismo audiovisual en la Universidad de Columbia, Nueva York, y antes de llegar a ningún palacio construye una carrera profesional sólida y exigente. Trabaja en el diario ABC, en la agencia F, en Bloomberg Televisión y sobre todo en CNN+, la cadena de noticias española donde se convierte en una de las presentadoras de referencia para la cobertura de catástrofes internacionales como el 11 de septiembre de 2001 o la guerra de Afganistán.

Sus excompañeros de redacción de aquellos años han contado en distintas ocasiones que Leticia se distinguía por preparar sus coberturas con un nivel de detalle inusual, revisando fuentes, cuestionando datos y exigiendo precisión incluso bajo la presión de la última hora. No era en absoluto una presentadora decorativa, era una profesional formada en el rigor de la información dura.

quienes trabajaron con ella en esos años de redacción coinciden en un retrato similar. Una profesional exigente, perfeccionista hasta el límite, con escaso margen para la improvisación y una capacidad de trabajo bajo presión que llamaba la atención incluso en un oficio acostumbrado a las urgencias. No era todavía una figura mediática por sí misma.

era una periodista que contaba la actualidad del mundo, no alguien de quien el mundo hablara. De esa distinción se perdería para siempre pocos años después. Esa exigencia no se limitaba a la pantalla, se trasladaba también a la forma en que evitaba sus propios guiones, revisaba montajes y discutía con productores sobre el enfoque correcto de cada pieza informativa, algo que, según sus compañeros, la convirtió en una de las profesionales más respetadas, aunque no siempre la más cómoda de tratar dentro de la redacción.

En 1998 se casa por primera vez en una boda civil discreta con su profesor de instituto, Alonso Guerrero, escritor y catedrático de literatura. El matrimonio dura poco más de un año y termina en divorcio en 1999, sin hijos. Es un dato que la prensa de la época trató con extrema discreción, pero que se convertiría en un problema institucional serio pocos años después, cuando esa misma mujer divorciada empezara a salir con el heredero al trono de España, en un país donde la Iglesia católica todavía pesaba enormemente sobre la imagen de la

corona. Alonso Guerrero, por su parte, ha mantenido durante todos estos años un perfil extremadamente discreto, evitando cualquier declaración pública sobre su breve matrimonio con quien años después se convertiría en reina de España. Una discreción que contrasta notablemente con la exposición de otros miembros del entorno familiar de Leticia.

Esa discreción inicial contrastaría años después con el nivel de exposición que terminaría acompañando de manera permanente a la propia Leticia. Una vez su vida personal, pasó a formar parte del relato institucional de la corona española. Según las crónicas de la época, Leticia y Felipe se conocieron en una cena en casa de unos amigos comunes en el verano de 2002, cuando ella trabajaba como presentadora de los informativos de televisión española, cubriendo, entre otras cosas, la gira papal de Juan Pablo II.

La relación se mantuvo en absoluto secreto durante meses, algo notablemente inusual, tratándose del heredero al trono español, constantemente vigilado por la prensa rosa. Algunos cronistas de la época han señalado que ni siquiera dentro de la propia redacción de TVE, donde Leticia trabajaba, se sospechó nada hasta los días previos al anuncio oficial.

Un nivel de hermetismo que sorprendió a la propia prensa rosa especializada acostumbrada a detectar este tipo de relaciones con mucha antelación. Ese secretismo, según relatan varios biógrafos de la casa real, no fue casual. Respondía directamente al instinto profesional de Leticia, que conocía mejor que nadie los mecanismos de la prensa que ella misma había alimentado durante años desde el otro lado de la cámara.

sabía exactamente qué buscaban los fotógrafos, en qué lugares era más fácil pasar desapercibida y cómo se filtraba habitualmente este tipo de información dentro del entorno palaciego. Esa misma habilidad para controlar la narrativa adquirida en años de redacción sería más adelante uno de sus rasgos más comentados como princesa y como reina.

Ese mismo control sobre la narrativa, aplicado primero a su propia vida amorosa sería después el rasgo que definiría toda su trayectoria como princesa y como reina. La sensación compartida por buena parte de la prensa especializada de que Leticia siempre sabía exactamente qué información estaba dispuesta a dejar salir y cuál no. El primero de noviembre de 2003, el entonces príncipe Felipe anunció oficialmente su compromiso con Leticia Ortiz en una rueda de prensa en el Palacio de El Pardo.

El anuncio generó una conmoción sin precedentes en la sociedad española, no por la propia Leticia, sino por lo que representaba. Por primera vez en la historia moderna de la monarquía española, el heredero al trono se casaba con una mujer divorciada, sin título nobiliario, periodista de profesión y de origen completamente plereello.

Read More