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CARLOS REINOSO: CONFESÓ POR QUÉ EMPUJÓ A VERÓNICA CASTRO Y DESTRUYO A LA LEONA DORMIDA

 

El mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano, ídolo absoluto del club América y de toda la selección de Chile. Y este mismo hombre golpeando y empujando en un carro en marcha a la actriz Verónica Castro, arruinándole la vida a la leona dormida Lupita Dalecio, haciendo que no pudiera volver a ver a sus propios hijos, enterrando a su propio hijo José Antonio, y ocultó una hija secreta durante 18 años.

 Hoy sabrás lo que verdaderamente pasó con la actriz Verónica Castro, con la Leona dormida y con una actriz de Televisa que no te puedes imaginar. Sabrás la verdad todavía más oscura, de la Hija secreta que apareció en 1994. Y lo peor de toda la historia, sabrás cómo murió su hijo José Antonio y por qué la misma causa que mató al hijo casi termina.

 con la propia vida del ídolo del club América. Esta es la trágica verdad detrás del maestro que ningún medio mexicano se atrevió a contar hasta hoy. Pero antes debes entender quién era y cómo llegó hasta donde llegó. Ñuñoa, comuna popular del sur de Santiago de Chile, 7 de marzo del año 1945. En una casa de adobe construida en una calle de tierra del barrio Las Barrancas.

 Nació un niño que iba a cambiar la historia del fútbol mexicano. Sus padres eran obreros chilenos de origen humilde. Su padre trabajaba en una fábrica textil. Su madre lavaba ropa de otra gente por unas monedas a la semana. La familia vivía con lo justo. Tres cuartos, sin agua corriente, sin luz eléctrica, con un brasero de carbón para calentar la cocina durante los inviernos santiaguinos.

 Aquel niño que acababa de nacer le pusieron de nombre Carlos Enzo Ezequiel Reinoso Valdenegro. Y desde los 7 años de edad, apenas con un balón de trapo amarrado con cuerdas, empezó a patear por las calles de tierra de aquel barrio popular de la capital chilena. La capital de siempre con la misma idea metida en la cabeza, sacar a sus padres de la pobreza.

 Cumplió su promesa, pero también iba a cumplir otras cosas que ningún hijo de Ñuñoa le hubiera prometido nunca. a sus padres, pero porque ese mismo niño que pateaba la pelota de trapo iba a regresar 30 años después, convertido en el ídolo absoluto del club América con tres campeonatos de liga, con una Copa Interamericana ganada al Boca Juniors y con la cabeza destrozada por un polvo blanco que llegó a consumir 20 veces por día y por un romance con la madre de Cristian Castro que iba a terminar de la manera más violenta de toda la historia

del espectáculo mexicano, pero esa noche todavía estaba muy lejos. A los 12 años de edad, aquel niño chileno era ya el goleador de las divisiones inferiores del modesto club deportes o Valle de la cuarta región chilena. Marcaba goles desde la media cancha de Rabona, de chilena, de Paloma.

 anotó cinco goles en un solo partido amistoso contra una selección estudiantil de la provincia de Coquimbo y los ojeadores del club Audax Italiano de Santiago lo vieron jugar. A los 15 años de edad, el muchacho de Ñuñoa firmó su primer contrato profesional con el Audax italiano de la primera división del fútbol chileno. aquel domingo de 1960, cuando salió del estadio Independencia con el contrato firmado y con 5,000 pesos chilenos en el bolsillo del pantalón caminó hasta la casa de Adobe, donde lo esperaban su padre y su madre y

les entregó los 5000 pesos. El padre se quedó callado por unos segundos y al final le dijo a su hijo una sola frase, que aquel muchacho de 15 años cargaría adentro del pecho durante el resto de su vida. Hijo, nunca dejes de pelear por sacar a tu familia de donde estamos, hijo. Nun.

 4 años después, el muchacho de Ñuñoa ya era el mejor mediocampista del fútbol chileno. Debutó en primera división a los 19 años. anotó 13 goles en un solo torneo. Fue llamado a la selección juvenil y después a la selección mayor de Chile. En el año 1968 llegó como refuerzo a la Universidad Católica para jugar el torneo internacional de Chile.

 Anotó en cuatro de siete partidos. Le marcó dos goles a la selección de Checoslovaquia y un gol al mítico Santos de Brasil del Rey Pelé. A esas alturas, los grandes equipos de Europa ya estaban preguntando por él, pero el destino le tenía preparada otra cosa. En febrero del año 1970 se organizó un torneo amistoso en la ciudad de Santiago de Chile llamado El Pentagonal de verano.

 Participaron los dos equipos más populares de Chile, Colo Colo y Universidad de Chile, la Universidad Católica, el Dinamo Zagreb de Yugoslavia, el Santos de Brasil y un equipo invitado que viajó por primera vez a jugar al país andino. El Club América de México, Carlos Reynoso, que para ese entonces jugaba en el Audax italiano, fue prestado al Colo Colo para reforzar al cuadro más popular del país durante aquel torneo.

 En el primer partido, frente al Santos de Brasil, le anotó el gol del triunfo al equipo del Rey Pelé. Tres días después le tocó enfrentar al Club América de México. Apenas comenzó el partido, le anotó un gol a los Azulcremas. A los pocos minutos, el entrenador del club América pidió que lo cambiaran de equipo para el segundo tiempo y que jugara con los Azulcremas.

 lo aceptaron y aquella misma tarde de febrero, Carlos Reynoso, sin saberlo, marcó su destino para siempre, porque al terminar aquel partido, los directivos del club América llamaron por teléfono al presidente del equipo, Guillermo Cañedo de la Bárcena, que estaba en la Ciudad de México, y le dijeron una sola frase, manda el dinero, acabamos de encontrar al próximo ídolo del club América.

 Una semana después, Carlos Reinoso estaba aterrizando en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México con apenas 25 años de edad y con una sola maleta donde llevaba toda su ropa. 26 de febrero del año 1970, Estadio Azteca, Ciudad de México, jornada 4 del campeonato. El muchacho chileno debutó como jugador del club América.

 frente al Atlante en un partido que terminó empatado a un gol por bando. Esa noche, cuando regresó al hotel donde se hospedaba, llamó por teléfono a sus padres en Santiago de Chile y le dijo a su madre una sola cosa. Madre, no te preocupes. Acabo de encontrar el lugar donde voy a quedarme para el resto de mi vida.

 Lo cumplió Carlos Enzo Ezequiel Reinoso Valdenegro. Nunca más volvió a vivir en su chile natal. Durante los siguientes 56 años de su vida. Se quedó en México para siempre. Pero ese mismo país que lo recibió con los brazos abiertos y que lo convirtió en el ídolo absoluto del club América, iba a destruirlo por dentro, lentamente durante las siguientes cuatro décadas de su vida.

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