El mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano, ídolo absoluto del club América y de toda la selección de Chile. Y este mismo hombre golpeando y empujando en un carro en marcha a la actriz Verónica Castro, arruinándole la vida a la leona dormida Lupita Dalecio, haciendo que no pudiera volver a ver a sus propios hijos, enterrando a su propio hijo José Antonio, y ocultó una hija secreta durante 18 años.
Hoy sabrás lo que verdaderamente pasó con la actriz Verónica Castro, con la Leona dormida y con una actriz de Televisa que no te puedes imaginar. Sabrás la verdad todavía más oscura, de la Hija secreta que apareció en 1994. Y lo peor de toda la historia, sabrás cómo murió su hijo José Antonio y por qué la misma causa que mató al hijo casi termina.
con la propia vida del ídolo del club América. Esta es la trágica verdad detrás del maestro que ningún medio mexicano se atrevió a contar hasta hoy. Pero antes debes entender quién era y cómo llegó hasta donde llegó. Ñuñoa, comuna popular del sur de Santiago de Chile, 7 de marzo del año 1945. En una casa de adobe construida en una calle de tierra del barrio Las Barrancas.
Nació un niño que iba a cambiar la historia del fútbol mexicano. Sus padres eran obreros chilenos de origen humilde. Su padre trabajaba en una fábrica textil. Su madre lavaba ropa de otra gente por unas monedas a la semana. La familia vivía con lo justo. Tres cuartos, sin agua corriente, sin luz eléctrica, con un brasero de carbón para calentar la cocina durante los inviernos santiaguinos.
Aquel niño que acababa de nacer le pusieron de nombre Carlos Enzo Ezequiel Reinoso Valdenegro. Y desde los 7 años de edad, apenas con un balón de trapo amarrado con cuerdas, empezó a patear por las calles de tierra de aquel barrio popular de la capital chilena. La capital de siempre con la misma idea metida en la cabeza, sacar a sus padres de la pobreza.
Cumplió su promesa, pero también iba a cumplir otras cosas que ningún hijo de Ñuñoa le hubiera prometido nunca. a sus padres, pero porque ese mismo niño que pateaba la pelota de trapo iba a regresar 30 años después, convertido en el ídolo absoluto del club América con tres campeonatos de liga, con una Copa Interamericana ganada al Boca Juniors y con la cabeza destrozada por un polvo blanco que llegó a consumir 20 veces por día y por un romance con la madre de Cristian Castro que iba a terminar de la manera más violenta de toda la historia
del espectáculo mexicano, pero esa noche todavía estaba muy lejos. A los 12 años de edad, aquel niño chileno era ya el goleador de las divisiones inferiores del modesto club deportes o Valle de la cuarta región chilena. Marcaba goles desde la media cancha de Rabona, de chilena, de Paloma.
anotó cinco goles en un solo partido amistoso contra una selección estudiantil de la provincia de Coquimbo y los ojeadores del club Audax Italiano de Santiago lo vieron jugar. A los 15 años de edad, el muchacho de Ñuñoa firmó su primer contrato profesional con el Audax italiano de la primera división del fútbol chileno. aquel domingo de 1960, cuando salió del estadio Independencia con el contrato firmado y con 5,000 pesos chilenos en el bolsillo del pantalón caminó hasta la casa de Adobe, donde lo esperaban su padre y su madre y
les entregó los 5000 pesos. El padre se quedó callado por unos segundos y al final le dijo a su hijo una sola frase, que aquel muchacho de 15 años cargaría adentro del pecho durante el resto de su vida. Hijo, nunca dejes de pelear por sacar a tu familia de donde estamos, hijo. Nun.
4 años después, el muchacho de Ñuñoa ya era el mejor mediocampista del fútbol chileno. Debutó en primera división a los 19 años. anotó 13 goles en un solo torneo. Fue llamado a la selección juvenil y después a la selección mayor de Chile. En el año 1968 llegó como refuerzo a la Universidad Católica para jugar el torneo internacional de Chile.
Anotó en cuatro de siete partidos. Le marcó dos goles a la selección de Checoslovaquia y un gol al mítico Santos de Brasil del Rey Pelé. A esas alturas, los grandes equipos de Europa ya estaban preguntando por él, pero el destino le tenía preparada otra cosa. En febrero del año 1970 se organizó un torneo amistoso en la ciudad de Santiago de Chile llamado El Pentagonal de verano.
Participaron los dos equipos más populares de Chile, Colo Colo y Universidad de Chile, la Universidad Católica, el Dinamo Zagreb de Yugoslavia, el Santos de Brasil y un equipo invitado que viajó por primera vez a jugar al país andino. El Club América de México, Carlos Reynoso, que para ese entonces jugaba en el Audax italiano, fue prestado al Colo Colo para reforzar al cuadro más popular del país durante aquel torneo.
En el primer partido, frente al Santos de Brasil, le anotó el gol del triunfo al equipo del Rey Pelé. Tres días después le tocó enfrentar al Club América de México. Apenas comenzó el partido, le anotó un gol a los Azulcremas. A los pocos minutos, el entrenador del club América pidió que lo cambiaran de equipo para el segundo tiempo y que jugara con los Azulcremas.
lo aceptaron y aquella misma tarde de febrero, Carlos Reynoso, sin saberlo, marcó su destino para siempre, porque al terminar aquel partido, los directivos del club América llamaron por teléfono al presidente del equipo, Guillermo Cañedo de la Bárcena, que estaba en la Ciudad de México, y le dijeron una sola frase, manda el dinero, acabamos de encontrar al próximo ídolo del club América.
Una semana después, Carlos Reinoso estaba aterrizando en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México con apenas 25 años de edad y con una sola maleta donde llevaba toda su ropa. 26 de febrero del año 1970, Estadio Azteca, Ciudad de México, jornada 4 del campeonato. El muchacho chileno debutó como jugador del club América.
frente al Atlante en un partido que terminó empatado a un gol por bando. Esa noche, cuando regresó al hotel donde se hospedaba, llamó por teléfono a sus padres en Santiago de Chile y le dijo a su madre una sola cosa. Madre, no te preocupes. Acabo de encontrar el lugar donde voy a quedarme para el resto de mi vida.

Lo cumplió Carlos Enzo Ezequiel Reinoso Valdenegro. Nunca más volvió a vivir en su chile natal. Durante los siguientes 56 años de su vida. Se quedó en México para siempre. Pero ese mismo país que lo recibió con los brazos abiertos y que lo convirtió en el ídolo absoluto del club América, iba a destruirlo por dentro, lentamente durante las siguientes cuatro décadas de su vida.
Recuerda esa fecha, 26 de febrero de 1970, porque ahí empezó toda la historia. Durante los siguientes 9 años, el muchacho chileno reescribió la historia del club América con la pierna izquierda. Anotó 81 goles. En total con los Azulcremas fue campeón de liga en 1971, campeón de Copa México en 1974, otro campeonato de liga en 1976, campeón de campeones en 1976.
Campeón de CONCACAF en 1978 y el logro más grande de toda la historia americanista. Abril del año 1978, Estadio Azulana de la Ciudad de México, final de la Copa Interamericana contra el Boca Juniors de Argentina. El equipo argentino llegaba como vigente campeón de la Copa Libertadores con el legendario arquero Hugo Orlando Gati bajo los palos.
Al minuto 90 del segundo tiempo, el partido estaba empatado sin goles. Faltaban segundos para los penales. Y aquella noche Carlos Reinoso acomodó la pelota en el borde del área para cobrar un tiro libre directo. Tomó cuatro pasos hacia atrás, respiró y pateó con la pierna izquierda. La pelota salió pegada al palo derecho, tan precisa, tan colocada, que el arquero Gati no alcanzó a moverse.
Gol del Club América. Y aquella noche el club América se proclamó campeón de la Copa Interamericana. Por primera vez en su historia, 70,000 aficionados coreando un solo nombre adentro del estadio Azulgrana. Carlos, Carlos, Carlos. Para esa fecha, los grandes equipos de Europa ya habían empezado a interesarse en el chileno y entre ellos el más importante del mundo entero, el que ya había ganado seis copas de Europa, el que tenía a las mejores leyendas del fútbol mundial, el Real Madrid de España, 4 años antes, después del Mundial de Alemania de 1974,
el Real Madrid había mandado emisar a buscarlo y le habían ofrecido un contrato para ir a vivir a Madrid y unirse al equipo del Santiago Bernabéu. Aquellos 15 días de finales del año 74, Carlos Reynoso estuvo viviendo en Madrid negociando los términos del contrato, pero al regresar a México para arreglar los papeles recibió una llamada telefónica de parte de un hombre que en aquellas fechas era el dueño absoluto de Televisa y del Club América, don Emilio Azcárraga Milmo. La llamada fue corta.
solamente 5 minutos. Y la frase que don Emilio le dijo al chileno fue una sola. Si no regresas a México en dos días, no vuelves a jugar al fútbol en toda tu vida. Carlos Reynoso, que era apenas un chamaco de 29 años, recién llegado de la pobreza de Ñuñoa, aceptó, tomó el avión de regreso a la ciudad de México y aquel viaje que pudo haber convertido al chileno.
En la primera leyenda latinoamericana del Real Madrid de España, antes de Hugo Sánchez y antes de Cristiano Ronaldo, se quedó olvidado. E e 40 años después, don Carlos Reinoso, frente a las cámaras de TUDN iba a confesar una sola cosa. Aquella noche, cuando colgó el teléfono con don Emilio Azcárraga Milmo, sintió que se le caía el alma al piso.
recuerda esa decisión del año 1974, porque 40 años después iba a estar conectada con la noche más oscura de toda la vida del chileno. A esas alturas, Carlos Reinoso ya era considerado el mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano. Su rostro aparecía en las portadas de todas las revistas deportivas del país.
habían dedicado su propio cómic llamado pirulete, que se vendía en todos los puestos de periódicos de la Ciudad de México, cada lunes por la mañana, cómic, cada cómic y a partir del año 1975 empezaron a llegarle las invitaciones más importantes de toda la historia de Televisa. Cantinflas lo invitó a comer a su mansión.
Cada 15 días, Chespirito lo metió en uno de sus programas como invitado especial. Lola Beltrán, la señora cantante de música ranchera, le pidió que cantara una canción con ella en una fiesta privada de don Emilio Azcárraga Milmo. Y en cada una de esas fiestas, Carlos Reinoso conoció a las mujeres más bellas de toda la historia de la televisión mexicana.
Estaba casado. Tenía dos hijos pequeños. En la casa, pero por dentro, algo se le estaba despertando, que no había sentido nunca en la pobreza de Ñuñoa. El poder de la fama, el poder de que las mujeres más famosas del país le mandaban cartas perfumadas a la mesa de la concentración del club América y empezó a responderlas una por una.
Hubo una entre todas ellas que apareció a finales del año 1978. Una muchacha de 26 años con los ojos verdes más impresionantes del medio del espectáculo mexicano. Era hija de don Fausto Castro, empresario de la Ciudad de México. Acababa de protagonizar una telenovela que estaba teniendo 3 millones de televidentes cada noche le decían la mala noche por una canción que ella misma cantaba durante las pausas comerciales.
Su nombre completo era Verónica Castro Sains. Y aquí, en este punto exacto de la historia es donde el ídolo del club América cometió el primer error de los muchos que iban a destruir su propia familia para siempre. Verónica Castro conoció a Carlos Reynoso en una fiesta privada celebrada en la Ciudad de México a finales del año 1978.
Ella tenía 26 años de edad. Estaba en la cima de su carrera artística y soñaba con casarse con un hombre que la pudiera proteger de la prensa del corazón. Él tenía 33 años, estaba casado, tenía dos hijos y era por mucho el extranjero más famoso del fútbol mexicano. Aquella noche de finales del 78, la muchacha de los ojos verdes se acercó al ídolo chileno y le pidió una fotografía.
Carlos Reinoso la invitó a su mesa privada. Esa misma noche empezó el romance más violento de toda la historia del espectáculo mexicano. Verónica Castro Sains iba a vivir con el ídolo chileno durante los siguientes dos años de su vida. Más me Pero algo que la actriz no sabía. Estaba por suceder porque en el año 1979 aquella relación entre el ídolo chileno y la futura madre de Cristian Castro empezó a deteriorarse.
Empezaron las discusiones a gritos en los restaurantes públicos llegaron las amenazas de él cuando ella le reclamaba por las otras mujeres que se metían en su cama. Y empezaron las llamadas a la mansión del chileno de otras actrices y una madrugada de finales del año 79 después de una discusión que se prolongó durante varias horas adentro del coche del ídolo, en medio de una carretera cercana a Acapulco, Verónica Castro Sains tuvo que salir corriendo del automóvil en movimiento con un dedo de la mano derecha. Lastimado para siempre. Aquella
imagen de la futura madre del cantante Cristian Castro caminando por la carretera a las 3 de la mañana con el rostro destrozado y la ropa rota. Es una de las páginas más oscuras de toda la historia de Televisa. Verónica Castro llegó al hospital por su cuenta, recibió atención médica por las lesiones y nunca, más nunca en su vida, volvió a hablar públicamente sobre lo que pasó aquella madrugada, pero el ídolo chileno no se quedó esperándola.
Apenas tres meses después, en una discoteca de la Ciudad de México, conoció a otra mujer que estaba casada con un actor y cantante mexicano llamado Jorge Vargas y que tenía dos hijos pequeños, esperándola en su mansión de la colonia Polanco. Su nombre era Guadalupe Contreras Ramos, pero en todo México le decían de otra forma la leona dormida Lupita Dalecio.
Cuando Lupita Dalecio conoció al chileno en aquella discoteca estaba con su esposo Jorge Vargas sentados en una mesa privada. Carlos Reinoso estaba en otra mesa con la propia Verónica Castro. Lo dice ella misma en la entrevista que dio al periodista Jordi Rosado en su canal de YouTube. 40 años después, aquella noche, cuando los ojos de Lupita Dalecio se cruzaron con los del chileno, algo pasó adentro del pecho de los dos.
Se siguieron viendo en secreto durante las siguientes semanas hasta que Lupita Dalecio tomó la decisión más brutal de toda su vida, decidió abandonar a su esposo Jorge Vargas. decidió dejar a sus dos hijos pequeños, Ernesto y Jorge, que apenas tenían 4 y 2 años de edad, y se fue a vivir con el ídolo chileno a una mansión que rentaron juntos en el puerto de Acapulco.
Aquella decisión le costó a la leona dormida la cosa más importante de toda su vida. El juez de lo familiar que llevó su divorcio le otorgó la custodia total de sus dos hijos. a Jorge Vargas, el padre de los niños. Por primera vez en la historia del país, un juez mexicano le quitaba la custodia a una madre por irse a vivir con un futbolista extranjero.
Lupita Dalesio, no pudo volver a ver a sus hijos durante varios años seguidos, hasta su propio padre. El cronista deportivo Alfonso Dalio le retiró el habla durante todo el tiempo que duró la relación con el chileno. Ahí con que con con con con y aquella relación que ningún padre de México aprobó alguna vez iba a durar 4 años seguidos, de 1979 hasta 1984.
4 años de maltrato verbal y psicológico adentro de aquella mansión de Acapulco y un episodio que la leona dormida nunca más nunca en toda su vida se atrevió a contar completo. Frente a las cámaras de televisión. Una noche adentro de aquella mansión, el ídolo chileno, después de una discusión, sacó un arma de fuego que tenía guardada para defensa personal y se la mostró a la leona dormida adentro del cuarto principal.
Lupita Dalesio, 40 años después confesó frente al periodista Jordi Rosado una sola frase que el público mexicano no pudo creer. Sí la sacó, no me amenazó, pero la sacó. Aquella relación entre el ídolo chileno y la leona dormida terminó en 1984 cuando Carlos Reinoso le fue infiel con la propia Verónica Castro, la actriz que lo había dejado años atrás.
Lupita Dalesio, se enteró del engaño por una revista de espectáculos que publicó las fotografías de los dos en la playa. Y aquella misma semana, la leona dormida se casó con un futbolista uruguayo de 23 años por puro despecho, pero faltaba todavía. Lo peor porque entre el año 1979 y el año 1984, mientras la leona dormida estaba viviendo en Acapulco y mientras Verónica Castro estaba escondida en su mansión, el ídolo chileno sostuvo una tercera relación amorosa en secreto con otra mujer, una actriz que en aquellos años
era probablemente la más famosa de Tele Televisa L, mujer que protagonizaba telenovelas junto al actor José Alonso. telenovelas que veían 35 millones de personas cada noche, de lunes a viernes, también cantante y durante los años 80 tuvo romances secretos con el propio dueño de Televisa, don Emilio Azcárraga Milmo, con el actor Andrés García, con el cantante Luis Miguel y con el ídolo chileno del club América, la gente del medio del espectáculo, la conocía con un solo apodo, La Méndez, Lucía Méndez, el propio Carlos Reinoso. 40 años después,
frente a las cámaras de la periodista Matilde Obregón, negó, pero los testigos de aquellos años cuentan otra cosa. Cuentan que el ídolo chileno se desaparecía dos o tres veces por semana de la concentración del club América para reunirse en secreto con la actriz Lucía Méndez en el pentouse que ella tenía encima de las oficinas de Televisa San Ángel.
Y cuando el dueño de la empresa, don Emilio Azcárraga Milmo, descubrió esa relación, tomó una decisión que cambió para siempre. La historia del club América. 29 de marzo del año 1979. Estadio Azteca. Jornada 27 del campeonato. El club América perdió contra los Pumas de la UNAM en un partido sin importancia para el final de la temporada.
A la mañana siguiente, Carlos Reinoso recibió una llamada telefónica a su mansión. Era don Emilio Azcárraga. Milmo, le pidió que se presentara en las oficinas de Televisa a las 9 de la mañana sin falta. El ídolo chileno llegó al edificio a las 9:10 minutos subió al pentouse del dueño, se sentó frente a él y escuchó la conversación más corta de toda su carrera profesional.
Don Emilio Azcárraga Milmo le dijo solamente una frase. En el club América no hay nadie más importante que el club América. No. 5 segundos de silencio. Y la siguiente frase cerró la carrera de jugador del mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano. A partir de hoy, tú no vuelves a vestir la playera de este equipo.
Carlos Reinoso se levantó del sillón, estiró la mano para despedirse del dueño, pero don Emilio Azcárraga Milmo no se la regresó. El chileno bajó las escaleras del edificio, se subió a su coche y manejó hasta la mansión donde lo esperaba la leona dormida. Esa misma tarde, la prensa mexicana anunció la noticia más impactante de toda la historia del fútbol mexicano.
El ídolo del club América había sido despedido por el dueño del equipo por motivos que nadie quiso revelar. en aquellos años, pero adentro del medio del espectáculo, todos sabían lo que verdaderamente había pasado. Lo habían despedido por la Méndez, por la Méndez y por todas las demás que pasaron por su cama durante los últimos 4 años de su carrera profesional.
Más aquella tarde de marzo del año 1979, don Emilio Azcárraga Milmo cerró para siempre la carrera de jugador del mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano. No, no, no. El ídolo chileno tenía 34 años cumplidos. Apenas un año antes había anotado el gol más importante de toda la historia del club América.
la Copa Interamericana frente al Boca Juniors y a Hugo Orlando Gati. Ahora estaba sin trabajo, sin equipo, sin contrato y con una mujer, la leona dormida, esperándolo en aquella mansión de Acapulco. Pero la leona dormida no iba a esperarlo durante mucho tiempo más, porque 5 años después de aquel despido, en el año 1984, cuando Carlos Reinoso volvió a salir con Verónica Castro en secreto, Lupita Dalecio se enteró del engaño por una revista de espectáculos que publicó las fotografías de los dos en una playa de Cancún. Y aquella misma semana, la leona
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dormida tomó la decisión más importante de toda su vida. empacó sus maletas de aquella mansión de Acapulco, donde había pasado los últimos 4 años de su vida, y regresó a la Ciudad de México. Por puro despecho se casó con un futbolista uruguayo de 23 años llamado Julio Canesa. El matrimonio duró menos de un año y el ídolo chileno se quedó solo adentro de aquella mansión vacía de Acapulco, sin la Leona Dormida, sin Verónica Castro, sin la Méndez, sin el Club América, sin el contrato del Real Madrid y sin la familia que había dejado
en Chile. Munoscémeto. Munoscémeto. Aquella crisis le costó 2 años de su vida, pero el destino le tenía preparada otra oportunidad. 13 de junio del año 1981, las oficinas del club América, don Emilio Azcárraga Milmo, llamó por teléfono al ídolo chileno a la mansión de Acapulco, donde estaba viviendo solo. La llamada fue corta, apenas 3 minutos y la propuesta cambió todo.
Jon Emilio le ofreció al chileno la oportunidad de regresar al club América, pero esta vez no como jugador, sino como director técnico. Carlos Reynoso, que durante los últimos dos años había vivido sin trabajo, sin contrato y sin dinero, aceptó. Aquella misma tarde, tres semanas después, el 13 de junio de 1981, debutó como entrenador del club América en la jornada 34 del campeonato.
En un partido frente a la Unión de Curtidores, empató 1 a un, pero aquella tarde, adentro del Estadio Azteca, los aficionados del club América lo recibieron con una ovación que duró más de 5 minutos. El chileno había regresado a la casa que le había cerrado las puertas apenas dos años antes, durante los siguientes 4 años.
Reescribió la historia del club América por segunda vez. Temporada 1983 84. Final del campeonato contra el Guadalajara. La acérérima rival. La final del siglo la llamaron los periodistas mexicanos. Tres goles a uno a favor del Club América. Vacas, Tena, Aguirre. El ídolo chileno que dos años antes estaba destruido en una mansión vacía de Acapulco, volvió a levantar el trofeo de campeón de liga, esta vez como director técnico y al año siguiente, la temporada 84 85, otro campeonato, esta vez contra los Pumas de la UNAM en el estadio
Corregidora de Querétaro. Brailovski, Hermosillo, goles de campeonato, el bicampeón de toda la década dorada del club América. Aquellos 2 años de gloria absoluta como director técnico le devolvieron al chileno la fama, la estabilidad y un sueldo que le permitió comprar otra mansión en la zona residencial de Coyoacán.
Allí conoció a una mujer mucho más joven que él. mucho más estable que las actrices de Televisa. Se llamaba Katy. Catalina no era actriz, no era cantante, no era modelo, era una mujer normal que trabajaba como secretaria en una empresa privada de la Ciudad de México. Y el ídolo chileno, que llevaba 10 años viviendo entre escándalos, decidió cambiar de vida.
Se casó con Katy en una ceremonia íntima. adentro de aquella mansión de Coyoacán, solamente con la familia y con dos amigos cercanos a las puertas de Televisa, ninguna actriz fue invitada. A partir de ese día, la vida del chileno empezó a estabilizarse. Tuvieron juntos una hija llamada Paola, que nacería años después.
Y por primera vez en 10 años, Carlos Reinoso pudo dormir tranquilo adentro de su propia mansión. Aquellos años de bicampeonato fueron los mejores de toda la carrera del chileno como entrenador. Lo invitaban a todas las cenas privadas de Televisa, a las galas del Consejo Mundial del Fútbol, a las reuniones de propietarios del fútbol mexicano, cada vez que el Club América necesitaba un comentarista, lo llamaban a él.
era el chileno que había conquistado dos veces a México como jugador y como entrenador. El único hombre en toda la historia del fútbol nacional que había logrado aquella hazaña. Tenía 40 años cumplidos. Junto a él estaba su esposa Katy y una hija pequeña que estaba por nacer y contaba con el respeto de don Emilio Azcárraga Milmo, que lo había perdonado por el escándalo con Lucía Méndez y tenía por primera vez en su vida más de un millón de dólares adentro de su cuenta personal, pero el destino le tenía preparado otro golpe que iba a
sacudir toda aquella estabilidad. que apenas había construido. Porque después del bicampeonato, en el año 1985, aquel hombre decidió aceptar otra oferta para entrenar a otro equipo lejos de la Ciudad de México, el Tampico Madero del estado de Tamaulipas. Y aquella decisión lo llevó a vivir lejos de su nueva esposa Katy durante meses enteros en concentraciones, en giras, en hoteles.
Durante esas concentraciones, algo que no había probado nunca en toda su vida, entró por primera vez al cuerpo del chileno por la mano de un compañero adentro del vestidor de un hotel antes de un partido. una sustancia que estaba destruyendo a los grandes jugadores del fútbol mexicano de los 80 y que los aficionados nunca sospechaban, el polvo blanco.
Aquella primera vez fue en el año 1986. El ídolo chileno probó la sustancia y se sintió bien. Por unas horas pensó que era algo controlable, algo que podía manejar. Cuando él quisiera, pensó que era solamente para los días de mucho cansancio. Se equivocó durante los siguientes 8 años aquella sustancia empezó a tomar control de toda su vida lentamente, sin que nadie de su familia se diera cuenta.
empezó a usarla después de los partidos para aguantar las concentraciones, para soportar los viajes, para olvidarse de los problemas con su esposa Katy. Empezó a comprarla por gramos, después por bolsas, después por cantidades que ningún medio mexicano podía sospechar del legendario chileno. Así. Ah, ah, ah.
Y empezó a usarla cada vez más fuerte. A finales del año 1989 lo contrataron como director técnico de los Tigres de la UANL en la ciudad de Monterrey. Aquel contrato era el más alto de toda la historia del fútbol mexicano para un entrenador. A a a a $400,000 por temporada. El chileno aceptó, sin pensarlo dos veces aquella mudanza al norte del país, lo separó todavía más de su esposa Katy, que se quedó viviendo en la ciudad de México y adentro de aquella mansión que rentó en Monterrey.
Empezó a vivir solo por largas temporadas, bebiendo coñac todas las noches, consumiendo el polvo blanco. Cada dos o tres horas. Durante los primeros meses, los Tigres jugaron bien. Llegaron a la semifinal del campeonato. La afición regió Montana, lo amaba, pero al segundo año ya no pudo sostener el ritmo. Empezó a llegar tarde a los entrenamientos, empezó a faltar, a las conferencias de prensa, empezó a quedarse encerrado adentro de su mansión por días enteros.
- Los tigres terminaron penúltimos en la temporada 1991 92 hasta que en el año 1992 llegó a un punto que ningún ser humano normal hubiera podido sostener 20 g cada 24 horas 20 veces cada día. Aquellas cifras las confesó el propio chileno 40 años después en el canal de YouTube del comediante Burro Van Ranking.
Aquella adicción brutal. Llegó a los Tigres de la UANL durante 3 años seguidos y en 1992, cuando los tigres no consiguieron resultados, lo despidieron otra vez. Para entonces, el cuerpo del chileno estaba destruido por dentro. Había perdido 15 kg en menos de un año. Tenía el rostro amarillento. Las manos le temblaban cuando intentaba sostener una taza de café y los ojos se le hundían adentro de la cabeza.
Más esa misma temporada aceptó otra oferta para entrenar a los tiburones rojos de Veracruz. Y aquella mudanza al estado de Veracruz fue el momento más oscuro de toda su vida, lejos de su esposa Katy, lejos de su hija Paola, lejos de su propio hijo Carlos Reyoso Junior, que también jugaba al fútbol profesional. En la Ciudad de México, solo en una mansión rentada frente al malecón del puerto de Veracruz, allí la adicción se le salió de control.
Durante los siguientes dos años, Carlos Reinoso estuvo consumiendo el polvo blanco cada hora, de cada día, de cada semana, sin parar a esas alturas. El cuerpo del chileno estaba al borde de la muerte. Tenía 60 kg de peso para 1,75 de estatura. Le sangraba la nariz cada 20 minutos. Le faltaba la respiración al subir un escalón y los aficionados del Veracruz empezaron a sospechar que algo estaba mal con el ídolo chileno.
Durante esos 2 años que estuvo entrenando al Veracruz, su esposa Katy lo visitaba solamente cada dos meses. Por una semana, Carlos Reynoso se aseguraba de esconder el polvo blanco adentro de una caja de zapatos. Debajo de la cama del cuarto principal, Katy no sabía lo que verdaderamente estaba consumiendo su esposo, pero algo en las miradas le decía que algo estaba mal.
Le preguntaba, “¿Por qué no comías? ¿Por qué te mareas? ¿Por qué te sangra la nariz? ¿Por qué los ojos te están amarillos?” Co y el chileno le respondía lo mismo, cada vez es por la edad. Katy, ya no soy el de hace 20 años, pero Katy tenía la sospecha de que algo más profundo estaba pasando en el invierno del año 1993.
Una noche, en la mansión del puerto de Veracruz, Katy bajó al cuarto principal buscando una sábana extra. para la cama de visitas y debajo de la cama encontró la caja de zapatos, la abrió. Adentro encontró tres bolsas de plástico llenas de un polvo blanco que ella nunca había visto en toda su vida. La bolsa en toda.
Le co le co, le co Go go go go go go go go go go go go go co go co go co y al lado una cuchara doblada por el calor. Para preparar la sustancia, Katy cerró la caja, la regresó debajo de la cama y se metió a su propio cuarto a llorar sin hacer ruido. Durante toda la noche, a la mañana siguiente, cuando Carlos Reinoso despertó, Katy le sirvió el café como siempre, sin reclamarle nada.
Pero por dentro, la esposa del ídolo chileno tomó una decisión. Si en 6 meses el chileno no dejaba el polvo blanco, iba a divorciarse de él y se iba a llevar a su hija pequeña Paola. Para siempre. Katy se regresó a la ciudad de México aquella misma semana y el chileno, adentro de aquella mansión del puerto de Veracruz, empezó a consumir todavía más fuerte hasta que en la temporada 1994 los Tiburones Rojos de Veracruz lo despidieron por mala campaña, decían los directivos, por enfermo, decían los aficionados. Y aquella misma temporada
recibió una llamada telefónica de parte de un hombre que en aquellas fechas era el dueño de un equipo de segunda división del Estado de México. Y ae número ae ae número número número número número número número número de mejor. Número, número, número, número, número, número, número, número, número que en aquellas fechas, don Juan Antonio Hernández, el dueño de los Toros, Nesa, le ofreció al chileno la oportunidad de volver a empezar.
Va, Carlos Reynoso, que ya no tenía ofertas de ningún equipo grande de la primera división, aceptó. Nueve. Aceptó, empacó sus cosas del puerto de Veracruz y se fue a vivir a la ciudad de Nesa Alcoyotl, Estado de México, a entrenar a los Toros Nesa en la segunda división mexicana. Para esa fecha, el chileno tenía 49 años de edad. Llevaba 2 años.
Consumiendo el polvo blanco. Sin parar, pesaba 60 kg. Tenía el cuerpo destrozado. Katy volvió a vivir con él en una casa rentada de la colonia Pantitlán, cerca del estadio Nesa 86. Pero la relación entre los dos estaba apenas sosteniéndose. Katy, Katy, por el bien de su hija pequeña Paola.
Katy había decidido darle una última oportunidad al chileno, una última temporada, a las pocas semanas de llegar a los Toros Nesa, algo que iba a cambiar la historia de aquella familia. Para siempre. Sucedió adentro de las instalaciones del entrenamiento. Una tarde de octubre del año 1994, mientras el chileno estaba parado a la orilla de la cancha dirigiendo a sus jugadores, apareció una muchacha en la puerta principal del estadio Nesa 86.
Tenía 18 años cumplidos. caminaba con paso firme hacia el banquillo donde estaba parado el chileno y cuando llegó a 3 m de él, lo miró fijamente a los ojos. Le dijo una sola frase frente a sus jugadores, frente al cuerpo técnico, frente al personal del estadio. Hola, soy tu hija. El chileno se quedó congelado por unos segundos sosteniendo el silvato en la mano derecha.
No sabía cómo responder tampoco quién era la muchacha que tenía enfrente y mucho menos que aquella muchacha de 18 años. Existía en algún lugar del mundo. Carlos Reinoso dejó caer el silvato sobre el césped y se acercó a donde estaba ella. Co, Co, le pidió que lo acompañara al vestidor para hablar a solas. Y aquella tarde, adentro de aquel vestidor del estadio Nesa 86, la muchacha le confesó una verdad que el chileno llevaba 18 años sin saber.
Su madre era una mujer con la que el chileno había tenido una relación corta en el año 1975, cuando todavía jugaba para el club América y cuando todavía estaba casado con su primera esposa. Aquella mujer se había embarazado sin que el chileno se enterara, se había mudado a otra ciudad para evitar el escándalo y había criado a la niña sola.
Durante 18 años seguidos, la niña se llamaba Jessica y al cumplir los 18 años de edad le preguntó a su madre quién era su verdadero padre. La madre le entregó una fotografía que tenía guardada en un álbum durante dos décadas enteras. La fotografía era de Carlos Reinoso cuando todavía jugaba al fútbol con la playera del club América.
Jessica tomó la fotografía, compró un boleto de autobús y se fue a Nesa al Coyotl a buscar al padre que no había conocido nunca, Jessica que no había conocido nunca. Aquella tarde, adentro del vestidor del estadio Nesa 86, cuando la muchacha terminó de contarle toda la historia, el chileno se quedó mirando el piso sin saber cómo decirle a su esposa Katy que tenía otra hija que llevaba 18 años viva y que acababa de aparecer una tarde de octubre adentro de un vestidor del Estado de México.
Carlos Reynoso manejó solo. De regreso a la Ciudad de México. Aquella misma noche llegó a la mansión de Coyoacán, donde lo esperaba Katy y su hija pequeña Paola para cenar. Y aquella noche, adentro de aquella mansión, el chileno se encerró en el cuarto principal. No bajó a cenar, no habló con Katy y se metió 5 g de polvo blanco adentro de la nariz.
Durante las siguientes 8 horas seguidas. A la mañana siguiente, cuando Katy entró al cuarto, lo encontró tirado en el piso sin reconocerla, con el rostro lleno de sangre y con el cuerpo a punto de colapsar. Llamaron una ambulancia. Llegó el director del Centro Oceánica, don Juan Antonio Hernández, que se había enterado de la situación por una llamada de Katy, le dijo al chileno una sola frase.
Maestro, si no se interna conmigo ahora mismo, en 30 días va a estar usted muerto. El chileno, por primera vez en 10 años aceptó internarse. Aquella misma tarde lo subieron a una ambulancia. Lo llevaron al puerto de Mazatlán, Sinaloa, a la clínica oceánica, y permaneció ahí durante 30 días seguidos. Adentro de aquella clínica, Carlos Reinoso dejó para siempre el polvo blanco que casi le había costado la propia vida, pero adentro de aquella clínica también tomó la peor decisión de toda su vida.
decidió no reconocer a Jessica como su hija legítima. Decidió no volver a buscarla y le pidió a su esposa Katy que jamás volviera a mencionar a aquella muchacha adentro de la mansión. Jessica regresó a la ciudad donde vivía con su madre sin haber podido conocer a su padre verdadero. Y el chileno cargó con aquel secreto adentro del pecho durante los siguientes 30 años de su vida.
Pero el silencio tiene un costo que ningún hombre puede pagar para siempre, porque 20 años después de aquella tarde en la que apareció Jessica adentro del vestidor del estadio Nesa 86, el destino iba a cobrarle al chileno una factura que iba a ser 100 veces más cara que cualquier secreto familiar. 29 de enero del año 2014.
Hospital de la Ciudad de México. Adentro de una habitación. Del segundo piso estaba acostado en una cama otro hijo del chileno, el primer hijo varón que había tenido con su primera esposa antes de Katy, antes de Jessica, antes de las actrices de Televisa. Su nombre era José Antonio Reinoso Arrigada. Tenía 38 años cumplidos. Era ex futbolista profesional, canterano del Cruz Azul, exjador del Atlante y del Club León.
Hacía 2 años había sido diagnosticado con una enfermedad adentro de los pulmones que ningún médico mexicano podía curar. Ah ah, a ah. Esa madrugada, José Antonio Reinoso, arriagada, murió adentro de aquella cama de hospital por una enfermedad de los pulmones. Ano. A las 3:20 minutos de la mañana, Carlos Reinoso estaba dormido adentro de su mansión de Coyoacán cuando sonó el teléfono.
Del otro lado de la línea estaba la esposa de José Antonio, una mujer llamada Iliana Robles, que tenía dos hijos pequeños sentados en el sillón del hospital. “Ih, maestro”, le dijo Iliana con la voz cortada. José Antonio, se nos fue. Carlos Reinoso se quedó congelado con la bocina pegada a la oreja por casi un minuto entero.
No supo cómo responder y aquella misma mañana publicó en su cuenta de Twitter la fotografía de José Antonio cuando era un niño acompañada de una sola frase: “Mi hijo ya se fue con Dios. Luchó. luchó. Gracias a todos por su cariño. Los aficionados del club América, los compañeros de Cruz Azul, los periodistas deportivos, todos le mandaron mensajes de condolencias.
Pero adentro del pecho del chileno había algo que ningún mensaje le podía calmar. La sospecha de que la misma enfermedad que había matado a su propio hijo de 38 años de edad estaba a punto de alcanzarlo a él pocos años después. Aquella misma sospecha le iba a quitar el sueño durante los siguientes 10 años de su vida, pero faltaba todavía algo más oscuro, porque la enfermedad que mató al hijo José Antonio en el año 2014.
estaba conectada con una decisión que el chileno había tomado 40 años antes y Ali, en el año 1974, una decisión que ningún medio mexicano se atrevió a conectar nunca la decisión de regresar a México en vez de firmar con el Real Madrid de España. Y a partir de aquella decisión empezó una cadena de eventos que terminó con el cuerpo del propio hijo adentro de aquel ataúdo, de San Juan de los Lagos, para entender cómo es posible que una sola decisión tomada cuatro décadas atrás termine matando al propio hijo del que la tomó.
Hay que regresar una vez más al año 1974 y descubrir lo que verdaderamente pasó aquella noche en la oficina de don Emilio Azcárraga Milmo, para entender cómo es posible que una sola decisión tomada cuatro décadas atrás termine matando al propio hijo del que la tomó. Hay que regresar una vez más al año 1974. Junio de 1974, Estadio Olímpico de Munich, Alemania Federal.
La selección de Chile acababa de quedar eliminada del Mundial de Alemania frente al equipo anfitrión en medio de una lluvia torrencial que cayó sobre Berlín durante todo el segundo tiempo. Y aquella noche adentro del hotel de concentración chileno. Mientras los compañeros del equipo lloraban en los pasillos, Carlos Reinoso recibió una llamada telefónica adentro de su habitación.
Mientro del otro lado de la línea estaba un hombre que se identificó como representante de un equipo de fútbol de la capital española, el Real Madrid. El hombre le dijo al chileno una sola frase: “Señor Reinoso, mañana por la mañana tiene que estar en Madrid. Don Santiago Bernabeu lo quiere conocer.” a Carlos Reinoso, que era apenas un chamaco de 29 años, que llevaba 4 años jugando en el club América y que nunca había imaginado que el equipo más grande del mundo iba a buscarlo.
Dos, no supo cómo responder, aceptó. Aquella misma noche, a la mañana siguiente, tomó un vuelo de Frankfurt a Madrid y a las 3 de la tarde, del 29 de junio de 1974, llegó al estadio Santiago Bernabéu. Lo recibió don Santiago Bernabéu en persona. El dueño del equipo más grande del mundo le mostró las instalaciones, el estadio, los vestidores, la sala de trofeos y al final del recorrido le ofreció un contrato 5 años con el Real Madrid con un sueldo que en aquella época era el más alto de toda la historia del fútbol europeo. Carlos
Reynoso estuvo viviendo en Madrid durante los siguientes 15 días. negociando los detalles de aquel contrato histórico. Visitó la Almudena, comió en el Mesón de Cándido, recorrió el barrio de Salamanca, conoció a los grandes jugadores del Real Madrid de aquella época, a Vicente del Bosque, a Juan Carlos Touriño, a Pirri, aquel chileno de Ñuñoa que había nacido en una casa de adobe, estaba a 15 días de convertirse.
en la primera leyenda latinoamericana del Real Madrid de España, antes de Hugo Sánchez, antes de Cristiano Ronaldo, antes de cualquier otro latinoamericano, pero el destino le tenía preparada otra cosa. A los 15 días de estar negociando en Madrid, recibió una llamada telefónica a la habitación del hotel donde se hospedaba.
Del otro lado de la línea estaba don Emilio Azcárraga Milmo. La llamada fue corta, solamente cinco minutos y la frase que don Emilio le dijo al chileno iba a cambiar para siempre la historia de toda aquella familia. Si no regresas a México en 48 horas, no vuelves a jugar al fútbol en toda tu vida. Carlos Reinoso apretó la bocina del teléfono hasta que se le pusieron blancos los dedos y al final aceptó.
Tomó un vuelo de Madrid a la ciudad de México aquella misma madrugada, pero antes de subirse al avión le pidió a don Santiago Bernabéu tres días más para terminar de pensarlo. Don Santiago Bernabeu le dijo que sí. Carlos Reinoso voló de regreso a México pensando que en tr días iba a regresar a firmar el contrato con el Real Madrid, pero al aterrizar en la Ciudad de México, algo lo estaba esperando en la pista del aeropuerto.
Dos hombres con traje negro mandados por don Emilio Azcárraga Milmo en persona lo llevaron directo a las oficinas del dueño de Televisa. Y aquella misma noche, adentro del penthouse de las oficinas de Televisa San Ángel, don Emilio Azcárraga Milmo le hizo una oferta que el chileno no pudo rechazar. Le ofreció un contrato por el doble del sueldo del Real Madrid y le ofreció una mansión adentro de las lomas de Chapultepec para él y su familia, sin pagar renta.
A Carlos Reynoso, que era apenas un chamaco humilde de Ñuñoa, aceptó. Aquella misma noche llamó al Real Madrid la tarde siguiente y rechazó el contrato. Don Santiago Bernabéu le dijo una sola frase que el chileno cargaría adentro del pecho durante el resto de su vida. Hijo, acabas de cometer el error más grande de toda tu carrera profesional.
Aquella decisión tomada en el año 1974 no fue solamente una decisión deportiva, fue la decisión que destruyó a toda aquella familia durante los siguientes 40 años. Por porque si Carlos Reynoso se hubiera ido al Real Madrid en aquel año 74, hubiera vivido en Madrid con su esposa y con su hijo José Antonio, que tenía apenas 2 años de edad, hubiera ganado las copas de Europa junto a Vicente del Bosque y a Juan Carlos Touriño, hubiera sido el ídolo del Real Madrid antes de Hugo Sánchez y nunca, más nunca en toda su vida hubiera probado el polvo blanco que casi le
costó la propia vida, pero se quedó en México por el dinero y por las mujeres de Televisa y aquella misma decisión lo metió en la mansión de Acapulco con la leona dormida en las camas de la Méndez y en los coches con Verónica Castro. 10 años después lo metió en el vestidor del Tampico Madero, donde probó el polvo blanco por primera vez.
20 años después lo dejó tirado en el piso de Veracruz, con la nariz sangrando y los pulmones destrozados. Aquella misma adicción al polvo blanco le destruyó lentamente los pulmones. Ah, ah, ah, ah, ah. Tres veces estuvo a punto de colapsar adentro de hospitales de la Ciudad de México por insuficiencia respiratoria y la enfermedad que casi le costó la propia vida al ídolo chileno fue una enfermedad de los pulmones causada por años de consumir polvo blanco sin parar la misma enfermedad que se llevó a su propio hijo José Antonio 20 años después.
Esa es la conexión que ningún medio mexicano se atrevió a hacer durante los últimos 10 años. La decisión de 1974 de rechazar al Real Madrid llevó al chileno a vivir en México, a caer en el polvo blanco, a enfermarse de los pulmones, a casi morir, a internarse en oceánica y a estar ausente durante toda la infancia de su propio hijo José Antonio.
Y aquella misma ausencia, esa misma incapacidad de estar presente como padre es lo que termina. de destrozar a toda aquella familia. Después, nine, I know Nine Wonder Liven porque José Antonio, el primer hijo varón del chileno, creció sin su padre presente. Carlos Reinoso estaba siempre de gira, de concentración, adentro de un vestidor, en una cama de hotel con una actriz de Televisa.
Y José Antonio aprendió a jugar al fútbol sin tener a su padre cerca para enseñarle. Cuando cumplió 15 años, lo metieron a las divisiones inferiores del Cruz Azul por su propia cuenta. A los 18 años subió al primer equipo del Cruz Azul sin que su padre lo viera debutar. A los 22 años lo transfirieron al Atlante, lo siguieron al club León.
Pasó por varios equipos del fútbol mexicano, siempre a la sombra de su famoso apellido. Nunca alcanzó la grandeza de su padre, pero José Antonio no le tenía rencor a Carlos Reynoso. Lo amaba aunque casi no lo conociera. Cada partido que jugaba en el fútbol mexicano, le pedía a sus compañeros que le pusieran la música del club América adentro del vestidor.
Antes de salir a la cancha, Carlos Reinoso lo iba a ver solamente tres o cuatro veces por temporada. Cuando José Antonio cumplió 30 años, decidió retirarse del fútbol profesional y dedicar el resto de su vida a un proyecto que él mismo había fundado junto a varios empresarios de la Ciudad de México. El proyecto se llamó BBRA.
Era un programa que llevaba balones de fútbol a los barrios más pobres del estado de Jalisco, para que los niños sin recursos pudieran aprender a jugar lejos del polvo blanco, de las actrices, de los escándalos y de aquella misma ausencia que él mismo había sufrido adentro de su propia casa, Carlos Reinoso, cuando se enteró del proyecto Vibra, llamó por teléfono a su hijo y le ofre ofreció $10,000 para apoyar la iniciativa.
José Antonio le respondió con una sola frase que iba a quebrarle el corazón al chileno para siempre. Padre, no quiero su dinero. Quiero que venga a conocer a los niños. Carlos Reinoso no fue aquel año. Estaba ocupado dirigiendo a Querétaro en la primera división mexicana. ni el año siguiente estaba ocupado dirigiendo al Veracruz por segunda vez y cuando finalmente pudo organizar el viaje para ir a conocer a los niños del proyecto Vibra, José Antonio recibió el diagnóstico médico más oscuro de toda su vida. Aconos. Acono, Acono. Cáncer.
Adentro de los pulmones. Etapa tres, le quedaban 18 meses de vida. Aquel diagnóstico le llegó al primer hijo varón del chileno en el año 2012, cuando tenía 36 años cumplidos. Estaba casado con una mujer llamada Iliana Robles. Tenían dos hijos pequeños de 5 y 3 años de edad. vivían en una casa modesta en la zona poniente de la ciudad de México.
Cuando José Antonio recibió el diagnóstico, la primera persona a la que llamó fue a su padre Gran Carlos Reinoso. Estaba en aquel momento adentro de una cabina de televisión de tu DN esperando para entrar al programa. Línea de cuatro. Vio el teléfono sonar y vio el nombre de su hijo. No contestó. Pensó que era para pedirle dinero.
Otra vez José Antonio le dejó un mensaje en el buzón de voz. Padre, tengo cáncer en los pulmones. Necesito hablar con usted. Cuando Carlos Reinoso escuchó aquel mensaje, dos horas después, adentro de su coche, manejando de regreso a la mansión, tuvo que detenerse a un lado de la carretera para no chocar. bajó del coche, caminó hasta la barranca de interlomas y se puso a llorar como un niño durante 40 minutos seguidos por primera vez en sus 67 años de vida, el ídolo chileno entendió que el destino le iba a cobrar toda la factura de aquella
decisión que había tomado. En 1974, durante los siguientes 18 meses, José Antonio luchó contra aquella enfermedad adentro de hospitales de la Ciudad de México, con quimioterapia, con radioterapia, con tratamientos experimentales que pagaba. Su propio padre, Carlos Reynoso, estuvo presente por primera vez en toda la vida de su hijo. Iba al hospital todos los días.
A las 5 de la tarde le llevaba caldo de pollo, le acariciaba la cabeza calva por la quimioterapia, le hablaba de los partidos de fútbol del club América para distraerlo del dolor, pero llegó demasiado tarde, 29 de enero del año 2014, hospital de la Ciudad de México con 3:2 minutos de la madrugada.
José Antonio Reyoso Arriada. Tomó aire por última vez adentro de aquella cama de hospital. Su esposa Iliana estaba sentada al lado sosteniéndole la mano. Su padre Carlos Reinoso acababa de salir del cuarto a las 2 de la mañana para ir a descansar a la mansión de Coyoacán. Cuando sonó el teléfono, Carlos Reynoso manejó de regreso al hospital a toda velocidad, por toda la avenida Insurgentes.
Cuando llegó, su hijo José Antonio ya no estaba. Lo enterraron dos días después en el templo de San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco. La la esposa Iliana sostuvo en brazos a los dos hijos pequeños de 5 y 3 años de edad. Carlos Reynoso cargó el ataúd junto a otros exfutbolistas del Cruz Azul, del Atlante y del Club León.
Y al lado de la tumba, cuando el sacerdote terminó la última oración, el ídolo chileno se acercó a la lápida y dejó una sola cosa. A a una fotografía. Cuando José Antonio tenía 5 años de edad adentro del estadio Azteca, vestido con la playera del club América, sentado en las piernas de su propio padre, era la única fotografía que tenía guardada de aquellos años cuando el chileno todavía vivía en México en vez de Madrid.
Aquella noche, cuando regresó a la mansión de Koyoacán, publicó en su cuenta de Twitter una sola frase: “Mi hijo ya se fue con Dios. Luchó, luchó. Gracias a todos por su cariño. 12 años han pasado desde aquella noche de enero del año 2014. Carlos Enzo Ezequiel Reinoso Valdenegro tiene hoy 81 años cumplidos.
Vive en la misma mansión de la colonia Coyoacán, a donde llevó a su esposa Katy hace 40 años. Todas las mañanas se levanta a las 6:30, toma un café negro, sale a caminar una hora por el parque de los coyotes y a las 9 de la mañana se sienta frente a la pantalla del televisor a ver los entrenamientos del club América que sus amigos de Tudn le pasan en directo.
Lleva 32 años sin tocar el polvo blanco. Su esposa Katy sigue a su lado. Después de 40 años de matrimonio, su hija pequeña Paola le dio dos nietos que viven cerca de la mansión. Y todos los miércoles por la tarde, Carlos Reynoso sube a un coche y maneja hasta la zona poniente de la Ciudad de México, a la Casa Modesta, donde vive su nuera Iliana Robles, con los dos hijos huérfanos de José Antonio.
les lleva dinero para los útiles escolares. Les lleva una pelota de fútbol para que jueguen en el patio y les cuenta historias de cuando él era jugador del club América, pero nunca más nunca en toda su vida volvió a hablar de Madrid. Aquella decisión tomada cuatro décadas atrás pesa todavía adentro de aquella mansión de Coyoacán.
Aquella decisión no tres veces por semana. Carlos Reinoso se acerca al cajón del escritorio de su cuarto y saca una carta amarillenta que tiene guardada desde el año 1974. Es la carta que le mandó don Santiago Bernabeu después de aquel rechazo del Real Madrid. La carta dice una sola línea.
Hijo, acabas de cometer el error más grande de toda tu carrera profesional. Carlos Reinoso. Lee aquella carta cada miércoles por la noche y aquella misma carta. Le recuerda que la decisión de quedarse en México por el dinero de don Emilio Azcárraga Milmo le costó mucho más que un contrato con el equipo más grande del mundo. Le costó la salud, la presencia con su hijo y al final la propia vida de su primer hijo varón.
Hoy Carlos Reynoso sigue comentando para tu DN los partidos del club América cada domingo por la tarde junto a David Fitelson y a otros periodistas deportivos del país. Es el ídolo eterno del club América, el mejor extranjero en la historia del fútbol mexicano y el bicampeón como director técnico de toda una década dorada. Es número es, pero por dentro, adentro de aquella mansión de Coyoacán, hay un hombre de 81 años que carga con la culpa de haber estado ausente durante toda la vida de su propio hijo y de haber llegado demasiado tarde a cuidarlo en la
cama del hospital donde se estaba muriendo. Y todas las noches, antes de cerrar los ojos para dormir junto a su esposa Katy Carlos Reinoso. Mira la fotografía de su hijo José Antonio, que tiene colgada en la pared del cuarto. Le dice la misma frase cada noche, hijo, perdóname por no haber estado cuando me necesitaste.
Hace 6 meses, en una entrevista con la periodista Adela Micha, el ídolo chileno, le confesó al país entero una sola cosa, que el mayor triunfo de toda su vida no fueron los tres campeonatos de liga, ni la Copa Interamericana frente al Boca Juniors, ni el contrato que le ofreció el Real Madrid. El mayor triunfo de toda su vida fue haber salido del polvo blanco después de tantos años de adicción.
Pero al terminar la entrevista, cuando se apagaron las cámaras, Adela Michailo, tardó en responder. Maestro, tiene un arrepentimiento. Que cargue. Adentro del pecho. Carlos Reinoso miró el piso por unos segundos y respondió con una sola frase mientras se le humedecían los ojos. Sí, tengo un arrepentimiento. No haber estado adentro de aquella habitación de hospital cuando mi hijo tomó aire por última vez.
Eso me lo voy a llevar a la tumba. Si conoces a un padre que perdió a un hijo, no esperes a mañana. Llámalo esta noche porque mientras esté vivo, todavía puedes decirle lo que nunca le has dicho. Y si esta historia te recordó a alguien, suscríbete al canal para que sigamos contando las verdades que ningún medio mexicano se atreve a contar. hasta hoy.