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RAMÓN MORALES: de levantar la COPA a la humillación total… el asqueroso ENGAÑO de la directiva

Esa dinámica de competencia fraterna y amor simultáneo por el balón explica en parte la calidad del Ramón Morales, que llegó a Monterrey en 1995 con 20 años. No llegó como una promesa en bruto que había que pulir desde cero. Llegó con una base técnica consolidada, con una inteligencia táctica para leer el juego que en el fútbol mexicano de aquel periodo era inusual para alguien de su edad y de su procedencia geográfica.

Los tres años enrayados fueron su universidad del fútbol profesional. Aprender el ritmo, la exigencia física, la presión de los resultados, la vida de vestuario con compañeros de mayor experiencia. Comenzó su carrera profesional en el club de su ciudad La Piedad, en la segunda división mexicana, [música] temporada 1993 hasta 94.

tenía 18 años, un año en la segunda jugando 29 partidos, marcando 18 goles desde la banda izquierda. 18 goles en un año siendo volante en segunda división. Eso no pasa sin que alguien se dé cuenta. Y alguien se dio cuenta. Los Rayados de Monterrey lo ficharon para la temporada 1995 hasta 96. Tenía 20 años. Hacía el salto a la primera división sin haber pasado por ninguna academia grande del país, sin ningún apellido que lo avalara, sin ninguna red de contactos que le allanara el camino.

Solo él, su zurda y las ganas de comerse el mundo. En Monterrey jugó 93 partidos entre 1995 y 1998. Tres temporadas completas. 3 años aprendiendo lo que era el fútbol de élite mexicano, adaptándose al ritmo de la primera división, entendiendo que en este nivel los errores se pagan de otra manera y que la consistencia es la única moneda que importa a largo plazo.

Grábate esto. En Monterrey, Ramón ganaba 2500 pesos al mes. era su sueldo en Rayados. Un sueldo modesto para alguien que ya era titular regular en primera división. Cuando Chivas lo fue a buscar en 1999, [música] los rayados le hicieron un favor que cambió el curso de su carrera. Le dijeron a la directiva Tapatía que ganaba más de lo que en realidad ganaba para que le ofrecieran un mejor sueldo de entrada.

Sus propios compañeros de Monterrey lo ayudaron a negociar mejor porque sabían lo que valía y Chivas lo contrató y fue el mejor negocio que hizo esa institución en muchos años. El verano de 1999 llega a Guadalajara bajo el mando de Ricardo Ferretti, el Tuca, un entrenador que sabía perfectamente lo que necesitaba el rebaño en esa zona del campo.

Ramón Morales llegó a reforzar la media cancha y en poco tiempo empezó a mostrar de qué estaba hecho. versátil, inteligente, con capacidad para jugar como volante ofensivo, como lateral volante, como extremo en las bandas, pero siempre con esa zurda que era un arma de destrucción masiva cuando el equipo necesitaba un tiro libre decisivo, un centro medido al área, [música] un disparo colocado desde fuera de la zona, los números empezaron a crecer, los partidos a acumularse, la confianza de la afición a consolidarse torneo a torneo en su primer año. ya era

titular habitual, en su segundo año ya era figura visible. Y a partir del año 2001, cuando Javier Aguirre lo convocó por primera vez a la selección nacional para la Copa América de ese año celebrada en Colombia, Ramoncito dejó de ser solo un buen jugador de Liga MX y se convirtió en [música] pieza clave del tricolor. Escucha esto.

En la Copa América 2001, México llegó a la final. Ramón Morales formó parte de ese equipo que le dio al país una de las pocas alegrías internacionales de ese ciclo. México perdió la final ante Colombia en casa, pero el torneo confirmó que el chico de la Piedad era nivel selección, nivel internacional, nivel [música] que muy pocos futbolistas mexicanos alcanzan y sostienen a lo largo de los años.

Un año después, el Mundial de Corea y Japón [música] 2002, titular indiscutible de la selección mexicana. Ramón Morales fue a esa Copa del Mundo con la camiseta del tri como si fuera suya. Mientras representaba al país en el máximo escenario del fútbol mundial, seguía siendo el corazón del juego de [música] Chivas en la Liga MX.

La dualidad que muy pocos futbolistas [música] logran sostener simultáneamente, ser insustituible en tu club y al mismo tiempo ser indispensable para la selección nacional. Morales lo logró durante años. De 2001 a 2007, 6 años siendo llamado al tricolor de manera consistente. Y entonces llegó el 10 de julio de 2004.

Chiclayo, Perú, Copa América. México versus Argentina. En la segunda jornada de la fase de grupos, el estadio Elías Aguirre como [música] escenario. Marcelo Bielza en el banquillo argentino con un equipo repleto de nombres: Saneti, Tévez, Figueroa, Kili González, el arquero Roberto Abondancieri. Varios de esos [música] jugadores venían de perder la final de la Copa Libertadores con Boca Juniors ante 11 Caldas semanas antes.

Venían con hambre, con sed de revancha, [música] buscando ese título de América que los hiciera olvidar la derrota continental. El partido estuvo cerrado. Argentina dominaba el juego. México sufría, pero no cedía. Y entonces llegó el momento. Un tiro libre, [música] zona izquierda del área, a unos 25 m del arco.

La barrera argentina colocada, abundanciaria en su línea, acomodando sus posiciones y sus ángulos, y Ramón Morales se colocó detrás del balón. Nadie en el estadio sabía lo que estaba por pasar. El árbitro pitó, la zurda disparó. El balón salió [música] como una bala curva. Engañó a la barrera, engañó al portero, fue directo al ángulo.

Abondancieri se estiró pero no llegó. México 1, Argentina 0. El único triunfo de México sobre Argentina en torneos oficiales en toda la historia de ambas selecciones, el único hasta el día de hoy. Y lo hizo un chico de la Piedad que empezó ganando 2500 pesos mensuales en Monterrey. Grábate ese detalle porque es histórico. El único gol de México a Argentina en una competición oficial de la FIFA lo metió Ramón Morales con la zurda de tiro libre en la Copa América 2004.

Ese dato no cambia. Ese dato está grabado en los registros históricos para siempre. 3 años después, 27 de junio de 2007, Copa América en Venezuela, México contra Brasil en la primera ronda. Mismo ritual, diferente víctima. Un tiro libre colocado, la zurda en acción. Esta vez el portero Doni del Arsenal inmóvil ante el disparo. México ganó ese partido.

Terminó tercero en ese torneo, pero Ramón Morales escribió otro capítulo de su historia con la selección. Dos Copas América, dos [música] tiros libres históricos, dos arqueros de selecciones top paralizados ante esa zurda que no fallaba cuando el momento más grande llegaba. En paralelo, también fue convocado al Mundial de Alemania 2006, la Copa Confederaciones de Alemania 2005 y la Copa Oro de Concacaf.

Un currículum internacional que la mayoría de los futbolistas mexicanos ni sueñan con tener. Pero hay otro capítulo de su historia que el tiempo tiende a borrar, la final perdida del Clausura 2004. [música] Ese torneo Chivas llegó al juego definitivo contra Pumas de la UNAM y perdió el campeonato. Para Ramón Morales fue una herida abierta que tardaría 2 años en cicatrizarse.

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