Posted in

Jenni Rivera: No la Habían Enterrado y Ya Se Repartían Sus 25 MILLONES

Son las 3:15 de la madrugada del 9 de diciembre de 2012. Un Liar Jet 25, viejo, con casi 40 años de vuelo encima, despega del aeropuerto de Monterrey con rumbo a Toluca. Adentro va una mujer que apenas unas horas antes hizo cantar a 17,000 personas en la Arena Monterrey. Una mujer que vendió más de 20 millones de discos.

una mujer que se llamaba a sí misma la diva de la banda y que tenía todo el derecho de hacerlo. 15 minutos después, [música] el avión desaparece del radar. El piloto no alcanzó a pedir auxilio, solo quedó el silencio y luego [música] una caída de más de 6000 met sobre un cerro pelón de la sierra de Iturbide en Nuevo León.

Siete personas a bordo, ninguna sobrevivió. Esa es la historia que todo el mundo conoce, el avión, la montaña, la diva que se apagó a los 43 años. Pero hoy no te voy a contar cómo murió Jenny Rivera. Esa parte ya la sabes, la lloraste. Probablemente te enteraste [música] por la televisión un domingo y sentiste ese hueco en el estómago que se siente cuando se muere alguien que sentías [música] cercano, aunque nunca lo conociste.

Lo que te voy a contar es lo que pasó después. Cuando el cuerpo de Jenny todavía estaba [música] tibio en la memoria del país, cuando su voz seguía sonando en cada radio de Guadalajara a Los Ángeles, cuando millones de mujeres todavía no podían creer que se había ido. En ese momento exacto, mientras unos rezaban, algo empezó a moverse alrededor de su nombre.

Y eso que se movía tenía forma de cuentas bancarias, de [música] derechos de canciones, de empresas. de firmas y de abogados. Una herencia de 25 millones de dólares acababa de quedar sin dueña. Guarda esta frase porque la vas a escuchar varias veces y cada vez va a pesar más. Cuando se apagaron las luces del escenario, empezaron a volar los buitres.

Porque Jenny Rivera no dejó solamente música, dejó una fortuna. Y esa fortuna no unió a su familia, la devoró. Hoy vas a descubrir cuatro cosas [música] que a la mayoría nunca le contaron completas. Primero, el mensaje de dos palabras [música] frías que rompió para siempre a Jenny con su hija mayor dos meses antes del accidente y por qué eso la dejó fuera del testamento.

Segundo, lo que una auditoría destapó 9 años después y el nombre de la persona que dentro de la propia familia tuvo que devolver dinero que había salido de la herencia. Tercero, cómo los tíos que Jenny puso a cuidar su [música] imperio terminaron fuera de él y cómo sus hijos huérfanos dejaron de ver familia y empezaron a ver adversarios.

Y cuarto, la demanda federal en la que los propios nietos de Pedro Rivera terminaron enfrentando a su abuelo por las canciones de Jenny. Te voy a avisar cuando llegue cada una. No te las voy a esconder. Pero para entender cómo fue posible que una familia entera se partiera en pedazos sobre el ataúd amaba, primero tienes que entender de dónde venía [música] esa mujer.

Porque esta historia no empieza en un avión. Empieza muchos años antes en una ciudad de California donde el sueño americano llegaba en jornadas dobles y [música] manos cuarteadas. Long Beach, California. 2 de julio de 1969. En un barrio donde las familias mexicanas se levantaban antes del sol para limpiar casas ajenas, para empacar en fábricas, [música] para vender en mercados, nace una niña a la que registran como Dolores Yan Rivera Saavedra.

nace lejos de cualquier cuna de oro en una casa donde el dinero se contaba moneda por [música] moneda y donde la música norteña que ponía su padre era la única forma de no olvidar de qué tierra venían. Piensa en eso [música] un momento. La misma mujer que 40 años después llenaría arenas enteras, esa misma mujer de niña vendía [música] discos y cassetes con su papá en un puesto del mercado de pulgas.

Pedro Rivera grababa a artistas en un garaje con un equipo modesto y soñaba con tener su propio [música] sello. Lo logró. se llamó Cintas Acuario. Recuerda ese nombre, recuerda ese sello, porque dentro de muchos años ese mismo [música] nombre que el Padre construyó con tanto esfuerzo va a aparecer otra vez y cuando aparezca [música] va a estar del otro lado de una demanda interpuesta por sus propios nietos.

Pero todavía falta para eso. Y aquí necesito que conozcas a la familia completa, [música] porque sin entender quiénes eran los Rivera, no vas a entender la guerra que vino después. Don Pedro y su esposa, doña Rosa, levantaron una verdadera dinastía musical desde la nada. No fue solo Jenny. Su hermano Lupillo Rivera también [música] se volvió una estrella enorme del regional mexicano con sus sombreros, sus trajes brillantes y sus corridos.

Durante años, los hermanos Rivera fueron la realeza de un género entero. Una familia mexicana que había llegado a California sin nada, vendiendo discos en un mercado de pulgas, terminó conquistando la música de todo un continente. Eran el orgullo del barrio, eran la prueba viviente de que sí se podía. Y aquí está algo que tú entiendes mejor que nadie porque lo has visto en la vida real.

Cuando una [música] familia pobre se vuelve rica de golpe, a veces ese dinero la une, pero muchas otras veces el dinero saca a la luz cosas que la pobreza mantenía escondidas, celos guardados, comparaciones, la pregunta de quién vale más, quién aporta más, quién merece más. Porque en esa familia había mucho amor, sí, pero también había una jerarquía silenciosa.

Don Pedro era el patriarca, el que había empezado todo, el dueño del sello. Y Jenny, con el paso de los años, se convirtió en la que más vendía, la que más facturaba, la que sostenía buena parte del nombre Rivera con su propia voz. La hija superó al padre, la mujer superó a los hombres de la casa. Y aunque todos lo celebraban en público, esas cosas en el [música] fondo de las familias dejan una marca que tarde o temprano sale.

Recuerda esto cuando lleguemos al final. Recuerda que aquí [música] en el origen ya estaba sembrada la semilla de una pregunta envenenada. ¿De quién es en realidad todo esto? La pequeña Yanni creció rápido, demasiado rápido. A los 15 años quedó embarazada de un noviazgo con un muchacho llamado José Trinidad Marín.

Y de esa relación nació en 1985 una niña. Esa niña se llamó Yan también como su madre, aunque el mundo entero terminaría conociéndola por un apodo. Chiquis, escucha bien ese nombre, Chiquis. Porque esa niña, la primera hija de Jenny, la que nació cuando su mamá era apenas una adolescente asustada, es el [música] corazón roto de toda esta historia.

Y al final de este video vas a entender por qué ella, que lo dio todo por su madre, fue la única de los hijos que su madre dejó fuera del testamento. Jenny fue madre antes de ser cantante. Fue madre antes de ser mujer, casi. Tuvo más hijos, vivió matrimonios que prometían refugio y le devolvieron cicatrices.

Read More